5 abr 2010

Tirar el dinero a las cuestas

Equivocarse es humano,
insistir en el error es de locos.

Bonita frase; seguro que es latín. He leído ayer, con verdadera tristeza, la noticia en nuestro diario de provincias en que se nos informaba de la intención del primer edil arevalense de invertir otros 200.000 euros, treinta y tres millones de pesetas, y ya van ... esta vez con la intención de estabilizar la ladera del río Arevalillo con pilotes de hormigón, en la zona de San Miguel, para ver si después volvemos a repetir actuaciones, como las anteriores, en la derruida muralla.
Nueva decepción. Esta partida de dinero era, si mal no habíamos entendido, para la estabilización y mejora de las laderas del Arevalillo mediante la plantación de árboles de especies autóctonas. Pero no pensamos que la partida económica iba a desviarse para tirarla a las cuestas ¿Cuánto dinero se ha tirado ya ahí, en esa absurda obra en la que siempre que se ha hecho algo, ha terminado, más pronto que tarde, por arruinarse?
Absurdo proyecto propio de locos y sobre todo insostenible. Tan insostenible como tantas otras de las grandes obras que se han hecho en Arévalo. ¿Cuántas de las grandes inversiones que se han hecho o están en marcha tienen el mínimo atisbo de sostenibilidad futura? Una obra, un proyecto sostenible es aquel en que las inversiones se plantean desde un punto de vista global, no puntual, para que su rentabilidad social y económica tenga proyección de futuro y, sobre todo, para que sirva a que el municipio avance y se desarrolle.
Díganos, si puede, a donde nos lleva; qué beneficio va a reportar al municipio, a los vecinos de Arévalo ese absurdo empecinamiento en seguir gastando enormes cantidades de dinero, que salen del bolsillo de todos los contribuyentes, en ¿intentar? estabilizar con hormigón las laderas en las cuestas de San Miguel. Le recordamos que se están derivando recursos que iban destinados a plantar arboleda en esa zona y seguramente permitiría realizar la plantación en una zona mucho más amplia. Los árboles, casi con toda seguridad, harían la labor estabilizadora y además crearían paisaje, algo de lo que estamos muy faltos en Arévalo, con lo cual seguramente se embellecería algo esa sufrida zona en la que usted insiste en llenar de hormigón.
Absurda idea, por otra parte, propiciada de forma insistente por enfermizos sueños de algunos siempre más preocupados por su propio lucimiento, ávidos ellos de protagonismo, que por el amor que dicen profesar a esta ciudad.
Irracional proyecto alentado por unos técnicos que se han equivocado tantas y tantas veces en este cansino asunto. Usted mismo se ha visto obligado en varias ocasiones a achacarles las culpas de los continuos fiascos, de aclarar que usted se había fiado de los técnicos.
A estas alturas no puede usted seguir fiándose ni de asesores ni de técnicos en un asunto como este. Asunto que tantos disgustos le ha traído y en el que tantos miles de euros, tantos recursos económicos se han tirado por las cuestas. Tantos dineros que podrían muy bien haber servido para tener un poquito decente nuestro muy deteriorado casco antiguo.
Debería usted destinar esos recursos al fin a que estaban consignados, es decir, a plantar árboles en esas laderas y dejarse de nuevos inventos, no vaya a ser que dentro de unos meses tenga usted que volver a dar explicaciones insistiendo en que tomó la decisión porque así se lo indicaron los asesores y los técnicos. Háganos caso, no insista usted más en el error.

Juan C. López

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Esto sí es una crítica constructiva, además de un buen consejo, y no lo del Partearroyo.¡Vidal rectifica coño!, que los técnicos se van a cargar tu futuro político.

Juan Segundo dijo...

El deslizamiento de las cuestas se puede producir con árboles y sin árboles. Lo que es seguro, que es mucho menos probable que se produzca si se plantan y se consolidan masas arbóreas y arbustibas de forma conjunta. Lo que está claro es que el deslizamiento de las cuestas se produce igualmente con hormigón que sin hormigón. Que no aprendemos. Siempre se ha dicho contra la erosíón: vegetación. Pero este ayuntamiento es durillo de oído y a entendido ante la erosión: hormigón. Háganse mirar por un otorrino.