28 feb 2010

El conveniente estilo

Leo una crítica, que se tendría el derecho de suponer que habría de ser estrictamente literaria, porque de literatura, de narración se trata, pero resulta que ahora también está ahí la política, y al autor se le sacan a relucir los colores —porque se supone igualmente que debería ruborizarse— porque en el pasado escribió esto o aquello, que ahora no resulta de recibo. «Scripta manent» ciertamente, y atestiguan: pero si es para perdición de su autor, ¿en qué mundo vivimos?
El maestro Luis de León, que sabía que a su clase iban malsines y correveidiles para espiar lo que decía e ir con el cuento a los señores inquisidores, comenzó de repente a hablar en voz baja y de modo atropellado. Los alumnos protestaban, y el Maestro contestó: «Estoy ronco, y mejor es decillo así paso por que no nos oigan los señores inquisidores».
No le valió, no obstante, de gran cosa esa prudencia y, como todo el mundo sabe, fue a parar a la cárcel. Lo apropiado en tiempos tan oscuros y con el tejado de vidrio en la casa o escuchones por doquier, y lectores que toman nota, es ser plural y pluralista, decir hoy una cosa y otra mañana, y escribir al mismo estilo. Digamos que tomar una vía media fácilmente coloreable y fácilmente descoloreable también. Pongamos por caso como el muy romántico señor don Patricio de la Escosura.
Este buen señor fue gobernador de Madrid durante una eternidad. Cuando había elecciones, cuando ya se conocían los resultados, publicaba una emotiva nota: «Parecía que íbamos a ganar los progresistas, pero hemos ganado los conservadores», o a la inversa.
Tal es el «estilo calcetín», cuyos magníficos resultados están atestiguados por los siglos.

Lunes, 26 de octubre de 1998
Por José Jiménez Lozano

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