23 abr. 2015

Una infancia sin libros. (Cuando leer era malo).


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Cuando el amigo José María me invitó a participar en este ciclo de conferencias, lo primero que se me vino a la cabeza fue el popular soneto de Lope que comienza de esta guisa: “Un soneto me manda hacer Violante”. Y es que así me vi yo. De modo que remedando al imposible Príncipe de los Ingenios, para abrir boca, compuse este cuarteto: 

Un escrutinio me manda hacer Quirós 
y en mi vida me he visto en tal aprieto; 
pues, entre tantos libros la elección, 
chiripa sería si bien lo acierto.

Pasado el primer escollo, el aceptar el reto de escarbar en la República de libros y desechar los más y traer a la memoria los menos, me acerqué al Quijote, que nunca me falla, por ver cómo se podría hacer nada menos que un “donoso” escrutinio. Muchas veces había leído aquel título “Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo” con el que comienza el cap. VI de la 1ª parte. Pero, nunca me había parado a pensar qué significaba ese adjetivo que Cervantes aplicó a tal escrutinio. Una nota a pie de página en la edición del IV Centenario (RAE) dice que “donoso” es “gracioso”. Como me sabía a poco, acudí al diccionario como la Beatriz, de Benedetti, en Primavera con una esquina rota; a pesar de que ya se sabe que los diccionarios lo más que consiguen es crear más dudas y así se convierten en la novela más fabulosa que se haya creado. Una palabra te lleva a otra y como las cerezas y los libros la aventura por conocer e imaginar ya no te abandona. Te conviertes así en un Ulises bamboleado por las aventuras más insospechadas e interminables. 
Julio Collado.

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