30 ene. 2010

La mejor virtud de un buen diplomático ...

Carlos Blasco . Embajador de España en China

Sergio Casquet

Nacido en Fuentelencina (Guadalajara), se traslada desde muy pequeño a Arévalo (Ávila), donde, además, se encuentran sus orígenes. Ingresó en 1972 en la carrera diplomática. Ha sido, entre otros cargos, director de las Relaciones con las Comunidades Europeas y director general de Relaciones Económicas Internacionales.

29 ene. 2010

Arévalo

Y entraré por este tejadillo o pórtico a tierra adentro de Ávila, comenzando por Arévalo, que desde antiguo ha sido un pueblo grandecito; y un historiador barroco del pueblo, buscando estos blasones y progenies antiguas y orientales, se acordó hasta de los caldeos a propósito de la antigua iglesia cisterciense de La Lugareja, que digamos que es uno de los dos polos artísticos e históricos de la población, siendo el otro la Plaza de la Villa.
Arévalo tiene también un castillo donde estuvo encerrada doña Blanca, y sus historias de caballería medieval en torno suyo; y una vez destruido aquél, ya en tiempos modernos, fue destinado a cementerio e inspiró por cierto el poema unamuniano A un cementerio castellano, que es hermosísimo. Y, en su vecindad, en el barrio de la desaparecida iglesia de San Pedro, y en la cercanía también de la Plaza de la Villa, vivió de niño Juan de Yepes.
La Lugareja fue una fundación de caballeros franceses para monjas cistercienses, pero sus alarifes y albañiles lograron un prodigio de síntesis artística y espiritual de la desnudez del Císter con la desnudez islámica y su juego de la umbría y de la luz que subraya aquélla. Hoy se conserva únicamente el ábside con la cabecera y una extraordinaria cúpula, y dos ábsides de naves laterales como dos capillitas u oratorios para morabitos cristianos.
Las monjas abandonaron pronto este monasterio e iglesia y fueron a acogerse al viejo palacio que don Juan II tenía aquí, en Arévalo, en el que la reina Isabel pasó su infancia y juventud; como también, en Arévalo pasó algún tiempo de la suya Ignacio de Loyola sirviendo de paje, que es decir de aprendiz de caballero.
En la Plaza de la Villa, cerrada con soportales por tres de sus lados, que es una excelente reliquia de Plaza Mayor castellana, hay dos iglesias; la de Santa María que es de estilo mudéjar ya un tanto amanerado, y la de San Martín de impronta románica europea, pero con dos torres, una de las cuales es también mudéjar con un adorno ajedrezado, y semeja un minarete. En ella se celebraron los funerales por el rey don Juan II en 1454, y a ellos acudieron moros y judíos. Y muy cerca de esta Plaza el Estudio de Gramática del XVI, parejo al de Medina del Campo, donde Juan de la Cruz aprendió Humanidades.
De este pueblo fueron un judío y un islámico notables para el mundo de la cultura. Este último, conocido por el nombre de El Mancebo de Arévalo, era azadonero de oficio y había sido escolano o estudiante, aunque «no me acuerdo del latino Cicerón más que si nunca hubiere estudiado su cosmografía. Algunas beces para dar aplazo leo a Omero, aquella tan inventada guerra entre los troyanos y los griegos, y al fin todo lo he dexado en buen paz».
Escribió este Mancebo de Arévalo dos libros: la Tafcira o Sumario de la relación o ejercicio espiritual y Breve compendio de nuestra santa ley y sura; y los especialistas que los han estudiado dicen que se ven y se desean para entender muchas palabras de su romance o castellano, y piensan que se las inventó. Pero algunas de estas palabras tales como destinar o distinar con el significado de perderse, o conduelma o conduelmo por congoja, las he oído en mi adolescencia y mucho después, empleadas con toda naturalidad por aquellas mismas tierras de Arévalo, donde él nos dice que vivía su madre, cuando él ya andaba por esos mundos como azadonero o como santón predicador.
En esa misma Plaza de la Villa a la que me refería, un día de bochorno de verano, una niña de entre los muchachos que estaban bajo los soportales y con quienes me puse a hablar, me dijo que su abuelo había sido pocero y tenía siempre agua fresquita, y un candil que nunca se apagaba para bajar al pozo. Parecía una mudejarilla, y creo que de ese encuentro nació mi relato del mismo nombre.
El judío del que antes hablaba se llamaba Moshé de León, y era un hombre de muchísima más alta vitola intelectual, escritor místico él mismo, autor del Zohar o Libro del Esplendor, y también tenía a su madre en Arévalo, lo que es una breve noticia pero pone peso a Arévalo, como también se lo pone, aunque sólo sea en la presencia de una mera portada exenta de lo que fue el viejo convento de trinitarios, la memoria de fray Juan Gil, que fue quien negoció la liberación del señor Miguel de Cervantes de su prisión de moros en Argel.
Nunca podríamos imaginar que se hubieran cruzado aquí tantos vericuetos de la vida y de la historia.
Mis rutas y homelands (fragmento)
Don José Jiménez Lozano

28 ene. 2010

Aniversario de Blasco Ibáñez



Los toros y la caza...

Los toros y la caza, por raúl zurdo
J.L.Robledo


Primero fue su afición a los toros y a la caza, en especial a los galgos, y después su interés por la fotografía. Esta mezcla, miles de kilómetros recorridos y cinco años de experiencia, han permitido al arevalense Raúl Zurdo abrirse un pequeño hueco en el mundo de la fotografía taurina y cinegética, como lo avalan los distintos galardones logrados en los últimos años.

27 ene. 2010

En el camino

Jack Kerouac (1922-1969) es el novelista más destacado y emblemático de la generación beat. Pasó la mayor parte de su vida entre un doble binomio, por un lado la tranquilidad que le inspiraba la casa de su madre, y por otro viajando de costa a costa de los Estados Unidos. Esta paradoja contribuyó a que no encontrase nunca su lugar, algo que se vislumbra en parte en todas sus novelas. Este desarraigo personal le llevó a buscar algo diferente en su modo de vida, en su forma de escribir y, más aún, en los valores sociales de la época. Desde los diecisiete años en que comenzó a escribir siempre estuvo buscando un estilo propio. Entre sus obrar más destacadas: En el camino, Los subterráneos y Los Vagabundos del Dharma.
La generación beat fue un movimiento cultural que se desarrollo principalmente en Estados Unidos en la década de los cincuenta. Algunos de los elementos más importantes de este fenómeno son el rechazo de los valores culturales americanos, la consideración de las drogas y el alcohol y la preeminencia de la libertad sexual. Entre sus escritores iniciales más importantes mencionar a Jack Kerouac, Neal cassady, William S. Burrougts y Allen Ginsberg.
En el camino, no solo es la obra más importante de Kerouac, sino también el manifiesto de la generación beat. Con el tiempo ha llegado a convertirse en una novela de culto y en un clásico de la literatura norteamericana. Es una novela biográfica que describe los viajes que llevaron a cabo el autor y sus amigos a través de los vastos territorios estadounidenses. Viajes donde predominan la locura, el alcohol, las mujeres y el jazz. El autor muestra una costa Este pacífica, tranquila y erudita, donde las personas se muestran razonables y llevan vidas consideradas ejemplares. Sin embargo, cuanto más se acercan a la costa Oeste, estos personajes pierden toda su cordura y se transforman en verdaderos locos al volante, mujeriegos y trasnochadores.
Entre los principales protagonistas destacar a Sal Paradise, que es el mismo Jack Kerouac en persona, y a Dean Moriarty, que es el pseudónimo que se atribuye a Neal Cassady. Moriarty inspira en Sal toda esta forma de vida, de continuos viajes y juergas hasta altas horas de la noche. En el primer párrafo de la novela se puede leer “Con la aparición de Dean Moriarty comenzó la parte de mi vida que podría llamarse mi vida en la carretera”, con lo que Dean ya es presentado como el instigador e inspirador de muchos de los viajes de Paradise.

Jorge López

26 ene. 2010

El mejor embajador de Arévalo

Después de varios intentos baldíos, la mayoría de los restaurantes de Arévalo, así como los dos establecimientos hoteleros de calidad de la ciudad, han sido capaces de unirse para defender y promocionar una de las señas de identidad que tiene la ciudad: el cochinillo asado. La pasada primavera dio sus primeros pasos la Asociación de Hostelería de Arévalo, colectivo que se presentaba bajo el suculento nombre de Asadhos, y desde entonces ha venido realizando un trabajo serio que se ha traducido en la promoción realizada en Intur, donde organizó una degustación, o en la reciente presentación en Fitur de las I Jornadas del Cochinillo de Arévalo, que se desarrollarán los próximos 20 y 21 de febrero en la ciudad.

José Luis Robledo

25 ene. 2010

2010, Año Santo Compostelano

Si algo diferencia a los Años Santos Jacobeos es que la afluencia de peregrinos a Santiago de Compostela se ve notablemente incrementada, por lo que los caminos y las localidades que atraviesan cobran una nueva dimensión por el incremento de peregrinos que les transitan.
Dando por sentado que el Camino Francés será durante este Jacobeo de 2010 el centro neurálgico de las peregrinaciones a Santiago, otros caminos, con más o menos tradición en las rutas jacobeas, también cobrarán mayor protagonismo gracias a los peregrinos que hayan optado por seguir estas nuevas rutas.
Raquel Martín.

24 ene. 2010

EL HAYEDO Y EL RÍO

En Mediavilla de los Infantes, provincia de Burgos, hay un pequeño río que pasa cerca del pueblo. Caminando desde la puerta de la iglesia comienza uno de los recorridos más placenteros que se pueden realizar en el otoño. Recorremos entre casas de piedra la corta distancia que separa al pueblo del bosque de robles, alisos, serbales y, sobre todo, hayas que lo rodean. Allí comienza una especie de pista forestal que existía desde siempre y que bajaba y subía por entre las hayas camino de la cascada que se encuentra como a unos seis kilómetros del pueblo.
Es este un camino que me enseñó hace ya mucho tiempo mi amigo Fernando Escribano. Creo que fue la primera o quizás la segunda vez que fui a su pueblo. Él acababa de jubilarse y me había hablado del lugar maravilloso que había elegido para vivir a partir de ese instante. La jubilación para él, según me decía, iba a significar una nueva vida. Se había instalado en ese pueblo; lejos de cualquier sitio, casi perdido. Lo suficientemente grande para no estar solo y lo suficientemente pequeño como para no sentirse agobiado.
Cuando llegué a ver el lugar elegido por mi amigo para vivir el invierno de su vida sentí una enorme envidia. Era magnífico el paisaje. Las gentes con las que traté y que rápidamente había conocido Fernando, resultaban entrañables, sobrias como castellanos que eran, entregadas al forastero, supongo que conquistadas por la personalidad de mi amigo.
El paseo que me propuso lo comenzamos junto a la iglesia que habíamos visitado momentos antes. Resultó ser un camino agradable rodeados de una vegetación exuberante, en la que destacaban los enormes robles, y los colores del hayedo en el que comenzábamos a adentrarnos lentamente. El camino sinuoso subía y bajaba con suavidad, el ruido de las hojas y el canto de los pájaros envolvía nuestro caminar.
Fue en ese momento cuando Fernando Escribano me habló por primera vez de la posibilidad de señalizar esa senda. Resultaba sencillo colocar unas maderas y pintar con colores bien visibles el recorrido que deberían seguir los visitantes. Me empezó a hablar de lo mucho que disfrutarían los que no han tenido la posibilidad de hacerlo en plena naturaleza, con esa explosión de colores, sonidos, rumores de bellotas que caían de los enormes robles, el desnudarse de las hayas en el otoño.
Me contó, incluso, lo bello que resultaba también en primavera y verano, cosa que ya había podido apreciar por sí mismo. Yo le creí porque conozco su buen gusto y el ojo que tiene para estas cosas. En invierno resulta todavía más espectacular, me decía, pues aunque las hojas hayan caído y las hayas pierdan parte de su belleza, queda el río y más arriba la cascada. Caminando junto a él sintiendo su entusiasmo es cuando vi el río por primera vez. Un río no muy ancho, pero tumultuoso. Con brío y viveza el agua corría entre las piedras arrancando sonidos relajantes de las mismas. Los árboles llegaban hasta el mismo borde del río.
El sendero ancho y cómodo del principio se iba complicando, pero nada que no se pudiese recorrer con facilidad. Al doblar una curva del curso del río apareció ante nosotros una enorme cascada. Al tramo primero en caída libre le sucedía una enorme terraza de roca y luego otra caída libre menor y otra terraza y así sucesivamente hasta llegar al curso del río que habíamos recorrido entre el hayedo. Todo roca y agua y rodeado en las orillas de un número infinito de árboles y una frondosa vegetación. Magnífico espectáculo para los sentidos.
No había duda. La idea de Fernando de hacer una ruta para que los visitantes pudieran disfrutar del paisaje era muy acertada. Sin duda muchos disfrutarían de la paz que ese lugar tenía para darnos. La belleza de la vegetación y el frescor del agua sería un indudable atractivo turístico.
Después de terminar el recorrido me llevó al único bar que tiene el pueblo. Allí producto del esfuerzo realizado, el apetito nos mordía las entrañas. Me dijo que iba a comer la mejor morcilla que jamás había comido. Efectivamente esa morcilla era especial. Tal es así que desde entonces no puedo ir a Mediavilla de los Infantes y venirme sin comer su morcilla. Fue además en ese momento cuando conocí al que con el tiempo se ha convertido en un gran amigo. La persona que Fernando Escribano me presentó resultó ser el párroco del pueblo: Don Servando dijo que se llamaba. Ya conocía lo suficiente a Fernando y habían empezado una curiosa relación. Habían encajado como un guante entre ellos dos pese a lo diferentes que eran, quizás a lo mejor fue por eso que encajaron tan bien.
Así entre bocados de morcilla con pan y tragos de vino de la tierra fue como pasaron las horas en animada charla. Las ideas de Fernando y de don Servando iban encajando entre sí. Cuando surgió lo de señalizar la ruta de senderismo, don Servando pareció encantado. Aunque él se ocupaba de las almas veía con buenos ojos que los cuerpos gozasen de buena salud. Notaba, nos decía, que los que venían de las ciudades tenían los espíritus bastante alterados y un paseo por el hayedo junto al río hasta la cascada les podría hacer mucho bien, en cualquier época del año. Si al empezar pasaban por la iglesia y rezaban algo, y al terminar comían un poquito de morcilla con un vaso de vino, volverían con los cuerpos y los espíritus a punto.

Fabio López

20 ene. 2010

A quien corresponda (La San Silvestre 2009)

Nunca pensé que un pequeño artículo sintetizara, en tan breves palabras, la manera de ser de la gente de Arévalo y de la Moraña en general; y cómo entre esta buena, pero muy reservada y poco cooperante gente, surge de vez en cuando la figura de alguien que de manera silenciosa lucha por una causa, por un objetivo, ante la atenta, paciente y sobre todo crítica mirada de los demás.
Este es uno de esos casos Chispa, que tantas veces hemos hablado en las tertulias de la biblioteca; el porqué no se hacen más actividades culturales, deportivas, sociales; el porqué en Arévalo falta lo que en otros sitios tienen. Sencillo, todos esperamos que nos lo den hecho; pero no nos quedamos ahí; estamos esperando como lobos cazando en manada el resultado de dichas actividades para ver como resultan; si son exitosas callamos si fracasan atacamos ferozmente; siempre estamos a la espera, siempre pacientes y sobre todo, siempre despiadados.
Noemí fue una de estas personas que se enfrentó a todos los lobos. Comenzó hace tres años con un proyecto ilusionante y que, de entrada, resultó un éxito rotundo para una actividad tan novedosa en Arévalo. En esas fechas fui partícipe de un incesante circular de e-mails con preguntas, sugerencias, opiniones, consejos entorno al evento; pasamos al segundo año, lleno de dudas tras el listón tan alto conseguido el primer año y volvió a ser un éxito participativo aunque con lagunas organizativas que avivaron a la manada de lobos; y en ese segundo año, los correos electrónicos pasaron a ser llamadas telefónicas, tanto el mismo día 31 tras la San Silvestre como el día 1 de Enero, con un abatimiento total por su parte cuando realmente las causas había que buscarlas en lo que comenta Chispa, no en su persona.....sufrió y lo pasó mal (doy buena fe de ello), pero no cesó en el empeño y consiguió en la pasada tercera edición no sólo consolidar la carrera y subsanar errores del pasado, sino conseguir un nivel deportivo inédito en Arévalo. Puedo aseguraros que el nivel de los atletas participantes no tenía nada que envidiar a un gran número de pruebas realizadas por toda la región, y sé de lo que hablo.
Noe no sólo consiguió que el 31 un gran numero de arevalenses, morañegos y foráneos se calzaran las zapatillas, sino que durante uno o dos meses antes, el camino hasta la "meta", aparte de los habituales "paseantes", ganara vistosidad con corredores preparando "La San Silvestre". Por lo tanto su éxito no fue organizar un evento un día, sino movilizar a mucha gente durante varios meses previos al fin de año.
Lo que pido ahora, a quién corresponda, es que se recoja el testigo dejado por Noe puesto que Arévalo se merece un evento deportivo como este y sobre todo que a partir de este momento, se reconozca la labor que realizó; porque es merecedora de ello. Por eso pido que a partir de la próxima edición la San Silvestre sea el memorial Noemí Sáez y que toda esa manada de lobos fieros pasen a ser mansos, colaborando, participando y animando.
Te puedo asegurar Noe, que muchos de los que amamos el deporte, en nuestras futuras “San Silvestres” (ya sean en Arévalo o fuera de nuestra ciudad), siempre te tendremos con nosotros, y en ese momento de tensión previo a la salida, seguro que se nos pondrá la piel de gallina recordándote.
¡Maldito A quién corresponda!
Un corredor, Arevalense y amigo de Noe.

Nacho Martín

19 ene. 2010

Al que corresponda

No sé qué hacer con ello, pero ayer cuando me enteré de lo de Noemí, me agarré un cabreo, que creo que me va a durar bastante, y me puse a pensar en cosas raras. Por eso presento esta reclamación, para que al menos quede constancia.

QUEJA A DIOS
A DIOS NUESTRO SEÑOR:
Cuando alguien fallece y tiene cierta edad, siempre decimos que esto es ley de vida, que ya se había ganado el descanso (dependiendo de las circunstancias de cada caso); que quizás con eso ha dejado de sufrir; según los casos encontramos casi siempre una justificación. Nos han enseñado a aceptarlo, comprenderlo y asumir que Dios lo llame y cosas parecidas para explicar estos temas.
Pero cuando una persona joven, con todo por hacer, con toda la vida por delante; buena, apreciada, con ganas de vivir y de hacer cosas, muchas cosas, nos abandona, hay que preguntarle a DIOS algunas cosas que no acabamos de entender, por mucho que traten de explicarnos. ¿Por qué? ¿Para qué?.
No me sirve lo del "destino", o que había llegado su hora; por que no es cierto: NO ERA SU HORA TODAVÍA.
Pienso que TE HAS EQUIVOCADO, o que has estado un poco despistado; pienso que sobre todo, ES INJUSTO para todos nosotros; pero también, que ES EGOÍSTA por tu parte, pues ya tendrías tiempo Señor, de disfrutarla más adelante.
Creo también que es un ABUSO DE PODER Y AUTORIDAD, pues decides sin contar con nadie, sin pensar en el daño que haces a los demás. Pero sobre todo, creo que es un ERROR GRAVE; tan grave que nos permite dudar de todas las cualidades, que de ti, Señor, nos han hablado hasta ahora. Si tu intención era castigarnos, que sepas que lo has conseguido, duele y mucho.
Quiero pensar que además de tenerla cerca, la tendrás reservado algo mejor, se lo merece. Pero quiero que sepas DIOS, que a los de este lado: ¡Nos has dejado jodidos, muy jodidos!; que pensamos que te has equivocado, que nos va a costar trabajo y tiempo olvidarlo, y que estás en deuda con nosotros.
Sólo me queda acompañar a los familiares en su dolor, a David y a todos los amigos de Noemí, entre los que me cuento.
Me sale del alma. No quiero molestar a nadie, pero me sale del alma; estoy jodido, muy JODIDO.

Agustín GARCÍA VEGAS
17 de enero/2010

La Llanura número 8

Ya podéis bajar La Llanura nº 8, pulsando en la imagen.

15 ene. 2010

Hedo

“Hay gente que siente escasamente la poesía, que no se emociona con la magia de una metáfora.
Esa gente, por lo general, se dedica a enseñarla (...).A mis estudiantes, cuando fui profesor, nunca
les di bibliografía, ni les impuse tal o cual texto; les he transmitido, eso sí, mi amor por la literatura
y les he enseñado a quererla”.
Jorge Luis Borges

Un hecho decisivo de mi infancia –y me atrevo a aventurar que de la infancia de unos cuantos niños de Arévalo- fue mi profesor de literatura, Don Jesús Hedo. Don Jesús fue profesor durante la década de los setenta en lo que antaño se llamaba Instituto Laboral (hogaño Instituto de Enseñanza Secundaria Eulogio Florentino Sanz). Cuando yo fui su alumno Franco estaba todavía vivo y firmando sentencias de muerte, aunque los españoles ya le habían visto por primera vez muy enfermo, entrando y saliendo del hospital en silla de ruedas por culpa de una flebitis judeomasónica, de manera que algunos descreídos comenzaron a sospechar de su inmortalidad.
Don Jesús Hedo era a la sazón un joven menudo, atezado, de pelo ligeramente revuelto y “torpe aliño indumentario”, muy partidario de los pantalones de pana y de las camisas sin planchar. Don Jesús Hedo caminaba como los sabios de la Acrópolis y los genios de las películas, engañosamente ausente, con la cabeza ligeramente vencida hacia la proa, siempre con un inestable hatillo de libros y carpetas descuidadamente estibados bajo el brazo. El genio vivo y la memoria jurásica de Don Jesús le permitían literaturizar la herrumbrosa calderilla de la vida cotidiana, e igual podía reconvenirte por llegar tarde a clase declamando una estrofa del Romancero Gitano de Lorca, que felicitarte por tu cumpleaños recitando un pasaje de Las Soledades de Góngora, lo cual te dejaba sumido en una confusa mezcla de estupor y de perpleja admiración. Don Jesús prodigaba una sonrisa más irónica que sarcástica, más inteligente que amarga y más bondadosa que festiva.
Todas las mañanas Don Jesús descendía con prisa las escaleras del Parnaso, que entonces yo imaginaba muy cerca de su propia casa, entre los pinares de Arévalo, abría resueltamente la puerta de la clase, lanzaba una acerada mirada de reojo al revuelto tendido y depositaba la impedimenta sobre la mesa del profesor, a la espera de que amainara la tempestad. Hecho por fin el silencio, se colocaba en los medios del aula con un libro entre las manos y comenzaba sin mayores preámbulos a oficiar la deslumbrante ceremonia de las palabras: “Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro”. Su mano se desprendía en ocasiones del libro y se agitaba en el aire para subrayar la belleza de una rima, de una aliteración, o para fijar nuestra dispersa atención de chorlitos. A medida que iba leyendo la desmedrada figura de Don Jesús comenzaba a agigantarse, mientras los alumnos le mirábamos absortos desde nuestros pupitres.
En su áspera voz de orate, en su desgarrado gesto de emoción, se obró para muchos niños de Arévalo el descubrimiento de la literatura. Resultaba que había otra redención posible, más inmediata y real que la que nos prometía el Catecismo, casi inalcanzable y plagada de dificultades insalvables. Puede decirse que muchos nos convertimos entonces al hedonismo, valga la tontería. Don Jesús era el iniciado, el extravagante taumaturgo que poseía el secreto escondido de las palabras, ese dulce viático que iba destilando con ardua paciencia de alquimista sobre nuestras párvulas molleras. Don Jesús nos enseñó que la literatura servía para contar la vida – tan incomprensible ya a esa edad-, para mejorarla, para aligerar la pesadumbre de una tarde de lluvia, por ejemplo:

“Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.
Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.
Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.
Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón.
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales".

Recuerdo que un día nos mandó inventar greguerías y yo escribí una que le gustó mucho: “La luna es el yoyó de Dios”. A Don Jesús le debió parecer que aquello revelaba un remoto atisbo de talento literario y se lo dijo a mi padre, quien me llamó a capítulo a su despacho:
- Me ha dicho Don Jesús que escribes muy bien, que te ha salido una greguería muy bonita. Enhorabuena. De todas formas no olvides que nadie vive de hacer greguerías.
Supongo que mi padre llevaba razón, que nadie vive de hacer greguerías, ni siquiera el propio Ramón Gómez de la Serna, que fue quien las inventó, y que vivió pobre y murió desterrado y más pobre todavía, calculando en una libreta el dinero que se ahorraba al mes en tinta si utilizaba el bolígrafo en lugar de la pluma estilográfica.
A los trece años me fui a vivir a Madrid y durante los cursos siguientes recibiría clases de literatura de unos cuantos profesores más, pero todos tuvieron que cargar con un pecado original -tan irremisible como injusto- que los muy desgraciados ignoraban haber cometido, y que a mis ojos les convertía a todos en unos flagrantes impostores: ninguno de ellos era Don Jesús Hedo.
....ooOoo....
Post scriptum: Terminado este artículo alguien me informa de que Don Jesús se ha jubilado ya como Catedrático de Literatura, en Segovia. Espero que sea para bien de él y de los suyos, pero no puedo dejar de pensar que se trata de un lamentable desperdicio.

14 ene. 2010

Premios del Certamen de Relato Breve


Entrega de los Premios del X Certamen Literario de Relato Breve “CIUDAD DE ARÉVALO”.
Concierto Lírico con Azucena López, Gerardo López y Sergio Montero.
Viernes 15 de enero a las 20.00 horas en la Iglesia de San Martín.

13 ene. 2010

COSAS DE PUEBLO

Ya les he hablado de Mediavilla de los Infantes, provincia de Burgos. He recibido carta de don Servando, el párroco de ese pueblo y gran amigo mío. Además de los saludos de rigor me cuenta alguna que otro novedad del pueblo. Como suele ser habitual en nuestra relación, él solamente me cuenta lo que piensa de los asuntos terrenales que le ocupan, de los otros, guarda un respetuoso silencio, imagino que esperando que sea yo el que le plantee cualquier duda o le pida alguna aclaración al respecto.
Me cuenta la buena marcha que lleva lo de los peregrinos. Está contento que en el pueblo sean cada vez más los vecinos dispuestos a colaborar en las tareas de dar albergue a los que por allí pasan camino de Santiago.
Me cuenta también la preocupación que tienen ahora con las goteras que han aparecido en la iglesia. Las obras que tienen que realizar, por pequeñas que sean, son demasiado caras para la economía de una parroquia tan pequeña como la suya. Intuyo en sus palabras una cierta desesperación. Se siente en ocasiones solo frente a los problemas; puede que tal vez sea también uno de los síntomas de su edad. Cuentan que cuando era más joven era el primero en empujar a todos por el camino de la solución de los problemas. De un tiempo a esta parte se le nota más cobardica.
Afortunadamente está con él Fernando Escribano, el otro gran amigo del que ya les he hablado, y que vive también en Mediavilla de los Infantes. Como la relación es muy cordial con ambos, parece que estuvieran sincronizados entre ellos, de tal modo que cuando recibo carta de uno de ellos al poco tiempo la recibo del otro. En ocasiones he recibido carta de los dos en el mismo día.
Me hacen reír muchas veces. Lo que a uno le preocupa es lo que para el otro es aportar una solución, y debo ser yo desde aquí quien interceda. Tengo en esta ocasión que escribir a don Servando y darle la buena nueva que sobre sus preocupaciones con las goteras, Fernando Escribano, ya lo tiene casi resuelto.
Me cuenta Fernando, que como el obispado casi tiene en el olvido al bueno de don Servando, no sabe si por falta de recursos económicos o por tratarse de una parroquia pequeña, ellos han empezado a trabajar en la solución del problema. Tienen ya el presupuesto de un albañil de un pueblo cercano. Sacar ahora el dinero suficiente es el paso en el que se encuentran. Como quiera que los cepillos de la iglesia no dan lo suficiente a pesar del aumento de recaudación observado desde que abren la iglesia, van a hacer una colecta entre los vecinos, que aunque pocos son cada vez más conscientes de por donde debe ir el porvenir del pueblo.
Me cuenta también que han convencido al haragán del alcalde para que solicite una ayuda a la diputación, y así de paso averiguar para lo que sirve tan ilustre institución. Esto por supuesto es una maldad de mi amigo Fernando Escribano, que siempre que puede tira con bala a los que no hacen lo que él cree que deberían hacer por el pueblo.
Van a poner también en marcha una página web, como me adelantó don Servando en mi última visita. Resulta que una joven del pueblo que estudia en el instituto comarcal, domina esas cuestiones y se ha ofrecido a preparar todo lo necesario. Fotos de la iglesia, de los modestos museos que han montado entre todos, del hayedo cercano al pueblo, del río, y en definitiva de todo cuanto pueda tener interés para los posibles visitantes.
Ha venido un señor de la capital de España a vivir a Mediavilla de los Infantes, también me cuentan. Ha comprado una de las casas solariegas que estaban abandonadas pero que todavía se conservaba en buen estado y la está restaurando. Me hablan de que tiene intenciones de hacer una especie de casa rural para el alojamiento de turistas. Fernando lo ve como un claro síntoma de crecimiento del pueblo. Don Servando lo ve con más escepticismo. Curiosamente quien debiera creer duda y quien duda cree.
Me dicen que es un abogado que cansado de la vida en la gran ciudad ha decidido encontrarse en un pequeño pueblo de castilla. Ambos tienen la curiosidad de por qué habrá ido a parar hasta allí. Casualidad, destino, designio divino, nadie lo sabe. Yo por mi parte lo único claro que veo es que la inversión no puede perjudicar. Todo lo contrario. Dispondrán de un lugar de alojamiento para los que quieran permanecer en el pueblo durante más tiempo. Muchos de los que ahora pasan por Mediavilla de los Infantes camino de Santiago de Compostela, sé que volverán en el futuro para estar unos cuantos días más. Lo sé porque eso fue lo que a mí me ocurrió hace ya muchos años.
Fabio López

11 ene. 2010

El largo viaje de Branta

A pesar del gran número de viajeros que me acompañan, me siento sola, desplazada. Ninguno de mis compañeros es como yo. Incluso uno de ellos ha llegado a agredirme, lo que me ha provocado una ligera cojera, que se incrementa cuando las heladas son más fuertes.
Me llamo Branta y no sé lo que hago aquí. En realidad este es mi tercer viaje hacia el cálido sur y todo me resulta nuevo y desconocido. Desde que me perdí, no he vuelto a ver a ninguno de los míos. Al menos parece que el viaje ha terminado, el agua está asegurada, hay comida por doquier y mis compañeros de viaje parecen satisfechos.
El invierno ya está cerca, por lo tanto hay que reponer fuerzas y coger calorías para el viaje de regreso, así que me paso casi todo el día pastando con mi bandada adoptiva compuesta por más de 1500 gansos. Supongo que acudiremos a la laguna, al menos una vez al día, para calmar la sed.
Cae la tarde. De pronto la bandada levanta el vuelo, les sigo. Se produce un gran alboroto por los miles de aflautados reclamos emitidos por mis compañeros. En la laguna nos juntamos con miles de patos de muy variadas especies y procedencias, los más numerosos y también ruidosos son los azulones. Pero hay muchas más especies, las pequeñas cercetas se pierden entre la vegetación. Los cucharas son incansables, filtrando el agua con su ancho pico. También hay un grupo de nerviosos silbones que levantan el vuelo ante el menor peligro, aunque este sea inexistente. Me llama la atención un reducido grupo de elegantes y presumidos rabudos que me recuerdan a los cisnes de otras latitudes más norteñas.
Pero no solamente hay patos, en la laguna también coincido con los activos limícolas, unos introduciendo sus largos picos dentro del agua, otros picoteando en los prados circundantes, agachadizas, avocetas, cigüeñuelas, avefrías, chorlitos, chorlitejos, archibebes, agujas, zarapitos… Tantas especies que pierdo la cuenta.
Ya llevo un buen rato bebiendo y nadando por la laguna. Comienzo a oír un estrépito lejano. El clamor crece, se acerca. Con las últimas luces de la tarde, llegan cientos de grullas emitiendo agudos gritos de júbilo. Contentas, acuden también a saciar su sed. Es un momento social, algunos individuos parecen reconocerse, incluso da la impresión de que hablan entre ellos. Veo también grupos familiares formados por dos adultos con sus pollos. Algunos parecen también discutir y hay pequeñas escaramuzas entre dos o tres grullas pero sólo se quedan en lo gestual, sin llegar a “las manos”. Pero lo que me da más envidia, son los emparejamientos que se están produciendo aquí mismo. Veo como un macho y una hembra enfrentados, dan grandes saltos con las alas entreabiertas, lanzando pequeños trozos de vegetación con sus picos por lo alto. Sé que estos emparejamientos que se producen durante la invernada duran toda la vida.
Atardece, el sol se hunde por el oeste proyectando miles de colores matizados y reflejados por los grupos de nubes dispersas por la cúpula celeste. No es la aurora boreal que tantas veces he presenciado en mi lugar de origen en las islas Svalbard, sobre el círculo polar ártico, pero esta puesta de sol no tiene nada que envidiarla.
En realidad yo misma pensaba encontrar este año un macho aparente durante mis vacaciones por el cálido sur. De hecho ya me había fijado en Brotal al pasar por la isla de Selandia en el estrecho de Kattegat. Pero aquella maldita tormenta, me hizo perder a mi grupo de barnaclas cariblancas y desde entonces no he vuelto a ver a ninguna de mi especie. Bueno al menos estoy viva. Esta laguna no es demasiado grande, pero es un auténtico hervidero de vida. Quien sabe, tal vez Brotal, aquel macho de largo y robusto cuello y algo patizambo, aparezca por aquí un día de estos con otro grupo de ánsares.

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Suena el despertador, las siete y media. Luis lo apaga para no molestar a Ana. Se viste sobre el pijama y se asoma por las rendijas de la ventana a la plaza, hay densa niebla. “Bueno empezaremos por El Oso que allí levanta antes” piensa mientras se prepara el desayuno. Al salir a la calle, ni siquiera se divisa la torre de Santo Domingo y el arco del Alcocer parece la boca de una cueva. Pasa a buscar a su hermano Caco al Paseo de la Alameda y continúan por la carretera de Tiñosillos. Atraviesan los pinares con su coche. La niebla se ha convertido en escarcha y esta cencellada ha cubierto de hielo todos los pinos.
Al llegar a El Oso comienza a salir el sol disipando la niebla. El campo parece nevado y la laguna está helada parcialmente. El termómetro marca tres grados bajo cero. Detiene el vehículo en la chopera, se calzan guantes, pasamontañas, prismáticos y montan el telescopio sobre el trípode. Comienzan a censar las aves acuáticas.
Cuentan primero las grullas que se comienzan a marchar para alimentarse en los campos de cereal, 652. Luego hacen lo propio con los ánsares. “Vaya pedazo bandada”. Cuando llevan contados 1326 gansos, uno llama su atención.
“¡Coño! una barnacla cariblanca ¿Qué hará aquí sola?” Anotan este dato en su libreta de campo, se entretienen un rato contemplando esta rareza y siguen censando. Después de contar 2202 ánsares comunes en tres grupos, siguen con los patos que nadan o andan por la laguna: 1820 azulones, 350 cucharas, 112 cercetas comunes, 65 silbones, 13 rabudos, tres frisos y además 83 fochas comunes y 52 cigüeñas. Luego hacen lo propio con las aves limícolas que logran ver desde su observatorio. De vez en cuando tienen que dar botes para no quedarse helados. Por fin acaban el recuento, 5973 aves de 19 especies. Luis apunta junto a estos datos: “Esto merece ser declarado ZEPA”.
Antes de irse hacia la laguna Redonda para continuar el censo, deciden buscar nuevamente a la barnacla cariblanca. Enfocan el telescopio hacia el bando más numeroso de gansos y al cabo de tres o cuatro minutos la encuentran de nuevo, descansa apaciblemente echada sobre su vientre y aseándose con su pico las plumas del dorso.
Cuando están a punto de marcharse, se oye a otro grupo de ruidosos gansos. Son unos 300 individuos que se acercan volando desde el norte y se posan muy cerca. “Los gansos parecen torpes pero son auténticos todo terreno, se desenvuelven perfectamente en aire, tierra y agua” comenta Caco. De pronto la barnacla se levanta y empieza a caminar hacia la nueva bandada. Camina deprisa, sin detenerse, parece que cojea. En el campo visual de su telescopio, empieza a aparecer esta nueva bandada y Luis contempla que uno de los gansos se acerca a la barnacla. Lo enfoca, es otra barnacla cariblanca. “Bueno ya no estás sola pequeña”. En menos de treinta segundos se han juntado ambas. Uno de los individuos, parece mayor, de largo y robusto cuello y algo patizambo, quizás sea un macho. Tras un breve reconocimiento en el que ambas estiran el cuello, caminan juntas y comienzan a pastar brotes y granos del centeno.


En Arévalo a 21 de octubre de 2009.
Luis José MARTÍN GARCÍA-SANCHO

10 ene. 2010

Lágrimas del Patrimonio

Nuestro patrimonio histórico, al menos el de la Moraña, está triste. Dos de sus más importantes iglesias: Santa María del Castillo, en Madrigal de las Altas Torres, y Nuestra Señora de la Asunción, en Adanero, lloran estos días por no poder soportar las abundantes lluvias, los fuertes vientos e incluso las nieves de los últimos días.

(más en Diario de Ávila)

Ley de Propiedad Intelectual.Artículo 32. Citas y reseñas
Es lícita la inclusión en una obra propia de fragmentos de otras ajenas de naturaleza escrita, sonora o audiovisual, así como la de obras aisladas de carácter plástico, fotográfico figurativo o análogo, siempre que se trate de obras ya divulgadas y su inclusión se realice a título de cita o para su análisis, comentario o juicio crítico. Tal utilización sólo podrá realizarse con fines docentes o de investigación, en la medida justificada por el fin de esa incorporación e indicando la fuente y el nombre del autor de la obra utilizada. Las recopilaciones periódicas efectuadas en forma de reseñas o revistas de prensa tendrán la consideración de citas.

9 ene. 2010

Manos para pensar

Viendo esta imagen,
lógico es pensar que
el tiempo no pasa en balde.

Foto: G.M.B. Akash

El paso de los años nos envejece, el cuerpo cambia,
comienzan las arrugas.....

Pero, y si os digo que esta foto es de Munna, un niño de ocho años.
Pensaréis que os estoy tomando el pelo.

Veamos:
Munna 8 años (Foto: G.M.B. Akash)
Este niño puede ser cualquiera de los niños y niñas trabajadores en más de 170 países donde se utiliza a menores de 12 años como mano de obra barata.Sólo en unos pocos países, como en el nuestro, está prohibido dar trabajo a menores de 16 años.Si no te gusta, si te parece grotesco, piensa antes de comprar cualquier cosa, si habrá sido realizada por niños.Pero piensa también que quizás ese trabajo asegure su supervivencia.¿Dónde está la medida? ¿Dónde el equilibrio? ¿Cuál es el mundo real? ¿El de un puñado de países privilegiados o el de más de 170 países donde esto es normal?.

“…Resulta una situación compleja: Los padres que envían a sus hijos pequeños a trabajar a una fábrica porque son pobres. El niño que tiene que trabajar para ganarse la vida y para mantener a la familia. El jefe de la fábrica que es presionado por las compañías multinacionales para fabricar productos por menos dinero. Y los consumidores occidentales, como clientes, que compran artículos baratos, sin que les importe cómo han sido fabricados. Pienso que es imposible suprimir totalmente el trabajo de los niños en países pobres a corto plazo, pero estoy seguro de que es posible mejorar las condiciones de trabajo de los niños para que estén menos tiempo en la fábrica y más en las escuelas…”

Jainar, 11 años (Foto y texto: G.M.B. Akash)

MANOS PARA PENSAR.
Reflexiones para 2010, por Luis José Martín García-Sancho.

6 ene. 2010

La huerta de Job

Quien le reclamaba la mitad de la huerta era el Doctor Quijada, Doctor en Leyes como él, e Inquisidor de Valladolid, y entonces su amigo más cercano, el cirujano Contreras le aconsejaba que se plegase y no pensase en pleitear. Por muy buenas razones que tuviera, porque ¿acaso no le había confesado un día que había recibido en herencia esta huerta de una abuela o tatarabuela suya que ni él recordaba cómo se llamaba, pero sí que el padre de esa abuela o bisabuela se llamaba don Moysén. De manera que, con un abuelo así que no se podía nombrar, ¿cómo iba a andar sacando sus escrituras?
-Entre gentes de sangres limpias, como nosotros –decía el Doctor Quijada- debemos arreglar estas cuestiones lo mejor posible. Y no me quitaría yo en abonar algunos dineros a Vuesa Merced por mitad de esa huerta que siempre se tuvo por nuestra en la familia.
Y él contestó que no se apartaba de discutir lo que hubiera que discutir, pero no comprendía por qué el señor Inquisidor se había encaprichado de la mitad de su huerta y mucho menos comprendía por qué le recitaba siempre un parentesco estrecho en sus familias, y gracias al cual la mitad de la huerta correspondía a cada uno de ellos.
-También podemos discutir sobre nuestras familias. Hasta Job se puso a discutir con Dios y Dios con él –argumentó el Doctor Quijada
-Pero olvida Vuestra Señoría, señor Doctor, que Job se quejaba con amargura de que Dios quiera discutir con él, porque Dios era Dios y él Job, sólo polvo y ceniza.
Y añadió:
-O todavía menos, “hebel” o humo o vapor de agua, como decía el Génesis.
Entonces el Doctor Quijada hizo un gran silencio, y luego, mostrando una gran sonrisa dijo:
-¿Así que sabéis que Job se quejaba de ese modo, y que la Biblia Hebrea llama “hebel” al hombre y al mundo? Es interesante, verdaderamente.
Tornó a callarse un gran tiempo, pero se iba adelgazando tanto el silencio, y tanto estuvieron los ojos del uno buscando y rehuyendo los del otro, que ese silencio se quebró y desde la estancia se oía el gritar de los vencejos al final de una tarde calurosa, y luego también se oyó el ladrido de un perro; y el Doctor Quijada volvió a sonreír, mientras a él le temblaban las piernas. Y entonces, finalmente, en voz muy baja concluyó diciendo que, pensándolo bien le cedía a Su Señoría la huerta entera. Y el Doctor Quijada volvió a sonreír, y luego dijo:
-En realidad no me interesa vuestra huerta ni partida ni entera. Lo que nos interesaba a los señores Inquisidores era saber si erais y sois “de ellos”, pese a vuestro apellido postizo; y ya lo he comprobado. No quiero más de vos. Podéis iros.
Él quedó anonadado y apenas si pudo levantarse del asiento. Tardó mucho en llegar a su casa que era casi paredaña con la del señor Inquisidor, y allí se metió en la cama de la que no volvió a levantarse, y al cabo de unos meses murió. El señor Inquisidor fue a dar el pésame a la mujer y al hijo de su vecino, y al despedirse dijo:
-Si hubiéramos discutido el asunto, como Job y Dios discutieron todo se hubiera arreglado y él no tendría que haber muerto.
Pero ni Doña Sara, la viuda del difunto, ni su hijo Moysén, dijeron nada a esto, sino que ellos también le regalaban la huerta entera al señor Inquisidor, y esa misma noche se fueron de Sefarad con unos arrieros flamencos, aunque no sin haber sembrado secretamente de sal la tierra de la huerta, y haber envenenado el pozo. Y en cinco siglos aquel terreno no puede sembrarse ni aquel agua beberse, ni tampoco puede edificarse sobre él. Sólo hay un peral seco, pero que nadie se ha atrevido a cortar, y aquel pago se llama “la huerta de Job”, que no pertenece a nadie, y figura como un baldío...

José Jiménez Lozano