16 nov. 2013

Sueños compartidos

Coca: Vista del castillo desde la muralla. Pilar González.
En una espléndida mañana de otoño nos dimos cita una vez más en la plaza del Arrabal de Arévalo, como casi siempre, para iniciar uno más de nuestros viajes. Un nutrido grupo de gente variopinta que no llegaba al centenar pero que fue capaz de conformar una caravana de vehículos, todos llenos, que llamaba la atención de los viandantes por su longitud y su inusual recorrido. El destino esta mañana de domingo y a esas horas era la Coca segoviana, la antigua Cauca romana, cuna de Flavio Teodosio, Teodosio I el Grande, emperador romano desde el 379 de nuestra era hasta su muerte. Allí, en Cauca, nos esperaba Víctor Magister, mitad segoviano mitad romano, y alguno de sus conmilitones en esta lucha que dura ya tiempo por difundir la Cultura, recuperar todo lo que se pueda del pasado de esa Comunidad de Villa y Tierra y compartirlo con los que quieran acercarse a esas fuentes del Saber que han dado origen entre otras cosas a Histarco.
El camino matinal nos mostraba en todo su esplendor una naturaleza feraz, plena de colorido. Ya vamos estando acostumbrados a movernos entre el Voltoya y el Trabancos con una cierta soltura aunque no nos acompañe Luisjo el de los Bichos, sus enseñanzas parece que han surtido efecto. Identificamos con relativa facilidad diferentes especies de árboles, algún que otro bichejo hermano y sobre todo, tenemos plena conciencia de nuestro lugar en este ecosistema pleno de piezas en biológico equilibrio. Los valles de los ríos muestran una vegetación diferente del llano. Ese conjunto de labrantíos, manchas de pinar, alamedas, masas vegetales, humedales y prados se suceden conforme avanzan los vehículos. Los pinares ya mostraban un buen número de visitantes en busca de los preciados hongos que como fruto otoñal nos ofrecen. Los níscalos, Lactarius deliciosus, siguen siendo los más buscados sin ser con mucho los más sabrosos. Son los más conocidos y reconocidos pero las delicias del bosque en forma de hongo son múltiples, ricas y variadas, pero eso es historia de otro momento.
Coca: Primeras explicaciones cerca de Las Pizarras. Juan A. Herranz.
Llegados a Cauca ya nos impresiona el aspecto del castillo, magnífico ejemplo de fortaleza artillada pero que parece de cuento de hadas. Hay veces que pienso que los de Disney vieron el Alcázar de Segovia y el castillo de Cauca antes de hacer todas esas películas de hadas y príncipes y princesas y brujas malvadas. Confieso que a veces resulta más atrayente una buena bruja que una dulce princesa. Tras una comprobación sobre el terreno de que éramos raros en cuanto a que nuestro objetivo no eran los Lactarius deliciosus, como la mayoría de visitantes, sino unas ruinas, piedras de otro tiempo, y que los lugareños dan un trato amable a los visitantes, hospitalidad se llamaba antaño, vemos que Víctor Magister y sus conmilitones han preparado la ruta. Faltan el Mancebo Diego y su chica que se incorporarán más adelante.
Y comienza nuestro viaje en el tiempo. Porque han de saber que nosotros cuando viajamos, además de recorrer distancias entre lugares lo hacemos en el tiempo. Hacemos “chas” y aparecemos en pleno Imperio Romano. Hispania ante nosotros y nos reímos de pueriles argumentos sobre los territorios que algunos manejan, no sin cierta mala intención. Restos de una mansión de un hombre poderoso de aquella época. Descubierta casi por casualidad y conservada casi de milagro. No parece que a muchos les interese que conozcamos nuestro verdadero pasado, el que dicen tanto los documentos como la arqueología. Mejor que el pueblo no sepa casi nada de nuestros orígenes y antepasados, resulta más manejable para esos argumentos viscerales y carentes del rigor académico que maneja nuestro cicerón de la Cauca.
Coca: En la domus de "Los Cinco Caños". Pilar González.
Con sencillez y precisión nos muestra el panorama de la sociedad de la época. Sin hacer demasiado esfuerzo vemos un cierto paralelismo con nuestros actuales tiempos; apenas diferencias, la Historia está repleta de historias casi repetidas, humanamente erróneas. Si acaso, existía entonces un mayor rigor y respeto por lo Público. Frente a nosotros bastantes siglos después la grandeza de un individuo que quiso dominar su presente y ganar la gloria. El tiempo y la Naturaleza se han encargado de borrar casi todos los vestigios de tan espuria grandeza. De lo que quede ya se encargan, en la mayoría de las ocasiones, las Autoridades de acabar con ello. De ahí esa lucha que Víctor Magister y sus conmilitones libran desde hace tiempo. Ánimo.
Después vino la visita a la villa romana, en mejor estado para mi gusto, que lo que ponen en valor. Luego la visita al cerro, intentando imaginar sobre el terreno, áspero, duro e incluso, por momentos, inhóspito, lo que sería la vida de aquellas gentes tan parecidas a nosotros mismos. Gentes que pretendían, como nosotros, vivir. Vacceos, Arévacos, Vetones, Godos, etc. En nuestro conocimiento aguas revueltas, enturbiadas, que Víctor Magister se encarga de asentar. En el fondo se van posando sus comentarios y la línea temporal va tomando forma precisa. Al tiempo vamos tomando conciencia de nuestra propia insignificancia, nuestra pequeñez. Desde hace miles de años en este mismo paisaje un diferente paisanaje lo ha ido ocupando y estercolando. 
Villa romana de "Santa Lucia" en Aguilafuente. Juan A. Herranz.
Siempre he pensado que sería interesante saber si también soñaban y con qué. Es cuestión para otro tipo de historiador, aunque puede que Víctor Magister lo sepa, tendré que hablarlo con él un momento que podamos. En la parte más accesible del cerro, el arroyo y la masa arbolada, las fuentes que manan y proporcionan el agua que da la vida. El modelo se repite. Qué buenas enseñanzas las que nos proporcionan estos maestros, más pedantes que nunca, pues aunque aquellos enseñaban a los niños la gramática yendo a las casas, estos caminan con los alumnos enseñándoles y compartiendo sus conocimientos.
Casi cuando estábamos terminando la visita, que podemos reiniciar en cualquier momento dada la cercanía de los lugares y la aproximación en el conocimiento de las cosas que estos maestros nos hacen, me vinieron al recuerdo consciente las múltiples preguntas que suelen plantearme algunas personas. Sobre los que frecuentamos estas correrías, acerca de lo que hacemos, nuestras razones o motivaciones. Me señalan igualmente lo heterogéneo del grupo, cada día más numeroso, conformando esa larga fila de vehículos que recorre los lugares entre el Trabancos y el Voltoya. Y otros cientos de preguntas de la más variada naturaleza, casi tantas como las personas que las plantean. Casi siempre doy la misma respuesta: "Vente y verás.".
Al pie del cerro de "El Tormejón" en Armuña. Juan Jesús Villaverde.
Pero el domingo, en ese preciso instante en el que recorríamos la llanura entre el Voltoya y el Trabancos, mientras viajábamos en la distancia y en el tiempo, me vino al magín la razón común que creo mejor define lo que hacen “Los de la Alhóndiga” en sus correrías. Compartir sueños. Somos gente que sabemos que soñamos, que disfrutamos con el misterio de lo sencillo, lo que tenemos más cerca. El sueño que compartimos es elaborado por todos y cada uno de los que participa en él. Es un sueño por construir. Ninguno sabe el resultado. No se necesita casi nada para participar de él. Tal vez, sea de algún modo indispensable un interés por la Cultura, así con mayúscula letra inicial, un amor por la Naturaleza, un respeto por el Hombre, consideración por el Pasado, curiosidad por el Saber, ganas de madrugar a veces y poco más. Pues aunque no tengas almuerzo las gentes que nos acompañan suelen compartirlo con el que nada tiene. Y soñamos despiertos, plenamente conscientes del sueño.
Fotografía de grupo al pie de "El Tormejón". Juan A. Herranz.
Esto les costará de entender a esos que no son capaces de soñar ni dormidos, cuando la parte consciente de la mente humana, libre de prejuicios, se libera y vuela libre como la de los hombres de hace miles de años. Soñando cosas que no conozco pero imagino.

Fabio López
Fotografías de Pilar González, 
Juan Jesús Villaverde y Juan A. Herranz

2 comentarios :

chispa dijo...

Y además, se va incorporando gente joven y curiosa de estas cosas, y creo que aciertan. No es nada fácil,... nada fácil, disfrutar de estas correrías con gente que te explique las cosas, y de forma multidisciplinar. Hay que aprovechar estas oportunidades, ahora que las tenemos.

Angel Ramón Gónzalez dijo...

Qué bueno eres Fabio, y además me has obligado a acudir al diccionario para conocer la segunda acepción de la palabra "pedante" que yo no conocía. En un principio pensé que podría venir del latín "pes pedis" = pié, por aquello de que había que subir a pié. Pero ya veo que procede del griego al igual que pedagogo.