Otra Ruta Alternativa
El pasado sábado, día 22 de junio,
tuvimos entre nosotros un grupo de amigos segovianos que querían aprovechar su
visita a nuestra ciudad, con motivo de las Edades del Hombre, para completar el
recorrido turístico oficial de la Exposición con otra visión más libre y directa
de nuestro entorno monumental y urbano. Desde otros pueblos y ciudades nos
están llegando peticiones semejantes, pues consideran que pasar un día en
Arévalo da para más que el recorrido fijado para la Exposición. Como su visita
concertada era por la tarde, nosotros les propusimos realizar un recorrido
matutino complementario del que ellos iban a realizar después. Un pequeño grupo
de miembros de “La Alhóndiga” nos
ofrecimos voluntarios para guiarles en el recorrido.
Comenzamos a las diez de la
mañana por la ermita de La Lugareja. En un principio sólo
pensábamos en contemplar desde el exterior su egregia silueta mudéjar
presidiendo desde hace siglos el pequeño valle formado por un arroyo que
desemboca en el río Arevalillo. Tras
las explicaciones históricas oportunas del origen del monasterio de canónigos
regulares, allá por el año 1179, y de los restos que nos han quedado del
antiguo conjunto monacal, surge el espinoso asunto de ser este monumento
público una “propiedad privada” y que sólo se puede visitar en horario
vespertino los miércoles. Salen a relucir algunos nombres de los actuales
dueños de la finca y la casualidad o el milagro hizo que una de nuestras amigas
segovianas declarara ser, a su vez, amiga de uno de los propietarios. Una simple
comunicación por el móvil nos ofrecía, para dos horas más tarde, la posibilidad
de ver su interior, algo que todos aceptamos, aunque tuviéramos que regresar de
nuevo.
Es la hora del mediodía. Ya las
cocinas y los hornos de la calle Figones
nos lanzan desde su interior el agradable olor de los cochinillos que deben de
estar cogiendo su “punto”. Nuestro propósito era llegar hasta el
Castillo, para conocer la fortaleza por dentro y por fuera, pero
habíamos prometido volver a La Lugareja para conocer desde
dentro esta maravilla arquitectónica y no podíamos faltar a la cita. Tuvimos
que retroceder para volver al autocar que nos acercaría de nuevo a este insigne
monumento. Nuestros amigos segovianos quedan sorprendidos por su triple ábside,
por el soberbio cimborrio que se eleva sobre el tramo recto del ábside central,
por la luminosa bóveda en forma de cúpula, por la belleza de sus arcos y
pilares donde no existe la piedra y sólo el barro transformado en ladrillo es
dueño y señor de los elementos constructivos y decorativos, por la sobriedad y
sencillez que nos aproxima a los gustos propios del estilo románico cisterciense.
Volvimos a Arévalo y dejamos a
los Amigos del Patrimonio de Segovia cerca del lugar en que, previamente, habían
reservado para comer. Nos pareció que habían quedado encantados con la visita
realizada. Los restos de San Francisco, el palacio
de Cardenas, el antiguo Mentidero, la vista de los puentes
mudéjares, La Lugareja. Paseos por Arévalo que, siendo complemento de la
visita a “Las Edades del Hombre”, proponen una visión completamente distinta de
los recorridos habituales que suelen ofrecerse.
Ángel Ramón González
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