28 feb. 2013

Algunos dichos famosos

En el número 36, del mes de mayo, de La Llanura, nuestro colaborador José Félix Sobrino, en su “escrito” o “artículo” o “articulillo”, que tituló “ESTO NO ES UN ARTÍCULO”, me citaba aludiendo la objeción que le había hecho acerca de que no era a Felipe II, sino a Fernando VII al rey que le facilitaban la posibilidad de hacer las carambolas cuando jugaba al billar.
Esta alusión ha dado pie a que me decida a comentar algunos dichos famosos de nuestro idioma, tratando de explicar el porqué de esas frases.
CARGAR CON EL MOCHUELO: Parece ser que esto viene de una ocasión en que dos mozos, uno andaluz  y gallego, el otro, entraron en una venta y pidieron cena al posadero. Éste le hizo saber que solamente quedaban una perdiz y un mochuelo. El andaluz, con su gracejo, le respondió que trajese ambas piezas y ellos se encargarían de repartirlas. Cuando el mesonero les sirvió, el andaluz le dijo al gallego: “Elige amigo, o te comes tú el mochuelo y yo la perdiz o yo me como la perdiz y tú cargas con el mochuelo.”
Ante esta alternativa, el ingenuo gallego apechugó con el mochuelo. El dicho se utiliza para juzgar cualquier trabajo o asunto difícil que recae sobre alguien en contra de su voluntad.
HERRAR O QUITAR EL BANCO: Parece ser que la frase viene debido a que un herrero instaló los útiles de trabajo en la calle de su pueblo, pero después no ejercía el oficio, mientras los aparejos entorpecían el paso de los ciudadanos. Fue tal la indignación de los vecinos que, al final, obligaron al artesano a herrar o quitar el banco. Actualmente utilizamos esta frase para obligar a una persona a cumplir con los deberes de su cargo o renunciar a él.
NO HAY TU TÍA: En la medicina antigua, con la fundición y la purificación del cobre se conseguía un ungüento que tenía grandes virtudes curativas para ciertas enfermedades oculares. Este medicamento, llamado tutía o atutía, llegó a tener gran prestigio. Cuando faltaba no había posibilidad de cura. Eso dio lugar a que, aunque de manera deformada, se acuñara la expresión no hay tu tía, para venir a decir que algo, por su dificultad u obstinación, es imposible y no tiene remedio.
He dejado para el final una frase que es propia de Arévalo. Los arevalenses que tenemos poco pelo o peinamos canas, cuando en un partido de fútbol, como ocurrió hace unos días, en la final de la Eurocopa, uno de los dos equipos consigue muchos goles decimos esta frase:
OTRO GOL SEÑOR ALEMÁN: Bien, voy a explicarme. Hace ya bastantes años, allá por 1940, aproximadamente, un equipo de fútbol arevalense acudió a Ávila a jugar un partido contra un equipo abulense. La superioridad de los de la capital fue tan abrumadora que golearon a nuestros paisanos con un contundente nueve a cero. Se daba la circunstancia de que el portero que “defendía” nuestra meta era un alemán, que residía en nuestra añorada Fonda del Comercio. Al encajar el noveno gol el público que se encontraba cerca de la portería coreaba “otro gol señor alemán”. Lo curioso fue que Juanito, así le llamaban al muchacho, aunque su verdadero nombre era Johan, al incorporarse, tras recoger el balón, levantando el dedo índice se dirigió al público con simpatía exclamando: pero falta uno para “dies”.
Espero no haber aburrido a nuestros lectores. Hay muchos más dichos de nuestra rica lengua castellana. Habrá tiempo para seguir contándolos. ¡Ah! una cosa, si algún lector no está de acuerdo con algo de lo que aquí se ha expuesto, las páginas de La Llanura están a su disposición para facilitarnos las rectificaciones oportunas. ¡Gracias!
Julio Jiménez Martín

25 feb. 2013

Premios "Amigo de Madrigal"


Los premios “Amigo de Madrigal” se entregan a las personas, instituciones o colectivos que hayan llevado a cabo labores para el desarrollo, difusión y promoción de Madrigal de las Altas Torres.
Los premios en esta edición han sido concedidos a:
-La página web de Madrigal www.madrigal-aatt.net
- Mari Carmen Madrigal.
- A título póstumo a Florentino García Calvo.

Página web de Madrigal, www.madrigal-aatt.net: La página fue fundada en el año 1998 por Paco González y Ana Zurdo.
Con una media de visitas en los últimos dos años de 400 visitas diarias y 10.000 al mes.
Han contribuido a engrandecer Madrigal por ser un punto de encuentro para todos los madrigaleños.
La página web es fuente de información de nuestros acontecimientos actuales e históricos y difundirlos por todo el mundo.  Da a conocer nuestro pueblo a través de Internet, convirtiéndose en el mayor punto de información turística de nuestra villa.
Uno de sus mayores logros es que fomenta la colaboración y participación de todo el mundo en esta página.

Mari Carmen Madrigal: Nació en Madrigal de las Altas Torres. Comenzó a ejercer a los 14 años de edad, y cuatro más tarde fundó su primer salón.
En la actualidad es propietaria de 9 salones dedicados a la peluquería, belleza y perfumería, todos ellos situados en las mejores zonas de Madrid y dirigidos a un público exclusivo.
Todos sus salones de belleza llevan el nombre de su querido Madrigal.
Considerada una gran profesional, es muy solicitada en publicaciones internacionales de peluquería y belleza, desfiles de Moda y diferentes publicaciones de moda y belleza.

A título póstumo, Florentino García Calvo: Nació en Madrigal de las Altas Torres en 1942, Alcalde de la villa durante 15 años y Diputado Provincial durante 12 años.
Promotor de grandes cambios y reformas en el desarrollo urbano y social de Madrigal.
Defensor de los valores patrimoniales de la Villa e impulsor de grandes obras de restauración en sus monumentos más emblemáticos.
Florentino García Calvo, realizo un magnífico trabajo de difusión de la villa de Madrigal y de personajes históricos como Isabel la Católica, Tata Vasco y Fray Luis de león, potenciando lazos de unión con poblaciones como Benimodo o Pátzcuaro entre otras.
 Fue procurador de las Cortes de Castilla y León, y murió en accidente de tráfico al regreso de una Comisión de las Cortes en 1996.

La entrega de los premios será el día 15 de junio.

24 feb. 2013

La calle Eulogio Florentino Sanz


Esta calle de ciento ocho metros de larga, tres cuarenta de ancha y habitada por ochenta y siete personas, tiene su entrada por la plaza del Arrabal y desemboca en la plazoleta de las Tercias Reales, así llamada, porque en el siglo XVII, el Duque de Osuna, recibió de sus colonos la renta en especie y en tres partes, dos de trigo y una de cebada que cuidadosamente guardaba en el panerón de su propiedad, del que sólo se conserva el chaflán de la barroca portada que da acceso a los corrales de la posada de la Ciega.
Algunas de las construcciones de esta calle datan del segundo tercio del siglo XVI, y para luces y aislamiento de las casas medianeras, los propietarios, dejaron dos callejones mezquinos y estrechísimos que los vecinos denominaban abanciques porque por ellos, se avanzaba, y tenían razón, para ir desde la plazuela del Salvador al barrio de la judería, de cuyos abanciques le viene el primitivo nombre a tan florida y pasajera calle. Respetemos la ortografía de aquella dilatada época.
Todavía podemos apreciar uno de los abanciques en el hastial izquierdo de la casa que en 1925, mandara levantar don Gerardo Palomo. El otro salía frente a la iglesia del Salvador, pegado a la cantina del Maragato; los dos, eran tan sórdidos y quebrados que los enemigos de la moral y de la higiene los convirtieron en vertederos de inmundicias, y los pilluelos y raterillos, en escondite de sus maliciosas y punibles fechorías.
Para impedir aquellos vergonzosos focos de infección y por iniciativa ―según tenemos entendido― de don Eusebio Sanz, abogado y padre de Eulogio, el año de 1840 fueron cerrados a la vía pública por medio de puertas de madera, quedando sin salida el pasadizo que da a la silente y encuestada plazuela de Don Justo.
Poco después de condenar los originales abanciques, don Eusebio, viudo, desconsolado y taciturno, marchó a Madrid, y su hijo Eulogio a Salamanca a cursar en la Universidad las leyes, bajo la protección de su tío, el excelentísimo señor Sánchez Notario, a la sazón, ilustre canónigo de la catedral charra, ocupando la deshabitada casa, la reputada y por extremo sencilla familia de los señores Bernal, en cuya histórica mansión, inscrita con el número once en nuestro nomenclator callejero, abrió los ojos a la luz del día, don Román  Martín Bernal, hombre cariñoso y bonachón, quien por afabilidad y honradez, más que por sus méritos político-sociales, llegó a ser presidente de la Diputación de Ávila, Gobernador de Valladolid, jefe superior de Administración Civil y director general de Política y Beneficencia. Militó en el partido conservador, atendió metódico y reflexivo las quejas de nuestro pueblo y murió modestamente en Madrid una tarde otoñal oscura y paupérrima del 1910.
El año de gracia de 1846, en el local donde se halla la tasca de Pantalones, catorce varones, curiales en su mayoría, fundaron la “Sociedad de Amigos”, más tarde titulada “Casino de Arévalo” que viejo, descolorido y mustio se acurruca en un rincón del caserón de los Cárdenas en la plaza del Salvador.
Setenta y dos años después y en el mismo local bebestible, se celebró con un animadillo baile hortera-modisteril la unificación de la Sociedad Obrera de Oficios Varios con la Asociación de Dependientes de Comercio e Industria, desaparecidas fulminante y arrolladoramente por la generación del 36.
En el número 16 de la artesana calle, nació del 30 de marzo de 1924, Félix de la Vega.
No está en nuestro ánimo hacer de la vida taurina de este popular paisano el más ligero e intencionado comentario, aunque no dejamos de reconocer que es el único torero arevalense que, hasta hoy, ha vestido el traje de luces, alternando con novilleros punteros en plazas de alguna categoría y recibiendo en sus actuaciones las broncas y las ovaciones propias de esta clase de espectáculos.
El Ayuntamiento de 1910, para honrar la memoria de nuestro romántico e inspirado poeta, puso a esta vía el nombre de Eulogio Florentino Sanz, colocándose con tal motivo las chapas de rigor en las fachadas de los edificios extremos.
Dos lustros después las fachadas fueron revocadas y, como nadie se preocupó de volver a fijar las consabidas chapas, las clases menos ilustradas, prontas a olvidar lo bueno, siguen conociendo la arteria por el nombre antiguo, y los forasteros, aún más desconocedores de la selecta intelectualidad de nuestro destacado vate, la denominaron de las Funerarias, sin duda porque en las primeras décadas del siglo en curso había dos establecidas, la de don Pablo Pérez, que pasó a la reserva y la de la señora viuda de Lino Tovar que todavía presta sus tétricos y escalofriantes servicios; en cambio para los que gustamos de evocar prestigiosas figuras y hechos notables, aunque la calle carezca de chapas, el nombre de Eulogio perdurará en el espíritu de todo arevalense medianamente instruido.
La biografía de Eulogio es harto conocida pero un deber de admiración y respeto nos obliga a recordarle aunque sea a grandes rasgos.
Eulogio Florentino Sanz no nació en la calle a él dedicada sino en la plaza del Real, el día 11 de marzo de 1822.
Este ilustre arevalense de fama universal, esta lumbrera de las letras españolas a cuya muerte lloraron las musas como hecho irreparable, falleció en Madrid en el número 25 de la calle de Luisa Fernanda, el 29 de abril de 1881.
Cosas de mi pueblo. 
Marolo Perotas. Año1952

15 feb. 2013

La Llanura número 45


Ya podéis recoger en los lugares habituales de Arévalo nuestra revista mensual La Llanura número 45.

Como siempre, a lo largo del día, se enviará en formato digital a nuestros suscriptores y se colgará en nuestras páginas para su lectura y su descarga.

En PDF

En SCRIBD

7 feb. 2013

¿Viaje al futuro?

Pulsa play para escuchar la canción         
          
      Amaneció un día claro de invierno. Una mañana fría, limpia y despejada. La propuesta de Luisjo resultaba sugerente como siempre. Nos había propuesto un viaje al pasado. Aquí cerca de Arévalo como en otras ocasiones. En Domingo García para visitar unos petroglifos del Paleolítico y alguna sorpresa más. Nunca agradeceré lo suficiente a este amigo los paraísos que nos descubre, cercanos pero sorprendentes, a los que podemos volver, una vez conocidos, siempre que queramos.
         Hace tiempo que dejamos de contar pues descubrimos que no es el número o la cantidad lo que importa, pero he de reconocer que esta mañana había muchos rostros nuevos, muchos, y eso es de agradecer. Los piltrafillas, en número suficiente, nos aseguraban un buen número de fotos. Tengo que reconocer que ya no lo hacen nada mal, incluso con un poco más de esfuerzo y dedicación aprenderán algún día a hacer fotos, digamos que decentes.
         Junto con las máximas autoridades, el señor Presidente y mister Chisp, nos acompañó un individuo de una especie que si no está protegida habría que solicitar su protección. Son de esa especie que cada día resulta más difícil encontrar y no resulta extraño que digan que se hallan en vías de extinción. Comparten sus conocimientos y aportan un equilibrio y serenidad al grupo que yo cada día valoro más. Debe ser que estoy envejeciendo.
       La ya tradicional comitiva, pues son ya unas cuantas las excursiones, correrías, andanzas, salidas o como cada cual quiera denominarlas, se puso en marcha. Algo hemos mejorado, cada día nos resulta menos complicado formar una fila india. Durante el camino intento retener el recorrido para cuando quiera hacerlo por mi cuenta o quiera enseñarlo a alguien. Y cuando estamos a punto de llegar a nuestro destino ya destaca en la llanura una elevación. No resulta extraño que la denominen Cuesta Grande, pues el hombre antes estaba provisto de un sentido común que le permitía poner nombres a las cosas de forma sencilla, casi evidente.
         Durante la ascensión del otero ya se apreciaban los primeros síntomas. El lugar me pareció mágico. Recordé lo que el maestro Arribas suele decir de lo de las fuerzas telúricas y aquí en la Cuesta Grande, se puede apreciar en primera persona. A los vestigios del Paleolítico se le han sumado otros de épocas más recientes lo que explica la especial atracción que a lo largo del tiempo ha despertado este otero en los hombres.

     Me explican que el hombre comenzó habitando las zonas más altas, protegidos de los miedos que suponían las zonas boscosas. Eran unas épocas en las que sus miedos, los de la especie humana, eran mayores que sus seguridades. No es de extrañar que en este caso así sucediera pues pisando los enormes bloques de pizarra que emergen en medio de la llanura, no resulta difícil imaginar el paisaje pretérito, el que esos hombres habitaron. Rodeados de frondosa vegetación allí en las alturas se encontrarían más seguros. Buscando el calor del sol en una mañana como ésta en la que nosotros visitamos su asentamiento. Fascinados tal vez por las fuerzas de una Naturaleza de la que formaban parte. Desde lo alto se divisa toda una extensa llanura alrededor, hoy de labrantíos antaño de bosque feraz y plagado de alimañas. Su huella, la que han dejado grabada en las pizarras poco tiene que ver con las más recientes que recuerdan a las quintas de los mozos de los pueblos. Ellos lo hacían para que la caza, su sustento, fuera pródiga en éxitos. Como señal de admiración a esos enormes animales a los que pese a temer y respetar consideraban hermanos. Ello, el Yo y el Superyó no eran conocidos, imagino, y el egoísmo individualista no había aparecido sobre la faz de la tierra. Era el Clan, la Tribu, el Grupo el que verdaderamente importaba, y en caso de tener que elegir entre la vida de un individuo y la de otro, era una cuestión de instinto de supervivencia no de maldad.
         Con el paso de los siglos fueron los humanos utilizando el cerro de forma similar a sus antepasados, solo que introducían modificaciones según evolucionaba la sociedad que conformaban. Enterramientos escavados en la roca viva o la construcción de una ermita. Todos ellos -petroglifos, tumbas, ermita- con una misma orientación: mirando al sol naciente. Por eso puedes ir ahora a la Cuesta Grande, sentarte sobre los enormes bloques de pizarra y mirando a oriente sentir la magia del lugar. Un tiempo a solas para encontrarnos a nosotros mismos. Para plantearse esas eternas preguntas vitales que cantara Siniestro Total: ¿Quiénes somos?, ¿De dónde venimos?, ¿A dónde vamos?...Olvidarte de todo lo que sabes, crees o intuyes. Realizar un ejercicio de regresión al hombre prístino, el que era parte de la Naturaleza y no el que ahora se cree dominador de cuanto le rodea. Sentirás la admiración primitiva por el milagro del nuevo día. También los miedos que pueden provocar las tormentas, con truenos y relámpagos. Pero sentirás un enorme peso sobre tus hombros, el que te hace comprender tu ínfima condición humana en este Universo.
Cuando tuvieron que abandonar la ermita cuyas ruinas hoy contemplamos, mientras analizamos la forma de construir aquellos edificios, los materiales que empleaban, su orientación y todo cuanto el grupo que me acompaña tiene a bien desmenuzar, explicar con paciente pedagogía hasta su correcta comprensión; dicen, que los que allí tuvieron que abandonar el templo hablaron con su dios y que el eco de sus palabras aún resuena cuando el viento sopla con fuerza sobre el otero desprotegido. Me han contado los que lo han oído que es un rezo u oración, monodia de desconcierto: “Si nuestro Dios es el verdadero, ¿por qué nos ha abandonado?”.
Puedes también acercarte con tus hijos, si los tienes, pues no hay peligro para ellos. Visitar un lugar donde poder observar, en primera persona, cómo desde hace 15.000 años y a lo largo del tiempo han ido quedando las huellas del paso de los hombres en ese cerro. Aprenderán sobre la fugacidad del tiempo. «Tempus fugit, sicut nubes, quasi naves, velut umbra», tal vez les diría el Querubín que sabe latín o algo parecido.
Me cuentan que cuando los Romanos llegaron a la Península Ibérica vinieron provistos de más seguridades que miedos y por eso abandonaron los cerros y bajaron las gentes a vivir en los valles, junto a los ríos y ya roturaban los campos con afán de extender sus cultivos todo lo que pudieran. Esto, claro está, puede ser cuestionado por quien lo crea oportuno. En este grupo multidisciplinar hay una única cosa cierta, todo se puede cuestionar, argumentando convincentemente lo que cada cual quiera. Hace falta por cierto un Geólogo. Pudimos comprobar que las dudas que se despertaron en un momento dado solamente pueden ser resueltas por un experto. Será generosamente recompensado. Como todos los demás lo son por otra parte.
De regreso al valle, como los romanos, paramos en Ortigosa del Pestaño. La comitiva, que no me extraña que algunos califiquen como subversiva, se detuvo para contemplar los postes que sirvieron para llevar el progreso de la luz por aquellos pueblos. Visita a la estación de tren abandonada por donde pasan unas vías a las que han quitado traviesas y raíles, mientras no muy lejos de allí discurre la flamante vía del AVE, ejemplo de estulticia de una España no muy lejana, la de aeropuertos sin aviones y trenes tan veloces que no suben los viajeros. Trenes que recorren cientos de kilómetros de tierra abandonada. Campañas publicitarias para que las gentes tengan a bien subir a tan raudos trenes: “¡Que me lo quitan de las manos!”,” ¡Barato, barato!”. Metáfora trágica del Progreso y el Abandono. La del Desarrollo y el Despoblamiento. Hemos perdido pan y perro que diría mi abuelo.
La lluvia amarilla, que escribiera Julio Llamazares, borra los recuerdos. Pero nosotros todavía nos resistimos a olvidar unos recuerdos de tiempos pasados, de cuando el fuego unía más que la amistad y que la sangre. “Las palabras servían, como siempre, para ahuyentar el frío y la tristeza del invierno.”, dicen que sucedía en aquel tiempo. Tiempo de hombres primitivos pero firmemente enraizados en la Naturaleza.
Por eso el domingo, tuve la sensación de viajar a la vez al Pasado, como había propuesto Luisjo y al Futuro. El futuro de una llanura transida de dolor por el abandono y transitada por veloces trenes que pese a ello no alcanzan la velocidad de la estupidez humana actual. ¿Evolución? ¿Desarrollo? ¿Progreso? Permítanme que dude mientras espero que aparezca un geólogo. Nos hace mucha falta.
        Fabio López

2 feb. 2013

El Honrado Concejo de la Mesta

Originalmente fueron reuniones o "Mestas" de pastores para hacer juntos el camino, ordenar las salidas y tránsitos por las vías pecuarias. Las Mestas estaba basadas en pactos de palabra. El interés común hizo que fueran apareciendo unos mecanismos de funcionamiento democráticos e igualitarios. De éstas Mestas nació, en 1273, el Honrado Concejo de la Mesta, creado por Alfonso X el Sabio, para favorecer la industria lanar y textil que estaba en auge. Fue completado jurídicamente por los Reyes Católicos, recogiéndose las leyes en el Libro de Leyes y Privilegios de la Mesta de 1489 y en la Recopilación de Leyes de la Mesta de 1492. Esta protección Real se debía a que la lana era la principal fuente de ingresos de las arcas del país.
El monopolio castellano de la lana, "el vellón", contribuyó a sufragar en primer lugar la Reconquista, también los viajes de Cristóbal Colón y el descubrimiento y conquista de América. Muchos de los gremios que participaban de las ganancias de la Mesta, contribuyeron a pagar las grandes edificaciones civiles y religiosas de las ciudades.
La Mesta fue abolida, con todos sus privilegios, por la reina María Cristina, en 1836, siendo integrados sus ganaderos en la Asociación General de Ganaderos del Reino.