31 jul 2010

Villas Romanas

Mosaico de la villa de Almenara de Adaja
Entre los siglos I y V de nuestra era, las tierras de nuestro entorno formaban parte de un imperio romano en franco declive que poco a poco fue dando paso a las civilizaciones del norte de Europa. En nuestro caso fueron los visigodos los siguientes que habitaron estos contornos.
En la época final del imperio romano una fuerte crisis social, económica y política empobrece la vida en las ciudades. El imperio se ruraliza, favoreciendo el auge de las explotaciones agrícolas que se convierten en residencias de príncipes y oligarcas. Estos buscan en el campo la paz y el descanso que en las grandes urbes no son capaces de encontrar.

La villa romana era una casa de campo cuya misión se dirigía a la explotación de los recursos agrícolas y que, en la época que estudiamos, servía también como residencia suntuaria del dominus (dueño o amo del latifundio). En ella se distinguen claramente dos áreas constructivas: la pars rustica en la que se ubican las instalaciones propias de la explotación agrícola y ganadera: los almacenes, silos, talleres, cuadras y las habitaciones de los trabajadores y esclavos y la pars urbana o zona residencial donde habitan los propietarios de las mansiones y sus sirvientes personales. Este área específica suele contar con ricas instalaciones: pavimentos con mosaicos, termas, calefacción, agua corriente y otras comodidades.
Frasquito de la época romana.
Procede del yacimiento de Arévalo
Es la villa un centro de explotación agrícola en el que se producen y preparan los productos para su uso propio y para la venta de los excedentes. En general es autónoma respecto a la mayoría de sus necesidades. No sólo genera los productos propios agrícolas y ganaderos, también dispone, a menudo,  de su propia herrería y de su fragua para fabricar y reparar las distintas herramientas necesarias en el día a día; sus alfares y hornos para fabricar ladrillos y tejas para la construcción y reparación de sus propios edificios y dependencias; tiene sus telares para la fabricación de los vestidos y ropas de abrigo necesarios, etc.

Las villas romanas se construían en zonas de abundante agua y se adaptaban a las directrices contrastadas por los que fueron agrónomos clásicos. De forma especial citamos a Varrón: “A la hora de edificar la villa, deberá cuidarse de que en su recinto haya agua o, que en su defecto esté próxima”; a Columela: “No conviene construir la villa por donde haya transitados caminos porque el destrozo de los viandantes y el hospedaje de los que quieren alojarse perjudica el patrimonio”; o a Palladio: “Que todo el edificio mire al mediodía… de modo que caliente el sol en invierno y no sienta los rigores del verano”.

 En el territorio del norte de la provincia de Ávila tenemos claros vestigios de estas construcciones agrícolas en distintos emplazamientos:
En Pajares de Adaja en el lugar llamado la Carramata, abundantes restos de cerámicas, terra sigillata hispánica, tejas cerámicas planas, grandes trozos de vasijas de las llamadas de granero, e incluso algunas monedas advierten de la existencia de un yacimiento de este tipo.
Tritón y nereida.
Procede del yacimiento de Magazos
En Arévalo en el lugar conocido como La Dehesa aparecen, de igual forma, restos de terra sigillata, pesas de telar y fusayolas, tejas planas, grandes fragmentos de vasijas para alamacenar granos y otros productos. Los restos que afloran determinan en qué lugar podían encontrase las diversas dependencias de esta villa. En una de las zonas aparecen, incluso, amalgamas metálicas que delatan lo que pudo ser la fragua.
Mágazos es un caso singular. Hace varios años apareció un muy interesante pavimento mosaico que luce, esplendido, en el museo de Ávila. De igual forma se expone en el mismo museo una magnífica escultura de mármol que representa a un tritón y a una nereida. Esta última se encuentra muy fragmentada.
En la actualidad se está estudiando la reciente aparecida villa de San Pedro del Arroyo cuya traza inicial aparenta ser de una calidad similar a la de Almenara de Adaja en Valladolid, e incluso a la de la Olmeda en Palencia.
También se considera que puedan haber existido otras en los téminos municipales de Papatrigo, Mamblas, Bercial de Zapardiel, Villanueva de Gómez, Monsalupe y otras.

El rastro que han dejado las antiguas villas romanas se nos muestra, no sólo en los restos que los arados hacen aflorar año a año las actuales y periódicas labores agrícolas, también, en muchos casos, por los sugerentes topónimos que han perdurado durante más de quince siglos: Dehesa, Era, Horcajo, Huebra, Palacios, Palazuelos, Raya, Salegal, Tejares.
Lección de historia
Radio Adaja, 28 de julio de 2010

1 comentario:

chema collado dijo...

A escasos kilometros de Arévalo y en la raya de la Moraña, se encuentra el encantador pueblo de Almenara. Donde la potente Diputación de Valladolid, La Junta cuya sede y capitalidad tambien se encuentra en la antigua ciudad de "pucela", tiene montado un museo precioso. Las azafatas como las excavaciones, libros ,folletos así como todo el montaje e instalacion nos lleva a la conclusion que decíamos agunos, de que la rivalidad entre León y "Fasadolid", más la importancia cultural de Salamanca iban a perjudicar a las provincias con menos habitantes. !Clarinete! Avila, Segovia y la pobre Soria con menor densidad de habitantes que Siberia, y eso que hubo un presidente autonómico DE Allí que pasó sin pena ni gloria (El Sr. Posadas...), osea lo que tiene que ser y no como otros del antiguo reino de León que se llevaron a sus paisanos el centro de la multa de todas las policias de España ; junto con el ordenador más potente de España , después de el de Hacienda y el que tiene la Guardua Civil por la sierra de Madrud, Nada más comentaros que el Adaja para cerca de allí,

Saludos y enhorabuena. Cuando aprenda a escucharos por internet lo haré