20 jun. 2010

Reflexiones de un domingo

En esta cambiante mañana de sol y nubes de final de extraña primavera he estado paseando por Arévalo. Sentado ahora en mi mesa de trabajo veo con deleite las últimas instantáneas tomadas en el recién abierto castillo. Atractiva la placa conmemorativa recordando esas admirables palabras que le fueron inspiradas por nuestra entonces ruinosa fortaleza a don Miguel de Unamuno.
La apertura del castillo es un buen asunto. Ya, ya sabemos que no va a ser la panacea, pero todo ayuda. Y el castillo, nuestro castillo, es muy importante. Es un muy importante paso para ese mapa total del patrimonio y el turismo que buscamos en Arévalo.
Desde la torre, hoy, una fría brisa nos azota el rostro y os aseguro que refresca la mente azuzando a las recónditas ideas para que salgan, se desperecen y se muestren. La vista de nuestros ríos es magnífica. Y las torres, los campos y los pinares se dejan ver desde la imponente altura.
Y luego, después de un agradable rato, sigo con mi paseo hasta San Miguel. En la nubosa mañana merece la pena detenerse y contemplar la vieja torre salpicada en su base por esos restos pétreos de épocas oscuras que las leyendas atribuyen a Hércules el Grande, fundador de Arévalo.
Durante el paseo me asomo a ver la moderna muralla, inclinada, retorcida, doliente. Se queja, no me cabe duda. Debe ser enorme el sufrimiento a que está sometida visto la anormalidad de su estado. Los rumores de inminentes obras suenan de nuevo. Me pregunto si nuestro ayuntamiento en pleno ha considerado la posibilidad de derribarla. Ya a nadie le ha de caber la duda de que su enorme peso, y ninguna otra cosa, es el origen del problema. Podría ser que el coste económico del derribo fuera mucho menor que el de cualquier otra obra que pretenda hacerse para intentar quitarle ese evidente y terrible sufrimiento que padece.
Me pregunto si existe la más mínima seguridad de que las obras que se pretenden realizar solventarán el problema. Parece tratarse, por contra, del “sostenella y no enmendalla”. En fin, ya veremos. El tiempo, el tiempo futuro  nos aclarará este asunto.
Seguimos paseando por San Juan, por el Real, por Santa María o San Martín. Como digo, la mañana se presta a dar un paseo y nos permite hacer alguna que otra interesante fotografía.

Juan C.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Preciosa crónica de una mañana de domingo.