9 mar. 2010

Cambiar el lenguaje

De un tiempo a esta parte podemos observar una tendencia ampliamente extendida a escribir novelas que parecen largos guiones de película, ni más ni menos que lo que sus autores quisieran que acabaran siendo. Hay asimismo una tendencia a producir películas de intrincada peripecia dentro de una estética y unos efectos especiales más propios de los juegos de consola. Y hay seriales televisivos cuyo objetivo no es otro que el de perpetuar el éxito de determinadas malas películas y determinadas malas novelas. Semejante fatal convergencia podría condenarnos a sacar las más deprimentes conclusiones si nos quedáramos ahí, sin tener en cuenta otros hechos.
He leído recientemente un libro de relatos de José Luis Borau y una novela de Manuel Gutiérrez Aragón. Y mientras son muchas las novelas que más que compuestas de capítulos parecen compuestas de secuencias, estas dos obras poco o nada tienen que ver con el cine. Su lenguaje es fundamentalmente literario, centrado en la capacidad expresiva de la palabra y no en su utilización como instrumento visualizador de determinada escena. Como mucho, algunos relatos de Borau podrían inspirar a un director de cine a sacar de ellos una película.
Y a la inversa: yo mismo, en mis documentales, siempre he procurado olvidarme de la literatura. Aquí la palabra cumple una función esencialmente informativa, la de precisar o desarrollar aquello a lo que la imagen no puede dar expresión. Lo mismo que su estructura, una construcción a la vez sincrónica y diacrónica, pero esencialmente expositiva: a través del presente de un determinado país dar en lo posible testimonio de su pasado.
Yo no veo que vaya a desaparecer –dentro del horizonte hasta hoy imaginable- la prensa escrita, el periódico. Pero al igual que consultar en la red una obra determinada es perfectamente compatible con el libro impreso, es evidente que el blog de bloggers puede coexistir perfectamente con la prensa tradicional. Sus características y su función serán otras, porque también lo será su difusión, mucho más inmediata, mucho más próxima desde el punto de vista del lector. Lo que sí hará es cambiar de lenguaje, utilizar un lenguaje adecuado a estas nuevas características. Aunque no hay motivo para pensar que tenga un público distinto al que lee el periódico o lee novelas. O va al cine.

Luis Goytisolo (Barcelona, 1935). Escritor y académico. Fue candidato al Premio Nobel de Literatura en su última edición. Autor de la tetralogía Antagonía (1973-1981), compuesta por Recuento, Los verdes de mayo hasta el mar, La cólera de Aquiles y Teoría del conocimiento. Su última obra es Cosas que pasan (Siruela, 2009). http://www.luisgoytisolo.es/

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