16 oct. 2009

Ponga usted bien el nombre de la plaza

De entre las muchas curiosidades que se dan en nuestro querido Arévalo, vengo hoy a a destacar una que me ha sorprendido en fecha reciente y me ha hecho reflexionar sobre el camino que hemos emprendido y que parece no tener fin.
El asunto ha surgido a tenor de una carta no entregada por el cartero de turno a su destinatario, por el simple hecho de que la dirección de destino no era la que el cartero esperaba que fuese.
La dirección del sobre era "Plaza de San Francisco, nº xx" y el cartero de turno, a pesar de conocer a la persona a quien la carta iba dirigida, no hizo la entrega porque esperaba ver en el sobre "Plaza de Fray Juan Gil". Curiosa reacción la de devolver y, además, de forma repetida la carta.
Curiosa actitud la de aquellos que dirigen nuestros designios cotidianos, iba a poner cuotidianos remedando a nuestro irrepetible don Nicasio.
Han tomado el camino de poner y cambiar, sin orden ni concierto, sin razones de peso aparentes, los nombres de nuestras calles y plazas, no se si por que no sean de aquí o por que no tengan apego a nuestras cosas. También pudiera ser que sea por negligencia y pasotismo. Total ¿Qué más da? ¿Qué importancia tiene que la calle se llame Mosen de León o Mosen Rubí? ¿Quién se va a percatar del error? ¿Conoce alguien acaso a alguno de esos dos personajes?
El caso es que una plaza siempre dedicada a San Francisco por ocupar espacio junto a los restos del que fue importante convento de esa orden, hoy, como por arte de “birlibirloque”, y por razones que, al menos yo, no alcanzo a comprender, ha cambiado su nombre por plaza de Fray Juan Gil, fraile este que, por supuesto merece tener una plaza en Arévalo, pero cuyo sitio está, a mi entender, mas o menos a 350 metros de donde nuestros inefables administradores decidieron en su momento.
El caso es, como dice un buen amigo mío, cambiar los nombres a las cosas, tergiversar, desmembrar pedacito a pedacito nuestro pasado histórico, menospreciar en fin, lo que somos y lo que tenemos.
Lo único que me consuela es comprobar que aún hoy, algunos, muy pocos eso si, de nuestros convecinos, siguen recordando y, lo que es más importante, usando nombres de calles tan bellos como calle del Horno, de Abanciques, del Mentidero, Principal de la Morería, Paseo de Invierno o la indicada plaza de San Francisco.
juan carlos lópez

1 comentario :

Anónimo dijo...

A ver si canonizan un día de estos a Fray Juan Gil. De momento, sin restarle un ápice de grandeza, es un "simple" fraile.