14 dic 2011

Vivíamos en un palacio...

Una mañana ya fue primavera. Los lirios estallaron en el jardín de la entrada y el antiguo salón del palacio, convertido en capilla, se llenó de azucenas que impregnaban el aire con aromas de estampita. Había dejado de hacer frío, por fin, y el sol nos acompañaba desde casi el momento de levantarnos. Hasta daban ganas de estudiar aunque, ahora que lo pienso, tal vez se debiera a la proximidad de los exámenes. Era la luz prometedora de días más largos y sobre todo, de las vacaciones que ya esperábamos ansiosamente.
La primavera desembocaba en el esplendor de mayo, puro verano en Arenas. Los pinares eran un concierto ensordecedor de cigarras durante las tardes de paseo. Nos empeñábamos en cazar algún ejemplar para hacerle la autopsia en busca del chirrido, pero nunca tuvimos ninguna víctima a nuestro alcance. Las chorreras de agua limpísima bajaban de la sierras arrastrando cantos rodados y nosotros poníamos a navegar río abajo escuadras de bajeles construidos con la roña de los pinos, un palo afilado a navaja por mástil y, de vela, el trozo de una pañuelo zurcido. Habíamos pasado en los juegos del ciclo de bichos y misioneros, que eran especialidades de invierno, al de los deportes acuáticos: botar barcos, tirar piedras al río rodando pinar abajo y mojarnos los pies, que era lo único que nos estaba permitido mojar en aquella naturaleza de helechos que se nos antojaba salvaje.

(más en el Blog de Jesús Arribas)

1 comentario:

Anónimo dijo...

"Los lirios estallaron en el jardín de la entrada y el antiguo jardín del palacio, convertido en capilla,...."
Espléndido relato que me hace reavivar experiencias que también fueron mías. (cursos 54-55 hasta el 58-59).
Gracias a La Llanura por esta cortesía.
Angel Ramón.