24 sept. 2011

Algunos molinos en el cauce del río Adaja

En un pequeño librito publicado por Piedra Caballera, cuyo título es Rutas Mágicas por los Pueblos del Adaja y cuyo autor es Jesús M. J. Sanchidrián Gallego, encontramos una detalladísima descripción de algunos de los molinos harineros más interesantes que podemos encontrar en el cauce de nuestro río Adaja, en el tramo que va entre la misma presa de las Cogotas hasta el límite con la llanura cerealista de Campo de Pajares, Tierra de Arévalo y Moraña.
Esta guía, en la parte dedicada a estas construcciones propias del patrimonio histórico industrial, hace mención de los existentes en los términos municipales de Cardeñosa, Mingorría y su anejo Zorita de los Molinos. El paisaje que configura el río Adaja a su paso por estos pueblos se ve engrandecido por la presencia de multitud de molinos harineros, característicos de una incipiente actividad industrial de transformación de los productos cerealistas que se ha venido desarrollando en la zona desde el siglo XIII.

Los molinos construidos en esta zona destacan porque la piedra se convierte en el material constructivo y se emplazan fuera de las poblaciones.
Para el aprovechamiento energético del río se construyeron pequeñas presas o azudes que cortan el cauce, creándose una importante masa de agua denominada pesquera. Desde aquí el agua se conduce hasta el propio molino a través de un canal, cacera, o «chorro» formado de gruesas paredes de piedra o excavado sobre el propio terreno, en algunos casos el agua se recoge después en una balsa.
Cuando el agua llega al molino pasa a través de una o varias aberturas practicadas en la pared, bien a un depósito o cubo, de ahí la denominación de algunos molinos como «El Cubo» o «Cubillo», o bien descendiendo por un bocín o saetín hasta golpear el rodezno o rueda hidráulica horizontal, situada debajo del piso del edificio, la cual hace girar, moviendo directamente por un eje vertical, las ruedas de moler situadas en el piso superior. El agua sale después por el cárcavo y por un canal de evacuación o «socaz» se dirige de nuevo al río.

Los molinos de la zona responden al esquema básico de funcionamiento descrito, aunque hay que lamentar el alto número de ellos que se encuentran totalmente arruinados. A pesar de todo todavía hoy puede verse moler grano como hace cientos de años en el molino de «Hernán Pérez», en Zorita.
Normalmente el pleno rendimiento del molino solía durar ocho meses al año, desde los Santos (1 de noviembre) hasta San Juan (24 de junio), dependiendo después del agua que dejaba el estiaje. Su funcionamiento solía ser de doce a catorce horas al día, si bien en la descripción de Ensenada se dice que algunos molinos molían día y noche.
El oficio de molinero ha sido siempre un oficio noble y de tradición familiar que pasaba de padres a hijos. A veces el oficio de molinero solía compatibilizarse con otros oficios o trabajos.
El molinero, quien en muchos casos vivía en el molino, tenía que realizar el duro trabajo, subiendo y bajando pesados sacos de trigo y harina. También debía cuidar los elementos mecánicos del molino, controlar la regular entrada del agua, picar las muelas de piedra rehaciendo las estrías, debía revisar y reparar frecuentemente los mecanismos del molino que eran de madera, además de reforzar la pesquera ante los destrozos de la crecida y limpiar el caz y los desagües.


Los molinos de Revuelta y Galleguete son los únicos que se conservan en la margen izquierda del Adaja en el tramo que va desde la presa de las Cogotas hasta los «Callejones de Chascarra», dentro del término de Cardeñosa, si bien se aprecian restos interesantes de otros tres molinos más.
Es el molino de «Revuelta», un edificio de una planta y buena mampostería que se conserva en buen estado, aunque las cuadras anejas estén hundidas.
Desde el molino de «Revuelta» podemos seguir por un camino ascendente que nos lleva al molino de «Galleguete» o de Peñalén. Este es un edificio de una planta de mampostería que fue sobreelevado con una planta más de adobe y que todavía se mantiene en pié, a pesar de su abandono y progresiva ruina.

El molino Trevejo aún conserva toda su techumbre a cuatro aguas, mientras que las cuadras anejas están arruinadas. Las obras de ingeniería realizadas para moler el grano son asombrosas: ahí están la pesquera, el caz, la balsa, los cárcavos y el propio molino de buena piedra de mampostería.
Del de Las Monjas, que así se llama porque fueron sus propietarias las monjas de la Encarnación de Ávila, sólo se conservan restos de las paredes y de alguna rueda, suficiente para darnos una idea del esfuerzo que debió suponer su construcción y su puesta en marcha.

Sobre el molino Nuevo o de Joselito se levanta una pared rocosa imponente, entre cuyas grietas se asoma alguna encina. Este molino sólo conserva las paredes, además de las obras de ingeniería de conducción de agua.
El molino del Grillo acogía a la familia del molinero, el «Tío Cañete», y ahora se le está hundiendo la techumbre, como a las construcciones anejas destinadas a cuadra y pajar. Al otro lado del río, donde se revuelve en bruscos giros, se divisan los restos de los molinos de Barbas de Oro y el Castillo.

El de Las Juntas es un edificio de una planta con la cubierta semihundida a dos aguas. El río se ensancha interrumpido por el azud que forma la pesquera entre abundantes fresnos, de donde sale el canal o «caz» que conduce el agua para moler.
Cerca de este nos encontramos con las ruinas del molino Negrillo.
El de «Ituero» que sólo conserva las paredes, era de una planta con cubierta a dos aguas, y su entrada se hizo cortando la roca.
En el llamado de Hernán Pérez, muelen y viven los hermanos San Segundo: Valeriano, Tomás, David y Manuel, quienes lo conservan en perfecto estado y gustosamente lo enseñan a los visitantes. Es una buena muestra del ingenio de los constructores de molinos y de los artífices de su funcionamiento. Una gran pesquera o presa embalsa el agua, que se canaliza hasta el molino entre abundante arbolado de fresnos. El agua, después de mover las ruedas hidráulicas, servía a otro molino conocido como El Molinillo, volviendo después al río.
También está el molino Nuevo o de Los Policas, el cual debe su nombre por haber sustituido a otro que se llevó el agua, cuyos restos todavía se aprecian. Este molino se conserva en perfecto estado por su propietario y es un buen ejemplo de arquitectura popular.
Más adelante, aguas arriba, se halla el edificio majestuoso de lo que fue el batán El Caleño o molino El Francés, utilizado en el tratamiento de paños y pieles, antes de reconvertirse en molino harinero. Sólo se conservan las paredes de mampostería de una construcción de dos plantas, además de la infraestructura que posibilitaba su funcionamiento.
Cercanos a éste había otros dos batanes más, de los que sólo quedan algunas piedras de sus paredes tapadas por la vegetación.

En Zorita de los Molinos, localidad anexionada a Mingorría en 1833, quedan restos del antiguo molino Piar y del molino del Vego. Este molino es de dos plantas, conservándose el edificio en buen estado, y que sigue recibiendo el agua por la cacera que sale del río junto a la desembocadura del arroyo de la «Chavata».
También el del Cubo, del que sólo se conservan restos de sus paredes, o los molinos Viejo y de Canongía.

Molinos harineros, en los términos de Cardeñosa, Mingorría y Zorita de los Molinos. Restos de una industria que fue prospera en otros tiempos. Construcciones que hoy se funden en bellos paisajes regados por las calmas aguas de nuestro río Adaja.
14 de septiembre de 2011

21 sept. 2011

Antigua sementera

La sementera o proceso de siembra, y luego todo el proceso de germinación, tan lento y tan frágil, expuesto a tantos contratiempos, ha sido durante siglos metáfora del cultivo intelectual y del esfuerzo moral. En la cabeza de todo el mundo estaba que cultura era un cultivo lento y trabajoso.

Y así son ciertamente las cosas, hoy como ayer, pero la metáfora de la sementera ya no significa nada para buena parte de nuestro primer mundo, y el imaginario y metáfora en que hoy se vierte la cultura son los de la rapidez y la facilidad. O bien se llama cultura a cualquier cosa, y asunto solucionado. Tanto da Julio César como Julián Cerezas, decía don Antonio Machado sarcásticamente. Pero hoy no resultaría tan evidente su sarcasmo.
Julio César comenzó su libro sobre la conquista romana de las Galias, De Bello Galico, con una formulación ya famosa, bastante contundente y resolutiva: «Vine, vi, vencí». Pero claro está que, si las cosas hubieran sido así, tan fáciles, no hubiera habido tema para contarnos esa conquista; ni por tanto para escribir su libro. Las cosas, pues, fueron más complejas. Pero no, ahora, para Julián Cerezas; porque, para ésta, cualquier cosa es hacedera rápidamente, y lo mismo daría ocho que ochenta, y nada de siembre, germinación y recogida. De manera que nada tampoco de libros, porque no habría nada que contar. Nada. Esperemos que Julián Cerezas no triunfe.
José Jiménez Lozano

20 sept. 2011

Puente de Medina

El puente de Medina es uno de los puentes mudéjares más importante que tenemos en Arévalo.  Cruza el río Arevalillo al noroeste del núcleo urbano y está compuesto por tres grandes arcos agudos con triple arquivolta sin espolones.

Jacinto Herrero, el sencillo poeta de Langa, en su Viaje a Arévalo nos dice que entre otras cosas hay que visitar «… sobre todo el puente sobre el Arevalillo, a la salida para Madrigal y Medina. Merece la pena bajar al río y contemplarle en su dimensión verdadera; se diría una catedral mudéjar sobre el agua»

Fue declarado Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento en 1983. 

Hacia octubre del año 2009 desde el ayuntamiento de Arévalo se tomó la decisión de abrir una zanja a lo largo de todo este puente e introducir en ella una conducción de agua a alta presión para suministro al Polígono Industrial.
Con esta actuación se vulneró tanto la normativa vigente establecida en La Ley del Patrimonio Histórico Español como la de la misma Comunidad Autónoma de Castilla y León en cuanto a la protección de elementos históricos declarados Bienes de Interés Cultural. 

19 sept. 2011

FERMÍN ABAD MARTÍNEZ

Nació en Valderas (León) en 1904. Estudió la carrera de piano en el Conservatorio en Madrid.
En 1922 forma parte de la Banda Municipal de su pueblo natal. Estudia e imparte clases de guitarra, piano y violín.
En 1931 ostenta el cargo de Director de la Banda de Villada (Palencia).
En 1938 regresa a Valderas y se dedica a componer, impartir las clases y dirigir la Banda Municipal.
En 1945 oposita para el Conservatorio de León, sigue como Director en Valderas y continúa con su labor compositora.
En 1954 ocupó la dirección de la Banda Municipal en Benavente (Zamora). En 1957 aprueba, por oposición, para optar a la dirección de las Bandas Municipales de Durango, Baza, Béjar o Arévalo. Elige Arévalo.
En Arévalo estuvo como Director de la Banda Municipal desde 1957 hasta 1970. En este año debe de retirarse como “excedente forzoso” debido a circunstancias partidistas (que no políticas) malintencionadas del Ayuntamiento. Estando “excedente”, el Ayuntamiento de Medina del  Campo reclama sus servicios como Director de su Banda Municipal; un inoportuno accidente le impidió hacerse cargo de la plaza.
Compuso varias obras a Arévalo entre ellas el Himno al Club Juvenil de Fútbol. Este Himno figura con el nº 21, de su producción, en la Sociedad General de Autores (S.G.A.E.).
Fallece en Arévalo, de una arteriosclerosis a los 67 años de edad, en 1972.

17 sept. 2011

Día mundial del Alzheimer

Actividades programadas por Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer de Arévalo y Comarca con motivo del Día Mundial del Alzheimer



  • Sábado, día 17 de septiembre a las 20,00 horas, misa en la iglesia de Santo Domingo.

  • Lunes, día 19 de septiembre de 17,00 a 18,00 horas, jornada de puertas abiertas. Sede de la Asociación en Calle Severo Ochoa, nº 2.

  • Martes, día  20 de septiembre de 10,30 a 14,00 horas, cuestación en plaza del Arrabal y avenida de Emilio Romero.

  • Miércoles, día 21 de septiembre de 17,00 a 20,00 horas, en el Hogar del Jubilado, junto al Ayuntamiento, chocolatada y bingo a beneficio de la Asociación. 


La asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer informa que tiene previsto realizar la Cena Anual en Beneficio de los Enfermos el próximo día 29 de octubre.

Arquitectura e ingeniería del hierro




15 sept. 2011

Grupo de Teatro de Fontiveros


El próximo día 16, con motivo de la festividad de San Cipriano, el Grupo de Teatro de Fontiveros, representará las siguientes obras:


"Las aceitunas". Paso de Lope de Rueda.
"Se necesita cocinera". Comedia en un acto de Samuel Ruiz Pelayo.

FONTIVEROS. Viernes, 16 de septiembre de 2011 a las 20,00 horas.
Centro "La Ermita". Junto a la Estatua de San Juan de la Cruz.

La Llanura nº 28

Ya está en los lugares habituales nuestra Llanura número 28.








14 sept. 2011

Convento de la Santísima Trinidad


El convento de la Santísima Trinidad: Perteneciente a la congregación de Trinitarios Calzados. Situado a orillas del Arevalillo, en la calzada real de Ávila, fue un convento suntuoso y rico, cuyo patronazgo dotó en el año 1545 Francisco de Tapia, caballero de la villa de Arévalo. Ilustraba este convento la imagen de Nuestra Señora de las Angustias, que estaba colocada en una capilla en el cuerpo de la Iglesia. Esta casa tuvo el privilegio de acoger como postulante y novicio a Fray Juan Gil, libertador de Miguel de Cervantes Saavedra.
Hoy sólo nos quedan del edificio algunos paredones en avanzada ruina.

12 sept. 2011

ME GUSTAN LAS ESCUELAS

Me gustan las escuelas que huelen a tiza
y a cordones desatados;
me gustan las mañanas llenas de palabras
y de números que señalan
fechas, o manzanas, o besos.
El aula es verde y a veces sabe a menta
o a nada;
a veces se llena de inocentes que se buscan
entre cortinas de hielo,
o se vacía de sonrisas que duran
hasta el día siguiente.
La escuela también sabe:
sabe a miedos, sabe a despertar,
sabe a ternura, sabe a complicidad
cuando nos miramos de frente
y no bajamos la vista.
Y la escuela, sabe;
lo sabe todo de nosotros,
porque cuando salimos
con la mochila llena de “saberes”
y de sabores,
ella duerme;
y sueña con vernos, al día siguiente,
la misma cara adormecida
y el mismo deseo de vivir.

                                  Javier Sánchez Sánchez

11 sept. 2011

EL GUERRERO CON PÁJAROS EN LA CABEZA

Una vez que el castillo hubo quedado desierto, el capitán Búho, como cada noche, ordenó hacer la ronda a sus seis guerreros metálicos. Debían proteger la fortaleza a toda costa. Nadie podía robar los girasoles de hierro instalados estratégicamente a la entrada de la torre del homenaje.
El guerrero de la Foz se negó a moverse. Temía que se malograra la puesta de colirrojo tizón que tenía en la cabeza. La noche anterior uno de los pollos se había caído mientras caminaba a paso férreo por el patio de armas del castillo.

- Mi capitán –gritó el guerrero de la Foz-, no podré hacer la ronda hasta que los pájaros abandonen mi cabeza.
- El alcaide  de este castillo nos ha encargado la defensa de la fortaleza. Somos soldados rudos y experimentados –repuso el capitán levantando sus enormes tijeras-. No podemos incumplir nuestro deber por tener cuatro pájaros en la cabeza. Tira al resto de los pollos al suelo para que no vuelvan a molestarte. Yo mismo les remataré.
- No mi capitán, no me ha entendido, no me moveré ni esta noche ni ninguna otra hasta que los pollos puedan volar y abandonen el nido por sí mismos. Se lo prometí a sus padres cuando les dejé que se instalaran dentro de mi cabeza. Soy tan rudo como el que más, nunca he flaqueado en la lucha, todos me conocéis. Pero mi honor me impide incumplir la palabra que he dado a los colirrojos. Sólo le pido dos semanas. Puedo vigilar perfectamente los girasoles de hierro sin moverme de mi puesto.
- Entonces no me dejas otra alternativa –contestó el capitán Búho furioso alzando la voz-. ¡No puedo consentir este desacato! ¡Guerreros del castillo! Reducid a vuestro compañero, sacadle los pájaros de la cabeza y metedle en las mazmorras.

Los guerreros, con el capitán Búho a la cabeza, comenzaron a moverse hacia el guerrero de la Foz. Pronto le rodearon. Parecía que nada podía hacer excepto rendirse. Sin embargo decidió hacer frente a sus compañeros. Levantó la hoz que portaba en su mano derecha y se cubrió con su escudo esperando el ataque.
Cuando las chispas de los golpes metálicos de la lucha iluminaban el patio del castillo, comenzó a oírse el armonioso sonido de una flauta. Todos los guerreros se giraron hacia el fondo del patio desde donde provenía la música. Jamás habían escuchado una melodía tan hermosa como la que Paula, la flautista de hojalata, había empezado a ejecutar.
Aquella música despertó a dos cisnes construidos con viejos arados que hasta ahora no habían intervenido.  Levantaron de pronto su pesado vuelo haciendo chirriar sus alas en cada aleteo. Pronto se unieron a los cisnes metálicos, búhos, lechuzas, cárabos, mochuelos, autillos, chotacabras, murciélagos y otras criaturas de la noche. Pero aquella música también despertó a un buen número de aves diurnas que se sumaron a la bandada. Aquella enorme turba evolucionaba en el aire al compás marcado por la flauta.
Los guerreros se quedaron paralizados, no sabían qué hacer. Si avanzaban, aves y murciélagos se les echaban encima, si retrocedían el capitán ordenaba de nuevo el ataque haciendo sonar sus enormes tijeras.
****
A la mañana siguiente, cuando las dos guías del castillo llegaron a la puerta del patio de armas, Juanje las estaba esperando. Hoy era día de visita y quería poner un cordel delante del guerrero de la Foz para que nadie se acercara. Una pareja de colirrojo tizón había construido su nido dentro del foco que hacía las veces de cabeza de la escultura, realizada uniendo, con gran imaginación, viejos hierros. Como todas y cada una de las treinta esculturas que componían la exposición del castillo de Arévalo. El día anterior había sorprendido a una niña dando palazos en la cabeza de la estatua. Al recriminar su actitud a la niña, le contestó que había visto meterse un pájaro en la cabeza del guerrero y sólo quería que saliera. Así que, había decidido acordonar la estatua para que nadie más se acercase.
Cuando entraron al patio de armas su sorpresa fue mayúscula. Algunas de sus esculturas estaban cambiadas de sitio, aunque no parecía que faltase ninguna. Todos los guerreros y el capitán Búho, estaban en la esquina donde debería estar el guerrero de la Foz. Pero éste, en cambio, se encontraba en centro del patio de armas custodiado por los dos cisnes construidos con viejos arados.
No podía entenderlo, se asomó a la cabeza del guerrero, se oía piar a los pollos de colirrojo reclamando insistentemente las cebas de sus padres. No comprendía nada, todas las esculturas parecían estar en perfecto estado ¿Quién se habría colado en el castillo para descolocarlas y por qué?
Mientras se agachaba a mover uno de aquellos cisnes creyó oír el sonido de una flauta. Miró hacia el fondo del patio y, por un instante, le pareció que una leve brisa ondulaba la melena metálica de la flautista.

 Texto y fotos de: 
Luis José Martín García-Sancho.

10 sept. 2011

Algamesí une lazos con Castilla y León

Algemesí une lazos con Castilla y León con motivo de la exposición Ancha es Castilla del fotógrafo Jesús Prieto “Chuchi”


La ciudad de Algemesí recibe la magnífica exposición Ancha es Castilla del artista arevalense Jesús Prieto “Chuchi” que retrata, a través de 36 fotografías de gran formato la identidad de cada una de las nueve provincias de Castilla y León, poniendo de manifiesto la grandeza de una tierra volcada a la cultura y a perpetuar el testimonio de la historia.
Con motivo de la exposición, el Ayuntamiento de Algemesí, a través de la concejalía de Cultura, y la Consejería de Turismo de la Junta de Castilla y León, a través de SOTUR, dedican la jornada de apertura de la exposición a la promoción de esta Comunidad en el claustro del Convent de San Vicent del Museu Valencià de la Festa, para que todos los visitantes puedan descubrir su patrimonio cultural, artístico y gastronómico, en un cóctel degustación de productos denominación de origen de Castilla y León.
El Alcalde de Algemesí, Vicente Ramón García Mont y la directora gerente de SOTUR, Ana Beatriz Blanco Gutiérrez, serán los encargados de inaugurar esta exposición que contará con la presencia de José Alfredo Pellicer, Director Territorial de Cultura y representantes de las asociaciones de fotógrafos de la Comunidad Valenciana.
La exposición se realiza en Algemesí, en un momento clave de la candidatura de las fiestas de la Mare de Déu a ser declaradas por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, por lo que la muestra pretende establecer lazos de unión cultural con Castilla y León, que ha sido pionera en exportar universalmente su patrimonio material e inmaterial.
Como señala el concejal de cultura Gabriel Palop, “esta exposición cumple con nuestro propósito de unir tradición y modernidad, en un claro ejemplo de aproximación histórica y monumental hacia Castilla y León a través de la fotografía”.
Jesús Prieto “Chuchi” lleva toda su vida dedicada a capturar la imagen fugaz del tiempo en los escenarios persistentes de España. Su obra muestra la especial vocación de unir en proyectos expositivos y sentimentales de las dos tierras que dividen su corazón: su Arévalo natal y la Castilla y León que le vieron nacer y la Valencia que le acoge desde hace casi 20 años. Aquí ha cosechado innumerables premios de fotografía y se ha convertido en un fotógrafo imprescindible en la definición del rostro de Valencia en libros especializados sobre las fiestas y tradiciones de nuestra Comunidad.
En esta exposición itinerante por diversos espacios de Castilla y León, nos presenta parajes naturales, grandes monumentos y gestos cotidianos se filtran en cada fotografía que contiene el guiño emocionado de su creador que trata de proyectar al mundo la belleza histórica de su tierra.

8 sept. 2011

Convocatoria de vendimia con vistas

Amigos de La Llanura:

Casi con toda seguridad la vendimia comenzará el fin de semana que corresponde a los días 17 y 18 del presente mes de septiembre. Estáis todos invitados. Será una vendimia con buenas vistas panorámicas desde el majuelo hacia la Llanura morañega que desde allí se domina.
Ángel Ramón.

7 sept. 2011

5 sept. 2011

Recuerdo infantil.


Una tarde parda y fría de invierno.
Los colegiales estudian.
Monotonía de lluvia tras los cristales.
Es la clase.

En un cartel 
se representa a Caín fugitivo,
y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.
Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.
Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
«mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón».

Una tarde parda y fría de invierno.
Los colegiales estudian.
Monotonía de la lluvia en los cristales.

4 sept. 2011

El nombre de Barromán: “Iván el romano”

Corresponde esta denominación al nombre propio de su fundador, quien hace 900 años aproximadamente, repobló esta aldea medieval que perteneció a la jurisdicción de la Villa de Arévalo, al tercio de Madrigal y al sexmo de Aldeas.

El nombre de Barromán es un nombre compuesto, cuyo primer componente es IVÁN, otras veces escrito como JUAN, pues las vocales I y U unas veces funcionaban como vocales y otras como consonantes, de ahí que Juan e Iván sean un mismo nombre. El cambio de la V a la B no debe sorprendernos, pues hasta tiempos muy recientes no han existido reglas de ortografía.

El segundo componente, ROMANO, cuya última letra se pierde, es un nombre muy frecuente en la época, como lo confirma el nombre de Gómez Román, despoblado situado junto al río Arevalillo, donde estaba situado el histórico monasterio del que en la actualidad conservamos la iglesia de La Lugareja, “una de las joyas del arte mudéjar castellano leonés”.
La iglesia de este pueblo titulada de Santa María del Castillo pertenece a la arquitectura románico mudéjar del siglo XII y se eleva sobre un pequeño montículo. En el exterior presenta un enorme ábside semicircular con tres angostas ventanas que se corresponden con los ábsides en que se distribuye por dentro. El ábside es  de gran altura y de tapia de chinarro (cal y canto). Esta iglesia es uno de los ejemplos, muy frecuentes en la comarca, de torres fortaleza o torres-vigía, muy útiles en aquellos tiempos en los que todavía no se habían olvidado las temibles expediciones guerreras del caudillo Almanzor, para la protección de sus habitantes o para explorar la vasta llanura en caso de amenazas exteriores. En el siglo XVI se reconstruyen sus tres naves, poco diferentes en anchura.

A la tercera pregunta formulada en el famoso Catastro de Ensenada de mitad del siglo XVIII, sobre los límites y extensión de su término, las autoridades del Concejo responden así: “dijeron que el territorio que ocupa esta tierra y el del despoblado de Bañuelos, su agregado, es de levante a poniente, como tres cuartos de legua y de norte a Sur cuatro y media. Linda por levante con término de Villanueva, por poniente con el de la villa de Madrigal, por norte con término del lugar de Castellanos y por sur con los términos despoblados de Palazuelos y Raliegos”.

El pueblo de Barromán, tenía en el año 1250 unos 200 habitantes; en el año 1594, 300 habitantes; a mediados del siglo XIX, 280 y en la actualidad 217. Se trata por tanto de un pueblo que ha mantenido una población sostenida a lo largo de su larga historia.

Dentro del término de Barromán se encuentra el despoblado de Bañuelos que en el año 1.250 tenía 230 habitantes, mayor que el propio Barromán, y en el año 1594, 140 habitantes, siendo probable su desaparición a finales del siglo XVII. 

Ángel Ramón GONZÁLEZ GONZÁLEZ
La Llanura nº 26- julio de 2011

1 sept. 2011

Los despoblados

Como otros muchos lugares, la Moraña, la Tierra de Arévalo, el Campo de Pajares, nuestras comarcas, acogen restos de lo que en otro tiempo fueron pequeñas poblaciones, que por diversas causas han desaparecido a lo largo de la historia y nos quedan, hoy, pequeños retazos de muros, torreones ruinosos, restos de ladrillo y tejas esparcidos por el suelo y a veces, solamente, el recuerdo escrito en arrugados pergaminos.

Como ya sabréis hace pocas fechas, y desde nuestra asociación cultural hicimos junto con la asociación RETOR de Orbita una pequeña excursión eco-arqueológica, en la que, dirigidos por el erudito y buen amigo Ángel Ramón González, socio fundador de la citada asociación RETOR, pudimos tomar contacto con algunos de estos despoblados cuyos restos y recuerdos aún persisten por estos alrededores.

Algunos de estos lugares abandonados, ya hemos hablado alguna vez de ellos aquí, fueron asentamientos prehistóricos en la edad el bronce o del hierro. El Tomillar en Bercial de Zapardiel, el de Valhóndo en Pajares de Adaja o la Tejada en Orbita.
También lo son las villas o vicus romanas; las hay aquí mismo en Pajares, en los alrededores de Arévalo, en Magazos, San Pedro del Arroyo o Almenara de Adaja.

Despoblados son, de igual forma, algunos de los señoríos primeros en que se asentaron algunos de los Linajes de la Tierra de Arévalo.
El señorío de Botalhorno, aldea, hoy despoblada, en el término segoviano de Donhierro y lugar incipiente de los Montalvo.
El Señorío de Mingolian que solo abarcaba la aldea de este nombre. Un despoblado situado en el actual término municipal de Donvidas. Comprendía una extensión de unas 500 hectáreas y se localizaba en la divisoria de aguas entre el río Zapardiel y el Adaja casi en el límite de la provincia de Ávila con la de Valladolid. Perteneció al Linaje de los Briceño.
Al frente del señorío de la Olmedilla que comprendía únicamente esta aldea, hoy despoblada en el término municipal de Palacios de Goda estuvo la familia Berdugo. Se trataría de un estado pequeño con una extensión aproximada de 500 hectáreas.

Muchos de estos, hoy yermos lugares, tuvieron su origen en la Edad Media, en el periodo repoblador, y su existencia está bien documentada en los archivos diocesanos. Fueron pequeñas aldeas que nacieron entre los siglos XII y XIII y fueron desapareciendo lentamente en el transcurso de los siglos que van del XV al XVII, según aparece en diversos documentos de los archivos municipales. Una parte de estos despoblados ocupaba las proximidades del río Adaja como Aldehuela de Fuentes (Espinosa), Montejuelo de Garcilobo (Orbita), Segobuela y Bodoncillo (Tiñosillos). Relación de estos lugares y aldeas guarda el famoso catalogo de consignación de rentas ordenada por el cardenal Gil Torres.

Ángel Ramón González en uno de los trabajos que ha publicado, y que trata de los despoblados que él llama «del río Adaja o del Pinar de Arévalo», hace un pequeño resumen de algunos de los despoblados del territorio entre los que podemos destacar los siguientes:

El Bodoncillo, poblado del interior del pinar, que desaparece a finales del s. XVII y cuyo término se reparten entre Tiñosillos y Gutierre-Muñoz.

La Segobuela o Següela. Desaparece a finales del s. XV. Al despoblarse, la villa de Arévalo lo cede en usufructo a los pueblos cercanos de Bodoncillo y Montejuelo, mediante el pago de un censo anual y perpetuo.
«Que daremos y pagaremos a la dicha villa de Arévalo o a quien su poder obiere, veinte fanegas de pan por mitad, (mitad de trigo y mitad de cebada) perpetuamente para siempre jamás, bueno, nuevo, seco, limpio e vien medido e de tomar pagado por el día de San Bartolomé de agosto de cada un año y puesto a nuestra costa en la dicha Villa de Arévalo». Debéis saber que el censo, tributo o impuesto se llevaba directamente a La Alhóndiga de Arévalo.

Montejuelo de Garcilobo que, una vez desaparece a principios del s. XVII, se agrega al término de Orbita.

Aldehuela de Fuentes, famosa por su molino, conocido como el molino de Fuentes, y sus casas estuvieron habitadas hasta los años 60 del pasado siglo XX.

A mediados del siglo XIII Montuenga tiene 120 habitantes, mientras que su despoblado de Navalperal del Campo contaba con 160. A finales del siglo XVI, Montuenga tiene 100 habitantes y Navalperal 415 (por entonces Navalperal era mucho más importante y tenemos noticias de, incluso, la existencia de un convento). A mediados del siglo XVIII Montuenga tiene 260 y Navalperal del Campo ya había desaparecido, agregándose su término al de este pueblo.

En Pajares de Adaja perdura el recuerdo de Galín-Gómez, aldea que pasó a ser despoblado y del que solo quedan mínimos restos.

Horcajuelo, Piteos, Astudillo o Bañuelos; Raliegos, Olmediello, Diagovecos o Lavajuelo; Matiella, Palazuelos, Servande o Valverdon. Las comarcas del norte de Ávila y las tierras limítrofes de Segovia, Valladolid y Salamanca que un día formaron parte de los tercios y sexmos de Tierra de Arévalo, acogieron muchos de estos despoblados de los que hoy quedan solo algunos informes restos y el recuerdo escrito en arrugados pergaminos.
31 de agosto de 2011
Fotografía: Chuchi Prieto y José A. Herranz