19 jul. 2015

Que digo yo, que...

Ta-ta-ta chán o ta-ta-ta chín... Que creo yo que sí, que esta vez va a ser la buena o por lo menos que nada quede por mi parte.
Llevo tiempo dándole vueltas al asunto y lo mismo es el momento. Aprovechando las circunstancias, el tirón y por supuesto las fechas en las que estamos, más o menos oportunas para un penúltimo intento en lo relacionado con la Biblioteca Municipal de Arévalo. ¡Ah, soy el encargado!
Les voy a hacer un poco de historia, eso sí, breve: se inauguró en 1987 con aproximadamente 4.500 volúmenes, gracias a un convenio de colaboración entre la Excma. Diputación Provincial de Ávila y el Excmo. Ayuntamiento de Arévalo. En aquellos momentos el local era más que suficiente, casi podría decir que grande. Sobraba sitio por todos los lados, o mejor dicho faltaban libros. Era frío y el horario de apertura era de 17.30 h. a 19.30 h.. Los libros ocupaban más o menos una séptima parte del local, la calefacción era escasa, mala y producía dolor de cabeza; la iluminación insuficiente, casi penosa. Pero era el principio y era lo que había.
Despacio, muy despacio, ya sabemos lo que es la Cultura en España, fue creciendo. Lentamente. Año tras año mejorando las condiciones, siempre despacio. Y así se pasaron muchas vicisitudes y altibajos que sería largo de contar. En algún momento recuerdo campañas de donación de libros para, poco a poco, ir rellenando las estanterías. ¡Qué tiempos! ¡Éramos muy pobres!
En un momento dado, el desarrollo fue acelerando, quizás la bonanza económica, y la Biblioteca comenzó a crecer, y crecer y crecer; pero al crecimiento exponencial en el contenido (me refiero al número de libros), le correspondía uno, no lineal sino nulo, del continente (me refiero al espacio para colocar los libros). Esto sin duda lleva al colapso del sistema.
De unos años a esta parte, y también debido al desarrollo de las nuevas tecnologías, lo que ha llevado también al incremento de donaciones, la Biblioteca se ha colapsado. Para meter un libro hay que sacar otro. Llevamos años haciendo equilibrios para aumentar el número de metros de estanterías, pero se ha llegado al límite. Hecho este que sin duda beneficia a bibliotecas de otras localidades de la Moraña, que incrementan sus fondos con nuestros descartes, pero que, por lo menos a mí, me produce mucha pena. Llevo pidiendo más espacio a todo el mundo unos años, pero nada, en su momento se les pidió tanto a Papá Noel, sí, Santa Claus, como a los Reyes Magos, en cartas certificadas y con acuse de recibo. Pero nada. ¡Que si quieres arroz Catalina!
En la actualidad, en la Biblioteca, así “a ojo de buen cubero”, puede haber unos 28.000 libros; pero lo que mucha gente creo que todavía no sabe, es que hay otros 4.300, más o menos, en la Biblioteca de Emilio Romero, correspondientes a la donación de parte de su biblioteca, debidamente registrados y catalogados, pero en “modo almacén”, en estanterías; así como otros casi 2.000, correspondientes a la donación de parte de la biblioteca del Doctor Torres, que promete más donaciones, debidamente registrados y catalogados, estos en “modo almacén”, pero en cajas. 
Llevo muchos años pidiendo más espacio para la Biblioteca, al menos cuatro alcaldes van ya, pero por unas cosas o por otras, nunca se puede. Y he de reconocer que prácticamente me había rendido. Sin embargo, últimos acontecimientos acaecidos en la Ciudad de Arévalo, me han abierto los ojos y la esperanza de nuevo, para hacer un penúltimo intento.
Y digo yo…si no es posible que aparezca alguno de estos estudiantes, jóvenes, preparados, emprendedores, con “másteres” o asimilados que pudieran elaborar algún proyecto para solucionar “lo mío”, me refiero al tamaño de la Biblioteca Municipal, que lo presente en el Excmo. Ayuntamiento, y quién sabe. Porque pudiera aprobarse y dotarse económicamente. El momento es inmejorable, el espectro puede ser amplio pues caben desde Decoradores, Interioristas, Diseñadores de Interiores, Interiores de Diseño, etc., pero no haríamos ascos a Aparejadores o Arquitectos Técnicos e incluso Arquitectos, Ingenieros o ese título tan bonito que siempre quise tener desde pequeño: Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, pues no en vano tenemos dos ríos y una playa o dos.
Junto al patrimonio Histórico, Arquitectónico, Gastronómico, Medioambiental, etc., creo que La Biblioteca Municipal también es un Patrimonio Cultural, que ya tenemos, que debemos valorar, y sobre todo conocer y usar para disfrutar. No sé, yo al menos lo pensaría y quién sabe si las fechas son propicias. Conviene pensarlo.
Alguien me dijo, que como último recurso se lo comentara a estos de “La Alhóndiga”, que por lo visto, aunque con mucho trabajo, consiguen algunas cosas, no sé. También me han dicho que, si quieres conseguir algo, es mejor que no se lo digas a ellos, que ni se lo comentes, porque basta que lo propongan ellos para que caiga en saco roto. No sé, ya digo que no sé qué hacer. Que conste que yo por lo menos lo he intentado.
¡¡¡Por Dios, qué envidia de las riberas del Arevalillo!!! Pero de la sana, ¿eh? No empecemos a liarla.
Agustín García Vegas (Chispa)
La Llanura número 72

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