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Mostrando las entradas etiquetadas como José Félix Sobrino

Una entrevista de 1969

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En un desportillado cajón atestado de viejos papeles descubro una entrevista a mi padre, a la sazón alcalde de Arévalo,  del año 1969. La entrevista está mecanografiada sobre cuatro amarillentos folios, y se nota que el periodista tuvo que cambiar el carrete cuando iba por la tercera página porque la tinta se va desvaneciendo paulatinamente hasta que, tras un punto y aparte, las letras recobran súbitamente toda su negritud. Hay constantes tachaduras y correcciones, algunas a bolígrafo, y las hojas se encuentran unidas con un clip herrumbroso y una tarjeta de visita de Gerardo Muñoz Rodríguez, corresponsal en Arévalo de El Diario de Ávila, en la que se lee: “Querido Félix: Espero tu Vº.Bº. Va sin corregir. Gracias”.  Dormía oculta junto a una pequeña fotografía realizada por Evencio Sanz, en blanco y negro, que retrata al corregidor en el despacho del Ayuntamiento junto al enteco  reportero, ambos elegantemente trajeados. Curiosamente, sin embargo, la fotografía lleva...

Norma Aleandro, Jaime Gil de Biedma y Arévalo

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Eso que para entendernos llamaremos destino nos depara a veces encuentros insólitos, misteriosas revelaciones. La vida te da sorpresas. ¿Qué relación  puede existir por ejemplo entre la prestigiosa actriz argentina Norma Aleandro (interprete entre otras de la espléndida  película El hijo de la novia ) y Arévalo? El 23 de septiembre de 2003, en el diario El País, es entrevistada por la periodista Rosana Torres: “La bonaerense Norma Aleandro se subió a los nueve años a un escenario (...). Creció en el ambiente de una familia de teatro y, como ocurre a muchos, fue criada por su abuela materna, que era de Arévalo (Avila): “ Yo conocía Arévalo, aunque no hubiera estado nunca, con los ojos cerrados ”. Su padre, el actor Pedro Aleandro, se casó con la actriz madrileña María Luisa Robledo, a la que llevó a Buenos Aires siendo muy joven. La madre de Norma, aun hoy con 92 años, da recitales con textos de Cervantes, Góngora, García Lorca, Lope de Vega o Eduardo Marquina”....

Jaime Gil de Biedma, Arévalo, el caso de la mano cortada y El Paseo. Artículo en círculo.

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Una calurosa tarde del verano de 1.982 compré en Arévalo, en el quiosco de la plaza, un espléndido número monográfico de la revista cultural “ Camp de l´arpa ”, que aún conservo, dedicado al poeta Jaime Gil de Biedma. Recuerdo que me senté con ella en un banco de El Paseo y la leí morosamente, a la benefactora sombra de su hospitalaria arboleda y de las muchachas en flor.  Hoy sin embargo me pregunto qué demonios hacía yo con apenas veinte años gastando mis modestos ahorros en una minoritaria revista de poesía en lugar de en el Playboy . Claro que hoy ya no existen revistas como aquella, ni poetas como Gil de Biedma, ni muchachas en flor. Y si me apuran, ya casi tampoco existe El Paseo, lamentablemente saqueado. Jaime Gil de Biedma (1929-1990) es considerado el poeta español más influyente de la segunda mitad del siglo XX y el más destacado de la llamada Generación del 50 . Ligado a la cultura catalana y anglosajona, del círculo de Gabriel Ferrater, Juan Marsé o Carlos Barr...

Los Pinares

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“ El hombre es un ser de lejanías ”, escribió Heidegger. Tarda uno media vida en comprender a medias esta misteriosa frase. Cuando se es joven los pasos nos conducen siempre hacia el centro de las cosas, de las ciudades, pero con el tiempo el camino que hacemos al andar va desviándonos dulcemente hacia las afueras de todo y nos vamos convirtiendo en transeúntes solitarios de desmontes, ateridos fugitivos de media mañana, peatones de bruma y soliloquio. Seres de lejanías. Hace tiempo que mis pies sólo me llevan a barriadas extremas, a remotos andurriales donde no sólo no se me ha perdido nada, sino que yo mismo acabo inevitablemente extraviado, preguntándole a una cabra por el camino de vuelta. Las cabras son animales muy serviciales, y si te diriges a ellas con educación y sin levantarles la voz enseguida te orientan sobre dónde cae la ciudad y dónde el monte, que es adonde tiran las cabras según el adagio popular. Andando, andando, un pié tras el otro, mis asendereados zapato...

El tío del salacot

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A mi tío Santos Paniagua (Hernansancho 1919), tan amante de esta llanura.  Para que una familia esté completa ha de contar entre sus miembros con un tío aventurero y simpático, lejano y solitario, viajero, discretamente mundano, siempre a caballo entre su casa y su libertad, declarado adalid de la vida sin ataduras y de la ropa informal, cara y elegante. En las viejas películas de Hollywood este tío solía aparecer habitualmente vestido de explorador, recalando apresuradamente en el hogar familiar entre dos safaris y tocado con el correspondiente sombrero salacot, por lo que yo he dado en llamarle el tío del salacot. Si lo piensan un poco en casi todas las familias suele haber uno. Pues bien, lo más parecido al tío del salacot de mi familia, mi tío del salacot particular, fue mi tío Santos. Mi tío Santos trabajaba en unos oficios que uno, criado en Arévalo entre el corral de gallinas de mi abuelo y la menesterosa escuela de Don Hilario, situaba en el inabarcable limbo de l...

ARÉVALO: ACEPCIONES PARA UN DICCIONARIO APÓCRIFO (a completar por el lector)

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Arévalo .– 1.- Dícese del territorio de la evocación situado en la meseta central de la península de la memoria.  2.-  Por extensión, Paraíso perdido, Jardín de las Hespérides, isla de oro de la infancia. 3.- Puede ser utilizado como sinónimo de madre o de madrastra, dependiendo del contexto y del estado de ánimo del sujeto. 4.- Medida de longitud indeterminada. Por ejemplo, para un arevalense que viva  en Madrid, un arévalo equivale a ciento veinticuatro kilómetros. Vayas donde vayas, si estás a un arévalo de distancia, es que ya no te falta mucho para llegar a tu destino. 5.- Unidad cronológica equivalente al tiempo que se tarda en recorrer la distancia que separa Arévalo del punto en el que el observador se encuentre. V. Gr., en el caso reseñado en la anterior acepción, un arévalo equivaldría a una hora y veinte minutos, aproximadamente. 6.- Otra forma de nombrar la felicidad. 7.- Otra forma de nombrar la desdicha. 8.- El amor, antes del pecado original. 9.- Frío areva...

Carpe diem: a propósito de Horacio

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Vemos escrito el famoso lema en sudaderas, camisetas y calzoncillos, se emplea profusamente como reclamo comercial, es el nombre de buena parte de los bares, peñas, discotecas y tugurios de toda laya esparcidos por el ancho mundo, y se esgrime constantemente en las conversaciones cuando el interlocutor quiere zanjar de un suave plumazo las torvas preocupaciones del amigo: Carpe diem , disfruta del presente.  El pueblo llano formula el mismo principio con populares adagios como “más vale pájaro en mano que ciento volando” o “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”. Es el leit motiv de la película “El club de los poetas muertos ”. Sirve de título a una novela de Saul Below... Podríamos seguir desgranando ejemplos, pero ¿quién era realmente Horacio? Horacio nació en Venusia, en el año 65 a. C., al sudoeste de Italia. En Atenas convivió con la juventud aristocrática romana, partidaria en su mayoría de la restauración republicana y contraria a las ideas monárquicas de Julio César. Amigo...

En Arévalo a Arévalo

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Buscas en Roma a Roma, ¡oh, peregrino!, y en Roma misma a Roma no la hallas; cadáver son las que ostentó murallas, y tumba de sí propio el Aventino. El moderno viajero que quisiera encontrar en Arévalo a Arévalo y encaminara sus pasos hacia el casco histórico, como el peregrino del soneto de Quevedo buscaba en Roma a Roma, mucho me temo que tampoco lo hallaría e igualmente concluiría que “ huyó lo que era firme y solamente / lo fugitivo permanece y dura ”. El recordado maestro y crítico de arte Santiago Amón, definía el patrimonio histórico-artístico como aquel asentamiento humano, fuertemente condicionado por una estructura proveniente del pasado, que lo va a hacer reconocible como significativo de la evolución de un pueblo. Desde esta perspectiva es urgente acabar con la dañina falacia de que el patrimonio histórico nos pertenece a todos, como nos pertenece la camisa o el derecho de sufragio, sino que somos nosotros quienes le pertenecemos a él. San Agustín, que acu...

Gandhi

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En memoria de mi compañero Ricardo Bustillo, para que se eche unas risas desde el Paraíso. Escribió Mahatma Gandhi en su autobiografía que la verdadera función de un abogado era unir a las partes que se habían partido como los pedazos de un botijo. Cuenta que él lo hizo así durante los veinte años en que ejerció la profesión y que por ello ni perdió dinero ni perdió su alma, pero la verdad es que Gandhi tenia pinta de comer muy poquito. El caso es que uno siempre ha procurado cumplir con esta filantrópica máxima que algunos abogados desaprensivos conocen bajo la cínica expresión de hacer el indio. Hace algunos años, cuando los Juzgados de Arévalo estaban situados en la Calle de Los Lobos, junto al puente de Los Barros (convendrán conmigo en que no es posible encontrar un lugar de nomenclatura más adecuada para ubicar una sede judicial), me lo dijo en los pasillos una clarividente señora que se acababa de arreglar con sus hermanos gracias en buena parte a la paciente labor mediadora d...

Hedo

“Hay gente que siente escasamente la poesía, que no se emociona con la magia de una metáfora. Esa gente, por lo general, se dedica a enseñarla (...).A mis estudiantes, cuando fui profesor, nunca les di bibliografía, ni les impuse tal o cual texto; les he transmitido, eso sí, mi amor por la literatura y les he enseñado a quererla”. Jorge Luis Borges Un hecho decisivo de mi infancia –y me atrevo a aventurar que de la infancia de unos cuantos niños de Arévalo- fue mi profesor de literatura, Don Jesús Hedo. Don Jesús fue profesor durante la década de los setenta en lo que antaño se llamaba Instituto Laboral (hogaño Instituto de Enseñanza Secundaria Eulogio Florentino Sanz). Cuando yo fui su alumno Franco estaba todavía vivo y firmando sentencias de muerte, aunque los españoles ya le habían visto por primera vez muy enfermo, entrando y saliendo del hospital en silla de ruedas por culpa de una flebitis judeomasónica, de manera que algunos descreídos comenzaron a sospechar de su inmortalid...

Don Hilario

Don Hilario fue un abogado rural sin toga ni carrera. Con un Código Civil y un botijo convenientemente estibados en las albardas de su borrico, recorría todo el partido judicial de pleito en pleito. Don Hilario anotaba con minuciosa letra de pendolista en cada margen de los libros una didáctica glosa sobre el asunto en cuestión. A veces se permitía pequeñas licencias de librepensador. Así, junto al epígrafe sobre la nacionalidad, escribió: “Venenosa palabrita, origen de tantos odios”. Don Hilario pasaba consulta junto a la chimenea, con una manta sobre la piernas y “pocos, pero doctos libros juntos”, y los lugareños iban a verle con la sobrecogida unción de quienes acuden a un oráculo. Don Hilario era mi bisabuelo y a veces, cuando me quedo solo en el despacho, me habla desde su daguerrotipo. Creo que -viendo lo que ve- está muy contento de haberse muerto. José Félix Sobrino García Madrid