20 oct. 2011

RAPSODIA EN GUALDA

      Recomendaciones previas:
 - Al tiempo que se lee la presente, se puede escuchar “Rhapsody in blue”, composición creada por George Gershwin en cualquiera de sus versiones.
   -  Antes de leer la presente crónica, se recomienda ver las muchas fotografías que Juan Carlos, Juan Antonio, Mario, Julio, David, el otro David y todos los demás tienen colgadas en páginas y blogs, sobre el otoño en la Tierra de Arévalo.
   -  En inglés, el estado de ánimo blue se refiere al estado “triste, melancólico”; como no sé inglés, he preferido utilizar el nombre del color que a mí, más me acerca a ese estado blue.

La rapsodia es una pieza musical característica del romanticismo, compuesta por diferentes partes temáticas unidas libremente y sin relación alguna entre ellas. El origen etimológico del término procede del latín “rhapsodia” y éste del griego “rhapsoidia”, y significa literalmente canción ensamblada.
Pues algo muy parecido ocurre en el Adaja. Elementos diferentes resultan unidos libremente, cada cual hace su propia composición, hasta conformar una rapsodia de luz, color, sonidos y aromas.
El color predominante en este momento del año, que ni mucho menos es el único, es el gualdo, que es un amarillo de tonalidad dorada o levemente oscura, antiguamente obtenido de las plantas gualdas, unas hierbas del género Reseda, de la familia de las Resedáceas, que se cultivaban para obtener un tinte amarillo. A este cálido tono le acompañan los verdes de la enea, del carrizo y el junco, los grisáceos del envés de la hoja del sauce, los pardos y marrones de troncos y ramas ya desnudas de hojas, y todo ello envuelto por una luz limpia y luminosa.
Tuvimos ocasión de disfrutar de una espléndida mañana de otoño. Día claro y despejado, fresco al amanecer, tanto que se agradecían las prendas de abrigo, pero a medida que avanzaba la mañana y el sol levantaba, el ambiente se iba templando.
Casi la mitad de los que fuimos no pertenecían al equipo médico habitual, pero todos tenemos en común la curiosidad por conocer y disfrutar de parajes de nuestra comarca. Seguimos llamando la atención de los lugareños, cuando una comitiva de vehículos aparece por el pueblo, a unas horas en las que solo los mayores y algún trasnochador anda por las calles. He propuesto la compra de vehículos de mayor cilindrada, de color oscuro y con las lunas tintadas, a modo de una de esas agencias de investigación de USA, para que ya que llamamos la atención, al menos hacerlo con cierto caché. Ahora parecemos más un grupo de gente rara; cuando tengamos esos vehículos, pareceremos gente importante y tal vez nos cueste menos hacer ciertas cosas.
Debo decir que tampoco es obligatorio desplazarse hasta Tiñosillos para disfrutar de un paisaje así. En cualquier tramo del río Adaja se puede encontrar esa explosión de color. Nosotros lo hicimos porque allí habíamos dejado andado un camino que queríamos retomar.
Pocas veces resulta tan difícil contar lo que has hecho. Pocas veces resulta a la vez tan fácil decir lo que has hecho. Baja y lo ves. Estaría terminada la crónica. Si no fuera porque en el grupo con el que compartimos estas visitas, hay gente muy rara, que sabe de las cosas más peregrinas. Uno va y te explica lo de la influencia de la luz del sol en la producción de una hormona, la melatonina, que participa en una gran variedad de procesos celulares, neuroendocrinos y neurofisiológicos. Su concentración varía de acuerdo al ciclo diurno-nocturno y un nivel alto de esta hormona por haber menos luz solar, según nos cuenta, hace que nos sintamos más decaídos, tristes o melancólicos. No si al final va a resultar que somos como esos modernos licores espirituosos, sólo química.
O cuando lo que parece ser un fruto de un arbusto, tal vez de un sauce, resulta que es la consecuencia de una picadura. Y otro nos lo explica. Una variedad de avispa, más pequeña que la que más familiar nos resulta, pica en la hoja, ésta segrega una sustancia para protegerse de la agresión, y es entonces cuando alrededor del picotazo se crea una especie de bolita, en cuyo interior, la avispa deposita su larva, la cual se alimentará del material que la planta ha utilizado para protegerse de la agresión de la avispa. Y va y nos abre la bolita y vemos la larva.
Resulta evidente la falta que está haciendo la lluvia. Como Luisjo no se cansa de repetir el agua es vida, y pese a la vida que se ve, las plantas, el suelo, los zorzales y el resto de aves, parecen pedir agua a gritos. Tal vez si nos mentalizásemos de una gestión más eficaz de los recursos hídricos, en algo podríamos paliar la pertinaz sequía.
Tenemos ocasión de ver al espino albar con sus frutos; aquellos arbustos que en primavera aparecían cuajados de flores blancas, derramando su aroma por toda la ribera, ahora nos ofrecen pequeños puntos de color rojo intenso. Todo lo que entonces era verde y jugoso, ahora aparece dominado por un color gualda. El suelo que en el mes de mayo era verde, con una hierba alta y fresca, ahora aparece cubierto por un manto de hojas; nuestras botas en mayo se mojaban por la humedad del rocío, ahora se ocupan en levantar el mullido manto de hojas. Y entre ellas aparecen unas setas, resecas y reclamantes de agua que les vivifique.
 Siempre hemos dicho que para mejor disfrutar de nuestras correrías hay que ir como cuando éramos niños, con igual ilusión y ganas de jugar y aprender, con la curiosidad intacta. Y así vamos la mayoría, unos pocos han madurado algo más y han adquirido sólidos conocimientos que comparten con nosotros, pero cuando se les presenta la ocasión sacan el niño que llevan dentro. Y así se nos va la mañana, niños entrando y saliendo del cuerpo de unos adultos raros; sin querer ignorar nada; abiertos los ojos y el resto de los sentidos, para no dejar escapar nada a nuestra infantil curiosidad.
Un cormorán negro nos sobrevuela, solitario y algo despistado. Pronto volverán las aves que hace ya un año vimos por primera vez. El ciclo de la vida se cierra, un ciclo más. En esta ocasión el de ver unos parajes a lo largo de todo un año. A las puertas del invierno, en un otoño benigno, si no fuera por la ausencia de la necesaria lluvia. Si en primavera definir con palabras los aromas resultaba muy difícil, en otoño el aroma es igualmente intenso, agradable pero completamente diferente. Resulta inconfundible pero imposible de definir.
Almuerzo, conversación, anécdotas, conversaciones curiosas. Como por ejemplo, cuando una de las nuevas, nos cuenta que durante el desarrollo genético de las personas, en su fase embrionaria, el mayor o menor grado de acidez del medio donde se desarrolla, determina que esa persona termine siendo una vez desarrollada un capra pinctus, esto es un “cabrón con pintas”, o no. Como hoy no nos acompaña el Querubín que sabe latín, me veo obligado a traducir por mi cuenta. Y es lo que me sale, que no estoy seguro de que sea una traducción fiel, pero es a lo que se refiere Alicia, más o menos.
Al final de la jornada, visitamos lo que nos enseñó el Querubín sobre Bodoncillo ¡cuánta falta nos hace un ángel de la guarda a nuestro lado! y más tarde las ruinas del Convento de Nuestra Señora de los Ángeles, la primera Trapa femenina de España. Da pena ver sus restos, olvidados y abandonados. Resulta inevitable pensar si no tardaremos en ver muchos más restos de otras iglesias y conventos en el mismo estado. Todo como consecuencia no sé si de ese estado blue al que me lleva el predominio del color gualda en las hojas, o que a diario vemos la desidia e ineficacia de las autoridades en la gestión del patrimonio. Es algo que nos preocupa aunque, como dice Julio, no tengamos mucha costumbre de ir a misa. Tal vez por lo que Lorenzo solía decir: “... la misa y el pimiento son de poco alimento”.
Antes de terminar una recomendación última: sal de casa y disfruta de lo que tenemos mientras nos dure. Cuídalo y anima a quien conozcas a que te acompañe a hacer lo mismo, pues compartir no siempre implica repartir. Pasear por la ribera del Adaja, ahora en otoño, es un placer que no cuesta, y en estos tiempos que corren hay que tenerlo en cuenta. Además, si lo haces en compañía tocáis a la misma cantidad de placer, pero resulta más agradable. O así me parece, aunque puede ser que tenga los niveles de melatonina un poco altos y esté un punto melancólico.

Fabio López

3 comentarios :

Luis dijo...

Verde esperanza, Rojo pasión, Azul celestial, Gris tisteza. ¿Amarillo depresión? No lo creo, ¿De que color pintan los niños el sol, la luz? La luz, siempre proporciona alegría.

chispa dijo...

Pero tú.. donde has estudiado ?...No me creo lo de D. Manuel, tu profesor de las escuelas de la Moraña, donde iban los pobres. Tienes que haber estudiado en uno de pago.. y además bilingüe, lo digo por lo del latin.
A proposito, el Querubin, tiene una falta.. y sin justificar debidamente, lo digo por que además de sus lecciones, falto el vino.

David Martín Fernández dijo...

Yo de las faltas ni hablo, a este ritmo no paso del primer curso ni de coña. Un saludo