18 ene. 2015

Subida a los Castillejos

La primera parada antes de iniciar el ascenso.
Si no estaba claro que Juanje y yo mismo somos los más aventureros y que, por naturaleza, necesitamos descubrir nuevos territorios para satisfacer nuestro afán por conocer mundo, hoy ha quedado meridianamente claro.
A las 8:45 en punto, ni minuto antes ni minuto después, salíamos de la muy noble, ilustre, leal y humanitaria camino de la muy amurallada ciudad de Ávila. La cita era a las 10:00 en el lugar en el que, según cuenta una leyenda de dudoso fundamento, la de Ahumada sacudió las zapatillas.
A las 9:40 en punto estábamos allí. Éramos los segundos en llegar de forma que, luego de presentarnos a nuestros guías dejando constancia de nuestra presencia, nos marchamos a tomar un café al cercano bar.
Entre el primer y el segundo recinto.
Volvimos. Saludamos a los asistentes que iban llegando.  Algunos conocidos, algunos, también, de Arévalo.
Un corto viaje en coche de unos 25 minutos nos lleva hasta la finca del Cid en Sanchorreja. Dejamos en este lugar los coches y comenzamos el paseo que nos va a llevar al cerro amesetado en el que se encuentra el castro. Primeras explicaciones. Qué vamos a ver, quiénes hicieron las primeras excavaciones…
A poco de iniciar la marcha nos adelanta un tractor con su correspondiente remolque. En él, algunos de nuestros compañeros de excursión, se han subido y realizan parte del trayecto cómodamente sentados en las “pacas” de paja que van a servir de alimento a la manada de vacas que pastan en los prados.
El vértice geodésico.
Al pasar cerca de ellas comentamos que al ser un grupo numeroso las vacas no se atreven con nosotros. Otra cosa sería si fuéramos solo tres o cuatro. Seguramente, en ese caso, seríamos nosotros los que no nos atreveríamos a pasar por allí.
Al poco iniciamos ya la subida. Al principio subimos conversando animadamente, pero la cuesta, cada vez más pronunciada hace que poco a poco la charla se vaya tornando en jadeos sibilantes.
Por fin llegamos casi arriba. Se nos muestran el primer y el segundo recinto. El amurallamiento no es como los de Ulaca, Cogotas o La Mesa. Las puertas tampoco. No hay esviajes.
Las vistas son magníficas. El día es soleado y la temperatura es agradable.
Pasamos por los restos de las tres excavaciones que se realizaron en los años 80. En la última, Jesús, nuestro guía, nos indica que vamos a acercarnos al lugar en que puede que estén los muertos, la posible necrópolis.  Es aquí, precisamente aquí, cuando uno de los alumnos, el típico listillo “gafapasta” pregunta: “¿No hay aquí un resto de una posible torre, según he leído?”.
En la necrópolis.
El guía, con deferencia, le contesta: “Bueno, primero vamos a la necrópolis y luego si eso, ya vemos el posible torreón”.
La zona de la necrópolis está dividida en dos espacios separados hoy por una alambrera o valla metálica que hace como de puertas al campo. Jesús nos da cumplida información sobre lo que pudo ser el crematorio y el cementerio. No aparecen huesos en las fosas, solamente restos de cerámicas rotas y siempre incompletas y cenizas.
Al fondo el Zapatero, la Cancha Morena y el Risco del Sol.
Algunos aprovechamos para comer las viandas que hemos llevado para el almuerzo. Comentamos Juanje y yo que tenemos que formalizar el acuerdo entre la Plataforma por la Defensa de la Cultura con Almuerzo (PDCA) y Castellum. No nos pueden dar más de las 12:00 de la mañana sin haber almorzado.
Regresamos al recinto del castro y el guía, junto con algún que otro rezagado comen sus bocadillos. Muy tarde almorzaban estos pre-vettones.
Comenzamos el descenso. Disfrutamos, ahora de frente, de las excepcionales vistas.  Las formaciones rocosas nos muestran sus caprichosas formas.
La esfinge caballera
Llegamos por fin abajo. Nos despedimos hasta la próxima de casi todos. Aún debemos llegar a los cuatro postes. Allí ,ya sí, nos despedimos definitivamente de José Luis y del resto de amigos que han asistido a la excursión.

La visita ha sido estupenda. Volveremos a vernos, no os quepa duda.

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