28 feb. 2011

LOS INFIERNOS

Todo aquel que quiera acompañarme a los infiernos, será bienvenido. La visita se realizará el próximo domingo 6 de marzo.
Se conoce como los infiernos, una serie de pequeños cañones excavados en la roca y arena por la acción de arroyuelos que recogen el agua de las lluvias para encauzarla hacia el tramo alto del río Arevalillo, denominado a esta altura río Rihondo.
Están situados en el tercio norte de la provincia abulense, en la vertiente septentrional de la sierra de Ávila, en la zona de contacto con la comarca de La Moraña. Se localizan al este del cerro el Pendón de 1108 metros, dentro de un tupido monte de encinas, en la localidad de Horcajuelo, perteneciente al pequeño municipio de Grandes.
La principal particularidad de estas formaciones geológicas es su colorido que, unido a las formas caprichosas que adquieren sus rocas erosionadas, le dan un aspecto de rara y original belleza. Los colores de esta paleta natural van del blanco al ocre, pasando por el amarillo y el rojo tenue o tinto.
Hasta hace poco, los pueblos de las inmediaciones, como Gallegos de Altamiros, Horacajuelo o Grandes, utilizaban estas rocas y arenas de colores para molerlas y, mezclándolas con agua, utilizarlas para jarrear las paredes de sus casas con estos variados colores.
Pero sus valores biológicos también son notables. Este paraje está incluido en el Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) “Encinares de la Sierra de Ávila” (ES4110112), por contar con nueve hábitats protegidos, entre los que destacan encinares de Quercus ilex, dehesas perennifolias de Quercus y brezales endémicos.
Además, esta LIC incluye una zona de especial protección para las aves (ZEPA) por contar con doce especies incluidas en el anexo I de la Directiva de aves, máxima categoría de protección: milano real, milano negro, águila calzada, águila imperial ibérica, águila real, alcaraván, chotacabras gris, calandria, cogujada montesina, totovía y bisbita campestre. Además de la presencia más o menos regular de águila culebrera, halcón peregrino, cigüeña negra, búho real, buitre negro y buitre leonado.
Con el nuevo siglo, el lobo, uno de los mamíferos protegidos más bellos y controvertidos por ser admirado y odiado por mucha gente, ha vuelto a recolonizar esta zona de la que había sido extinguido por la mano del hombre a mediados del siglo pasado. Algunos llegan a afirmar que el lobo ha vuelto a los infiernos, de donde nunca debió salir. Pero esto ya lo dejo en manos de la mitología, de marcada lógica difusa.
El recorrido se realizará a pie, partiendo de la localidad de Horcajuelo y será de unos seis kilómetros, tres de ida y tres de vuelta. La dificultad es moderada-baja.
Recomendamos que estéis pendientes de este blog pues, en próximas entregas, daremos a conocer la hora y lugar de reunión para salir hacia los infiernos.
Luisjo


Próxima visita:
En abril caminaremos “por las mieses de Otar”.

Enlaces relacionados con los infiernos:


26 feb. 2011

Las águilas no pueden reproducirse

Maquinaria pesada en las obras del gasoducto
La asociación ecologista Centaurea ha pedido al presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, que se paralicen las obras del gasoducto entre Ávila y Segovia, porque están impidiendo la “adecuada” reproducción de una pareja de águila imperial ibérica en el término de Ávila.
Según un escrito dirigido por esta organización al presidente del Gobierno autonómico, el águila imperial ibérica es una especie en peligro de extinción, tal como se ha vuelto a recoger, días atrás, en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial y del Catálogo Español de Especies Amenazadas publicado en el Boletín Oficial del Estado.

Se oye sin querer. Se escucha queriendo

En alguna ocasión hemos aludido en esta sección a la diferencia entre ‘oír’ y ‘escuchar’.
¿No notan ustedes que de un tiempo a esta parte todo ‘se escucha’ y que ‘se oyen’ muy pocas cosas? Me refiero concretamente a enunciados como ‘En las casas de ahora las paredes son de papel porque se escuchan hasta los ronquidos de los vecinos’; ‘Los disparos se escuchaban por todas partes’; ‘Habla más alto, por favor, que no te escucho’; ‘De repente, se escuchó un ruido ensordecedor’; o ‘No se escucha bien esta canción’.
Ejemplos como los anteriores chocan con mi competencia de hablante nativa y deduzco que estamos asistiendo a un uso –creo que abusivo– de ‘escuchar’ en lugar de ‘oír’.
Aparentemente podría argumentarse que los hablantes han seleccionado una forma como preferida, lo que implica que la otra queda arrinconada. Este argumento sería válido si los significados de los verbos ‘oír’ y ‘escuchar’ coincidieran; incluso sería lo esperable, si aplicamos el principio de economía lingüística.
Pero no es el caso: ‘Escuchar’ (procedente del latín ‘auscultare’), según recogen los diccionarios, es prestar atención a lo que se oye; y ‘oír’ (del latín ‘audire’) es percibir un sonido por medio del sentido del oído. La diferencia radica en que para oír algo lo único que se requiere es que no haya fallos en el sistema auditivo, mientras que para escuchar se requiere, además, intención, voluntad o atención. Las personas privadas del sentido del oído no pueden oír o, dependiendo del grado de sordera, lo hacen de forma imperfecta; El resto de las personas solo tiene que taparse las orejas si no quiere oír y dejar de prestar atención si no quiere escuchar.
Esto quiere decir que ‘oír’ tiene un significado más amplio que ‘escuchar’: se puede oír sin escuchar pero no se puede escuchar sin oír. De ahí el uso tan generalizado de oír, se ponga o no atención, a lo largo de la historia de la lengua, uso comúnmente aceptado que se justifica por su amplitud significativa. Por eso se habla de los oyentes de la radio (o de los radioyentes). Esto no quita para que a veces puedan producirse enunciados ambiguos como ‘Todas las mañanas oigo la radio’: podemos oír la radio sin enterarnos de lo que oímos (porque no somos sordos) o atendiendo a lo que se dice (estamos escuchando aunque digamos que oímos).
El caso contrario –que es el que esta semana nos ocupa–, el uso indiscriminado de ‘escuchar’ por ‘oír’, es un caso de impropiedad léxica porque la voluntariedad y la intención solo son aplicables a ‘escuchar’. Por tanto, las formas más apropiadas de los ejemplos de arriba, siempre en ausencia de intención o voluntad, serían: En las casas de ahora las paredes son de papel porque se oyen hasta los ronquidos de los vecinos; Los disparos se oían por todas partes; Habla más alto, que no te oigo; De repente, se oyó un ruido ensordecedor; No se oye bien esta canción.
Si intentamos buscar alguna razón que explique este uso, casi generalizado, puede que los profesionales de los medios de comunicación tengan bastante que ver: lo quieran o no, funcionan como modelo de uso de la lengua para el resto de los hablantes; y a nadie se nos escapa –a poca atención que pongamos en sus mensajes– que la mayoría utiliza con profusión el verbo ‘escuchar’ como sinónimo de ‘oír’. No sé si este uso tendrá algo que ver esa tendencia a considerar más cultas las palabras largas o será por casualidad.
Pero hay un dato más que no quiero dejar de lado porque podría explicar algunos de estos usos que hemos etiquetado de indiscriminados o de abusivos: En Hispanoamérica es muy frecuente el uso de ‘escuchar’ por ‘oír’ como algo sistemático, es decir, que se escucha todo: una grabación no se escucha bien o se escuchan los ruidos de la calle. De manera que tal vez en el incremento de este uso en el español de España algo tengan que ver los inmigrantes hispanoamericanos, hipótesis solo un estudio serio y riguroso sería capaz de confirmar.

25 feb. 2011

Vengadores de escándalos

Uno de los estereotipos mentales de nuestro tiempo es la convicción de que hay que entregar al público como plato fuerte y notablemente valioso toda noticia o pintura no solo de nuestra pobre debilidad humana, sino que rebaje a los hombres al más bajo rasero, ofreciendo la sensación, claro está, de que esto se hace en nombre de la más preclara virtud.
Pero, sean como sean las cosas, a lo que quería referirme es al éxito asegurado que en el hombre de hoy, al igual que en la última aldea medieval, tienen las viejísimas habladurías de solana y lavadero que puedan conducir al placer de ver caer a alguien de un podio y hacerse moralmente añicos. Y se trata, desde luego, de una especie de radical instinto democrático de rasero por igual, que no es de hoy precisamente, pero ¿qué haría la industria cultural sin estos trajines?
Hace un tiempo se dio la noticia de que un señor importante, Lars Gyllensten, que fue secretario de la Academia Sueca, y salió de allí dando un portazo, ha escrito un libro en el que de todos aquellos señores que conceden el Nobel, se nos dice que el que no cojea del bazo cojea del espinazo, que algunos de ellos quieren hacer su carrerita, y otros quieren el Premio para sí mismos.
Es decir, algo muy normal, nada del otro jueves, al fin y al cabo, solo los habituales alifafes de nuestro ego y su instalación en el mundo. Y ya Irving Wallace, en una novela y en un ensayo, contó interioridades sobre el Nobel, y algunas muy divertidas, pero todavía no estaba vigente el estilo comadreo, y mucho menos el estilo canalla que han venido después, ni tampoco éstos eran los estilos del señor Wallace.
Lo curioso es que, en un momento en que referirse a la moral o a la ética, resulta altamente risible, diríamos que estamos en un universo angelical, y esos denunciantes son los relucientes profetas de la pureza, encargados de poner a los denunciados la letra A de color escarlata, como en la terrible novela de Nathaniel Hawthorne, La letra escarlata. El hombre antiguo era desde luego mucho más expeditivo y bárbaro, cuando se tomaba esas cosas en serio, pongamos por caso la famosa corrupción administrativa. Y en el antiguo Egipto, por ejemplo, se cortaba la nariz a los empleados públicos que metían la mano en la bolsa, y había toda una tierra habitada por estos rinokoluros o gente de nariz cortada, que no se atrevía a vivir entre los demás.
Pero no estoy seguro de que, aunque hoy parezcamos menos bárbaros, no lo sea menos este diario festival vengador de corrupciones que produce el destripamiento de las vidas de muchas personas.
Y, sin embargo, parecería claro que, al margen de del cumplimiento de la Justicia, la única actitud humana y civilizada sería la de los hijos de Noé, cuando vieron a su padre embriagado y desnudo: que yendo de espaldas, cubrieron su desnudez.
Nuestra actitud de virtuosos vengadores solamente resulta despreciable o cómica.

José Jiménez Lozano

24 feb. 2011

LUIS MATIAS PRIETO CERMEÑO

La calle Zabala

Es una calle angosta y cortita, tie­ne 36 metros de longitud, empieza en la plaza del Salvador y termina en la de doña Ángela Muñoz. Comenzó a formarse en el si­glo XVII, cuando Don Juan Antonio Zabala adosó su espléndida y sólida residencia a las tapias del convento de las Montalvas.
Más tarde, otros particulares cons­truyeron sus casuchas de portal y balcón estrechísimos al otro lado, o sea, entre los muros del convento los del Hospital de Santa Catalina, so­bresaliendo siempre en tan parca vía la vivienda de tan noble caballero, constantemente habitada por nume­rosos y distinguidos sucesores, de cu­ya rama proviene el nombre de la ca­lle puesto por los vecinos para, des­pués de la francesada, denominarse oficialmente.
Los maestros boteros don Pedro Esteban y don Francisco Muñoz, te­nían en ella sus lúgubres talleres cuando los contemporáneos de nues­tros abuelos curtían las corambres en las tenerías de aquí, envasaban el vi­no en pellejos y bebían en bota el rico y delicioso caldo. Dos oficios que han subido al cielo de la anécdota impul­sados por las tonelerías mecánicas y por la construcción de depósitos de cemento armado que es donde en la actualidad se exporta y almacena el sabroso néctar.
Ya nadie infla el pellejo con la espita de caña, ni nadie le raspa afa­noso y cariacontecido en el tabuco humilde y silencioso de su taller. Aquello ya se acabó y se acabó para siempre. El fantasma de la fábrica se lo ha sorbido y tragado con su mons­truoso estómago de hierro.
En el almacén de coloniales y fá­brica de jabón de nuestro particular amigo don Luís Prieto Martín, estu­vo la cantina de Sergio "el Pájaro", hermano de Simón "el Pajarito", muy frecuentada por aquellos labradores que no les daba vergüenza llevar las alforjas al hombro, ni en la mano la cazuela de escabeche de besugo para "manducárselo" bajo el envigado te­cho, rodeados las más de las veces de los tomateros de Martín Muñoz, siempre eufóricos, socarrones y con el equilibrio hipotecado.
A principio de siglo, en la misma casa, estaba el bodegón de Liborio Bragado, que la gente guasona y noctívaga le bautizó irónicamente con el remoquete de "El huerto del Fran­cés", pero que en él jamás se robó a nadie, ni se le pegó en la nuca con el "muñeco", como por aquel enton­ces lo hicieron Muñoz Lopera y el súbdito francés Juan Andrés Aldije en el huerto de Peñaflor, pueblecito perteneciente a la provincia de Se­villa. Crímenes aquellos repugnantes y espantosos. Leyenda terrorífica y pingüe negocio para la prensa diaria y las revistas de sucesos.
Eso sí, la tasca de Liborio se abría ya entrada la noche y se cerraba cuando el astro rey comenzaba a dorar con sus rayos las veletas de las torres y las chimeneas de las casas. Era oscura y húmeda y a ella acu­dían cocheros somnolientos, serenos "cansados" de cantar la hora, juga­dores sempiternos, trasnochadores caprichosos y algunos pacíficos que venían a “coger” el tren de las cuatro de la mañana.
Liborio nunca pagó contribución por su insalubre establecimiento, ni obedeció las órdenes dadas por la autoridad municipal. Era lo que hemos dado en llamar ahora, un "caradura". Frente por frente del tugurio vivió Joaquín Maroto Gash. Joaquín vino al mundo el 12 de marzo de 1906. Su precocidad fue tan notable para la música, que a los seis años ya tocaba el violín, por el cual sentía verdadero entusiasmo.
Representación de la revista "Cinco minutos nada menos"
Los primeros estudios de este su instrumento favorito los cursó en Arévalo, teniendo por maestro a Orestes Perotas, y de piano a don Mariano Velásquez, sacristán de Santo Domingo y director de la Banda Municipal, estudios que amplió en el Conservatorio de Madrid, siendo profe­sor el señor Álvarez Cantos. En 1921 se hizo cargo provisionalmente de la Banda, siendo curioso y admirable ver tocar a hombres adultos y bigotudos bajo la batuta del joven Maroto.
El amor por Arévalo no lo abandonó jamás, y a los diecisiete años trajo una orquesta compuesta por dos negros y dos blancos, titulada "Los Cuatro Diablos", obteniendo un éxito clamoroso y levantando por su originalidad y simpatía verdaderas tempestades de aplausos.
Su ardiente vocación de músico y merced a una técnica habilísima, inculco a un grupo de chavales arevalenses las instrucciones de distintos instrumentos, porque Joaquín los do­minaba todos y la música para él no tenía secretos.
Cuatro años después fijó su resi­dencia en Madrid, actuando de primer violín en las orquestas de los teatros Calderón, Zarzuela, Eslava, Pavón y numerosas salas de fiestas.
Como compositor también hizo sus pinitos y escribió tangos, pasodobles, danzones, chotis y dos obras de zar­zuela que pensó estrenar en el tea­tro de la plaza de Benavente, alentán­dole en tan difícil empresa nuestra eminente y prodigiosa paisana Felisa Herrero, quien se ofreció a ser su intérprete y protectora.
Clementino Camblonc
A los veintinueve años de edad le sorprendió la muerte, perdiendo Aré­valo un músico notable de fogosa ima­ginación y altos vuelos en el apogeo de su talento y de su graciosa ins­piración.
Calle de solera artística. El número tres fue morada de Clementino Camblonc que, como saben nuestros lec­tores, fue redactor del "Heraldo de Arévalo" y "La Llanura". Publicó ar­tículos y poesías en algunos perió­dicos de Madrid y provincias, siendo su producción poco fecunda por el mucho trabajo que tenía en la notaría de don Juan Baró y en la secretaría del Juzgado de Instrucción de don Francisco Guerra.
Sus escritos trazados con un espíritu ágil y una pluma ligera, dieron marcadas pruebas de inteligencia clara, rectitud de juicio y firmeza de carácter acarreándole serios disgustos las crónicas locales por defender en ellas con cierta sátira , siempre discreta, los problemas políticos y sociales de aquel Arévalo.
A pesar del tiempo transcurrido desde su fallecimiento, 1944, todavía conservamos vivo y reciente el recuerdo de aquel amigo inolvidable y cariñoso
Y volviendo a la casa del señor Prieto Martín, diremos que se han criado en ella sus hijos Luís y Gregorio, discípulos del malogrado Joaquín Maroto. Los dos son músicos y los dos gozan de gran simpatía y popularidad.
Luis Prieto García
Luís, además de empleado municipal y radiotécnico, cultiva con notoria inspiración la pintura y la caricatura, para quien la vida en este arte se ofrece fácil y alegre bajo el trazado cómico y divertido, surgiendo frecuentemente de su lápiz la gracia espontánea y retozona en los tipos caricaturiza excelentemente observados. Es un gran pianista, y a él le debe el Circulo Cultural Mercantil el indiscutible éxito que su Cuadro Artístico obtuvo hace unos años con la representación (siete días seguidos) de la revista de Muñoz Román y el Ilustrado compositor Jacinto Guerrero que lleva por titulo "Cinco minutos nada menos".
Gregorio, el menor de los dos, es hábil relojero y competente electricista; en la actualidad, podemos asegurar que es el maestro de casi todos los directores de las orquestas locales que triunfan en esta comarca y bien reciente está el estreno de ese pasodoble sinfónico interpretado por la Banda Municipal el día de Nuestra Señora de las Angustias, pasodoble que fue premiado con nutridos y calurosos aplausos. Por eso he dicho y lo vuelvo a repetir que la calle de Zabala es corta y angosta, pero que conserva artística solera de fino y exquisito paladar arevalense.
Marolo Perotas
Cosas de mi pueblo

22 feb. 2011

El miércoles en Radio Adaja...

El miércoles en Radio Adaja: El Alcalde Ronquillo.
A partir de las 11,30 horas en 107.2 de FM y en www.radioadaja.es

...ooOoo...

A un olmo seco

Antonio Machado

Obras en Extramuros

Cortesía de Julio Pascual Muñoz
Las obras de consolidación del convento de Extramuros, en Madrigal de las Altas Torres, podrían comenzar el próximo mes de marzo.
Así se puso de manifiesto en la reunión que se celebró hace unos días una representación de la asociación Amigos de Madrigal con Enrique Sáiz, director general de Patrimonio de la Junta de Castilla y León.

21 feb. 2011

Daniel Gil Martín

El pasado 12 de febrero fui a San Martín. Tenía una hora libre y me di una vuelta para ver que había, sin saber incluso si había algo.
En San Martín hay una exposición de grabados de Daniel Gil Martín.
No conozco al artista y tampoco conozco –conocía – mucho el mundo del grabado.
Pero como he dicho en otras ocasiones, más vale llegar a tiempo que rondar un año, por lo que me encontré en la exposición, recién montada a Daniel Gil, el cual me explicó casi todos los detalles que en los 15 / 20 minutos de charla pudo darme sobre el grabado.


I CONCURSO DE LITERATURA EPISTOLAR

“CARTAS DESDE EL CAMINO DE SANTIAGO

La Asociación de Amigos del Camino de Santiago en Ávila convoca el I Concurso de Literatura Epistolar “Cartas desde el Camino de Santiago” con el fin de brindar la oportunidad a las personas  relacionadas de una u otra forma con el Camino de Santiago de contar sus experiencias y vicisitudes acaecidas en el entorno del Camino, en un género literario antaño tan desarrollado y actualmente en vías de desaparición.

El Concurso se regirá por las siguientes bases:

1.    La carta podrá estar dirigida a cualquier persona real o imaginaria, así a como a cualquier ente animado e inanimado, escribiéndole siempre sobre temas relacionados con el Camino de Santiago.

2.    Las cartas deberán ser originales, sin haber sido publicadas anteriormente en ningún medio informativo ni premiadas en otros concursos.

3.    Las obras se presentarán en original y tres copias.

4.    La extensión máxima de la carta será de tres folios  DIN A4, escritos a una sola cara, mediante ordenador o máquina de escribir, con la letra tamaño 12 puntos. No se admitirán manuscritos.

5.    Cada participante remitirá por correo ordinario un solo sobre cerrado a la siguiente dirección:
I Concurso de Literatura Epistolar “Cartas desde el Camino de Santiago”
Asociación de Amigos del Camino de Santiago en Ávila
05163 GOTARRENDURA. ÁVILA
Este sobre incluirá a su vez otros dos:
·         Uno con la carta, que llevará en la cubierta la palabra “OBRA”
·         Otro, con la mención “DATOS” en su cubierta, en cuyo interior deberá figurar:
Título de la carta
Nombre y apellidos del autor
DNI-NIF o número de Pasaporte
Dirección postal
Teléfonos
Cada participante presentará una sola obra, siendo desestimadas todas en caso contrario.
         No se admitirán los sobres que lleguen con remite o acuse de recibo

6.    Los concursantes autorizan a la Asociación de Amigos del Camino de Santiago en Ávila la publicación y reproducción gratuita de las cartas. Las obras premiadas pasarán a ser propiedad de la Asociación cediendo sus autores los derechos de reproducción y explotación que pudiera dar lugar.

7.    El plazo de presentación finalizará el 15 de junio de 2011.

8.    Premios: se concederán dos premios, el primero dotado con 300 € y el segundo dotado con 200 €. El jurado podrá conceder cuantas menciones de honor estime convenientes.

9.    El jurado estará formado por profesionales relacionados con la literatura o la docencia.

10.  El resultado del concurso se hará público el 30 de junio de 2011.

11.  La entrega de los premios tendrá lugar en Gotarrendura  el día 24 de julio de 2011.debiendo asistir los premiados al acto de entrega.

12. El premio NO podrá declararse desierto por el jurado.

13. No se mantendrá correspondencia con los concursantes, a excepción de los premiados, a los que se le comunicará el fallo del concurso.

14. No se devolverán los originales presentados.

15. La Asociación de Amigos del Camino de Santiago en Ávila queda facultada para resolver cualquier tipo de contingencia no prevista en estas bases.

16. La participación en este concurso implica la aceptación de las presentes bases y el fallo del jurado será inapelable.

20 feb. 2011

Variaciones sobre el mismo tema




David Martín Fernández, Julio Pascual Muñoz y David Pascual Carpizo  son buen ejemplo del alto nivel a que ha llegado la afición a la fotografía  en Arévalo.
Mostramos estas instantaneas tomadas por ellos, hace unos días, en el Valle de Iruelas y que nos narran tres formas de percibir un mismo lugar por tres de nuestros mejores fotógrafos. Si hubiera que elegir creemos que resultaría muy difícil decantarse por cualquiera de ellas. Las tres son magníficas.

19 feb. 2011

Nicolás Copérnico

Nicolás Copérnico — en polaco Mikołaj Kopernik, en latín Nicolaus Copernicus (Toruń, Prusia, Polonia, 19 de febrero de 1473 – Frombork, Prusia, Polonia, 24 de mayo de 1543) fue el astrónomo que estudió la primera teoría heliocéntrica del Sistema Solar. Su libro, "De revolutionibus orbium coelestium" (de las revoluciones de las esferas celestes), es usualmente concebido como el punto inicial o fundador de la astronomía moderna, además de ser una pieza clave en lo que se llamó la Revolución Científica en la época del Renacimiento. Copérnico pasó cerca de veinticinco años trabajando en el desarrollo de su modelo heliocéntrico del universo. En aquella época resultó difícil que los científicos lo aceptaran, ya que suponía una auténtica revolución.
Cráter Copérnico en el Mare
Insularum de La Luna
Entre los grandes eruditos de la Revolución Científica, Copérnico era matemático, astrónomo, jurista, físico, clérigo católico, gobernador, administrador, líder militar, diplomático y economista. Junto con sus extensas responsabilidades, la astronomía figuraba como poco más que una distracción. Por su gran contribución en el campo de la astronomía, en 1935 se decidió llamarle en su honor «Copernicus» a un cráter lunar visible con la ayuda de binoculares, ubicado en el Mare Insularum.
El modelo heliocéntrico es considerado una de las teorías más importantes en la historia de la ciencia occidental.

Búscame en Arévalo (8)

18 feb. 2011

PALACIOS DE GODA

Apunta, Cervera Vera, en su libro dedicado a esta población, que pudo ser vacceo el primer asentamiento de Palacios de Goda.
Formó parte, después, de la repoblación del cuarto de los sexmos de la Tierra de Arévalo, del sexmo de Sinlabajos.
Es seguro, que como otros de los lugares de este territorio, Palacios de Goda se repoblara con gentes de origen franco. También con castellanos, gallegos, mozárabes... Muchos serían pequeños agricultores que convivirían con los hortelanos mudéjares, quienes con su laboriosa habilidad mantendrían huertas regadas con agua de pozos, en las que sembrarían toda clase de hortalizas. Es posible que vivieran también algunos judíos dedicados a tareas artesanales y comerciales.
El nombre, más que un origen germánico, parece tener que ver con la existencia de algún resto de vivienda o “palacio” con cierta dignidad y el “Goda” podría significar emplazado en un bello lugar.


LA TORRE ALMENARA

La separación de los reinos de Castilla y de León a la muerte de Alfonso VII, sucede un desdichado periodo de luchas fronterizas, que traen infortunio a los moradores de estas tierras que unos y otros deseaban incorporar a sus reinos.
Esta belicosa actitud provoco la necesidad de proteger los núcleos urbanos en litigio, entre los que se encontraba el de Palacios de Goda. Es por aquellos años (1158-1214) cuando es probable que se construyera la torre almenara.
Ya hemos apuntado en otras ocasiones que estas torres, que eran atalayas y vigías, fueron establecidas hacia el siglo XI por los musulmanes. Los cristianos las levantaron en sus tierras a partir del siglo XII. Las torres almenaras se construían en puntos elevados, desde ellas se podían vigilar los terrenos circundantes y, además, mediante ahumadas comunicarse con otras torres para alertar sucesivamente a las zonas amenazadas de incursiones enemigas. Este sistema defensivo cubrió La Tierra de Arévalo.
La torre almenara o atalaya de Palacios de Goda es de planta sensiblemente cuadrada y sus lados tienen 8,00, 7,90, 7,80 y 7,75 metros de longitud.
Su interior hasta una altura aproximada de siete metros está macizado, sin duda para impedir su fácil destrucción por el enemigo. Lo componen unos muros con un espesor aproximado de dos metros y se rellena, el sensible cuadrado formado en su interior, con tandas de mampuesto cogidas con mortero de cal.
La parte superior encierra un espacio libre casi rectangular protegido por muros de 1,10 metros de espesor.
Los muros fueron construidos con fábricas de mampostería, aparejadas utilizando piedras calizas mezcladas con pedernal y unidas con mortero de cal. Sus caras interiores mantienen la rusticidad del aparejo, mientras que las fachadas se componen con cajones de los mismos materiales, encalados y ceñidos por verdugadas de ladrillo. Estas se prolongan, con diferentes longitudes e igual alto que los cajones, para revestir las esquinas de la torre en toda su altura.
Sus fachadas estaban provistas con dos huecos de saeteras, simétricos horizontalmente, de forma y aparejo mudéjar. La coronación de la torre ha desaparecido, y sobre ella se levantó la fábrica actual rematada con una armadura a cuatro aguas. El zócalo que la recalza por su exterior se construyó más tarde.

LA IGLESIA

La iglesia, dedicada a San Juan Bautista, se compuso aprovechando la torre almenara para campanario. Esta se dejó a los pies de la nave central, luego ensanchada con otra pequeña lateral y paralela a ella, a la que se accede mediante dos pasos separados por una gran pilastra. La nave central, a través de un arco toral, conduce a la cabecera de forma pentagonal. Su primitiva entrada la decora un arco apoyado en pilastras molduradas y situado en la fachada Norte.
Magnifico artesonado mudéjar decora el techo de su cabecera hexagonal. Primorosa talla de madera con único lienzo de lacería. Interesante también el retablo Mayor por sus grandes dimensiones y su ingente amalgama de vegetación y querubines que delatan su exaltado barroquismo. Se divide en tres calles y ático, alojándose en este último un relieve con una escena del Bautismo de Cristo. En la calle central, se acomoda una escultura de San Juan Bautista. A su izquierda una de San José y a la derecha, una de San Antonio. Como imágenes exentas destacan el Cristo de Gracia, una talla de la Virgen del Rosario, con media luna a sus pies, una imagen de Jesús Nazareno y unas tallas de San Antón y Santa Águeda.

De especial importancia para los naturales de Palacios de Goda es la ermita de nuestra señora de la Fons Griega que se encuentra a la entrada del pueblo. Tiene portada de granito y espadaña y en su interior cuenta con un bello retablo barroco de finales del siglo XVII o principios del XVIII.

Un lugar, en fin, que merece la pena visitar de forma tranquila y reposada. Como otros tantos de los pueblos que forman parte del territorio de La Moraña y La Tierra de Arévalo.
Lección de historia
Radio Adaja - 2 de febrero de 2011
Fotografías : La Alhóndiga y Chuchi Prieto

17 feb. 2011

Mamerto Pérez Serrano

No tenemos muchos datos biográficos de este arevalense ilustre, los pocos que nos han llegado proceden de la mano del que fuera cultísimo secretario del Excmo. Ayuntamiento de Arévalo y de una carta de don Miguel de Unamuno, del que fue alumno en la Universidad de Salamanca. 
Del primero, de Don Florencio Zarza Roldán, reseñamos lo siguiente: 

«El día 24 de septiembre de 1887 se tomaba por la ilustre Corporación municipal de Arévalo, entre otros, un acuerdo admitiendo como alumnos gratuitos del colegio de segunda enseñanza denominado de «San Luis» a Juan Gómez Rovidardt y a Mamerto Pérez Serrano, que, con otros tres compañeros (Emilio Garriga Martin, Pedro Pajares Gallego y Ángel Sánchez Maroto), lo solicitaban.»
«Hizo, con este noble anhelo, sus estudios del bachillerato de tal manera, que mereció siempre calificaciones honrosas mensuales y de fin de curso; y por estos innegables y reconocidos méritos pidió y obtuvo que el título de bachiller en Artes se lo costeara el citado ilustre Ayuntamiento, acordándolo en sesión de 30 de junio de 1892, fundándose para ello en que, aunque no tuviera derecho a lo que pedía, era indudable que la Corporación se honraba protegiendo al talento, y que así honraba también a la localidad.»
«El día 17 de diciembre del mismo año, el Municipio arevalense, considerando triste que se quedara sin proseguir sus estudios, le concedió la pensión de cincuenta céntimos de peseta diarios para ayuda de su estancia en Salamanca, adonde iba a matricularse en la carrera de Derecho.»
Para mengua y desgracia de nuestra amada Patria, se encendió por entonces la guerra de Cuba. Mamerto en ella tomó parte. De las razones que para ello tuviera, de qué manera logro entrar como recluta en el ejercito expedicionario y de los sufrimientos atroces en esa azarosa página de su vida…poco sabemos»
Minada su existencia por los citados sufrimientos físicos, pronto empezó a dar señales de próximo fin.
No se hizo nunca ilusiones respecto a su él: le veía acercarse sereno, le miraba impávido, le esperaba tranquilo.
Y, sin embargo, su prodiga imaginación le dictaba concepciones abundantes, variadas y delicadísimas, que se traducían en trabajos literarios de todas formas y estilos, que veían la luz pública en periódicos tan ilustrados y populares como «Blanco y Negro», «Nuevo Mundo», «El Diario de Ávila» y otros. Ahí están, para atestiguarlo, sus charadas y entretenimientos de este género: sus artículos, sus cantares, sus menudencias, sus «Gotas»... Cada una de estas indica claramente el estado de espíritu del escritor: desengañado por una cruel y para él inolvidable pasión...»
Mamerto Pérez Serrano murió en la noche de un 11 de marzo de 1910.

En cuanto a la carta de Don Miguel de Unamuno se detalla en los siguientes términos:

«Para mí, su recuerdo viene unido a los más dulces de mi vida: a los de la iniciación de mi profesorado. Llevo veinte años pasados ya enseñando, y fue en uno de los primeros cuando, después a unas oposiciones a una beca, vino a dar en mi clase de griego aquel muchachito inquieto y vivaracho. Comprendí muy pronto que casi todo lo cogía a oído, que fuera de clase estudiaba la asignatura mucho menos que otros que siempre estaban tras él.
«Adiviné que había de ser lo que otros muchos hemos sido: un autodidacta, un sediento de ciencia y de vida dejado a su propio albedrío.
Fuera de clase le vi poco; no supe de él después que se licenció, hasta que tuve noticia de su muerte. Y yo que tengo la desgracia de haber olvidado a tantos de los que por mi clase han pasado, me acordé al punto de aquel mozo vivaracho y despierto que atendía con los ojos, no solo con los oídos, y que tantas veces me recordó mis primeros años de carrera. Porque me parecía, por no sé qué presentimiento, ver en él uno de mi misma raza espiritual. Sólo que el pobre no tuvo suerte.
Para mí, el nombre de Mamerto Pérez Serrano significa, pues, un pedazo de los más frescos de mi vida, el recuerdo de una esperanza. Y cuando supe su muerte pensé que, de no haberse muerto tan joven, habríamos vuelto a encontrarnos, habríamos resucitado el viejo recuerdo, nos habríamos vuelto a relacionar y podría haber dicho: he aquí uno de los que dirán mis mejores cosas, las que ni yo sé que llevo dentro.»

Los que siguen son algunos de sus versos:

Es mi voluntad sincera 
que tan pronto como muera 
encarguen al pregonero 
que grite ante el mundo entero: 
¡Ya es feliz quien no lo era!

No me quieras si no quieres, 
que no quiero que me quieras 
como quieren las mujeres 
cuando no quieren de veras.

Antes de escribirlo yo, 
Seneca ya nos decía: 
«Lo que más se deseó
en poco se considera
después que se consiguió.»

Mamerto, ilustre hijo de nuestra  ciudad, dio nombre a una calle de Arévalo. La placa que decía “Calle de Mamerto Pérez Serrano” desapareció. Ahora se llama de otra manera. Es seguro que ese cambio en el callejero fue motivado por la ignorancia y la dejadez con que, a veces, “tratamos” nuestras cosas.
La Llanura nº 14 de julio de 2010

15 feb. 2011

13 feb. 2011

En Arévalo a Arévalo

Buscas en Roma a Roma, ¡oh, peregrino!,
y en Roma misma a Roma no la hallas;
cadáver son las que ostentó murallas,
y tumba de sí propio el Aventino.

El moderno viajero que quisiera encontrar en Arévalo a Arévalo y encaminara sus pasos hacia el casco histórico, como el peregrino del soneto de Quevedo buscaba en Roma a Roma, mucho me temo que tampoco lo hallaría e igualmente concluiría que “huyó lo que era firme y solamente / lo fugitivo permanece y dura”.

El recordado maestro y crítico de arte Santiago Amón, definía el patrimonio histórico-artístico como aquel asentamiento humano, fuertemente condicionado por una estructura proveniente del pasado, que lo va a hacer reconocible como significativo de la evolución de un pueblo. Desde esta perspectiva es urgente acabar con la dañina falacia de que el patrimonio histórico nos pertenece a todos, como nos pertenece la camisa o el derecho de sufragio, sino que somos nosotros quienes le pertenecemos a él. San Agustín, que acuñó el saludable concepto de “pertenencia relativa”, escribe que su madre y él estaban mirando el huerto “desde la ventana de la casa que nos tenía”.

Es algo parecido a lo que el jefe indio Seatle le contestó al Presidente de los Estados Unidos en su famoso manifiesto de 1854, cuando éste le quiso permutar las tierras de su tribu por otras en una reserva: “quizá sea porque uno es un piel roja y no comprende nada, pero la tierra no pertenece al hombre; el hombre pertenece a la tierra (…) el hombre no tejió la trama de la vida; él es sólo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a sí mismo”.

Obran con manifiesta estupidez o con dolosa incuria quienes por ostentar un cargo público de elección o una posición económica de succión, consideran que pueden hacer con el patrimonio histórico cualquier cosa, con la única condición de que se les haya ocurrido a ellos y de que les salgan las cuentas a la hora del arqueo final. Si finalmente hay que elegir entre el abandono o la adulteración y el pastiche, mejor lo primero, porque lo segundo tiene difícil o imposible remedio. O acaso sea que uno también es un piel roja que no comprende nada.

Pero si grave es que el turista accidental no pueda ya apenas encontrar en Arévalo a Arévalo, en el caso del arevalense de nacimiento o de afección lo que se produce es un desgarro sin sutura posible, pues lo que ventila en el expolio es su propia identidad, aquello que nos hace reconocibles como lo que somos. De un hombre que acostumbra a traicionarse se dice que llegará el momento en que cuando se mire al espejo no se reconocerá, como ese personaje de Woody Allen que va perdiendo sus contornos y acaba desvaneciéndose en el aire o como los medios-seres de nuestro Ramón Gómez de la Serna. Este es el riesgo que corremos: convertirnos en seres demediados, de insoportable levedad, inertes e inermes como árboles sin raíces, como tarabillas al viento. Por todo ello resulta cada vez más imprescindible que existan y se afiancen realidades tan esperanzadoras como este magnífico Blog o como la pujante asociación cultural “La Alhóndiga”. No todo está perdido.
José Félix SOBRINO
Enero de 2009

12 feb. 2011

BICICLETA, CUCHARA, MANZANA

DOMINGO, 13 DE FEBRERO DE 2011
A las 18.00 horas
Centro Cultural "San Martín" de Arévalo
Proyección del documental de Pascual Maragall:
BICICLETA, CUCHARA, MANZANA
dirigido por Carles Bosch
Organiza: Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer de Arévalo y Comarca.
Colabora: Caja de Ahorros de Ávila

Restaurar, reconstruir

PATRIMONIO HISTÓRICO


Románico romántico (4).  Restaurar, reconstruir
Por José Miguel Lorenzo Arribas

Dejamos las cuestiones filológicas y de historia de la terminología estilística de las anteriores entregas, pero continuamos dentro de un ámbito que dota de sentido al sintagma que da título a esta pequeña serie. Entre las tendencias históricas más pujantes de la restauración arquitectónica destacan, grosso modo, dos: la restitucionista y la conservacionista. Esta última la encabezó el escritor y crítico inglés John Ruskin (1819-1900), mientras que de la primera fue adalid el francés Viollet-le-Duc (1814-1879), arquitecto e historiador del arte. Abogando el primero por la mínima intervención en el edificio, el segundo optó por la reconstrucción sin piedad según los presuntos modelos que el arquitecto «original» habría seguido, y que el arquitecto restaurador rescataba.

Si Ruskin defendió el concepto de «ruina romántica», tendente a la consolidación simplemente de la obra arquitectónica tal como había llegado hasta nosotros, a fin de no adulterarla, de documentarla y legarla sin engaño, el francés se afanó en llenar su país de lo que hoy llamamos en el argot «falsos históricos». Como quiera que la ruina arquitectónica seduce y traslada a un mundo donde la imaginación se desata (como bien lo explotaron los poetas y novelistas románticos: Bécquer, Gil y Carrasco y compañía), se acuñó el concepto de «ruina romántica» como una opción restauradora, en el sentido ruskiniano: intervenir para frenar el deterioro, pero manteniendo el encanto de la arquitectura descarnada, eviscerada, abierta en canal. La misma que Caspar David Friedrich se esforzó en plasmar en sus lienzos, consolidando un arquetipo de lo medieval del cual hoy seguimos siendo deudores. Por ello, muchas restauraciones arquitectónicas actuales, que respetan la biografía de un edificio románico ruinoso y se encuentran en un paraje natural sugerente, podrían considerarse «románico romántico», mezclando términos y categorías tan distintas en una hormigonera conceptual que produce un pastiche que quizá exprese bien, aunque por camino anfractuoso y discutible, el valor que se quiere rescatar una vez terminada la obra.

En los jardines románticos, la ruina (románica, o mejor gótica) fue especialmente valorada, aunque fuese una falsa ruina, construida, inventada. Así se procedió en la Casa del Ermitaño sita en el parque madrileño de El Capricho, revestida de trampantojos y cubierta de vegetación para parecer ruinosa desde su propia construcción a finales del xviii. La cosa llegó a más, incluyendo el traslado en 1897 de una ruina románica real, como se hizo en El Retiro con lo que quedaba de la iglesia abulense de San Pelayo y San Isidoro, elevándola sobre un promontorio artificial construido ad hoc. Un testimonio desubicado (y desorientado, pues el ábside mira al Sur, no al Este como era preceptivo) que hoy puede visitarse, no sin cierta perplejidad.

«Románica romántica», por otro lado, y en el peor sentido de la palabra, podría considerarse toda esa literatura que tiene cabida bajo el permisivo rótulo de «novela histórica» que, ambientando el desarrollo de la acción en la época románica, siglo xii por ejemplo, prescinde de prácticamente toda referencia contextual (salvo los detalles tópicos de rigor) para presentar un culebrón muy del gusto romántico. Lo mismo da que costumbres, creencias, procederes y hasta decorados fueran otros, góticos o directamente barrocos. Importa más vender que afinar. Y, en ese sentido, el argumento romántico sigue gustando, y el románico se ha convertido en un talismán que todo cuanto bajo su paraguas acoge, lo hace atractivo. Románico, romántico… y vendible, que al fin y a la postre, de eso se trata.

11 feb. 2011

En Canal 8 de RTV Castilla y León

BIODIVERSIDAD

Muchos conocidos me dicen que tengo el gusto estropeado al elogiar mi tierra. De hecho, muy pocos asociarían La Moraña y Tierra de Arévalo con biodiversidad. Es más, mucha gente opina sobre la vaciedad de estos terruños, calificándolos como espacios desérticos, feos, inhóspitos, sin atractivo. Suele decirse que para gustos están los colores y aunque respeto esta opinión, no la comparto. Una visión fugaz de La Moraña, puede dar esa sensación casi desértica. Cierto es que, a primera vista, estas tierras parecen vacías y monótonas, pero hay que mirar para ver y andar para recorrer.
Una observación más detallada nos muestra variedad de hábitats con sus distintos moradores. Por ejemplo, entre los extensos cultivos de cereales sobrevive una de las comunidades faunísticas más amenazadas de Europa, las aves esteparias. Su presencia ha propiciado que una buena parte de la comarca haya sido incluida en una Zona de Especial Protección para las Aves: ZEPA Tierra de Campiñas. Este valioso espacio, si les parece, lo dejamos para otra ocasión pues, dada la importancia del grupo de aves esteparias, merece un comentario más extenso.
Pero no todo son llanuras o tierras de cultivo, entre ellas hay pequeños bosques isla de pino o encina, serpenteantes hileras de chopos asociadas a algún arroyo. En determinados parajes, la planicie se deprime favoreciendo la formación de pequeños humedales. En otras zonas, el cauce de algún río o arroyo, generalmente seco, rompe la llanura. Estas fracturas de lo horizontal son especialmente marcadas en el río Adaja y en el último tercio de su afluente, el Arevalillo. Y además estos ríos van acompañados de importantes masas de pinares, las últimas de cierta entidad en la comarca, formando lo que en ecología llamamos el corredor del río Adaja.
En el artículo “El bosque de los gamusinos”, publicado La Llanura nº 5  en el mes de octubre de 2009, ya refería la gran importancia hidrogeológica de estas zonas boscosas asentadas sobre arenas, y la necesidad de conservar y proteger estos pinares y suelos arenosos para asegurar la recarga del maltrecho acuífero de los arenales con aguas de calidad y en cantidad. Pero dejé para otra ocasión su importancia ecológica.
Como les decía, este corredor natural posee un destacado valor biológico, al ser utilizado por la flora y fauna como un camino verde para sus desplazamientos entre el centro y el sur de la Cuenca del Duero, lo que le confiere una importancia única y excepcional, especialmente en una zona tan deforestada como la que nos ocupa. De hecho, de las 231 especies de aves que se han observado en la comarca, 167 se han anotado alguna vez en esta estrecha franja de terreno. A esto hay que añadir las especies de flora, que se multiplican de forma acusada en este pequeño espacio.
Muchas de estas aves son singulares, por su belleza, costumbres, o escasez a nivel mundial. Esto debe hacernos reflexionar sobre la necesidad de conservar los últimos espacios arbolados para asegurar esta cantidad de vida en todas sus formas y variedades: su biodiversidad. Pero hasta la fecha ninguna figura de protección ha recaído sobre el corredor del Adaja, ¿acaso no la merece? Veamos:
Foto satélite de La Moraña y Tierra de Arévalo.
Se aprecia el corredor del Adaja como última superficie arbórea.
En el corredor del Adaja se pueden observar de forma habitual varias especies de aves amenazadas. Si nos referimos al Catálogo Nacional de Especies Amenazadas el número de especies supera las cien. Si nos referimos al mayor grado de protección de la Directiva de aves, el número es de 27 especies. Para resumir esta lista, voy a citar sólo las doce especies amenazadas más representativas. Estas son: totovía, cogujada montesina, carraca, curruca rabilarga, martín pescador, búho real, halcón peregrino, águila calzada, milano real, milano negro, águila culebrera y águila imperial ibérica, esta última catalogada en peligro de extinción.
Para no hacer demasiado pesada la exposición, sólo referir que varias Leyes, Decretos y Directivas obligan a que el corredor del Adaja sea protegido como ZEPA o Lugar de Importancia Comunitaria (LIC). A pesar de ello vemos como graveras, urbanizaciones, campos de golf, obras públicas…, amenazan con reducir sensiblemente ente valioso corredor natural, y única superficie arbolada de una comarca deforestada. Todo denominado proyecto de desarrollo tiene que ubicarse necesariamente en estas últimas 5.000 hectáreas arboladas ¿Qué clase de progreso acaba con enclaves beneficiosos, necesarios para la vida? El propio Plan General de Ordenación Urbana de Arévalo, ha condenado a desaparecer a grandes extensiones de pinares, ubicados al sur de la ciudad, deglutidos por un recrecimiento urbano innecesario, al no haber agotado previamente terrenos urbanizables útiles, cercanos al centro histórico.
Por ello debemos animar a la Junta de Castilla y León a que proteja adecuadamente el corredor del río Adaja solicitando la declaración de ZEPA o LIC para este valioso rincón abulense.
Como decía Machado, he andado muchos caminos, he abierto muchas veredas…, pero les aseguro que muchos de los mejores ratos, los he pasado admirando la naturaleza de mi tierra. Nunca es tarde para conservar, lamentarse de lo que ya se ha perdido, de poco o de nada sirve.

En Arévalo, a dieciocho de febrero de 2010.
Autor: Luis José Martín García-Sancho.
Publicado en La Llanura número 10  - marzo de 2010
Fotografía de Avutarda por cortesía de David Pascual

Thomas Alva Edison

8 feb. 2011

Luis Sánchez Polack

PLAZA DE LA VILLA: SOBERBIA Y MISERIA

... cubrición, “a posteriori”, de toda la fachada original
(en un neomodernismo a lo cafre)
con loseta de piedra artificial...
A finales de diciembre visité, con unos viejos amigos, la Plaza de la Villa. Mostraron su desagrado ante la “torpe restauración” en un Conjunto Histórico catalogado y, como tal, protegido por las Leyes. Uno de ellos, Agustín, que hasta su reciente jubilación ha sido Arquitecto del Instituto de Historia de la Arquitectura y Restauración de Monumentos, adscrito al M.C., quería saber si el Gobierno Autonómico y la Comisión Territorial de Patrimonio tenían conocimiento de la “insólita intervención”. Le dije que, hasta donde yo sabía, se habían seguido ciertos trámites burocráticos y que, por tanto, los arquitectos responsables, habían actuado con total impunidad en el desastre perpetrado... La Ley de Patrimonio, en su artículo 39.1 dice que “las restauraciones de los bienes de interés cultural respetarán las aportaciones de todas las épocas existentes”. Entonces, ¿cómo justificar la demolición de una capilla del s.XVIII, en la Iglesia de San Martín, y la cubrición, “a posteriori”, de toda la fachada original (en un neomodernismo a lo cafre) con loseta de piedra artificial en desdoro de todo su carácter y estilo?...
...anacrónico escaparate cuyo objetivo
es el de poder admirar, desde dentro,
el ábside de la Iglesia de Santa María
¿Y qué decir de la manzana de casas situada al norte de la Plaza? Para mayor tortura a la sensibilidad, y no menor ofensa a la inteligencia, el espacio (antes deteriorado, sí, pero original) ha sido sustituido, “de facto”, por una grosera falsificación que no ha respetado nada. Un derrumbe accidental (supongo), hábilmente canalizado por los directores de la obra, ha servido para que el afán depredatorio del tráfico del ladrillo haya convertido el conjunto en un “quiero y no puedo” de la arquitectura nativa trocada en un parche o cataplasma que repele al visitante culto. El fenecido Torreón Yurrita (pronto cumpliría cien años) no era una joya arquitectónica pero era una pieza, ya, imbricada en un Conjunto Histórico (declarado por el B.O.E. de 26-06-1970) que rompía la posible monotonía horizontal del tejado, o caballete, del edificio exterior; ahora, para sustituir la estética del demolido Torreón, se ven unas horripilantes chimeneas que atentan contra la razón. El solariego portón, que lucía orgulloso en la llamada “casa de los Mínguez” (significativa pieza del siglo XVII), también ha desaparecido yendo a parar a una casona segoviana “para embellecerla” según el sagaz comprador; la vileza cometida, con el portón, se ha resuelto como el resto de la carpintería de la Plaza: instalando ventanas y puertas, de exótica factura, ajenas por completo a las peculiaridades identificativas de una Plaza Medieval Castellana. A mayor miseria algunas vigas se han reemplazado por tablones (falso vigamen) que, para concordar con el hormigón de la parte posterior, chirrían, al primer golpe de vista, con la estridencia de un centenar de violines desafinados... Aunque pensándolo bien (y para sincronizar con la mentalidad soberbia de los padres del engendro) al haberse convertido, toda la manzana de casas, en unos apartamentos cuyo fin es el negocio de sacarle tajada al lugar, lo menos importante es el respeto a un Patrimonio que a nadie le importa un bledo; ya sabemos que se encuentra protegido por unas Leyes que, en la realidad, todo el mundo ha de cumplir excepto aquellos que, se supone, las promulgaron. Sería justo que a la Empresa Promotora se le hubiese premiado con alguna subvención oficial (del A.R.I., por ejemplo) para enjugar las pérdidas económicas ocasionadas por la costosa falsificación y potenciar, así, su negocio especulador...
A la Casa de los Sexmeros de la Tierra (Museo de la Historia para mayor ironía) también se le ha despojado de su antigua puerta claveteada que, ya sabemos, no era una obra de orfebrería pero, por sus características y entrepaños verticales, cumplía dignamente su misión visual y estética; con la nueva puerta es preferible mirar hacia otro lado. ¿Y cómo soportar, sin indignarse, el derribo de un muro, en el alzado oeste, con más de trescientos años de antigüedad, para sustituirlo por un anacrónico escaparate cuyo objetivo es el de “poder admirar, desde dentro, el ábside de la Iglesia de Santa María”, según el argumento del genial inventor del artificio? Conocemos delitos de lesa cordura que, con razonamientos menos bobos, se penalizan con la incapacitación. Sugerimos a los dueños de las demás casas, de la Plaza, seguir el ejemplo dado por un arquitecto a quien la soberbia impide distinguir lo blanco de lo negro...
“Centro de Interpretación del Mudéjar”;
función  que viene a ser, en la Plaza de
la Villa, algo así como, en alta mar,
estudiar el agua en una palancana
La “antigua mansión del poeta-hidalgo, Nicasio Hernández Luquero” (son palabras de Ramón Gómez de la Serna) tampoco ha escapado al efecto dominó de la iconoclastia arquitectónica. Todo empezó por un incendio, al parecer hijo de la fatalidad, en el que estuvieron a punto de fenecer la hija del escritor, otra señora y un gato... El inmueble, después de muchos avatares de compra-venta, fue a parar a manos del Ayuntamiento y alguien (con buen criterio) propuso darle alguna utilidad cultural que, con sentido común, bien podría haber sido el de Biblioteca Pública en homenaje a tan insigne hombre de las Letras Hispanas. Pues no; para llevarle la contraria a la lógica se destinó, por algún celtíbero instruido que sabe de memoria algunos versitos de Luquero, a “Escuela de Artes y Música” (así dice el Acta de Replanteo) lo cual parece indicar que, ahora, la Música no forma parte de las Artes... Más tarde, desde algún despacho capitalino sapientísimo, se amplió su función como “Centro de Interpretación del Mudéjar”; función que viene a ser, en la Plaza de la Villa, algo así como, en alta mar, estudiar el agua en una palancana. A tal efecto ha diseñado, el sesudo escaparatista del dudoso Museo de la Historia, un búnker de cemento armado (conozco rostros con más dureza), en el corral de la desgraciada casa de Luquero, para evitar, en una Plaza archifalsificada, la falsificación (?). Albergará, dicho búnker, didácticas construcciones mudéjares al abrigo de los vientos del Norte. Conviene explicar que, en esta misma casa, Nicasio Hernández Luquero, tradujo del francés, en uno de sus más brillantes trabajos, las teorías de Marinetti; es decir “El Futurismo” que, como sabemos, proclamaba la destrucción del pasado por el solo hecho de serlo, ¿sería una profecía, de nuestro literato, aplicable, hoy, a su querida Plaza de la Villa? No lo sabemos. Pero comprendemos que nuestra Plaza, hoy falseada, distorsionada y tergiversada, ha dejado de ser lo que era: una Plaza Medieval.
Por todo lo anterior quiero proponer y PROPONGO:
QUE a la Consejería correspondiente de la Junta, a la Comisión Territorial de Patrimonio y al Ayuntamiento (con sus trece miembros) se les obsequie con dos ejemplares (por si pierden uno) de la LEY DE PATRIMONIO CULTURAL DE CyL (Ley 12/2002, de 11 de julio), en edición de lujo, impresos en letras bien gordas y fosforescentes, sin perjuicio de otorgarles La Medalla Helicoidal del Bagaje Antropológico con distintivo Medio-Ocre.
ÍTEM al Sr. Arquitecto Municipal. Más una estatua ciega con una balanza en la mano.
ÍTEM al Sr. Cronista Oficial. Más unas gafas graduadas y un boli de punta fina.
ÍTEM a los dos Srs. Arquitectos foráneos (y su aparejador), Más un billete de ida al desierto de Atacama, en la laguna nº 13 de nitratos y nitritos, para que, sin peligro de desvirtuar nada, experimenten con hormigón chileno que es más duro y menos caro.
En cuanto a lo poco que queda de nuestro Patrimonio; que el Señor lo libre de todos los caciques ineptos que andan sueltos por el mundo.
José Antonio ARRIBAS
Publicado en La Llanura nº 20  - enero de 2011