11 feb 2011

BIODIVERSIDAD

Muchos conocidos me dicen que tengo el gusto estropeado al elogiar mi tierra. De hecho, muy pocos asociarían La Moraña y Tierra de Arévalo con biodiversidad. Es más, mucha gente opina sobre la vaciedad de estos terruños, calificándolos como espacios desérticos, feos, inhóspitos, sin atractivo. Suele decirse que para gustos están los colores y aunque respeto esta opinión, no la comparto. Una visión fugaz de La Moraña, puede dar esa sensación casi desértica. Cierto es que, a primera vista, estas tierras parecen vacías y monótonas, pero hay que mirar para ver y andar para recorrer.
Una observación más detallada nos muestra variedad de hábitats con sus distintos moradores. Por ejemplo, entre los extensos cultivos de cereales sobrevive una de las comunidades faunísticas más amenazadas de Europa, las aves esteparias. Su presencia ha propiciado que una buena parte de la comarca haya sido incluida en una Zona de Especial Protección para las Aves: ZEPA Tierra de Campiñas. Este valioso espacio, si les parece, lo dejamos para otra ocasión pues, dada la importancia del grupo de aves esteparias, merece un comentario más extenso.
Pero no todo son llanuras o tierras de cultivo, entre ellas hay pequeños bosques isla de pino o encina, serpenteantes hileras de chopos asociadas a algún arroyo. En determinados parajes, la planicie se deprime favoreciendo la formación de pequeños humedales. En otras zonas, el cauce de algún río o arroyo, generalmente seco, rompe la llanura. Estas fracturas de lo horizontal son especialmente marcadas en el río Adaja y en el último tercio de su afluente, el Arevalillo. Y además estos ríos van acompañados de importantes masas de pinares, las últimas de cierta entidad en la comarca, formando lo que en ecología llamamos el corredor del río Adaja.
En el artículo “El bosque de los gamusinos”, publicado La Llanura nº 5  en el mes de octubre de 2009, ya refería la gran importancia hidrogeológica de estas zonas boscosas asentadas sobre arenas, y la necesidad de conservar y proteger estos pinares y suelos arenosos para asegurar la recarga del maltrecho acuífero de los arenales con aguas de calidad y en cantidad. Pero dejé para otra ocasión su importancia ecológica.
Como les decía, este corredor natural posee un destacado valor biológico, al ser utilizado por la flora y fauna como un camino verde para sus desplazamientos entre el centro y el sur de la Cuenca del Duero, lo que le confiere una importancia única y excepcional, especialmente en una zona tan deforestada como la que nos ocupa. De hecho, de las 231 especies de aves que se han observado en la comarca, 167 se han anotado alguna vez en esta estrecha franja de terreno. A esto hay que añadir las especies de flora, que se multiplican de forma acusada en este pequeño espacio.
Muchas de estas aves son singulares, por su belleza, costumbres, o escasez a nivel mundial. Esto debe hacernos reflexionar sobre la necesidad de conservar los últimos espacios arbolados para asegurar esta cantidad de vida en todas sus formas y variedades: su biodiversidad. Pero hasta la fecha ninguna figura de protección ha recaído sobre el corredor del Adaja, ¿acaso no la merece? Veamos:
Foto satélite de La Moraña y Tierra de Arévalo.
Se aprecia el corredor del Adaja como última superficie arbórea.
En el corredor del Adaja se pueden observar de forma habitual varias especies de aves amenazadas. Si nos referimos al Catálogo Nacional de Especies Amenazadas el número de especies supera las cien. Si nos referimos al mayor grado de protección de la Directiva de aves, el número es de 27 especies. Para resumir esta lista, voy a citar sólo las doce especies amenazadas más representativas. Estas son: totovía, cogujada montesina, carraca, curruca rabilarga, martín pescador, búho real, halcón peregrino, águila calzada, milano real, milano negro, águila culebrera y águila imperial ibérica, esta última catalogada en peligro de extinción.
Para no hacer demasiado pesada la exposición, sólo referir que varias Leyes, Decretos y Directivas obligan a que el corredor del Adaja sea protegido como ZEPA o Lugar de Importancia Comunitaria (LIC). A pesar de ello vemos como graveras, urbanizaciones, campos de golf, obras públicas…, amenazan con reducir sensiblemente ente valioso corredor natural, y única superficie arbolada de una comarca deforestada. Todo denominado proyecto de desarrollo tiene que ubicarse necesariamente en estas últimas 5.000 hectáreas arboladas ¿Qué clase de progreso acaba con enclaves beneficiosos, necesarios para la vida? El propio Plan General de Ordenación Urbana de Arévalo, ha condenado a desaparecer a grandes extensiones de pinares, ubicados al sur de la ciudad, deglutidos por un recrecimiento urbano innecesario, al no haber agotado previamente terrenos urbanizables útiles, cercanos al centro histórico.
Por ello debemos animar a la Junta de Castilla y León a que proteja adecuadamente el corredor del río Adaja solicitando la declaración de ZEPA o LIC para este valioso rincón abulense.
Como decía Machado, he andado muchos caminos, he abierto muchas veredas…, pero les aseguro que muchos de los mejores ratos, los he pasado admirando la naturaleza de mi tierra. Nunca es tarde para conservar, lamentarse de lo que ya se ha perdido, de poco o de nada sirve.

En Arévalo, a dieciocho de febrero de 2010.
Autor: Luis José Martín García-Sancho.
Publicado en La Llanura número 10  - marzo de 2010
Fotografía de Avutarda por cortesía de David Pascual

1 comentario:

Luis dijo...

Quiero agradecer a La LLanura, el que hayan "recuperado" este artículo para incluirlo en el blog y por la importante labor divulgativa y reivindicativa que realizan con la sana intención de dar a conocer lo que tenemos y lo que podemos perder a nivel patrimonial. Igualmente agradezco a David Pascual la hermosa fotografía que acompaña mi texto. El tiempo y trabajo que esta imagen lleva detrás hacen más reales unas simples palabras.