12 mar 2010

EL CAJÓN DE CHEMA

Nos envía Chema en esta ocasión, parte de un magnífico artículo de Arturo Pérez Reverte. Recomendamos la lectura íntegra del mismo. A nosotros nos ha resultado muy familiar. Nos hemos sentido en más de una ocasión como el extranjero afincado en España, que el Sr. Pérez Reverte toma como protagonista en su artículo. Pero a diferencia del extranjero del Sr. Pérez Reverte, sí comprendemos lo que con tanta crudeza dice en su artículo, qué le vamos a hacer, al fin y al cabo somos nacidos en estas tierras, y entre nosotros sí nos entendemos aunque a veces parezca que no nos comprendemos.


LOS PAPELES DE WOLFGANG

“...Comento, mientras despacho el menudo con garbanzos, que enhorabuena. Que es estupendo tener esos documentos y poder disfrutarlos. Muy loable, también, que un guiri rescate la memoria local. Si hubiera dependido del interés de tus conciudadanos de aquí, añado, arreglados iban los documentos. A estas horas serían pasto de ratas.
“Pero ése justo es problema – responde –. No creerás lo que cuento. Mismo yo no comprende. Hablo con autoridades y universidad y pongo disposición suya. Digo aquí está archivo importante ciudad, valioso mucho. Sí. Reunido por mí para vosotros. ¿Y sabes qué contestan?...Que bueno y mucho interesante, que los guarde en mi casa. Y pasan de mí, ¿creerlo puedes?...Le importa un mierdo estos documentos y archivo y memoria ciudad y todo. Hasta me miran raro, yo te juro.”
Pues claro que te miran raro, respondo. Lo normal, si un español reúne una colección de documentos antiguos, es que se los guarde para él. procurando que nadie se entere. No sea que otros puedan beneficiarse de ello. Que le hagan pagar algún impuesto, por ejemplo. O se los reclamen de otra autonomía. O pero aún: que alguien haga con ellos un libro o un trabajo universitario brillante y se apunte el tanto. Y claro. Sale un pavo reuniendo documentos antiguos y ofreciéndolos por amor al arte, y la gente se mosquea. De qué va este tío, dicen. El erudito de los cojones. Una colección reunida de modo particular y puesta a disposición pública les rompe el esquema. Las autoridades se verían obligadas a tomar decisiones, ¿comprendes? Complicas su vida satisfecha y apacible. Los asustas.
“A veces, España mucho triste”, concluye Wolfgang, meneando la cabeza. Y pide un vino, que bebe cabizbajo. También se calza una ración de jamón ibérico. Yo miro las paredes del bar, decoradas con equipos de fútbol, fotos de toreros y una estampa de la Virgen del Rocío. “No se puede tener la paga del general y la verga del teniente”, digo. Y Wolfgang me mira con sus ojos bálticos y azules, sin comprender un carajo.

Arturo Pérez Reverte
XLSEMANAL 28 de febrero de 2010

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