31 jul. 2016

Una entrevista de 1969

En un desportillado cajón atestado de viejos papeles descubro una entrevista a mi padre, a la sazón alcalde de Arévalo,  del año 1969. La entrevista está mecanografiada sobre cuatro amarillentos folios, y se nota que el periodista tuvo que cambiar el carrete cuando iba por la tercera página porque la tinta se va desvaneciendo paulatinamente hasta que, tras un punto y aparte, las letras recobran súbitamente toda su negritud. Hay constantes tachaduras y correcciones, algunas a bolígrafo, y las hojas se encuentran unidas con un clip herrumbroso y una tarjeta de visita de Gerardo Muñoz Rodríguez, corresponsal en Arévalo de El Diario de Ávila, en la que se lee: “Querido Félix: Espero tu Vº.Bº. Va sin corregir. Gracias”. 
Dormía oculta junto a una pequeña fotografía realizada por Evencio Sanz, en blanco y negro, que retrata al corregidor en el despacho del Ayuntamiento junto al enteco  reportero, ambos elegantemente trajeados. Curiosamente, sin embargo, la fotografía lleva estampada en el anverso una fecha anterior, “enero 1968”, por lo que parece evidente que la imagen no se corresponde con esta entrevista, que repasa los acontecimientos del año 1969 y los proyectos en marcha. Preside la mesa consistorial una imponente fotografía del General Franco vestido de jefe militar, en la que se adivina su porte altivo y su fría mirada. El retrato del dictador está ligeramente vuelto hacia el fotógrafo y parece haber sido colocado así intencionadamente, para que presida la escena, ocultando incluso el teléfono de baquelita negro que queda escondido detrás del Caudillo, inaccesible para la mano del alcalde en caso de que este recibiera una llamada. Su presencia destaca por encima de la del entrevistador y la del entrevistado, meros personajes secundarios del cuadro. De hecho Franco es el único que mira a la cámara, pues tanto el periodista como el regidor bajan los ojos hacia un papel en el que el reportero escribe o finge escribir unas notas. 
El contenido de la entrevista tiene hoy un interés muy relativo, más allá de algunas curiosidades: Se habla por ejemplo de la construcción de un nuevo “Hospital Distrital que contará con las más modernas instalaciones” , de cincuenta y dos viviendas que están a punto de acabarse al final de la calle de los Descalzos y con las que “se solucionará bastante el clásico problema de la vivienda”, “de la restauración de las Murallas y de la Iglesia de Santa María”, del nuevo puente del Cementerio, cuya construcción “ya ha sido adjudicada en subasta por siete millones y medio”, de “la construcción de una nueva piscina en la parte sur del Parque Gómez Pamo; es decir, al final del paseo, que actualmente sirve de entrada de coches”, de “ la construcción de una pista polideportiva cubierta”, o de la conclusión de las obras de un nuevo “asilo de ancianos pobres”. Hay más información sobre el mercado de abastos, el matadero, la pavimentación de calles, el abastecimiento de agua corriente o el aumento de la potencia del alumbrado, e incluso se anuncia que “ante el aumento de la flota automovilista y como quiera que el aparcamiento es difícil, en particular en los días de mercado (...) dentro de poco tiempo habrá una guardia municipal de circulación”.  
Pero me interesa especialmente reproducir el siguiente pasaje de la entrevista por su rabiosa actualidad, que dirían los gacetilleros de la época:

  • Se ha hablado muchas veces de la Casa de la Cultura, ¿cuándo será abierta al público y su biblioteca puesta al día?
  • Una vez se realicen las obras precisas para ello se acondicionará la Casa de la Cultura y la Biblioteca Municipal (...)
  • Se dice que el Ayuntamiento para estos fines recibió una cantidad de un organismo oficial. ¿Lo empleará en esta instalación de la Casa de la Cultura?
  • El Ayuntamiento no ha recibido ninguna cantidad para la Casa de Cultura, aunque sí hubo promesas.
“Se ha hablado muchas veces de la Casa de Cultura”, interpela el periodista al munícipe ya en 1969. ¿No les suena? Cuarenta y siete años más tarde la asociación cultural La Alhóndiga sigue reivindicando exactamente lo mismo. Tantas cosas han cambiado tanto desde entonces que hoy Arévalo resultaría completamente irreconocible para alguien que hubiera permanecido hibernado o ausente todo este tiempo. Otras, ya lo ven, parece que no cambian nunca.
José Félix Sobrino

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