19 may. 2011

CAPERUCITA ROJA (versión libre siglo XXI)

Hemos  estado escuchando la lección magistral que nos ha impartido D. José  Jiménez Lozano, y al hablar de los cuentos, se me ha ocurrido recordarles un clásico, ya que, poco a poco, estas cosas se van olvidando con la edad. He de reconocer que he tenido que recurrir a la Biblioteca, pues había olvidado el final del cuento, y mi sorpresa ha sido que al releer varias versiones, el final es distinto según los distintos autores. Para no ser muy pesado he recogido la versión más simplificada, esperando que a cada uno le sirva solamente para recordar este famoso cuento y pueda aplicar el final que más le guste. Empezamos.
Caperucita era una niña que vivía en Caperucitolandia y tenía una hermosa capa con capucha de color rojo. Un día su mamá le pidió que llevara una cestita con miel y otras viandas a su abuelita enferma. Por el bosque, de camino a casa de su abuelita, se encontró con el Lobo Feroz, y muy confiada le dijo a dónde se dirigía. El Lobo Feroz se despidió y echó a correr tomando un atajo. ¡Quería llegar antes que Caperucita a casa de la abuelita!, con la sana intención en un lobo de comerse a las dos. La niña se entretuvo por el bosque jugando con las mariposas y recogiendo florecitas. Al llegar el Lobo Feroz a casa de la abuelita, le dio un susto tremendo, y con su respingo, el Lobo Feroz se tropezó, circunstancia que aprovechó la Abuelita para esconderse y encerrarse en un armario.
Como el malvado Lobo Feroz sabía que Caperucita estaba a punto de llegar, decidió ponerse la ropa de la Abuelita para engañar a la niña, y se acostó en su camita.
Caperucita entró feliz con su cestita de miel y el resto de las cosas ricas que llevaba. –Abuelita, ¡qué orejas tan grandes tienes! – Son para oírte mejor, respondió él. –Abuelita ¡qué dientes más grandes tienes! –Son para comerte mejor, respondió el Lobo Feroz, corriendo detrás de ella. Pero nuevamente el Lobo Feroz, que además de Feroz era torpe, tropezó y cayó, aprovechando Caperucita la situación para correr y pedir ayuda a un labrador, aunque hay gente que dice que era cazador, que casualmente pasaba por allí. Éste efectuó un disparo que alcanzó en las nalgas al Lobo Feroz, que corrió aullando de dolor. Caperucita sacó del armario a la Abuelita, se abrazaron y colorín colorado, este cuento se ha acabado, y además “fueron felices y comieron perdices”.
Soy consciente de la crudeza del relato, y de que puede haber Instituciones y personas que puedan sentirse aludidas y ofendidas. Nada más lejos de mi intención. Pido perdón por ello.  Y no me gustaría que nadie de Caperucitolandia se sintiera ofendido, agredido, menospreciado o atacado, tanto por acción como por omisión.
Aún así, y sin ánimo de molestar, me gustaría pedir disculpas: por ejemplo al Ilmo. Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de Caperucitolandia, por la infame apariencia de la dentadura del Lobo Feroz. Al Ilmo. Colegio de Médicos, por permitir que en el relato, la abuelita apareciera expuesta a coger un resfriado,  alguien puede pensar que su atención no era la más adecuada, además de carecer de los debidos cuidados que necesitan las personas mayores. 
A Félix Rodríguez de la Fuente y sus herederos, por la imagen que del Lobo Feroz se da en el relato y siendo conocido por todos el cariño que él tenía por estos animales. A la protectora de animales, por la agresividad y violencia con que se trata al Lobo Feroz. A la Asociación de Amigos de la Capa Roja, por haber utilizado su prenda con cierta ligereza en el relato. Al AMPA de Caperucitolandia, por el trauma que podemos crear en sus hijos cuando lean este relato tan violento.
Al Concejal de Tráfico de Caperucitolandia, ya que puede acarrearle alguna denuncia de ciudadanos desaprensivos, por la ausencia de la oportuna señalización de “Lobo Feroz”, en el camino por el que circula Caperucita. A la maestra de Caperucita, pues la preparación de la niña en cuestión no parece haber sido todo lo buena que desearíamos, ya que permite que el Lobo Feroz, demuestre un mayor grado de inteligencia y astucia que Caperucita, en la resolución de un problema de desplazamiento espacial, al encontrar un atajo donde la pequeña no encontró más que elementos desconocidos, vista la curiosidad que en ella despertaron, tales como lepidópteros, flores, pajaritos y otros entes de importancia menor, que debería conocer de sobra y no sorprenderse por su presencia en el bosque, puede sentirse humillada la referida educadora.
A la mamá de Caperucita, pues su comportamiento irresponsable, al permitir que Caperucita realizase este viaje lleno de peligros por el bosque, puede traerle algún problema con los Servicios Sociales, llegando al punto de poder perder la patria potestad y custodia de Caperucita. A los Servicios Sociales de Caperucitolandia, que permiten que una señora tan mayor como la Abuelita, viva sola, retirada en el bosque y algo enferma, sin tomar ninguna medida al respecto. No queremos que los medios de comunicación se les vengan encima con alguna posible denuncia, nos consta la abnegación con la que realizan su trabajo diario de atención a los ciudadanos que más lo necesitan.
Pedimos disculpas a los críticos, tanto literarios como lingüísticos, y por supuesto a la Real Academia Española de la Lengua por meterme en un terreno que no es el mío de una manera pública. Perdón a la Caja de Ahorros de Caperucitolandia, así como a su “Obra Social”, por omitir que la presente versión de este clásico relato, fue, en su momento, financiada por ellos. Gracias por estar siempre con nosotros. Perdón a los Hermanos Grimm, a Hans Christian Andersen, y demás autores de cuentos, por la versión tan libre que aquí se hace; así como a la SGAE, pues todavía no he pagado los derechos de autor. Igualmente pido perdón a escritores, cronistas, periodistas y en general a la prensa del corazón, por desvelar los más mínimos detalles de la historia, con lo cual no podrán realizar la venta y explotación de las oportunas o inoportunas exclusivas de la misma. Lo siento también por los protagonistas, que no podrán vender sus intimidades y someterlas a exhibición pública, a cambio de una generosa cantidad de dinero.
Debo pedir disculpas también a los encargados de la Biblioteca Pública Municipal, que se tomaron mucho interés en mostrarme la diferentes versiones existentes y quizá la selección del texto elegido, no haya sido la más adecuada al momento sociopolítico que atravesamos. Disculpas, también al Excmo. Sr. Alcalde de Caperucitolandia, y por extensión a toda la Corporación municipal, por no haber aprovechado la oportunidad para incluir en el relato una breve descripción geográfico-gastronómica-histórica de Caperucitolandia que pudiera favorecer el turismo de la región. No creo que deba pedir perdón a nadie por cuestiones religiosas, pues creo no haber rebasado en mi relato los límites establecidos al efecto.
 Mi intención es única y sencillamente la rememoración de un clásico de los cuentos de siempre; sin ninguna otra doble intención. Si aún así, he causado algún daño en personas o Instituciones que puedan sentirse ofendidas, tanto por acción, como por omisión; para la resolución de cualquier problema que surja en la interpretación del presente texto, me someto expresamente a los Tribunales de Justicia de Caperucitolandia, con renuncia al fuero propio.
Por si acaso, pido también perdón, por escribirlo, por respirar, e incluso por vivir.
Si les ha gustado, como espero, este relato y no hemos perjudicado, ofendido o molestado a ninguna Institución o persona física, y me lo hacen saber, en mi próxima colaboración prometo contarles el de “PULGARCITO”, aunque también me sé el de Cenicienta, El Gato con Botas, Blancanieves, etc. 
Un beso de buenas noches.
Agustín GARCÍA VEGAS, Chispa. 

1 comentario:

Pepe dijo...

¡Muy bueno Chispa! permiteme compartirlo,