27 jul. 2011

Puentes mudéjares

Tres son los puentes medievales que tenemos en la ciudad de Arévalo: el de Valladolid o San Pedro, el puente de Medina, conocido también como de la Puente Llana, y el de los Barros.
Todos ellos responden a mano de obra mudéjar. Su traza es interesante, dada la escasa profusión de la tipología que presentan sus grandes arcos escalonados recuadrados con alfiz, y su fábrica de ladrillo con cajones de mampostería o de tapial mezclado con gruesos guijarros. Torres Balbás opina que fueron «hechos seguramente por los mismos albañiles que levantaban las parroquias medievales de esa villa y con idénticos materiales».

Son excelentes obras de ingeniería sobre las que llamó la atención D. Manuel Gómez Moreno: «Todos son mudéjares, interesantísimos y de obra de ladrillo y cal y canto. El de los Barros, sobre el Arevalillo, es profundo y de un solo arco apuntado, con arquivolta triple y bien grande. La puente Llana o de Medina, sobre el mismo río consta de tres arcos mayores y uno pequeño en alto, agudos todos y de triple o cuádruple arquivolta; sus pilares son de enorme grosor, y admira que una masa tan considerable como la suya, y sin género de espolones, haya resistido tantos siglos al ímpetu de las aguas. A su entrada hay un arco moderno, y a su salida estuvo el “barrio de Almocrón”.
El puente de Valladolid cruza sobre el Adaja, y es aún mas largo, con cinco arcos grandes y uno pequeño, cuyo recuadro termina en hilera de facetas; está casi cegado por la arena, y acabara por convertirse en dique, ya que la cohesión admirable de su mortero parece resistir victoriosa al embate de las riadas. A su comienzo existió, hasta ha pocos años, una torre almenada de obra mudéjar.»

Por su parte nos dice José María Quadrado en su obra España: sus monumentos y artes, su naturaleza e historia, y hablando de Arévalo, que «Antiguos puentes cruzan los dos ríos que allí se juntan. Descúbrese en el hondo a la derecha el del Adaja, guardado por una robusta torre almenada que a él introduce por arábiga puerta, y compuesto de arcos desiguales y sumamente bajos cuya ancha ojiva guarnecen decrecentes molduras. Cuatro también ojivos pero más altos forman uno de los puentes del Arevalillo; el otro es más reciente, de un solo arco, y ambos comunican con la parte occidental de la población, que despliega de trecho en trecho sobre el ribazo su cerca coronada de merlones.»

EL PUENTE DE VALLADOLID, O DE SAN PEDRO debió construirse poco después de la repoblación, sobre el río Adaja. Edificado con mampostería, cal y canto y verdugadas de ladrillo, le forman siete arcos de desiguales proporciones, ligeramente apuntados y con arquivoltas decrecientes. Los dos centrales son de mayores dimensiones, el resto parecen tener la función de aliviadero, y tres de ellos están encuadrados por un alfiz.
Ya hemos visto que sobre este puente existió una de las puertas de la muralla que estaba almenada y que desapareció en el siglo XIX.
En los años 70 del pasado siglo XX, se construyó un nuevo puente junto a este. Sus artífices tuvieron la insólita idea de empotrar la salida de este nuevo puente contra la cabecera norte del antiguo de Valladolid, iniciando de esta forma un proceso de destrucción que ha llevado al estado deplorable en que se encuentra hoy. A la salida hacia Valladolid, en su parte derecha, estaba el conocido como “Caño de la Sarna”, una popular fuente que atesoraba curiosas leyendas y que fue entonces entregada a la piqueta demoledora. Se dice que su pileta era un sarcófago de granito de origen visigodo.
Por el grave riesgo de derrumbamiento total que sufre nuestro puente de Valladolid o de San Pedro está incluido en La Lista Roja del Patrimonio de Hispania Nostra.

EL PUENTE DE MEDINA se levanta sobre el río Arevalillo y se compone de tres arcos ligeramente apuntados de triple arquivolta, el central algo más alto y con una arquivolta más. Posee dos aliviaderos en los extremos también apuntados. En los dos machones centrales tiene unas escaleras embutidas que facilitaban el acceso a un nivel inferior y que podrían tener relación con las defensas del puente. Tuvo un torreón del que apenas quedan unos restos a ambos lados de la cabecera que da a la antigua villa.
Jacinto Herrero, el sencillo poeta de Langa, en su Viaje a Arévalo nos dice que entre otras cosas hay que visitar «… sobre todo el puente sobre el Arevalillo, a la salida para Madrigal y Medina. Merece la pena bajar al río y contemplarle en su dimensión verdadera; se diría una catedral mudéjar sobre el agua»
Fue declarado Bien de Interés Cultural, con la categoría de Monumento, en 1983. 
No podemos dejar de reseñar que en el año 2009 nuestros inefables regidores tuvieron la peregrina ocurrencia de abrir una zanja a lo largo de todo este puente e introducir en ella una conducción de agua a alta presión, atentando, además de contra el más mínimo sentido común, contra la propia legalidad vigente establecida en La Ley del Patrimonio Histórico Español y la de la Comunidad Autónoma de Castilla y León.

EL PUENTE DE LOS BARROS cruza el río Arevalillo al suroeste del núcleo urbano y seguramente servía al camino que bordeaba el citado río. Es calificado "de origen godo" e incluso romano. Consta de un solo gran arco apuntado con triple arquivolta y aparece encuadrado por un ancho alfiz.
Cuenta Marolo Perotas en una de sus sabrosas crónicas que la parte de dentro de este puente, también llamado de los Arcos por las puertas ojivales que le guardaban, se abría para cobrar los impuestos y derechos de paso a los mercaderes que con sus caballerías y carros traían sus productos a la venta.
El guardián de esta puerta de entrada era un astuto individuo al que la gente llamaba “El Diablo” por su rara vestimenta y por estar tocado con un picudo sombrero o casco. El sujeto, al parecer, se ocultaba en el rincón más alto del lienzo de la muralla medieval y vigilaba los caminos, buscando evitar que nadie entrara en la antigua villa sin pagar sus correspondientes arbitrios o derechos de paso. Este personaje dio lugar a que este callejón, hoy sucio y desastrado se llame El rincón del Diablo”.
Lección de historia
Fotografías: Chuchi Prieto, Clari del Bosque, 
Juan C. López y Juan Antonio Herránz  

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