Vista general de Arévalo desde el Norte. Colección Emilio García Vara. Archivo Fotográfico de "La Alhóndiga". De hacer caso a Juan José de Montalvo y a Emilio García Vara, las primeras leyendas sobre el lugar se remontan al año 746, en la época de la Reconquista. En el libro “ De la Historia de Arévalo y sus sexmos ” encontramos estos párrafos: «… al servicio del rey don Alonso I fué una de las cinco casas y caballeros que restauraron y conquistaron de los moros esta muy noble y leal villa de Arévalo, por los años del Señor de 746». «Y con la venida felicísima del esclarecido y alto rey don Alfonso, el primero de este nombre, …, vinieron estos cinco caudillos, conviene a saber: Juan Briceño de Porres, Hernán Martínez de Montalvo, Juan Verdugo, Gómez García Sedeño y Garcitapia. De los cuales consta que como estuviesen en compañía del buen rey don Alonso sobre esta muy noble y leal villa de Arévalo, que estaba apoderada de los moros, suplicaron al rey que pue...
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“Perpetró una boutade digna de Dalí cuando le pidieron que glosara por escrito los encantos de aquella ciudad que como aspirante a diplomático encarnaba sus ideales. Mientras los otros opositores cantaban las excelencias de París, los parques de Londres, las ruinas de Roma o los palacios de Viena, él redactó una impecable composición dedicada al pueblo de Arévalo”.
“Ya desde la infancia esa pequeña localidad de la provincia de Avila se contaba entre sus lugares más queridos. Recordaba a menudo sus escaparates iluminados, y las tiendas de antigüedades que tanto agradaban a su madre. También le fascinaba el castillo, la Plaza de la Villa, las ermitas, las iglesias. Arévalo era rico en arte mudéjar y aún parecía flotar en sus calles el alma de los antiguos moradores musulmanes. Jaime había descubierto además sus delicias culinarias: el cochinillo, el cocido, las legumbres de la Moraña, los quesos, las tortas las mantecadas. ¡Arévalo!. “¿Existía un destino mejor?”. Quizá no para un espíritu como el suyo. Pero las autoridades académicas interpretaron aquel canto como un insulto y lo suspendieron”.
Todo ésto es lo Jaime Gil de Biedma amaba de Arévalo, como muy bien recoge del libro de Dalmau el colaborador de "La Llanura" José Félix Sobrino en el nº 32 de la revista.
Desde Estación de Encuentro Jaime Gil de Biedma y la Nava, queremos agradeceros el interés que siempre habéis mostrado por la figura de nuestro querido poeta.
Os recuerdo que estaríamos encantados de vuestra visita a la exposición. Os esperamos. Un saludo. Clara