19 jul. 2011

“ESE SEÑOR DE LANGA QUE ESCRIBE”

          Acercarse a la obra de don José Jiménez Lozano es algo parecido a cuando nos acercamos hasta uno de esos viejos manantiales, conocido por muchos, siempre con agua fresca, de los que han calmado la sed a varias generaciones y seguro lo seguirán haciendo durante mucho más tiempo.
            En su obra encontramos enormes cantidades de sentido común, de sabiduría, mística a raudales y crítica sutil pero inflexible a la estulticia de los que teniendo el poder en sus manos no saben hacer nada bueno con él.
            El sábado pasado de nuevo tuve la oportunidad de conversar con don José. Fue en Madrigal, el de las Altas Torres, a las seis de la tarde de un día de julio, en la Tierra de Arévalo, la misma en la que nació este hombre universal.
            Su conversación es juntar toda su obra en un instante. De pronto salen unos versos de su boca, al momento comparte algo de sus incontables lecturas, ora habla de los místicos o tal vez de fe o desgrana algún elemento de una de sus novelas, de repente un cuento, breve, condensado e intenso; no dejan de fluir sus palabras, llenas de cultura, de una sabiduría acumulada con el tiempo y el estudio, todo aderezado de anécdotas contadas con simpatía, pero cargadas de mensajes rotundos.
            Asistes a un momento sublime. Veo a su Mudejarillo cuando estoy frente a él. De la talla de san Juan de la Cruz y de todos los místicos, muchos de los cuales anduvieron por esta Tierra de Arévalo en otros tiempos. Es un hombre cultísimo, enciclopédico y educado en grado superlativo. Elegante en las formas, ágil en la conversación y con un cierto aire de picardía, pues no pierde la oportunidad, si la ocasión lo merece, de lanzar un dardo o tal vez dar un mandoble, con rotundidad pero con elegancia, a la estupidez que algunos manifiestan; al tiempo que sirve como aviso a todos los demás para que procuremos no dejarnos embaucar por esas falsas modernidades que prometen progreso y son muy al contrario, gestos que nos deshumanizan.
            Y todo ello desde de la sencillez cual Juan de Yepes. Su erudición, la de don José, no abruma. Todo lo contrario, te envuelve y te atrae, te alecciona, te guía, te lleva por caminos que resultan fáciles de transitar si él te acompaña. Su figura menuda se agiganta por su humanidad y conocimiento. Te deja ver lo mucho que ha viajado y ha leído, siempre con una sonrisa, con un lenguaje que cambia conforme al tema que trate, pasando de cultísimas expresiones a dar la sensación, si cierras los ojos, de estar hablando con cualquiera de estas personas mayores que pueblan la Tierra de Arévalo; de su boca salen entonces palabras comunes y corrientes, de tan familiares que resultan, como en esos cuentos suyos que ambienta en pequeños pueblos de esta geografía cercana a nosotros. Palabras que se pueden escuchar en Langa, Aldeaseca, Fontiveros o cualquier otro pueblo, dichas por labradores o pastores, abuelas viejísimas o por jóvenes para referirse a objetos o actos cotidianos; pues son palabras que forman y conforman nuestro acervo.
           Intentas retener, memorizar, grabar todas y cada una de sus palabras, sus gestos, sus gustos y apetencias; fijar en la memoria propia lo que estás viviendo para después, revivirlo una y mil veces.
            Estoy ansioso por que llegue el próximo día 23 de agosto. Volverá a Madrigal para hablarnos de Fray Luis de León. Espero que nada me impida asistir a la cita y nuevamente vivir el momento sublime de acceder a este manantial antiguo, rico e inagotable de cultura, sabiduría, sentido común y humanidad.
            Mientras, puedo compartir con vosotros dos mínimas confidencias. He engordado de satisfacción al recibir su felicitación por el trabajo que estamos haciendo con La Llanura y a don José no le disgusta beber refrescos de cola, aunque sea para acompañar esos torreznos artificiales, según sus propias palabras, que suele haber en ciertos convites.
 Fabio López

1 comentario :

chispa dijo...

Totalmente de acuerdo Fabio. Si quisieramos, cuanto podriamos aprender de este hombre, y que facil nos lo pone.