17 abr. 2019

Lápida funeraria hebrea

El Museo de Ávila posee entre sus fondos una nutrida representación de materiales procedentes de Arévalo, destacado entre ellos, quizá, las piezas medievales, dado el importante papel desempeñado por la localidad en el devenir de la Corona de Castilla.
Fue sede de la itinerante Corte de Juan II, que tuvo aquí palacio, lugar en el que la futura Isabel la Católica pasó su juventud y donde la madre de ésta, Isabel de Portugal, residió hasta su muerte en 1496. El palacio fue luego transformado en convento, Santa María del Real. Éste, junto al de Trinitarios, castillo, casas nobiliarias, iglesias de campanarios mudéjares ricamente decorados, murallas y puentes monumentales conformaban un espacio urbano imponente, a tono con la importancia política y económica de la villa en la Baja Edad Media.
Tuvo Arévalo, como otras ciudades de Castilla, una judería, donde esta minoría vivía apartada, pero conservando su religión y cultura, y disponiendo, por tanto, de sus propios lugares religiosos: sinagoga y cementerio.
No quedan, sin embargo, testimonios de ello reconocibles a día de hoy, salvo dos laudas funerarias, recuperadas en 2004, tras su identificación en un vertedero municipal, al que habían llegado tras su reutilización en un pilón de la huerta del convento de Franciscanos Descalzos. Una es la que se expone aquí y la otra se encuentra en depósito en el Museo de Historia de Arévalo.
Son, junto con unos ladrillos funerarios procedentes de Navacepeda de Tormes (expuestos en la Sala VII del Museo), los únicos testimonios epigráficos en hebreo conservados en la provincia de Ávila.
En ésta se lee (desde el ángulo superior izquierdo y en dirección contraria a las agujas del reloj): "AQUÍ ESTÁ ENTERRADO EL ILUSTRE RABÍ NISSIM [-----] IBN ROSH. DESCANSE SU ALMA EN EL PARAÍSO". (trad. de José Ramón Ayaso)

15 abr. 2019

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2 abr. 2019

Un plano en el libro "De la Historia"

De entre la multitud de datos, reseñas y aportaciones que Juan José de Montalvo nos hace en su libro “De la Historia de Arévalo y sus sexmos” (Valladolid. Imprenta Castellana. Año de 1928), nos acercamos hoy a una ilustración que aparece insertada entre las páginas 36 y 37 del tomo II y que tiene el siguiente pie de imagen: «Reconstrucción del plano de la Villa, adquirido con solares, calles y ejidos por los PP. Jesuitas, para edificar su colegio».
Se trata de una representación grafica del sector este de la antigua Villa de Arévalo y en ella, Montalvo, muestra una presunta imagen de cómo podría haber sido ese espacio a principios del siglo XVII, en torno al año 1600. 
El detalle se acompaña de una descripción exhaustiva de las calles, rincones, lugares y propiedades que los jesuitas adquirieron entre lo que hoy es el mirador del Adaja y la iglesia de San Martín. Al parecer, la intención de la orden era constituir un complejo educativo de amplias proporciones. Tal vez el germen de lo que hubiera podido ser, en palabras del propio Montalvo, “la creación de estudios superiores o de una casa de noviciado”.  
El entramado parcelario se articula en torno al siguiente callejero: por el norte el “Rastro de la Carne“ y el “Postigo del Adaja”; por el sur la “Ronda de Sedeño” y la “Puerta de San Martín (después de San José)”; por el este la “Ronda del Adaja”; por el oeste la “calle antigua de San Martín”, “el Teso”, “el paso del Ave María” y un muro que separaba la actual calle de San Martín al Cementerio de la plaza de la Villa.
El resto de calles que nos señala en el plano son “la calleja de Toribio Sedeño”, “la calle de San José al Teso”, “la calle del Teso a San Martín”, “la calle de la Jerquería Vieja”, “la calle de Entremedias”, “la calleja de Zúñiga” y el ya citado “paso del Ave María”.
En cuanto a los solares adquiridos hace relación de los siguientes: “El 8 de junio de 1591, adquirían la propiedad de la Casa-solariega que ocupaban, perteneciente al Licenciado Hernando Martínez de Montalvo que a la sazón pertenecía a don Cristóbal Sedeño, más una cerca lindera a los muros de la Villa”. 
El 4 de diciembre de 1592 la casa y corral de Pedro Benítez, surco del Rastro de la Carne, arrimada a la muralla del Río Adaja y pegando a la cerca anterior”.
“El 12 del mismo mes compraban el palacio y torre de don Luis de Tapia, situada en la calle del Medio y callejuela que baja del Rastro”.
El 7 de junio de 1595 la casa de don Bartolomé Osorio de Licache, lindera a los corrales del Colegio y calle que baja desde Nuestra Señora de la Capilla al Rastro”.
El 1 de julio del mismo año la casita de Miguel Sancedo, lindando a la anterior”.
“El 8 de abril de 1599 la casa y corral de Antonio Gutiérrez de Lavajuelo, pared detrás del Colegio y en la calle que baja al río”.
El 28  de igual mes y año la casa de Leonor Vázquez, junto al postiguillo de la muralla que sale al Adaja”.
El 24 del mismo mes y año el Palacio y torre de don Pedro de Zúñiga Palomeque con otras anejas y los suelos que están en el Rastro detrás del Colegio, con sus callejones de salidas, lindante todo con las tres calles públicas, llamadas del Teso a San Martín, de en Medio y la que baja al Rastro y Muros del Adaja, más la ronda de la muralla por detrás”.
El 4 de mayo del mismo año 99, compraron a don Lorenzo Sánchez de Espinosa, Clérigo, la huerta de Alcazer tapiada, surco al muro de la Villa y calle que desde la Iglesia de San Martín bajaba al Matadero, y por otra parte el Rastro y casa de Leonor Vázquez, que ya era del Colegio”.
El 30 de Octubre del mismo año, la de doña María Ramírez, con sus Bodegas, surco calle que va a San Martín y casa de Juan Cachapero y la Casa que fué de don Luis de Tapia, ya de los PP.; el 23 de Abril de 1601 dos casillas de don Gabriel Ossorio, abajo de la Capilla de Nuestra Señora surco solares del Colegio y Calleja que va al Rastro;  el 18 de Mayo 1611 casa y huerto de Hernando Hernández, detrás de la Capilla de Nuestra Señora, surco casa de Gabriel Dorenzón, granadino (Morisco) y el 1.° de Mayo de 1638, terminaron de redondear el Colegio comprando un solar a los herederos de Antonio Ovejero, junto, a la huerta del Colegio”.
…todas estas compras estaban separadas por tres calles, además de la Ronda de la Muralla y de los sitios llamados Rastros, que les fue necesario adquirir, para lo cual el año de 1595, de acuerdo con el Concejo y los Procuradores de la Tierra y del Común de Vecinos, se otorgó escritura en que se le concedían dichos sitios públicos y a más el sobrante del agua de la Fuente de San Martín, imponiéndoles ciertas obligaciones, entre la que es curiosa, de atender a los reparos y construcciones de la Muralla, cubos y almenas, con material de piedra y dimensiones de cuatro pies de ancha y cuatro tapias de alta”.
La duda que se nos plantea es si el dibujo es una idea propia de Juan José de Montalvo o bien lo copia de uno más antiguo que obrara en su poder, entre los muchos documentos que fueron atesorados por su progenitor Bartolomé Montalvo.  
Partiendo del planito objeto de este artículo y del supuesto hecho de que lo estemos interpretando bien, vamos a plantearnos, como una hipótesis de trabajo, la teoría  de que el dibujo de Montalvo es una buena aproximación a lo que era la realidad urbana de ese sector de la antigua villa de Arévalo hacia finales del siglo XVI. Esto nos llevaría a afirmar que todas las propuestas que hasta ahora han considerado que los restos de muros que hay en lo que fue la “Huerta de los Jesuitas” eran parte del lienzo este de la muralla están equivocadas. Y a partir de esta hipótesis podemos intentar resolver algunas de las grandes dudas y contradicciones que presentan esas propuestas.
Parece, en primer lugar, que el arranque de este lienzo, desde la puerta de San Martín, luego llamada de San José, situada en el lugar que hoy conocemos como “el Mirador”, no ofrece dudas. Algunos restos han pervivido a la acción inexorable del paso del tiempo y discurren, por la parte alta de la cuesta del Adaja, entre este punto y el muro sur del edificio que fue colegio de los Jesuitas. 
¿Y a partir de aquí? Pues bien, a nosotros nos parece que a partir de este punto la idea de considerar los muros de la huerta como continuación de la antigua muralla, es errónea.
Hemos estado allí, hemos visto, analizado, medido, calculado alturas, desniveles y nuestra conclusión es que es muy improbable que los constructores de la muralla medieval arevalense optaran por trazar el recorrido a través de un desnivel de al menos 27 metros en una longitud de no más de 60. La cota de nivel en el muro del antiguo colegio está a 821 metros, la base del muro de la huerta a 794. Esto nos proporciona un desnivel de, como poco, un 45 %. 
A nuestro juicio este desnivel es de todo punto excesivo para una construcción de estas características. Imaginad una ronda de muralla que, necesariamente, tendría que haber estado totalmente escalonada. Imaginad la complejidad técnica no solo en el momento de la construcción de una muralla con esta traza, también cuando hubiera que acometer las reparaciones que le fueran necesarias. Para que os hagáis una idea, sería algo parecido a esos tramos de la famosa Muralla China construidos en laderas de montañas.
Y todo este esfuerzo edificatorio y, también, económico, habría sido para proteger de hipotéticos ataques, una zona urbana, que, casi en su totalidad, estaba ocupada por huertos y, presumimos que por algunas pobres casillas de adobe que servirían de cobijo a aquellos que atendían las cosechas de hortalizas.
Podemos añadir algunas consideraciones más a lo ya expuesto. 


En primer lugar hacer notar que la muralla en este tramo, y según Montalvo, debía tener unas dimensiones de 4 pies de ancho por 4 tapias de alto. Esto en metros equivaldría a 1,219 m de ancho por 5,560 m. de alto aproximadamente. El colegio estaba obligado, entre otras cosas, a mantener la parte que le correspondía, con estas medidas. “…se otorgó escritura en que se le concedían dichos sitios públicos y a más el sobrante del agua de la Fuente de San Martín, imponiéndoles ciertas obligaciones, entre la que es curiosa, de atender a los reparos y construcciones de la Muralla, cubos y almenas, con material de piedra y dimensiones de cuatro pies de ancha y cuatro tapias de alta”.
En la relación de adquisiciones detalla las de ciertas cercas, huertas y corrales linderos a los muros de la villa:
…más una cerca lindera a los muros de la Villa”. 
…y corral de Pedro Benítez, surco del Rastro de la Carne, arrimada a la muralla del Río Adaja y pegando a la cerca anterior”.
“...a don Lorenzo Sánchez de Espinosa, Clérigo, la huerta de Alcazer tapiada, surco al muro de la Villa…
...y el 1.° de Mayo de 1638, terminaron de redondear el Colegio comprando un solar a los herederos de Antonio Ovejero, junto, a la huerta del Colegio”.
Teniendo en consideración que en el planito de Montalvo estos solares no aparecen solo nos cabe pensar que estaban del otro lado de la cerca, es decir en la zona que conocemos como la huerta de los Jesuitas. 
En otro orden de cosas, tenemos referencias de la existencia de un potente muro de unos 12 metros de longitud, en mampostería de piedra rajuela, en las casas que ocuparon los almacenes y fábrica de muebles de “los Albella”, justo por debajo del extinto colegio. ¿Podría ser este muro un resto de la antigua muralla? 
Todas estas consideraciones y algunas otras que no tienen cabida por la lógica limitación de espacio, nos llevan a pensar que la traza de la muralla medieval de la antigua villa de Arévalo, en esta zona concreta relativa al lienzo este, podría ser la que aparece en el plano del libro “De la Historia de Arévalo y sus sexmos” de Juan José de Montalvo y no la que proponen otros autores.
Juan C. López
La Llanura número 118
Marzo de 2019