4 dic 2011

Villar de Matacabras

Villar de Matacabras, pueblo cercano a Madrigal de las Altas Torres, lo forman algunas pocas viviendas casi alineadas a lo largo de una única calle que atraviesa todo el lugar y, hoy, casi todas ellas en ruina.

En la "Consignación de rentas ordenadas por el Cardenal Gil Torres", ya figura en 1250, dentro del tercio de Madrigal junto a otras treinta aldeas. Allí se le denomina aún El Villar, omitiéndose el posterior apelativo de Matacabras.
A finales del siglo XV contaba, al parecer, con 24 vecinos. Llegado el siglo XVIII, al tiempo del Catastro de Ensenada, se contaron 43 casas, todas ellas de corta situación, con paredes de tierra apisonada y habitaciones bajas. Entre ellas se anotaron unas paneras de propiedad eclesiástica, las casas del concejo, una fragua, una barbería y una taberna que daban servicio a 42 vecinos incluidos pobres y viudas.
Mediado el siglo XIX nos dice Pascual Madoz, en su Diccionario Geográfico, que el Villar está “situado en terreno llano; reinan todos los vientos, y su clima es frio y afecto a fiebres intermitentes, tiene 49 casas de un solo piso y de inferior construcción; la del ayuntamiento, escuela de primeras letras común a ambos sexos, dotada en granos mezquinamente y una iglesia parroquial Nuestra Señora del Rosario con curato de entrada y de provisión ordinaria. (…) Población: 16 vecinos, 77 almas.

Celebraban sus vecinos las fiestas patronales el 31 de agosto honrando a San Ramón. Un día duraba la fiesta donde se hacia una misa, una procesión y el baile en la plaza amenizado por la dulzaina del Tío Batallas de Mamblas acompañado al tambor por su hija.
El día 15 de mayo celebraban a San Isidro.  Como en otros muchos sitios se sacaba el santo y se hacia la bendición de los campos.
Los niños del Villar acudían a la escuela de Madrigal de las Altas Torres y de allí venia a dar misa don Jacinto, el cura, montado en una tartana, y también venían de allí el cartero y el médico.
En la época de la mecanización del campo la gente empezó a emigrar. El trabajo escaseaba y los más jóvenes se fueron marchando a buscar el futuro en las capitales. Llegó un día en que quedaron solamente dos hermanos. Hoy ya solo queda uno de ellos.  Con 87 años aguanta en el pueblo que le vio nacer y no ha querido nunca marchar. Máximo se llama. Parafraseando a nuestro buen amigo Luis José Martín García-Sancho, diremos que es “un curioso nombre para el único habitante de un pueblo con una población mínima.” 
La iglesia mudéjar de Nuestra Señora del Rosario, y que cuenta con una de las escasas cabeceras tripartitas que se conservan en nuestras comarcas, se sitúa al oeste y un poco alejada de la población. Está rodeada en parte por un murete que parece protegerla del abandono y la desolación.
El ábside central es el mayor de los tres y lo forman grandes arcos de medio punto doblados. El lateral derecho está formado por idénticos arcos que el central. Conserva, por su parte, el del lado izquierdo, el arranque de lo que debió ser un segundo cuerpo, que permite entender que se trataba de un edificio de mayores dimensiones. Sobre este ábside se sitúa una espadaña con cuerpo de campanas.
Los interiores de los ábsides central y meridional derecho y central están fuera del actual templo. Ambos han debido utilizarse para guarda de ganados. En el primero permanecen varios pesebres sobre los que aun son visibles las hiladas de ladrillo a sardinel, las esquinillas y la nacela que decoraban el frente.  En general muestran un estado lamentable de ruina y abandono.

Leemos sobre esta iglesia en el recién publicado libro “Memoria mudéjar en la Moraña” y en palabras del profesor Raimundo Moreno Blanco, que, según establece el artículo 8.1 de la Ley de Patrimonio Histórico Español 16/1985 de 25 de junio: “Las personas que observen peligro de destrucción o deterioro en un bien integrante del Patrimonio Histórico Español deberán, en el menor tiempo posible, ponerlo en conocimiento de la Administración competente, quien comprobará el objeto de la denuncia y actuará con arreglo a lo que en esta Ley se dispone”. Nos sumamos desde estas páginas a su denuncia.
16 de noviembre de 2011

1 comentario:

Chema Collado dijo...

Buena lección de historia, amigo Juan Carlos. Y qué tristeza la de Sancho.Al menos no discutirá con nadie.Nos vendieron el Estado Gastonómico como un acercamiento al ciudadano y una descentralización del Estado. Lo segundo ha ocasionado 17 Estados y lo primero ha creado una burocracia absurda. Los Segovianos no querían esta autonomía forjada con calzador y sabiendo que la capital nueva y la presión de las grandes ciudades (Burgos o León) iba a dejar a las provincias periféricas (Avila,Segovía y Soria ) en una continua pérdida. Y la peor perdía es la despoblación y el envejecimiento. Pero no pasa nada, luego venderán parques temáticos de pueblos despoblados y espacios desérticos donde el lobo vuelve a campear.Y además donde va a votar Sancho, le llevan una urna itinerante o tiene que a otro pueblo, seguramente con su edad....