18 ago 2013

Un martes del mes de agosto

Disfrutar de una sesión de arqueología in situ y de una excepcional conferencia de historia, un martes del mes de agosto, no tiene precio.
El lunes por la noche, “Juanje” se acercó a casa, a la hora de la cena, y concretamos para el día siguiente nuestra, prevista a medias, excursión al yacimiento medieval de "Las Henrenes" en las cercanías de Cillán.
Habíamos estado siguiendo los trabajos que se estaban realizando, gracias a las fotografías que Aurora había estado mostrándonos con todo lujo de explicaciones en el muro de Facebook. Habíamos intentado en alguna ocasión acercarnos al yacimiento y, por una u otra causa, la visita no había cuajado. Quedamos pues para el día siguiente a las cinco de la tarde, en la plaza del Arrabal.
Llegada la hora y después de tomar el preceptivo café partimos Juan Jesús, su sobrina Laura y yo, hacia Cillán.
Llegamos al pueblo alrededor de las seis y, casi de inmediato, llegó Jorge. Nos dijo que había a un nutrido grupo de gente en la plaza del pueblo que pensaban ir hasta el yacimiento dándose un paseo. Aurora ya estaba allí.
Decidimos comprar unas botellas de agua, habíamos ido sin ningún pertrecho, y acercarnos luego en el coche hasta "Las Henrenes".
Una vez en el lugar de la cita esperamos a que llegaran todos los participantes. Jorge hizo una previa e interesantísima introducción sobre el despoblado; sobre los nombres por los que se le conoce: "Henrenes", "Herrenes" o "San Cristobal"; la situación de la iglesia, los dos barrios, las hipótesis sobre la separación de ambos; la cañada que lo atraviesa y sus pretendidas dimensiones, algunas leyendas sobre el lugar y otros aspectos que fueron contrastados por algunos de los mayores, vecinos de Cillán, que nos acompañaron en la excursión.
Luego de esta profusa introducción nos llegamos hasta el cerrillo en que se asentó la desaparecida iglesia. Restos de ladrillo, piedras y tégulas muestran el lugar que albergó, en otros tiempos, una amplia nave a la que se adosaba una torre. Jorge nos habla de la curiosa existencia de tégulas, tejas de época romana, formando parte de la cubierta de la iglesia. Dato a añadir al resto de singularidades del lugar.
Recorremos los alrededores y vemos, incrustados en los actuales vallados de piedra, antiguos sillares perfectamente tallados. Nuestro guía nos enseña, asimismo, los curiosos cuencos que lucen algunas rocas graníticas y cuya función no acaba de estar clara. Se plantea la posibilidad de que las piezas extraídas sirvieran para hacer molinos circulares o que pudieran ser trampas de agua para pequeños mamíferos.
Paseamos hasta las recién excavadas tumbas. Han aparecido tres. Plantean por sí mismas nuevos enigmas. Están situadas a más de sesenta metros de la iglesia y su orientación es norte sur, teniendo en cuenta que en la Edad Media se enterraba a los muertos con la cabeza orientada hacia Jerusalén. La tumba intermedia se iba a abrir el próximo viernes por la mañana. Quizá conserve algún detalle que pueda aclarar el misterio.
Bajamos luego a la zona de las casas excavadas. Recorrimos, bajo las cumplidas explicaciones de Jorge, las diversas casas excavadas hasta llegar a la última que lo ha sido en estos últimos días. Esta presenta una peculiar novedad, no tiene jambas que delimiten puertas de acceso al interior. Esto hace suponer que podría disponer de algún tipo de acceso elevado cuyo fin pueda obedecer a explicaciones múltiples. ¿Sería para intentar evitar la entrada de roedores al recinto de la vivienda?
Antes de terminar la visita se nos enseñan multitud de objetos encontrados en la excavación. Restos de vasijas, punzones y un extrañísimo objeto que presenta un brazo articulado; uno de sus extremos termina en una especie de tridente. Ni los más avezados artesanos del hierro, allí presentes, fueron capaces de explicar el posible uso de tan raro instrumento.
Una vez terminada la visita charlamos un rato con Jorge. Nos comenta que nunca ha visto en el cine la posible escena en la que los godos, seguramente sorprendidos, entraran en el palacio señorial de cualquiera de las muchas villas romanas que existen en nuestra zona. Se imagina que estos "bárbaros del norte" no sabrían que hacer en las lujosas estancias que encontrarían entonces aún en pie. De hecho, comentamos, muchos de los impresionantes mosaicos que adornaban los suelos de aquellas salas, fueron a veces excavados para colocar las graníticas tumbas para sus muertos.
Nos despedimos ya y nos marchamos. Hacemos antes unas bromas sobre el hecho de que los componentes del grupo de visitantes de Cillán se han comido sus viandas y no nos han invitado a compartirlas.
Queremos llegar a Narros del Castillo antes de las 22,30. A esa hora comienza la charla de Serafín de Tapia y no queremos perdérnosla, además tenemos que comer algo antes de nada. El hambre acucia y como a “Juanje” le gusta recordar somos del sector de "No a la Cultura sin almuerzo", o “sin merienda”, en este caso.
Paramos en San Pedro del Arroyo. Cena de carretera que nos sabe a gloria. Será porque tenemos hambre.
Llegamos por fin a Narros del Castillo. Son cerca de las 22,45 pero la conferencia aún no ha comenzado. Nos sentamos y disfrutamos durante algo más de una hora de la magnífica charla de nuestro buen amigo Serafín. Nos habla de historia, demografía, economía... Un placer escuchar al profesor. Como dice Juan Jesús: "De aprender algo, del que sabe".
Terminada la conferencia nos despedimos de Serafín y de los amigos de la asociación cultural de Narros del Castillo, o de Bebán, que así se llamaba en otro tiempo. "Amanece que no es poco" se llama la asociación de este pueblo, este sí, de La Moraña. Una de las muchas y muy activas asociaciones que tenemos en los alrededores.
Llegamos a casa a más de la una de la mañana, cansados pero satisfechos. Ha sido una jornada muy completa.

Fotografías: Aurora Hernández y Juan C. López

Para saber más sobre el yacimiento de Las Henrenes consultar en:

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