27 dic 2010

A LA DERECHA, SIEMPRE A LA DERECHA

(Crónica breve de una visita en la que la niebla no logró confundirme o tal vez sí)

La cita era junto a la iglesia de san Salvador en Rágama, otra más incluida en la Lista Roja del Patrimonio. Junto a ella está el monumento levantado en honor a Francisco de Carbajal, el Demonio de los Andes, nacido en esta localidad, antiguo sexmo de la Tierra de Arévalo. Magníficamente retratado por Ricardo Palma en sus Tradiciones Peruanas, fue Maese de Campo de Gonzalo Pizarro y murió a la edad de 84 años porque fue ejecutado. De la lectura del libro de Ricardo Palma, su biografía y el recuerdo que aún perdura en Perú y confrontado a lo escrito en unos azulejos que en el monumento se hallan, resulta un verdadero y auténtico monumento al eufemismo, pueden acercarse a comprobarlo.
La mañana amaneció con una persistente niebla, que según la meteoróloga de nuestra asociación es prima lejana de la pertinaz sequía, pero nuestro recalcitrante carácter nos hizo continuar. La cencellada había blanqueado bellamente las agujas de los pinos, y los matojos presentaban un bello aspecto navideño, casi de postal. Pese a que éramos más que nunca, decidimos someter a votación si continuar o no con el programa previsto, tras un rápido recuento de los votos emitidos nos encaminamos hasta la laguna de los Lavajares.
Como la visibilidad era escasa, apenas a unos cincuenta metros de nosotros nada se veía, debimos conducirnos con mucha precaución. Me recordaba esas películas de marinos navegando por procelosas aguas, todo cubierto por la traicionera niebla, una niebla hermana de la “persistente” pero de peor carácter, o el relato de Mark Twain de la navegación por el Misisipi. Caminábamos pegados al borde del camino y al llegar a alguna bifurcación preguntábamos a nuestro guía, que cual experimentado capitán marino nos indicaba la dirección correcta: “a la derecha, siempre a la derecha”. Así, tras una agradable caminata aderezada de interesantes y a veces divertidas charlas, pero casi sin visibilidad, llegamos hasta la laguna.
“Esto es lo que hay”, dijo nuestro guía. Una visión indescriptible apareció ante nosotros. Solamente estando en aquel lugar podréis apreciar la belleza que posee ese paisaje. Subidos al cerro cercano se pueden ver Rágama, Horcajo de las Torres, Rasueros, Zorita de los Molinos y la Torre Yecla. Cientos de aves de las más variadas especies que pueblan nuestras llanuras en este época del año, revolotean en un incesante ir y venir en busca de alimento unos y de descanso en su migración los otros. Allí ante la visión que paisaje y climatología nos brindaban dimos cuenta de nuestras viandas, muy variadas a decir de mister Chisp siempre fiel a su sándwich de pepino, y una vez repuestas las fuerzas iniciamos el camino de regreso hasta Rágama.
Como la mañana solamente estaba mediada, decidimos acercarnos a Villar de Matacabras pues nos quedaba de paso y así podríamos aprovechar para visitar su iglesia y hacer algo de “shopping” que dicen ahora, el “ir de tiendas” de toda la vida desde que somos parte de la sociedad consumista y moderna.
Al llegar a Villar de Matacabras, justo a la entrada del pueblo está la iglesia. Allí un grupo bastante numeroso de cazadores almorzaba junto a una acogedora hoguera al tiempo que un nutrido grupo de ciclistas llegaba a la localidad y que según nos comentaron realizaban un recorrido en bicicleta por la comarca.
La iglesia una interesante muestra del mudéjar de la zona es una más a punto de desaparecer y pasar a ser otro edificio histórico que fenezca en esta región, rica en arte, historia, monumentos y pobre en recursos e ideas. No puedo ocultar que cuando les informamos del motivo de nuestra visita, sus caras, las de todos ellos, reflejaron sucesivamente todos los colores del arco iris. Tan solo uno de los cazadores acertó a decirnos:”...sí, esta iglesia tiene mucha historia”.
Tuvimos que conformarnos con ver esta pequeño joya, lo que queda de ella mejor dicho, desde fuera. Con las explicaciones de uno de nuestros estudiosos de arte, pudimos comprender los sistemas constructivos de la época. Distinguir los diferentes añadidos que había sufrido a lo largo de la historia, localizar sobre el terreno cimentaciones de muros desaparecidos, comprender la construcción de los paños de muros de mampostería tradicional, diferenciando las hiladas de ladrillos, la tierra prensada con cantos, el empleo de la cal y un largo listado de observaciones. Hoy he comprendido sobre el terreno la plenitud del significado del refrán que dice: “Entre santa y santo, pared de cal y canto”.
Pudimos visitar una típica bodega de la zona y hacer un recorrido por la localidad para que cada cual hiciese las compras que en su deseo y posibilidades tuviese a bien. Ya casi al finalizar nuestra visita nos acercamos hasta la laguna donde se encuentran los afamados “lodos de san Gervasio”, que como aclaración para los que no solemos ir a misa celebra su festividad el 19 de junio, siendo muy beneficiosos para todo tipo de enfermedades de la piel. Estos lodos junto con el agua del pozo cercano a la laguna reciben la visita de numerosas personas en busca de sus efectos sanadores. Y como gusta de decir mister Chisp: “se acabó el duro”.
Fabio López

5 comentarios:

Juan C. dijo...

Excepcional...

Anónimo dijo...

En efecto, Excepcional; pero para apreciarlo y valorarlo en su justa medida, solo hay una solución; hay que estar ahí, verlo y saborearlo ".in situ"

Luis dijo...

"A la derecha, siempre a la derecha" Y al llegar a la laguna y encontrarla completamente seca alguien afirmó: "Esto es lo que trae ir siempre a la derecha".
Dos cosas muy distintas encontramos ese día una laguna sin agua y un pueblo sin habitantes (casi). Aunque pensándolo bien tal vez sean la misma cosa: la degradación del medio rural.

Anónimo dijo...

Magnífica crónica de una excursión singular. ¡Enhorabuena!

Anónimo dijo...

yo puedo atestiguartodo eso que fabio dice con su buen hacer escritor....resumiendo: "Fue la leche"