Maruja Mallo
Heterodoxa y olvidada. Irreverente. Libre. Transgresora. Podríamos seguir añadiendo adjetivos sin encontrar el que identifique a una mujer muy por delante de su tiempo tanto en biografía como en obra. Inquieta e intimista, seductora y reflexiva. Maruja Mallo, indefinible, se postula en el arte gracias a los vínculos con la vanguardia tras su ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Allí conoce a Salvador Dalí de quien heredará ese surrealismo en el que se ha tratado de encuadrar su obra, y con quien comparte una personalidad arrolladora que se manifestaba en la continua provocación. Él la define como “mitad ángel, mitad marisco”. Coincide con el pintor de Figueras en la Residencia de Estudiantes, donde entabla amistad con Pepín Bello “El artista sin obras”, el cineasta naturista Luis Buñuel o Federico García Lorca. Mantuvo una relación tormentosa con Rafael Alberti, lo que no impidió una magnífica colaboración entre ellos, como el decorado que la artista ...