24 feb 2010

¡¡MARCIAL, CAMBIA EL PASO!!

¡¡MARCIAL, CAMBIA EL PASO!!

Desde pequeño he oído contar a mi padre la anécdota de Marcial. Cuando realizaba el servicio militar allá por los años cuarenta, tenía de compañero en el escuadrón a un tal Marcial. Hombre igual de bueno que bruto. Durante la realización de los ejercicios de instrucción, el sargento de su escuadrón, hombre paciente sin lugar a dudas, invitaba con cierta reiteración a Marcial a cambiar el paso. ¡¡Marcial!! ¡¡Cambia el paso!! Repetía con cierta insistencia, casi tanta como la facilidad con la que el mencionado se descompasaba con relación del resto del escuadrón. Cuando el sargento a la tercera o cuarta vez que le gritaba, cada vez más fuerte; Marcial, invariablemente, le contestaba: ¡Que lo cambie otro, mi sargento!
Viene a propósito la anécdota, de los comentarios que desde ahora hace casi dos años, esta asociación a la que pertenezco y en la que desempeño el cargo de tesorero, recibe a través de cualquiera de sus miembros y que estos me transmiten a su vez. Unos opinan que vamos despacio, otros que demasiado deprisa, los de allá que tocamos temas que no interesan, los de acá que dejamos de entrar en temas de vital trascendencia. Que demos más caña dicen algunos, que seamos generosos en nuestras críticas recomiendan otros. Lo último que me ha llegado es que debemos caminar todos juntos. Aunar esfuerzos lo llaman.
Como quiera que la vida de la asociación es muy corta, apenas dos años de vida, carece de experiencia como asociación. Pero resulta que tengo ya una cierta edad, además de mi tendencia casi desde la infancia, a acercarme a personas de bastante más edad que yo. Esto me ha proporcionado un contacto directo con gentes que han vivido mucho. Saqué la conclusión hace tiempo de aprovechar la experimentación de mis congéneres en beneficio propio. Así lo vivido por otros podía servirme a mí para evitarme ciertas situaciones desagradables, dolorosas, molestas o negativas. Por ello no necesité quemarme con el fuego para saber que no era bueno para mí, otros se habían quemado anteriormente para descubrirlo.
Como no todos los aprendizajes son así de sencillos, he seguido compartiendo experiencias, incluso aportando las que modestamente y dada mi edad, he podido. Al discurrir el día a día en este año de la asociación, me veo en la necesidad de recordar a más de uno, que debemos sentirnos satisfechos con lo realizado, lo que nos debe servir de acicate pero que sigue siendo mucho lo que queda por hacer. Pero también hay momentos en los que debo decirme a mí mismo, que los que nos piden frenar para caminar juntos, llevan un montón de años sin hacer nada de lo que necesitamos. Que los que nos piden acelerar nuestro paso para caminar juntos, llevan años pasando sin mirar, escuchar ni atender como consecuencia de su velocidad sectaria. Que los que nos dicen que no tratemos temas que no interesan llevan años que demuestran no tener interés por nada que no sea su propio interés. Que los que nos dicen que tratemos temas de sumo interés llevan años ocupándose de los temas que solamente a ellos les interesan. Que los que nos piden que demos más caña llevan años sin dar tan siquiera los buenos días. Que los que nos piden que seamos más generosos en nuestras críticas llevan años viviendo de la generosidad de todos los demás.
Así pues, y al abrigo de la experiencia de los mayores con los que he aprendido a vivir, les insisto en la conveniencia de ser como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie, al tiempo que recomiendo escuchen la canción vieja del Dúo Dinámico “Resistiré”. Como además tengo el placer de compartir mi amistad con gentes muy mayores que han leído, les animo a mis compañeros de asociación con la frase del anónimo latino que escribe eso de: ladran y sabéis enseguida que estáis cabalgando.

Fabio López

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