22 dic. 2016

La Historia (III)

La concentración falangista de 1944.
Colección de Emilio García Vara.
Sigue narrando Marolo Perotas en sus “Cosas de mi Pueblo” que «El 16 de mayo de 1944, con la concentración falangista más numerosa que ha visto Arévalo, se inauguró el monumento a los Caídos, erigido a la entrada del paseo, y en junio del 46 autorizó el ministro de la Gobernación el cambio de nombre de este parque, al que por acuerdo del Ayuntamiento, se dio su actual denominación. Está dedicado al famoso sabio español don Juan Ramón Gómez-Pamo, nacido en nuestra ciudad el 29 de agosto de 1846, hijo de don Nicolás y de doña Juana». 

Completa la somera biografía del insigne científico diciéndonos que «Hizo sus estudios en Madrid, y durante su afanosa vida desarrolló una labor vastísima, dedicada a la botánica y aplicada a las prácticas de Farmacia. Escribió obras tan admirables que aún sirven de texto en las Universidades. Fue autor de anales, formularios, manuales y otras infinitas publicaciones. Fue catedrático de la Facultad de Farmacia de Madrid, rector de la Universidad, académico de las Reales de Farmacia y Medicina, presidente del Colegio de Farmacéuticos de Madrid, consejero de Sanidad, senador del reino y otros delicados cargos que le acreditaron como uno de los primeros sabios de su época.
Falleció en Madrid el 7 de noviembre de 1913, y Madrid le rindió un merecido homenaje, dedicándole una lápida en la calle de Santa Isabel, esquina a la de Tres Peces, donde vivió y murió tan Ilustre vegetariano».

La cruz del "Paseo". Colección Alarde.
Fue en el año 1944 cuando se colocó en la entrada Norte del Parque la cruz que, durante muchos años, sirvió de punto de encuentro para un buen número de arevalenses jóvenes y adolescentes.

Algunos años más tarde, hacia 1954, y aprovechando el proyecto de elevación de aguas para el riego del Parque, empezó a proponerse la construcción de una piscina en aras de ofrecer alicientes a los posibles veraneantes.
Se sugería, también entonces, que se aprovecharan las obras de la futura piscina para realizar, en ese mismo espacio, pista de tenis, de baloncesto, zona de baile «a fin de que la gente joven, forastera y de casa, pasara el verano alegremente, pues hay que reconocer que ir todos los días al pinar resulta monótono».

El 15 de julio de 1956 «el señor Gobernador Civil, junto al alcalde don Lucas Gómez Fortado, tenientes de alcalde señores Rogero y Zurdo, concejales, jerarquías del Movimiento y diversas autoridades, se dirigieron al Parque Gómez Pamo, en cuyo recinto procedieron a la inauguración de las piscinas municipales e instalaciones, parte de las cuales aún no se hallan terminadas».

A principios de los años 70 del pasado siglo XX el Parque sufrió una nueva merma. Se decidió entonces realizar una pista de baile dotada de un pequeño quiosco o bar que daba servicio a las piscinas y a la recién construida “Pista de los Jardines”. De igual forma, un pequeño trozo de calle que quedaba sin salida se habilitó como espacio semiabierto, en que también se instalo otro pequeño quiosco en el que se servían chucherías para los niños y adolescentes que aún no estaban en edad de entrar a la pista de baile que, por otra parte, en sus primeros años  de su existencia era de pago.

Hacia 1975 la parte más meridional del Parque Gómez Pamo, que mantenía a duras penas una hermosa rosaleda sufre una nueva merma. Desaparece esta rosaleda en beneficio de la construcción de la conocida como “piscina olímpica”, así como nueva zona de vestuarios y de césped.

La tala de los olmos en los años 80.
Colección Luis José Martín García-Sancho
La década de los ochenta trajo una nueva desgracia, la grafiosis del olmo. Esta enfermedad atacó a la población de olmos de Arévalo y, según nos cuenta Luis José Martín García-Sancho en su blog arevaceos, en el Parque Gómez Pamo se talaron 123 olmos, «varios de ellos monumentales y sin signos de la enfermedad. Nunca sabremos si alguno de esos colosos podría haberse salvado con el tratamiento adecuado». Sigue su relato diciéndonos que «Contados los anillos de uno de los olmos más grandes descubrimos que tenía 423 años y que aún no presentaba los síntomas de la enfermedad. Cuando Cervantes escribió el Quijote el olmo ya estaba allí. Este olmo y alguno más ya existían en las huertas y jardines del convento de los Trinitarios cuando Fray Juan Gil marchó para liberar a Cervantes. Aunque mudos, fueron testigos vivos de la historia de Arévalo. Contando los anillos hacia atrás habríamos sabido, por ejemplo, el tiempo que hizo el año en que el monje Trinitario se fue a Argel, si fue un año lluvioso o seco, o si el invierno fue muy duro o benigno».

Foto aérea del Parque hacia 1975.
Dependencias municipales.
Por aquellos años también se realizaron algunas obras con muy poco acierto y menos criterio. Se quitaron bancos de los de respaldo, aquellos bancos que sirvieron a muchas pandillas de adolescentes para disfrutar de nuestros “Paseos”. Algunos de estos bancos se cambiaron por otros de diseño “vanguardista” sin respaldo y poco, muy poco atractivos, más bien feos. Se construyó en el límite oeste, el que da a la carretera de Palacios Rubios, un murete de hormigón cuyo fin, al parecer, era evitar que esa zona del parque pasara a formar parte de la carretera, y que minorará aún más la ya muy mermada superficie del mismo. Si la intención pudo ser buena el gusto del diseñador dejó mucho que desear. Al tiempo se arrancó por completo el muro vegetal de aligustre que delimitaba el parque con la carretera de Ávila y se derribó la antigua fuente circular existente en una de las plazoletas sustituyéndola por otra, también de hormigón. Por entonces se construyó una especie de invernadero, adosado a la tapia de la piscina cuyo resultado tampoco contribuyó en nada a disimular el resto de actuaciones de entonces.
Por último, la cruz, que había sido colocada en 1944 y que había sido punto de reunión de muchos arevalenses en sus años mozos, fue desmontada, reubicados los leones y remodelada la entrada norte.

El "Parque" en la actualidad.
Colección Juan C. López.
En los años siguientes, salvo añadir algunos columpios y otro mobiliario infantil del estilo, no tuvo lugar ninguna otra merma ni “mejora” hasta que, ya entrado el nuevo siglo, se construye una nueva piscina y se ocupan nuevas zonas del Parque para ampliar al recinto de estas, dejando la superficie actual del Parque Gómez Pamo en poco más de 1,20 Ha.

Y así hasta nuestros días, días aciagos en que el equipo de gobierno municipal ha tomado la decisión unilateral y en contra de la opinión de muchos vecinos de Arévalo, de comenzar una actuación nefasta que consiste en adoquinar el Parque convirtiendo este histórico espacio en una vulgar calle más de la Ciudad. Sí reconocer que han contado con el aplauso incondicional de algunos adocenados que justifican la barbaridad con el hecho de poder ir, a partir de ahora, en chanclas a las piscinas sin que se les metan las chinas ni la arena en los pies.

Concluimos aquí el recorrido por este espacio que completaremos en breve con la preparación de un documento que acogerá fotografías, planos y nueva documentación de este lugar que, como ya fue capaz de prever Marolo Perotas en los primeros años 50 del pasado siglo, no “iba a merecer los honores de parque”.
(continuará)

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