El río Trabancos
El río
Trabancos es un río transitorio, afluente del río Duero por el
sur, que discurre entre el río Zapardiel y
el Guareña.
Nace cerca de la localidad de Blascomillán,
a unos 1.100 metros de altura. Tiene unos 85 km de longitud y, aunque su cauce
es estable, sólo lleva agua cuando se producen lluvias torrenciales.
Pasa por las localidades de Narros del Castillo,
Salvadiós, Flores de Ávila, El Ajo, San Cristóbal de Trabancos, Rasueros y Horcajo de las Torres, en la provincia de Ávila; marchando luego
hacia la provincia de Valladolid por el Norte.
Nos dice Madoz del Trabancos, aunque incorporando
algunos errores, que este río tiene
su origen en la provincia y partido judicial de Ávila, entre los cerros de
Garcipedro y Solana de Rio Almar; corre impetuoso buscando siempre el Norte,
por los término de Herreros de Suso, Narros del Castillo, por los valles y
prados de Flores de Avila, término del Ajo, La Cebolla, Rasueros, Horcajo de
las Torres y otros que deja a su derecha. En el de este último recibe las
aguas del Menines y Ragamilla, y siguiendo su primitiva dirección deja a la izquierda
los pueblos de Salvadiós y Rágama ; entra en la provincia de Salamanca, la cual
pasa rápidamente por los término de Palacios Rubios, Cantalapiedra y Mollorido,
y pasando a la de Valladolid atraviesa por los de Fresno, Carpio, Castrejón, Alaejos
,Ébanos de Abajo, Foncastín, Poyos y Castronuño, y desemboca en el Duero, entre
estos dos últimos pueblos, en el sitio que llaman Peñas Bermeja. Corre 131/2
leguas, 6 por la de Ávila, 3 por la de Salamanca y 4 por la de Valladolid.
Da movimiento con sus aguas a las ruedas de varios molinos harineros.
Es de destacar que este insignificante curso de agua tiene muy escasa importancia hidrográfica, pero, al menos hasta el siglo XIII tiene un papel no desdeñable en la historia de la Meseta Norte española.
La Prehistoria: Hace
referencia Santiago Suardíaz en su libro sobre Narros del Castillo a los
descubrimientos de restos paleolíticos que tuvieron lugar en 1974 y cuyos
materiales se encuentran actualmente en el Museo de Ávila.
En el tomo I de la Historia de Ávila podemos leer que: prácticamente, el
único yacimiento achelense, es decir de industria lítica del paleolítico
inferior, hacia 250.000 años antes de Cristo, de cierta entidad se ha
localizado al Oeste de la provincia, en el valle del Trabancos, en el término
municipal de Narros del Castillo. Las piezas encontradas corresponden diversas
lascas, algún núcleo y varios utensilios del tipo de raederas, cuchillos y
bifaces.
No encontramos más noticias arqueológicas hasta la época tardorromana.
Puede que el Trabancos fuera una zona de nadie entre vacceos y vettones,
una zona fronteriza,
que parece ser la vocación de este humilde río.
Hacia los siglos IV y V d.c. se propone como posible una villa romana en el
municipio de Blascomillán.
La Edad Media: Todavía en la Edad Media,
ésta siguió siendo una zona de poco interés. Durante la conquista
cristiana se puso poco énfasis en repoblar estas tierras, pues
era esencial consolidar zonas más estratégicas.
Manteniendo su vocación de ser zona de tierra de nadie formó parte de la
llamada Extremadura Castellana formando límite entre los reinos de León y de
Castilla.
De la época medieval proceden seguramente la multitud de torres almenaras y
atalayas que pueblan este territorio y que son muestra de este carácter
fronterizo que ha tenido el Trabancos a lo largo de su historia.
Respecto a las poblaciones que conforman este territorio ya hemos hablado,
en otras ocasiones, de algunas de ellas. Bellacos o Flores de Ávila lugar
en el que aún podemos admirar viejas casas castellanas. O podemos subir al “cerro de La Atalaya”, un alto
desde el que se divisa un impresionante panorama de La Moraña perdiéndose la
vista desde los límites de las provincias de Valladolid y Salamanca hasta las
sierras del Sistema Central. O visitar la iglesia parroquial, que parece levantarse sobre una
construcción anterior que bien pudiera haber sido una estructura
defensiva que diera origen a que la parroquia reciba el nombre de Santa María
del Castillo.
Más adelante hablaremos quizá de Rasueros y su iglesia de san Andrés, de
esbelta y ornamentada torre; de Narros del Castillo y su templo de santa María
con su cabecera de traza toledana y la imponente armadura mudéjar de su nave
central; o de Horcajo de las Torres su iglesia de san Julián y santa Basilisa,
el majestuoso artesonado de su nave central y sus retablos.
No deja de ser paradójico que este riachuelo sin caudal —salvo en tiempos
de fuertes lluvias— fue, un tiempo, de importancia estratégica para la
"Extremadura Castellana", y sin embargo, su patrimonio histórico
artístico, al igual del de otras zonas de nuestra provincia está, en muchos
casos abandonado y en otros desapareciendo tan deprisa que solo gracias a las
investigaciones publicadas hay constancia de ellos.
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