28 jun. 2014

Las prisas no son buenas

Las prisas para casi nada suelen ser buenas. “Vísteme despacio que tengo mucha prisa” dijo el rey. Un rey de los de cuento, no vayáis a pensar. 
Sorprendente cuando menos, nos ha resultado a todos la prisa que han tenido nuestros responsables municipales en el montaje del contenedor que han dado en llamar “Arevalorum”. A poco de registrar, por parte de nuestra Asociación Cultural, la petición de llevar a cabo la que consideramos muy necesaria Casa de la Cultura de Arévalo, se dio orden inmediata de llenar el lugar a toda prisa,  aún a pesar de que nos consta que no tenían ninguna intención, al menos de momento, de volver a abrir el “museo”.
Y decimos que nos ha resultado sorprendente ya que no hemos visto nunca tanta prisa en, por ejemplo, adecentar un poco el que es el cine-teatro “Castilla”. Solo hay que acercarse un poco allí y podremos apreciar en toda su plenitud la suciedad, dejadez y desidia que rezuma el lugar. Los cristales sucios, los dinteles de las ventanas polvorientos, las cortinas y persianas interiores en estado lamentable, el edificio en general presenta un aspecto cercano al abandono.
Y qué decir del interior. Las paredes manchadas de chorretones de agua procedente de las múltiples goteras, los techos sucios, llenos de desconchones y de colgajos de pintura. Curiosamente en una de sus fachadas luce un cartel en el que se nos informa de una inversión de 50.000 euros a través del Fondo de Inversión Local y que se hizo hace tres o cuatro años, todo lo más. Podían haber utilizado algo de esa inversión en quitar los manchones y la suciedad y haber adecentado de forma mínima ese espacio cultural.
No hemos visto ninguna prisa en atender las necesidades mínimas que precisaba un edificio de la importancia  del antiguo colegio de los jesuitas. Es este un lugar que, a poco que te imagines, podría haber acogido desde un verdadero Museo de Arévalo, pasando por una Biblioteca en la que tendrían cabida los libros que contiene la actual más los existentes en la llamada de “Emilio Romero”, por cierto, cerrada y sin uso alguno, hasta cualquier tipo de espacio dedicado a la enseñanza en cualquiera de sus facetas entre muchas otras posibilidades.
Es este un edificio que solo necesitaba una mínima atención de forma periódica. Revisar cada dos o tres años el estado de las cubiertas, procurando que no aparecieran las temibles goteras, hubiera bastado.
Nuestros responsables municipales nunca tuvieron la más mínima prisa en que esto se hiciera. De hecho en el “Corralón”, que sepamos,  nunca se revisaron esas goteras. Al final ocurrió lo que nos temíamos: en octubre de 2013, en plenas “Edades del Hombre”, las cubiertas de tan histórico colegio comenzaron a caerse.
Tampoco nos parece que hayan tenido nunca ninguna prisa en preocuparse por el estado en que se encuentra la vieja casa de los caballeros Altamirano. Es esta una casona situada en la calle Larga, a escasos cincuenta metros de la plaza del Arrabal. Es propiedad, al igual que el cine “Castilla” y el colegio de los jesuitas,  del Ayuntamiento de Arévalo. Y al igual que los anteriores nunca, que sepamos, se han preocupado de revisar en qué estado estaban las cubiertas. Hoy la casa está en ruina. Es uno de los muchos inmuebles públicos que ya no sirven para nada.
Como para nada sirve la vivienda existente en la calle Santa María, al lado justo de la tapia del Palacio de los Sedeño, también conocido como del Marqués de los Altares. Es un edificio que le fue donado hace algunos años al Ayuntamiento y es, por tanto, propiedad de éste. Nunca ha habido prisa por preocuparse de él. Hoy es otro inmueble municipal en avanzado estado de ruina.
Tampoco les hemos visto nunca con prisa por adecentar los entornos del puente de los Barros, ni la entrada oeste por el puente de Medina. Ni de limpiar las cuestas del Paseo de Poniente, ni tampoco las de Foronda.
Nunca han tenido la más mínima prisa en determinar qué es lo que se perdió en el famoso asunto de los documentos del Archivo. Los que no se destruyeron se llevaron a una nave. No manifiestan ninguna prisa en trasladar lo que queda a un sitio seguro y que alguien pueda ordenar, catalogar y poner a buen recaudo ese patrimonio documental.
No se les ve que tengan ninguna prisa casi en nada. Por eso no ha dejado de sorprendernos tanta premura en ocupar un espacio que debería llevar ya tiempo siendo una Casa de la Cultura en la que asociaciones culturales y juveniles pudieran desarrollar actividades que beneficiarían, no os quepa ninguna duda, al lugar y a  todo su entorno. No deja de sorprendernos tanta prisa en llevar adelante algo que, como tantas otras veces, no sirve para nada.
Y mientras tanto, las basuras se acumulan en el puente del Cementerio que sigue siendo el mayor y más vergonzoso de los estercoleros que tenemos en Arévalo.
Juan C. López

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