25 oct 2010

Sentado en esta mesa y meditando

Tarde tranquila de domingo. Sentado en esta mesa y meditando. Al tiempo estoy preparando los vídeos de esas magistrales clases a las que tuvimos la suerte de poder asistir el pasado uno de octubre en Madrigal.
El viernes por la noche, tras nuestra habitual tertulia quincenal, dimos un pequeño paseo acercándonos a la Casa del Poeta. Se trataba de enseñar a Marta las obras del futuro Centro de Interpretación del Mudéjar. El edificio es una mole de hormigón armado. Una mole de hormigón que pretende dar cabida a un centro en el que se va a “interpretar el Mudéjar”, sea esto lo que sea.
El fin nos comentaba ella no es ni más ni menos que el acto inaugural.  Para ellos afirmaba lo único importante es inaugurar. Aunque lo inaugurado no tenga uso, nunca vaya a tenerlo y aunque para nada sirva, hay que inaugurarlo.
El resultado, pues eso: ¿Por qué no vamos a tener un Centro de Interpretación del Mudéjar de hormigón armado y de novísima construcción?  Y ello a pesar de que los verdaderos edificios mudéjares hayan desaparecido o estén en trance de desaparición por su avanzada ruina.
Interpretemos, pues, el Mudéjar en un nuevo y flamante edificio, de “reciente o pronta inauguración” y sigamos dejando que los edificios históricos estén arruinados, o de ellos no quede ya nada.
Al hilo de esto me viene a la memoria lo dicho, no hace mucho, por mi buen amigo José Antonio: Pero, al final, todos, alcaldes y corporaciones, terminan caminando hacia sus casas, con la humildad rejuvenecida de golpe, al cansarse el pueblo de ellos. Sin embargo el daño ya está hecho. Después vienen otros y vuelta a empezar... Cosa distinta ocurre con los llamados “técnicos” (asesores de alcaldes y comisiones) que, al ser incombustibles, no hay quien se desprenda de ellos.
Cierto es, los asesores son incombustibles y lo que es peor, odian nuestro Mudéjar, odian nuestra historia y odian nuestro patrimonio.
Adoran, por el contrario,  a su único dios, a su rey “Midas”, a su todopoderoso señor hormigón. Todo es, todo tiene que ser hormigón. Ladrillos, tejas, madera, cualquier cosa que les recuerde a los viejos alarifes que una vez vivieron y trabajaron en estas tierras les es odioso. Y cualquier acto que sirva de menoscabo o destrucción de ese tipo de arte les viene bien. Les viene bien aunque para ello tengan que vulnerar o reinterpretar la norma. ¡Qué carajo! Ellos son la norma.
Y a su lado, guardando la puerta, vocingleros, corifeos insistentes que pretenden, aparentando ortodoxa rectitud y pretendida sapiencia, que lo realmente importante, lo único que debemos mirar es la punta de su dedo, al tiempo que, alzándolo, lo que hacen es taparnos la luna.
Para acabar y retomando lo dicho por mi antes citado ilustre amigo, me pregunto si como dice él ya es tarde para recomponer los platos rotos y si el daño irreparable es, nos guste o no, una patética realidad
Juan C. López
24 de octubre de 2010

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola Juan Carlos:
En mi opinión, los técnicos tienen culpa, paro los autenticos responsables son nuestros politicos; los que votamos cada cuatro años, a los que por lo visto, damos "Patente de Corso", hasta las siguientes elecciones, para que hagan y decidan lo que hacer con nosotros, sin importarles nada. Quizas tenemos lo que nos merecemos.
Ha llegado tan lejos la degradación, que personas que podian ser muy válidas para ejercer, no quieren meterse en lios. Mientras nuestros representantes, los que elegimos, solo representen los intereses de sus Partidos Politicos, creo que no va a haber solución; y la cosa va para largo.