27 ago. 2011

UN PASEO POR LA HISTORIA

            Una de las primeras en acudir a la cita y ya viene siendo habitual, fue la lluvia. Resulta curiosa nuestra relación con este fenómeno atmosférico, pues si algo o alguien ha demostrado fidelidad a nuestras correrías ha sido ella. Siempre acude aunque no se la espere. Pero esta vez no ha sido una correría como las otras. Más que andar ha sido un viaje en el tiempo; aunque al principio todo se desenvolvía como de costumbre: saludos protocolarios, ausencias sentidas, presencias reconfortantes y a la cabeza nuestro señor Presidente.
            El grupo inició su marcha pues los orbitanos nos esperaban en su territorio. Tendré que preguntar por cierto al ángel Ramón porqué se llaman así y no orbitalinos u orbitalenses.
            Cuando se produjo el encuentro, envuelto en un cierto aire de timidez pues no nos conocíamos y además casi nos quintuplicaban en número, nada presagiaba la experiencia que íbamos a vivir. En apenas unos minutos comenzamos a recorrer la llanura que ante nosotros se mostraba, un tanto oscura por las nubes que parecían amenazar con descargar una tromba de agua, aunque cuando llegamos a lo que otrora fue una villa romana, las Ilejas, el Sol había vencido en la batalla y dejó una luminosa mañana.
            No voy a reproducir nada o casi nada de lo que el ángel Ramón nos contó. Escrito está por él y así lo podréis leer directamente y sin errores cuando queráis. Lo que voy a contaros son sensaciones al verme enfrentado a los restos de lo que hemos llamado los Pueblos del Pinar.
            En diferentes épocas, viviendo siempre de lo que el pinar les ofrecía, lo poco que les permitía obtener y lo que podían arrancar de la tierra que les rodeaba. Una villa romana, las Ilejas, un castro vetón, la Tejada y un pueblo que nació en la Edad Media, Montejuelo de Garcilobo; luego tras el paso del Rubicón, tal vez el Adaja, un pueblo más que nació en la Edad Media y que se perdió en el tiempo, por nombre Segobuela, y que se tragaron el Tiempo y el Pinar, haciendo desparecer cualquier vestigio suyo.
            Fue un viaje en el Tiempo porque además me hizo recordar a la ILE, la Institución Libre de Enseñanza, a sus métodos educativos, a su espíritu y su esencia, los que tanta admiración han despertado en mí desde que tuve conocimiento de su existencia. Se nota que es un gran enseñante el ángel Ramón, hace sencillo y ameno el aprendizaje. Sobre el terreno, mientras encontrábamos los más variados restos cerámicos y piedras milenarias con sus usos humanos aún evidentes, sus explicaciones nos hacían construir en nuestras mentes el paisaje que rodearía cada uno de los asentamientos que él explicaba. Veíamos a sus pobladores realizando las faenas que les eran propias. Bueno, todos menos mister Chisp, racional hasta el abuso. Pero puedo jurar que vi varios rebaños de ovejas camino de la fresca hierba de la alameda y de los recios matojos de los escarpes. En el llano los majuelos esperaban el momento de entregar sus racimos de uva, ya casi a punto, los cereales hacía poco que habían sido segados y los caballos del señor de la villa de las Ilejas, correteaban dentro del cercado. Las faenas agrícolas no dejaban descanso ni a mujeres ni a hombres, incluso los más pequeños eran aprovechados para las faenas más sencillas de realizar.
            Fueron las detonaciones las que nos devolvieron desde la época romana a nuestros días. Cuando ya vislumbrábamos la calzada romana, la que discurría no muy lejos de allí, por la que venían las más variadas mercancías de lejanas ciudades y de parajes desconocidos y fantásticos. Eran unos cazadores los que nos sobresaltaron. Sus disparos pusieron el punto final a la ensoñación.
            Luego vino la visita a lo que queda de Montejuelo de Garcilobo. Y lo que quedó patente fue que es infinitamente mayor la barbarie de nuestra sociedad y la insensibilidad que domina los comportamientos de tantos, incluidas administraciones, para con la conservación del Patrimonio que los restos que perviven.
            Castro vetón entre el arroyo del Pontón y el río Adaja. Murallas naturales que ascendemos penosamente y, sin esfuerzo, volvemos a imaginar la vida de aquellas gentes. Plantas de Datura stramonium, de la familia de las solanáceas, que ya en la cultura romana, era utilizada por las devotas del culto a Baco para buscar el éxtasis. Junto con la Mandragora officinarum, la Atropa beladona y el Hyoscyamus niger ha formado parte de los brebajes mágicos de las ceremonias de brujería durante la Edad Media. Alguien comenta que además de ser mortal produce una anulación de la voluntad, otro sugiere que la utilicemos, con fines benéficos, con la clase política. ¡Ay hijos míos! Si son ellos los que nos la llevan administrando por vía ocular desde hace varias decenas de años.
            Quiso el Destino que esa misma mañana dos personas, en un lugar alejado de la Tejada, perdieran la vida a cuenta de consumir estramonio, si hubieran sabido de sus usos desde los tiempos de los romanos, tal vez antes, tal vez hoy estarían vivos. Tal vez.
            Durante el descenso de los pinos escarpes, mientras la interminable fila caminaba con lentitud y tomábamos conciencia de lo acertado de la ubicación del castro para su defensa, fuimos atacados por un animal de la familia de los dípteros braquíceros, un tabanidae hembra de grandes dimensiones. No hubo que lamentar bajas; afortunadamente los heridos pudieron caminar por su propio pie hasta llegar al Rubicón, tal vez el Adaja. Todos los expedicionarios eran conscientes que ni hacemos prisioneros ni acarreamos heridos.
            Del paso del Rubicón, tal vez el Adaja, quedan testimonios gráficos. Alguno de ellos, para mi desgracia, ha sido ampliamente difundido.
            Había elegido ese día para comenzar mi dieta vegetariana. Dos manzanas y un zumo de melocotón eran mi almuerzo. Pero fui tentado por el Diablo, por varios para ser exactos. Uno ofrecía chorizo al natural, otro chorizo de olla, aquel una bota con vino fresco de Orbita, hubo también uno que me tentó con jamón serrano 4 Eroskis, pero lo que no me esperaba era la traición de mister Chisp. De los demás podía esperarlo pero jamás de él. ¡Un bocadillo de tortilla de patatas! Tortilla española la llama. Precisamente él, abandona su sándwich de pepino y me tienta con ese delicioso bocata. Tranquilizo mi conciencia diciéndome que al fin y al cabo harina, patatas y cebolla son de origen vegetal; lo del huevo estoy en ello, pues la gallina se alimenta de grano al fin y al cabo. Sucumbo a la tentación y compruebo que está delicioso y... A todas las demás tentaciones también, pruebo de todo y bebo vino y termino el ágape con las manzanas y el zumo; a la postre no me he saltado la dieta, solamente la he rodeado.
            Cuando la frescura de la alameda y lo suculento del almuerzo invitaban más al reposo que a iniciar el ascenso de la pendiente, que ante nosotros se antojaba interminable y casi insalvable, apareció un ejemplar de Pacifastacus leniusculus que puso en marcha todos nuestros resortes. Somos testigos directos de la degradación medioambiental, surgieron entonces una retahíla de narraciones sobre la fauna y la flora de ese río que tan familiar nos resulta. En apenas unos minutos desfilaron por la conversación los muchos animales y plantas desaparecidos o muy amenazados, en un corto periodo de treinta años ha sucedido todo y casi no tenemos conciencia de lo que ha sucedido. Es cuestión de seguir trabajando y de cambiar hábitos.
            Con la charla, la ascensión se hizo leve, buscábamos la posible ubicación de Segobuela. Allí debía estar, los Archivos lo dicen, pero no se ve resto alguno. La inmensidad del pinar oculta cualquier vestigio. La Naturaleza y el Tiempo nos demuestran que no somos casi nada, una mota de polvo en medio de ellos; tal vez en un futuro, otros curiosos paseantes intenten localizar sobre el terreno, alguno de los pueblos que hoy están amenazados por el despoblamiento o se refieran a nuestro cangrejo de río autóctono, el Austrapotamobius pallipes, como a un animal mítico que llegó a habitar la Tierra, pero que se extinguió.
            Para ahuyentar tan funestos pensamientos, nos desplazamos hasta Orbita, que existe y goza de buena salud, a degustar un verdejo embotellado. Montejuelo lo han etiquetado, con acierto y buen gusto. Hablamos de Pasado y Futuro, de pueblos, de iglesias, asociaciones y de todo cuanto nos viene a la mente. Como el vino está fresquito - ¡qué bien entra!- y la conversación es muy interesante, el optimismo lo recuperamos pronto y con él viene la responsabilidad. Debemos marcharnos, regresar a nuestro pueblo no sin antes agradecer la hospitalidad de los orbitanos. Antes de la despedida quedamos que el pago de “...las veinte fanegas de trigo limpio, seco y bien medido que habrían de pagar por san Bartolomé de agosto...”, que lo dejaran, que seremos nosotros los que haremos el pago, en muestra de agradecimiento y reconocimiento de su mayor fuerza, al menos en el plano asociativo.

Fabio López
Fotografía: Juan A. Herranz y Juan C. López

3 comentarios :

Luis dijo...

"No me he saltado la dieta, sólo la he rodeado". Ocurrente y gracioso. Buena crónica Fabio. Espero que se te hayan secado ya los pantalones.

chispa dijo...

Que buena persona eres Luisjo... se la ha saltado, ha batido un record dificil de superar, y hasta es posible que aparezca en el Guiness; de todas maneras, no habrá mas remedio que perdonarle un poquito; que corra un poquito más, y este invierno que nade unos largos de más hasta que deje de remorderle la conciencia.

Anónimo dijo...

Mario, creo que "orbitanos" no suena muy bien.Yo habría dicho "orbitenses" o mejor "los de Orbita". No me parece mal la idea de mencionar a la Institución Libre de Enseñanza, no por lo que a mí se refiere,sino por la analogía entre las actividades de La Alhóndiga y la gran Institución. Ángel