21 abr. 2011

Iglesia y retablo de San Miguel Arcángel

Dice Juan José de Montalvo en su libro “De la historia de Arévalo y sus Sexmos” según copia del manuscrito de Don Fernando Ossorio Altamirano Briceño escrito en 1641 que “Dio asimismo el esclarecido rey don Alonso a Fernán Martínez de Montalvo, la guardia de la Puente de Medina, y dotaron por parroquia y sepulcro perpetuo para su familia, la iglesia del Señor San Miguel, que está al subir de la dicha puente y es una de las fábricas de esta villa de admirable edificio, por causa de estar fundada sobre dos arcos de gran primor, que sustenta todo el edificio.
Hoy en día son los entierros principales de ella de los Montalvos, ...
Dio fuero el rey don Alonso a los de este apellido noble, para que fundasen el linaje, un día de cada año en el primer viernes de él en la dicha parroquia y entierros; asimismo es fundado por heredamiento y señorío, a los de esta casa, el lugar de Bota el Horno, que está a una legua de esta noble villa.
Las armas de los Montalvos son un escudo en campo de plata, un águila en el medio.


De su fábrica románico-mudéjar quedan los muros perimetrales, la cabecera, y la torre desmochada. Toda ella es de mampostería con verdugadas de ladrillo.
En el muro norte conserva una portada con tres arquivoltas de medio punto cuyos ladrillos han sido rebajados para simular un cierto aspecto de puerta pétrea. Encima se abren cuatro ventanales de doble arquivolta, tres a la misma altura y la más cercana a los pies, algo elevada. Presenta, asimismo, en esta fachada norte dos motivos decorativos de difícil significación, ambos de forma circular inscritos en un cuadrado y en cuyo interior uno de ellos presenta una cruz y el otro una estrella de David. Algunos autores quieren explicar, basándose en estos pequeños motivos, la existencia de un doble culto hebrero y cristiano en esta iglesia, algo que para otros autores es poco creible.
La cabecera es muy atípica pues se cerró el muro oriental a la altura del presbiterio sin desarrollar el típico ábside semicircular.
La torre está adosada al lado norte del presbiterio e incorpora material reutilizado procedente de la época romana. El primer cuerpo del campanario es de tapias de cal y canto con verdugadas de ladrillo y asciende hasta el cuerpo de campanas que fue truncado, ya que se abrían dos huecos en cada cara, rodeados por doble arco.
En el interior, el arco triunfal es del siglo XVI, pero deja paso a un presbiterio románico con dos arcos fajones dobles y apuntados.
Las arquerías de las naves y otras reformas exteriores también obedecen a reformas del siglo XVI.

Gómez Moreno dice de San Miguel que “es la más grandiosa de las parroquias de Arévalo y añade en el apartado de la Pintura que por ventura, cuando se reformó el retablo principal en el siglo XVIII, conservaron en él trece tablas del antiguo. Datan de la segunda mitad del siglo XV, y representan, cinco de ellas, escenas de la pasión; cuatro, la leyenda de la iglesia de San Miguel en el monte Gárgano, y las restantes, parejas de santos, dentro de arcos escarzanos sobre columnas.


El retablo de San Miguel es una de las joyas del patrimonio histórico artístico de nuestra Tierra. Su autor, según la documentación parroquial de la propia iglesia, es Marcos de Pinilla, también conocido, por ignorar durante mucho tiempo su verdadero nombre, como “El Maestro de Arévalo”. Es un trabajo de principios del siglo XVI aunque las cuatro tablas inferiores son de mayor antigüedad.
La imagen de San Miguel, a quien está dedicada tanto la iglesia como el propio retablo es del siglo XVII, posterior por tanto al mismo retablo y fue sustituida dado que, al parecer, la anterior no causaba devoción alguna en los feligreses.

Se compone, como ya hemos dicho, de 13 tablas, distribuidas en tres cuerpos y cinco calles.
El primer cuerpo o Predella, consta de cuatro tablas, dos a cada lado del tabernáculo en que está colocado el altar.  De izquierda a derecha se disponen de la forma siguiente:

Tabla 1: San Sebastián y Santa Úrsula
Tabla 2: San Bartolomé (o San Pablo, según que autores) y Santa Catalina
Tabla 3: Santo Tomás de Aquino y San Buenaventura
Tabla 4: San Francisco y San Jerónimo.

El segundo cuerpo está dedicado por entero a la historia de San Miguel Arcángel, patrón de la iglesia, y cuenta su aparición en el monte Gárgano, al sur de Italia.
La tabla 5 representa la cacería del toro y a Gárgano, un rico hacendado de la ciudad de Siponto, herido por las flechas.
La tabla 6 muestra la procesión del obispo de Siponto, acompañado de fieles, que se dirigen hacia el monte Gárgano.
En la tabla 7 aparece San Miguel ante un altar de piedra y comunica que el Señor ha determinado que en ese lugar se le construya y dedique un altar.
En la tabla 8 se representa a San Miguel ante una multitud, entre murallas.
Entre la 6 y la 7, ya hemos dicho, está la imagen de San Miguel.

El tercer cuerpo representa escenas de la pasión de Jesucristo. En este caso las tablas son 5 y, de izquierda a derecha, representan:
La tabla nº 9 La flagelación.
La número 10 a Cristo camino del Calvario
La tabla número 11 representa La Crucifixión
La 12 El Descendimiento y la Número 13 El Santo Entierro.


Por diversas vicisitudes han pasado el retablo y la propia iglesia. En febrero de 1928 se leía en el semanario La Llanura que se había hundido la iglesia de San Miguel. ¿Y el retablo? Hecho Pedazos. Luego se tranquilizaba a los lectores. Era un relato inventado, pero sí se añadía que “El retablo se perderá irremisiblemente si no se acude en su ayuda; el tiempo y los pájaros dejan en él sus huellas destructoras. Si no se acude rápidamente en su socorro, pronto lo que antes hemos dicho será una terrible realidad.” Es curioso que en el ejemplar que hemos recuperado de este semanario, y que perteneció al Marqués de Benavites, él mismo se encargó de hacer una anotación marginal un tanto lacónica que dice: De interés.

Hacia 1952 surgieron fuertes rumores sobre la intención de llevarse el retablo fuera de Arévalo.
El miedo a perderlo siguió, por unas u otras causas, durante mucho tiempo. El frio, la mala iluminación, las palomas continuaron su labor de deterioro, hasta que en el verano de 1984 se efectuaron trabajos de restauración que permitieron que el retablo de San Miguel haya subsistido hasta nuestros días.

Lección de historia
Radio Adaja - 23 de marzo de 2011
Fotografías por cortesía de Chuchi Prieto

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