3 nov. 2011

No más faltas de ortografía con los por+que

Es muy frecuente que quienes escriben pasen el resultado por el control de ortografía y gramática del procesador de textos que utilicen, sobre todo cuando no se sienten seguros con la colocación de las tildes o con la ortografía de algunas palabras.
No obstante, en muchos textos publicados de diversa índole, encuentro con cierta frecuencia (bastante más de la que sería deseable) confusiones entre las formas de las que vamos a ocuparnos esta semana: ‘porque’ (conjunción), ‘por que’ (preposición + pronombre relativo y preposición + conjunción), ‘por qué’ (preposición + pronombre o determinativo interrogativo–exclamativo) y ‘porqué’ (sustantivo masculino), formas todas ellas en las que intervienen los mismos fonemas y grafías.
La distinción entre estas cuatro formas tiene que ver, además de con aspectos fónicos de tonicidad y atonicidad (son átonas ‘porque’ y ‘por que’ y tónicas ‘por qué’ y ‘porqué’), con cuestiones morfosintácticas de unión y separación de palabras. El uso correcto de estos términos en cada caso concreto exige tener claras las funciones y las equivalencias y conocer sus significados.
‘Porque’ es una conjunción subordinante con dos valores: causal (mayoritario) y final (menos frecuente). Cuando la oración que encabeza expresa la causa de la acción designada por el verbo de la oración principal, es equivalente a las conjunciones o locuciones conjuntivas (o nexos introductores) ‘ya que, puesto que, dado que, como’, etcétera, como en No fui al cine porque no tenía dinero / Como no tenía dinero, no fui al cine / Dado que no tenía dinero, no fui al cine... Es la forma que utilizamos en las respuestas cuando se nos pregunta por la causa, razón o motivo de algo: ¿Por qué siempre llegas tarde? Porque vivo lejos. Con este valor, en la lengua actual, solamente se considera correcta su escritura en una sola palabra.
Menos frecuente es su uso como conjunción final encabezando una oración que expresa la finalidad de la acción expresada por el verbo de la oración principal. En este caso es sustituible por ‘para que, con el fin de que, con la finalidad de que’, etcétera: Ponte la bufanda y los guantes porque vayas más abrigado / Ponte la bufanda y los guantes para que vayas más abrigado. Con valor final, desde el punto de vista normativo es posible también su escritura en dos palabras (Ponte la bufanda y el abrigo por que vayas más abrigado; Hizo lo que estuvo en su mano por que su familia saliera adelante; Lucha por que no lo maten; Recemos por que no llueva).
¿Cómo distinguir los valores causal y final? Una prueba válida es la conmutación por sus equivalentes en cada caso (porque / puesto que / dado que / como / ya que...; porque–por que / para que / con el fin de que / con la finalidad de que...). Otro argumento –que yo no considero infalible– es que el verbo de la subordinada causal siempre va en indicativo y el de la final en subjuntivo. Vale la segunda parte, pero no la primera, es decir, el subjuntivo como modo único en la expresión de la finalidad. En el caso de las subordinadas causales, estas llevan indicativo cuando la causa va en forma afirmativa (Las calles están mojadas porque ha estado lloviendo toda la noche) y se construyen con subjuntivo cuando se niega la causa (Las calles están mojadas no porque haya estado lloviendo toda la noche, sino porque han estado regándolas).
La forma ‘por que’ (en dos palabras) es, por un lado, la suma de la preposición ‘por’ más el pronombre relativo ‘que’ y, por otro, la combinación de la preposición ‘por’ (exigida por el verbo) y de la conjunción ‘que’.
En el primer caso (preposición + relativo), la interpolación del artículo entre la preposición y el pronombre es garantía de que estamos ante el pronombre relativo, por lo que debe escribirse en dos palabras y sin tilde. Si nos acostumbramos a incrustar siempre la forma correspondiente del artículo (el, la, los, las), el problema desaparecerá: Este es el puente por (el) que pasamos; No nos explicó la razón por (la) que dimitió; Los motivos por (los) que estoy aquí son muchos y muy variados. Otra prueba garante de que estamos ante el relativo ‘que’ es la posibilidad de sustituirlo por ‘el cual, la cual, los cuales, las cuales’ (el puente por el cual pasamos; la razón por la cual dimitió; los motivos por los cuales estoy aquí).
El segundo caso (preposición + conjunción) es algo más complejo porque entra en juego el régimen prepositivo de algunos verbos y expresiones (verbos y expresiones que exigen la preposición ‘por’). En los ejemplos Se preocupa por que sus hijos saquen buenas notas; Me inclino por que compremos este sofá; La consecución de los objetivos pasa por que todos trabajemos duro; y Los padres optaron por que aprendiera a tocar el violín, la preposición ‘por’ viene exigida por el verbo. La única prueba válida en este caso es conmutar la secuencia introducida por ‘que’ por un comodín, como puede ser la forma neutra del demostrativo (esto, eso, aquello): Se preocupa por eso; Me inclino por eso; La consecución de los objetivos pasa por eso; Los padres optaron por eso.
En la formación de ‘por qué’ intervienen la preposición ‘por’ y el pronombre o determinativo relativo–exclamativo. Son dos los contextos de aparición de esta formación: a) interrogativas directas (¿Por qué siempre llegas tarde?; ¿Por qué razón me insultas?) para pedir información sobre la causa o solicitar información de algo que interesa; b) interrogativas indirectas (No sé por qué siempre llega tarde; ¿No le has preguntado por qué te insulta?; Nunca ha dicho por qué escribe poesía).
Finalmente, ‘porqué’ (escrito en una sola palabra) es un sustantivo de género masculino y con variación de número (su plural es ‘porqués’). Significa ‘causa, razón o motivo’ y su empleo exige la presencia de un determinante (artículo, demostrativo, posesivo, indefinido): Te diré el porqué del asunto; En su trabajo busca los porqués de las cosas.
Es importante tener muy claros estos usos y estar alerta ante las posibles confusiones. En alguna ocasión hemos mencionado en esta sección que las faltas de ortografía desprestigian los textos escritos y que a estas alturas los «duendes de la imprenta» no tienen ya nada que hacer.

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