Comunicado de prensa
La Alhóndiga de Arévalo muestra su desacuerdo con las obras de construcción de nuevos tramos de muralla
La Alhóndiga, asociación de cultura y patrimonio en relación al inicio de las obras de construcción de un nuevo tramo de la muralla de Arévalo en la zona de San Ignacio de Loyola, así como a las que se realizarán cuando se concedan los permisos para llevar a cabo aquellas con las que se intentará estabilizar la zona de la muralla a la altura de la iglesia de San Miguel, manifiesta lo siguiente:
Desde esta asociación ya hemos declarado, y volvemos a reiterar de nuevo, nuestro desacuerdo con la inversión de tantos recursos públicos en las obras de construcción de una muralla que, en nuestra opinión, nada aporta al cada vez más empobrecido conjunto monumental de Arévalo. En todas las intervenciones efectuadas en estos tramos de muralla, esta, siempre, ha terminado por caerse.
Mientras esto se hace, muchos de nuestros monumentos histórico-artísticos más emblemáticos se caen a pedazos sin que se les dedique una mínima atención para evitar su ruina.
La iglesia de San Nicolás de Bari, el colegio de los jesuitas, el puente de Valladolid, así como varios palacios y casonas señoriales, son, entre otros, edificios y elementos del patrimonio que están hundiéndose y que no parecen importar a los responsables de su conservación.
Desde esta asociación seguimos sin entender la insistencia en llevar a cabo la construcción de una muralla cuyos restos son meramente testimoniales y que, por otro lado, se pongan tantos reparos a elaborar de una vez por todas el, a nuestro entender, imprescindible “Plan Especial de Protección y Desarrollo del Casco Histórico de Arévalo” que de haber existido, es posible que hubiera evitado la gigantesca degradación sufrida por la plaza de la Villa en particular y por el resto del casco antiguo de Arévalo en general.
Comentarios
¡Qué poco valoramos lo que nos han dejado y que deberíamos dejar a los que vienen detrás! Sobre todo porque no es nuestro y, por tanto, es nuestro deber conservarlo en las mejores condiciones, originales a ser posible, para que venideras generaciones lo disfruten y se enriquezcan con ello. No sé a qué se debe la obsesión de nuestros políticos en llenar las ciudades de hormigón, muchas veces, además, restando espacio a las zonas verdes y, a la vez, ocultando verdaderas joyas de nuestro patromonio.
De sabios es rectificar; están a tiempo de evitar otro despropósito.