31 dic. 2010

Miguel de Unamuno y Jugo



Corral de muertos, entre pobres tapias,
hechas también de barro,
pobre corral donde la hoz no siega,
sólo una cruz, en el desierto campo
señala tu destino.
Junto a esas tapias buscan el amparo
del hostigo del cierzo las ovejas
al pasar trashumantes en rebaño,
y en ellas rompen de la vana historia,
como las olas, los rumores vanos.

De nuevo ÁVILA LA CASA

Hace ya unos días se presentaba en Ávila la cuarta edición del libro de Jacinto Herrero Ávila la casa, en un auditorio lleno hasta la bandera. La noticia es sorprendente, no es frecuente que un libro de poemas alcance cuatro ediciones en vida del autor, ni que convoque a tantas personas, máxime cuando era sabido que el libro no se regalaba a los asistentes. Estábamos allí los amigos, los alumnos, los lectores del autor. Algunos entrábamos en las tres categorías y pudimos recordar a aquél profesor, a aquél maestro, nunca enseñante o mero pedagogo tipo loro, que nos acercó a la literatura y a los escritores de una manera que nunca agradeceremos bastante, a quien amplió nuestro cerrado círculo con nombre de nuevos amigos que se llamaban Garcilaso, Quevedo, Unamuno, Lorca, Miguel Hernández, Dámaso Alonso, Neruda, Alexandre, Panero. Nombres todos de un paisaje literario y vital que tuvimos la suerte de recorrer con él acompañados de Velázquez, de Piero, de Kandisky, de Benjamín. Nombres y obras que Jacinto ponía al alcance de aquellos muchachos que pronto iban a saber fuera de Ávila que todo aquello era cierto.
Paralelamente a la presentación, en una sala del palacio de los Serrano, se abría la exposición (está abierta hasta fin de mes) de dos de las tres ediciones anteriores y la cuidada edición de Ávila la casa actual acompañada de los originales del cuaderno de viaje con dibujos y acuarelas de Rafael Gómez Benito, un pintor granadino y abulense por parte de padre, que ha acometido beneméritamente la triple labor de ilustrar, impulsar y editar los poemas de Jacinto Herrero. En lo que en el libro y en la exposición se aprecia la pintura de Gómez Benito es sumamente interesante, revela un buen oficio y un conocimiento cordial y comprometido de esta ciudad que ha hecho suya. Cumple con creces con la obligación de un buen ilustrador: acompañar, sugerir lecturas de los textos, pero nunca banalizarlos, nunca utilizarlos como pretexto.
Ávila la casa (1969, 1982, 2000 y 2003) fue el tercero de los libros de Jacinto Herrero, autor de no muchos pero si muy cuidados libros de poesía. En él el poeta hace renacer en catorce sonetos el magnífico soneto que Leopoldo Panero dedicó a la ciudad de Ávila. Los versos de Panero fuerzan a Jacinto Herrero como final de cada uno de sus sonetos. El resultado es a mi modo de ver el más valioso poemario dedicado a Ávila y sus gentes. Lo abulense (palabra sumamente gastada) tiene aquí un amplio y pleno sentido en el que la cultura, la historia, el arte y la geografía, están sirviendo de armazón a unos versos trenzados con la vividura de un hombre que no es ajeno, ni al ayer, ni al hoy, ni al mañana de Ávila. El Ávila que aflora en estos versos es el Ávila de siempre, el mejor de los Ávilas posibles.
Jacinto Herrero ha publicado algunos otros libros de poemas: El Monte de la Loba (1964), Tierra de los conejos (1967), La Trampa del Cazador (1974), Solejar de las aves (1980). Noche y día (1985), La golondrina en el cabrio (1993), Analecta última (2003). Libros todos que sirven para que se pueda definir su poesía como una obra coherente, cuidada y para poder afirmar que –por encima de cenáculos y comidillas literarias subvencionadas- la suya es una poesía que trasciende los estrechos límites de la cultureta local. Una poesía que puede definirse como precisa, hermosa y justa. Precisa por decir exactamente lo que se quiere y lo que únícamente así puede ser dicho, hermosa porque bebe en las mejores fuentes del idioma y es rica en lo que dice y lo que sugiere, y honesta porque no es un escribir al dictado de los que hoy se usan, que el suyo es un escribir contracorriente, voluntariamente huérfano de tantos adjetivos y tanta ñoñería como se estila.
Sorprendentemente entre los reconocimientos que la poesía de Jacinto Herrero ha tenido no figura ninguno de los premios que por estos lares se reparten. Se me ocurren varias explicaciones para ello: simplemente que los jurados han fallado, o que han fallado los que han nombrado los jurados, o que como se dice los jurados se dedican a repartirse los premios entre ellos y sus allegados y no le veo yo a Jacinto Herrero como allegado de nadie, o que buscan premiar algún personaje de relumbrón que pueda prestigiar los premios. Lo cierto es que los premios que por aquí se dan no se han honrado nunca con el nombre del poeta ni con otro nombre muy cercano a él. Sin chovinismo de ninguna clase es incomprensible.
Jacinto Herrero y su poesía forman ya parte de la esencia de Ávila como Teresa y Juan de la Cruz, como Unamuno, como López Mezquita, como Benjamín Palencia. Su poesía nos sobrevivirá y hasta es posible que dentro de unas décadas alguien pueda pasear por una calle que lleve su nombre repitiendo sus versos: “Vivís. Nada ni nadie en mi memoria/ borrará vuestras huellas, piedras puras,/ torreones, volutas con figuras/ de monstruos o quimeras sin historia”.
José Luis Gutiérrez Robledo

30 dic. 2010

Premio Castilla León de las Letras

Consideramos que D. Jacinto Herrero Esteban, nacido en 1931 en Langa, licenciado en Filología Románica, escritor y poeta es merecedor, por su obra, del próximo Premio Castilla y León de las Letras. Puedes ayudar descargando y rellenado la siguiente:

Hoja de firmas: (Pulsa y accede al formulario)

Una vez hayas firmado la hoja puedes remitirla por Mail a  Nuestro correo

Es muy importante que la hoja nos llegue cuanto antes.

Jacinto Herrero Esteban

Esas nubes de frío, no de agua
teñidas de carmín, los alocados
vuelos y gritos de estorninos grises
que disputan su espacio entre los árboles
para dormir; los perros vagabundos
que señalan su propio territorio
de esquina a esquina; niños que juegan
ajenos a la luz atardecida;
ventanas que se encienden de amarillo
claror. Una tibieza oscura en casa
le recibe. No intentes saber nada.
Si oyeses fuera pasos en la noche
y voces que atraviesan el silencio,
trata en la calma de salvar tus sueños.

Jacinto Herrero Esteban, nacido en 1931 en Langa (Ávila) y licenciado en Filología Románica es autor, entre otras obras, de "El monte de la loba", "Tierra de los conejos", "Ávila la Casa", "La trampa del cazador", "Solejar de las aves", "Los poemas de Ávila y solejar de las aves", "Noche y día", "La golondrina en el cabrio", "Analecta última", "La herida de Odiseo", "Grito de alcaraván" y "Escritos recobrados".
Ha sido propuesto para ser Premio Castilla y León de las Letras. 
El Premio Castilla y León de las Letras fue creado mediante el Decreto 54/1984, de 5 de julio, con el objetivo de galardonar la labor de aquellas personas, equipos e instituciones que hayan contribuido a la exaltación de los valores de la Comunidad castellana y leonesa, o que realizada por castellanos y leoneses, dentro o fuera del ámbito territorial de la Comunidad, supusiera una aportación destacada al saber universal, que han destacado en poesía, narrativa, filología, etc. El premio se otorga anualmente el día 22 de abril.

29 dic. 2010

VOTA PARA DAR ESPERANZA A NIÑOS ENFERMOS


Como sabéis ASION es una asociación que se dedica a ayudar a niños enfermos de cáncer y a sus familiares. Ahora está desarrollando el proyecto de investigación "La Hucha de Tomás" para hacer ensayos clínicos con niños que padecen esta terrible enfermedad. Este tipo de investigación es imprescindible para poder desarrollar tratamientos efectivos contra algunos tipos de cáncer infantil.

La Hucha de Tomás es un proyecto iniciado por Ignacio Martín y Judit González, hijos de Arévalo, que hace un año perdieron un hijo, Tomás, de 11 años, después de una dura lucha contra un linfoma.
La cadena de peluquería Marco Aldany ha elegido esta ONG como candidata, entre otras, a recibir el Premio de Solidaridad 2011.

Si apoyáis la candidatura con vuestro voto será más fácil que pueda obtener el premio y conseguir fondos con tan noble y meritorio fin.
  
Solicitamos vuestra ayuda para La Hucha de Tomás

Lo único que tenéis que hacer es entrar en este enlace y votar a ASION:

MARCO ALDANI (Pulsa aquí para votar)

En el 2011, va a ser muy difícil encontrar financiación para todas las actividades que desarrollamos, por ello cualquier ayuda de este tipo será recibida como agua de mayo y empleada con eficacia.

Mas Información:
Ignacio Martín
ASION
Tel.: 619 416 253

27 dic. 2010

A LA DERECHA, SIEMPRE A LA DERECHA

(Crónica breve de una visita en la que la niebla no logró confundirme o tal vez sí)

La cita era junto a la iglesia de san Salvador en Rágama, otra más incluida en la Lista Roja del Patrimonio. Junto a ella está el monumento levantado en honor a Francisco de Carbajal, el Demonio de los Andes, nacido en esta localidad, antiguo sexmo de la Tierra de Arévalo. Magníficamente retratado por Ricardo Palma en sus Tradiciones Peruanas, fue Maese de Campo de Gonzalo Pizarro y murió a la edad de 84 años porque fue ejecutado. De la lectura del libro de Ricardo Palma, su biografía y el recuerdo que aún perdura en Perú y confrontado a lo escrito en unos azulejos que en el monumento se hallan, resulta un verdadero y auténtico monumento al eufemismo, pueden acercarse a comprobarlo.
La mañana amaneció con una persistente niebla, que según la meteoróloga de nuestra asociación es prima lejana de la pertinaz sequía, pero nuestro recalcitrante carácter nos hizo continuar. La cencellada había blanqueado bellamente las agujas de los pinos, y los matojos presentaban un bello aspecto navideño, casi de postal. Pese a que éramos más que nunca, decidimos someter a votación si continuar o no con el programa previsto, tras un rápido recuento de los votos emitidos nos encaminamos hasta la laguna de los Lavajares.
Como la visibilidad era escasa, apenas a unos cincuenta metros de nosotros nada se veía, debimos conducirnos con mucha precaución. Me recordaba esas películas de marinos navegando por procelosas aguas, todo cubierto por la traicionera niebla, una niebla hermana de la “persistente” pero de peor carácter, o el relato de Mark Twain de la navegación por el Misisipi. Caminábamos pegados al borde del camino y al llegar a alguna bifurcación preguntábamos a nuestro guía, que cual experimentado capitán marino nos indicaba la dirección correcta: “a la derecha, siempre a la derecha”. Así, tras una agradable caminata aderezada de interesantes y a veces divertidas charlas, pero casi sin visibilidad, llegamos hasta la laguna.
“Esto es lo que hay”, dijo nuestro guía. Una visión indescriptible apareció ante nosotros. Solamente estando en aquel lugar podréis apreciar la belleza que posee ese paisaje. Subidos al cerro cercano se pueden ver Rágama, Horcajo de las Torres, Rasueros, Zorita de los Molinos y la Torre Yecla. Cientos de aves de las más variadas especies que pueblan nuestras llanuras en este época del año, revolotean en un incesante ir y venir en busca de alimento unos y de descanso en su migración los otros. Allí ante la visión que paisaje y climatología nos brindaban dimos cuenta de nuestras viandas, muy variadas a decir de mister Chisp siempre fiel a su sándwich de pepino, y una vez repuestas las fuerzas iniciamos el camino de regreso hasta Rágama.
Como la mañana solamente estaba mediada, decidimos acercarnos a Villar de Matacabras pues nos quedaba de paso y así podríamos aprovechar para visitar su iglesia y hacer algo de “shopping” que dicen ahora, el “ir de tiendas” de toda la vida desde que somos parte de la sociedad consumista y moderna.
Al llegar a Villar de Matacabras, justo a la entrada del pueblo está la iglesia. Allí un grupo bastante numeroso de cazadores almorzaba junto a una acogedora hoguera al tiempo que un nutrido grupo de ciclistas llegaba a la localidad y que según nos comentaron realizaban un recorrido en bicicleta por la comarca.
La iglesia una interesante muestra del mudéjar de la zona es una más a punto de desaparecer y pasar a ser otro edificio histórico que fenezca en esta región, rica en arte, historia, monumentos y pobre en recursos e ideas. No puedo ocultar que cuando les informamos del motivo de nuestra visita, sus caras, las de todos ellos, reflejaron sucesivamente todos los colores del arco iris. Tan solo uno de los cazadores acertó a decirnos:”...sí, esta iglesia tiene mucha historia”.
Tuvimos que conformarnos con ver esta pequeño joya, lo que queda de ella mejor dicho, desde fuera. Con las explicaciones de uno de nuestros estudiosos de arte, pudimos comprender los sistemas constructivos de la época. Distinguir los diferentes añadidos que había sufrido a lo largo de la historia, localizar sobre el terreno cimentaciones de muros desaparecidos, comprender la construcción de los paños de muros de mampostería tradicional, diferenciando las hiladas de ladrillos, la tierra prensada con cantos, el empleo de la cal y un largo listado de observaciones. Hoy he comprendido sobre el terreno la plenitud del significado del refrán que dice: “Entre santa y santo, pared de cal y canto”.
Pudimos visitar una típica bodega de la zona y hacer un recorrido por la localidad para que cada cual hiciese las compras que en su deseo y posibilidades tuviese a bien. Ya casi al finalizar nuestra visita nos acercamos hasta la laguna donde se encuentran los afamados “lodos de san Gervasio”, que como aclaración para los que no solemos ir a misa celebra su festividad el 19 de junio, siendo muy beneficiosos para todo tipo de enfermedades de la piel. Estos lodos junto con el agua del pozo cercano a la laguna reciben la visita de numerosas personas en busca de sus efectos sanadores. Y como gusta de decir mister Chisp: “se acabó el duro”.
Fabio López

26 dic. 2010

¿Cuánta tierra necesita un hombre?

Érase una vez un campesino llamado Pahom, que había trabajado dura y honestamente para su familia, pero que no tenía tierras propias, así que siempre permanecía en la pobreza. "Ocupados como estamos desde la niñez trabajando la madre tierra -pensaba a menudo- los campesinos siempre debemos morir como vivimos, sin nada propio. Las cosas serían diferentes si tuviéramos nuestra propia tierra."
Ahora bien, cerca de la aldea de Pahom vivía una dama, una pequeña terrateniente, que poseía una finca de ciento cincuenta hectáreas. Un invierno se difundió la noticia de que esta dama iba a vender sus tierras. Pahom oyó que un vecino suyo compraría veinticinco hectáreas y que la dama había consentido en aceptar la mitad en efectivo y esperar un año por la otra mitad.
"Qué te parece -pensó Pahom- Esa tierra se vende, y yo no obtendré nada."
Así que decidió hablar con su esposa.
-Otras personas están comprando, y nosotros también debemos comprar unas diez hectáreas. La vida se vuelve imposible sin poseer tierras propias.
Se pusieron a pensar y calcularon cuánto podrían comprar. Tenían ahorrados cien rublos. Vendieron un potrillo y la mitad de sus abejas; contrataron a uno de sus hijos como peón y pidieron anticipos sobre la paga. Pidieron prestado el resto a un cuñado, y así juntaron la mitad del dinero de la compra. Después de eso, Pahom escogió una parcela de veinte hectáreas, donde había bosques, fue a ver a la dama e hizo la compra.
Así que ahora Pahom tenía su propia tierra. Pidió semilla prestada, y la sembró, y obtuvo una buena cosecha. Al cabo de un año había logrado saldar sus deudas con la dama y su cuñado. Así se convirtió en terrateniente, y talaba sus propios árboles, y alimentaba su ganado en sus propios pastos. Cuando salía a arar los campos, o a mirar sus mieses o sus prados, el corazón se le llenaba de alegría. La hierba que crecía allí y las flores que florecían allí le parecían diferentes de las de otras partes. Antes, cuando cruzaba esa tierra, le parecía igual a cualquier otra, pero ahora le parecía muy distinta.
Un día Pahom estaba sentado en su casa cuando un viajero se detuvo ante su casa. Pahom le preguntó de dónde venía, y el forastero respondió que venía de allende el Volga, donde había estado trabajando. Una palabra llevó a la otra, y el hombre comentó que había muchas tierras en venta por allá, y que muchos estaban viajando para comprarlas. Las tierras eran tan fértiles, aseguró, que el centeno era alto como un caballo, y tan tupido que cinco cortes de guadaña formaban una avilla. Comentó que un campesino había trabajado sólo con sus manos, y ahora tenía seis caballos y dos vacas.

25 dic. 2010

Sir Charles Spencer Chaplin Jr.

Cuento de Navidad

I- El espectro de Marley


Empecemos por decir que Marley había muerto. De ello no cabía la menor duda. Firmaron la partida de su enterramiento el clérigo, el sacristán, el comisario de entierros y el presidente del duelo. También la firmó Scrooge. Y el nombre de Scrooge era prestigioso en la Bolsa, cualquiera que fuese el papel en que pusiera su firma.
El viejo Marley estaba tan muerto como el clavo de una puerta.
¡Bueno! Esto no quiere decir que yo sepa por experiencia propia lo que hay particularmente muerto en el clavo de una puerta; pero puedo inclinarme a considerar un clavo de féretro como la pieza de ferretería más muerta que hay en el comercio. Mas la sabiduría de nuestros antepasados resplandece en los símiles, y mis manos profanas no deben perturbarla, o desaparecería el país. Me permitiré. pues, repetir enfáticamente que Marley estaba tan muerto como el clavo de una puerta.
¿Sabía Scrooge que aquél había muerto? Indudablemente. ¿Cómo podía ser de otro modo? Scrooge y él fueron consocios durante no sé cuántos años. Scrooge fue su único albacea, su único administrador, su único cesionario, su único legatario universal, su único amigo y el único que vistió luto por él. Pero Scrooge no estaba tan terriblemente afligido por el triste suceso que dejara de ser un perfecto negociante, y el mismo día del entierro lo solemnizó con un buen negocio.
La mención del entierro de Marley me hace retroceder al punto de partida. Es indudable que Marley había muerto. Esto debe ser perfectamente comprendido; si no, nada admirable se puede ver en la historia que voy a referir. Si no estuviéramos plenamente convencidos de que el padre de Hamlet murió antes de empezar la representación teatral, no habría en su paseo durante la noche, en medio del vendaval. por las murallas de su ciudad, nada más notable que lo que habría en ver a otro cualquier caballero de mediana edad temerariamente lanzado, después de obscurecer, en un recinto expuesto a los vientos -el cementerio de San Pablo, por ejemplo-, sencillamente para deslumbrar el débil espíritu de su hijo.
Scrooge no borró el nombre del viejo Marley. Permaneció durante muchos años esta inscripción sobre la puerta del almacén: "Scrooge y Marley". La casa de comercio se conocía bajo la razón social "Scrooge y Marley". Algunas veces los clientes modernos llamaban a Scrooge Scrooge y otras veces Marley: pero él atendía por ambos nombres. Todo era lo mismo para él.
¡Oh! Pero Scrooge era atrozmente tacaño, avaro, cruel, desalmado, miserable, codicioso. incorregible, duro y esquinado como el pedernal, pero del cual ningún eslabón había arrancado nunca una chispa generosa; secreto y retraído y solitario como una ostra. El frío de su interior le helaba las viejas facciones. le amorataba la nariz afilada, le arrugaba las mejillas, le entorpecía la marcha, le enrojecía los ojos, le ponía azules los delgados labios; hablaba astutamente y con voz áspera. Fría escarcha cubría su cabeza y sus cejas y su barba de alambre. Siempre llevaba consigo su temperatura bajo cero; helaba su despacho en los días caniculares y no lo templaba ni un grado en Navidad.
(fragmento)
Charles Dickens

23 dic. 2010

Las alondras de junio

AUNQUE es lo que pudiera parecer a muchas gentes que están metidas en mucho tráfago de mundo, oír cantar en las mañana de junio a las alondras no es cosa de poca entidad, sino de las que pesan allá dentro de nosotros, y allí permanecen y nos acompañan. Y, a menos que la furia constructora se extienda por toda la faz del globo, y todos los caminos del mundo se pavimenten o alquitranen, siempre habrá un pedazo de tierra o un cobijo de jardín en los que unas alondras alcen su canto de alegría, o a lo mejor su lamento por el secuestro de sus polluelos en esas mañanas todavía tan frescas del relente de la noche, y, si no con neblina, por lo menos con un extendimiento de sombras mañaneras tan delgadas y azules como no lo serán ya en adelante nunca más.


Ahora ya no hay espigueo, claro está. En la Biblia aparece el precepto de dejar sin recoger restos de mieses para quienes podrían ir allí a espigar; y no me atrevo a asegurar que afortunadamente ya no hay gentes a quienes el espigueo no aliviaría su situación, porque no sé, realmente, si diría verdad. Pero el hecho es que no hay espigueo, y que las máquinas cosechadoras no dejan mieses, sino sólo el escaso grano que al hacer mecánicamente la alpaca cae; y sólo se ve allí a los pájaros que esperan volando a veces, y otras sentados en las lindes, a que las máquinas y quienes las manejan se vayan. Aunque me imagino que también los ratones de campo estarán al acecho.

¿Cómo no recordar, entonces, la hermosísima historia de Ruth, la espigadora? Es hermosísima y, como siempre ocurre con estas historias antiguas, de un tan sólido realismo y conocimiento de la naturaleza humana y de su aventura en la historia, que pasan por ellas los siglos, y su tranquila presencia sigue ahí. Y es igual que se haga advertencia de ella o no. No necesitan para nada publicidades ni coros de alabanza o denuesto estas historias, y los silencios hechos a propósito sobre ellas lo que consiguen simplemente es rodearlas del ámbito exacto que precisan para seguir estando ahí y que los hombres de sucesivas generaciones sigan encontrándoselas. Y, cuando se les encuentran se hacen amiguísimas para siempre de ellas. Así ha sido siempre el mundo, y, pese a todo lo que parezca, así irá siempre. Otra cosa es el no-mundo construido como una pajarera, que es en el que se nos fuerza a vivir, y en el que hacemos tanto ruido.


El encanto o exotismo del nombre de Ruth tuvo un enorme éxito en la imposición de nombre a las chicas en los años pasados, aunque, desde luego creo yo que no como consecuencia de ninguna oleada bíblica entre nosotros, sino a cuenta de las películas americanas de la televisión; pero el realismo del libro de Ruth es impresionante. Sin el mínimo asomo de introspeccionesy palabrería, que es lo único que se puede hacer cuando se trata de esos hurgamientos en lo que hasta hace poco se llamaba alma y es asunto complejo y donde pasan cosas de mucho e incognoscible secreto. Y ese realismo habla del buen entendimiento entre suegras y nueras y de un amor hasta la muerte entre ellas; del cálculo y la astucia para llamar la atención del rico y viejo labrador Booz, por parte de la joven y pobre viuda Ruth; del atrevimiento de ésta para coger espigas que ya estaban agavilladas, de la tolerancia de una cosa así por parte de Booz, y de su seducción por parte de Ruth, y no al revés; y esa seducción con artes muy directas, durmiendo en la era, pero asegurándose de que no sea sabido que vino la mujer a la era, que es algo que ahora se explicaría por el viejo puritanismo represor e hipócrita del patriarcalismo judeo-cristiano, y demás esquemas al efecto.


No es, desde luego, el libro de Ruth una encantadora idílica pintura de Millet; aunque tiene un soberbio encanto, desde luego, pero es un plato literariamente fuerte. Se siente el desgarro de despedida de Noemí y sus nueras, la desolada tristeza de aquélla que quería que la llamaran Amargor ya que remanesció la mujer de dos hijos y de su marido, como dice lacerantemente la Biblia de Ferrara. Esto es, que había vuelto a ver amanecer pese a esa pérdida de marido y dos hijos; olemos el aire mañanero de un día de verano en Belén, y el otro olor de la paja en la era, y se nos menciona lo que es el fundamento del gazpacho, esto es, migas de pan mojado en agua, con aceite y vinagre, que refresca; pero también el simple y delicioso sabor del trigo o pan tostado, que Ruth come con los segadores y el propio Booz, y del que todos se hartan y sobra. Y, sobre todo, oímos los cuchicheos de satisfacción entre Ruth y Noemí, luego, cuando aquella regresa a casa y la muestra el grano que Booz la ha regalado, que significa que prácticamente éste está ya está conquistado, y que ahí, por ese asunto, que podríamos llamar de novela rosa o prensa del corazón -en versión inocente y no canalla, por supuesto-, esa pareja se convertirá en antepasada de quien nacerá en aquella aldea de las eras de Belén, en un establo.


De manera que se entiende bien, entonces, que, ante los inconvenientes del alcance de ésta y otras historias de aldea, como Itaca pongamos por caso, la dogmática literaria moderna considere algo vitando ocuparse de lo que no sean los enigmas más bien psico-sexuales del hombre urbano, que es tema que ahora produce muchas cavilaciones.


Pero todas estas cosas son graves filosofías. Lo que a mí me pasmaba, de niño, en el verano, era la sed de los cántaros. Es decir, su color terroso, blanquecino como el de un rostro desencajado, y el eco que allí dentro hacía la voz si se hablaba a su boca, como el ruido metálico de los ingenios que ahora hablan, y como yo creo que era el de los viejos y temibles oráculos. El agua misma que caía allí, al principio, cuando se comenzaba a llenar de nuevo, hacía ese mismo ruido de robot amaestrado; pero enseguida adquiría su propio ruido de agua, y maravilloso era que el cántaro se iba poniendo rojo, con un pequeño rubor, primero, y luego con un rojo más vivo, en cuanto el barro comenzaba a transpirar; y, para eso, se les ponía en casa, en vilo, en la cantarera.


La imagen del cántaro roto y del agua derramada que ya no puede recogerse, que es una imagen bíblica, está en la base de la ceremonia judía de romper los cántaros cuando alguien muere, simbolizando que su vida ya no podrá ser recogida jamás. Ni la nuestra. Pero éste era el mundo de los símbolos que ungían cada acción humana, y ahora resulta una carga muy pesada. Todo se ha aligerado mucho, y, como decía Thomas Carlyle de las asambleas políticas, se ha impuesto el uso de los verbos irregulares y de los gerundios, y, con mociones y contramociones, con guirigay y monsergas, se paralizan el uno al otro, y por resultado neto producen cero, que es el punto del consenso. Y así se determina hasta el calor que debe sentirse en el verano, sin siquiera manipular los termómetros como los camaradas chinos. Aunque, de todos modos, lo que saben el cántaro y la alondra ahí sigue.
José Jiménez Lozano

Ni rosa ni campanita matutina

22 dic. 2010

Gustavo Adolfo Bécquer


Voy contra mi interés al confesarlo;
no obstante, amada mía,
pienso cual tú que una oda solo es buena
de un billete del banco al dorso escrita.
No faltará algún necio que al oírlo
se haga cruces y diga:
Mujer al fin del siglo diez y nueve
material y prosaica... ¡Boberías!
¡Voces que hacen correr cuatro poetas
que en invierno se embozan con la lira!
¡Ladridos de los perros a la luna!
Tú sabes y yo se que en esta vida,
con genio es muy contado el que la escribe,
y con oro cualquiera hace poesía.

Visita a la Lugareja

21 dic. 2010

Más sobre el Villar

Otras visitas, otras experiencias, otras fotografías de Villar de Matacabras.





Al hilo de Villar de Matacabras

Pueblos Deshabitados

Hemos encontrado hoy este enlace que viene mucho a cuento. En la visita realizada el pasado domingo a la laguna de los Lavajares aprovechamos la ocasión para parar en este pueblecito y ver lo mucho y muy derruido que Villar de Matacabras tiene para mostrarnos. Si podéis no dejéis de hacer una tranquila visita a este lugar. La iglesia merece la pena, no tanto por su triste abandono como por el magnifico triple ábside mudéjar de este impresionante monumento que rompe, con poderoso impulso, la abrumante monotonía de la llanura cerealista.




19 dic. 2010

La Naturaleza según David Pascual

En su número 6, la prestigiosa revista Foto Naturaleza, publica un muy interesante reportaje sobre David Pascual Carpizo, seguramente uno de los mejores fotógrafos de la naturaleza que haya a día de hoy.
David es colaborador habitual de nuestra Llanura y, en este último número, ha cedido una magnífica fotografía de un milano real para el habitual artículo de naturaleza y medio ambiente que aparece en la página 7 de la citada revista cultural. Adjuntamos enlace a las páginas de Foto Naturaleza en las que aparece el reportaje sobre David y que titulan con gran acierto "Fotografía de altos vuelos"

17 dic. 2010

Marolo Perotas

Nuestras comarcas no tienen que envidiar a otras en cuanto a personajes de importancia de primer orden. Aquí han nacido, han vivido y por ellas, también, han pasado reyes y reinas, importantes religiosos, egregios escritores y poetas.
Pero hoy vamos a hablar de un personaje que aún no siendo de los más importantes, de esos de mucho renombre y autores grandes obras, sí llego a ser muy conocido no sólo en toda nuestra comarca, también lo fue, y mucho, fuera de ella. En muchos lugares de nuestro país han oído hablar de este personaje y a través de él, de Arévalo y su Tierra.
Nos referimos a Marolo, sí, habéis leído bien, Marolo que no Manolo, Marolo Perotas Muriel. Este popularísimo personaje tuvo a bien nacer en Arévalo un 23 de abril de 1896. El día en que en Castilla y León conmemoramos por un lado la fiesta del libro y por otro, que diría él mismo: “la fiesta con la que celebramos que tal día del 1521 las tropas comuneras fueron derrotadas por el ejército imperial de Carlos I."
Era hijo de Luciana Muriel y de Alfredo Perotas y hermano de María España, Electa, Palmira y Elpidia. Único chico, por tanto, de cinco hermanos.
Coinciden sus años más jóvenes con esa época memorable, con ese renacimiento cultural que se dio en Arévalo coincidiendo con el desarrollo económico de finales del siglo XIX y primer tercio del siglo XX. Su acomodada posición, su padre es industrial y comerciante, pertenece, pues, a la incipiente burguesía de nuestra comarca, le permiten participar de los proyectos culturales y periodísticos que se dan en la ciudad en aquellos años.
Colaboró en la primera época del semanario La Llanura. Han llegado hasta nosotros noticias de que, hacia 1923 y por discrepancias ideológicas, el cuadro de redacción se disgregó, y continuaron en el proyecto periodístico José Sáez, Hernández Luquero, Julio Escobar y el mismo Marolo Perotas. En 1926, en la reaparición de la prestigiosa publicación, Marolo fue su Redactor Jefe. Desaparecida La Llanura en marzo de 1929, Perotas siguió prestando su ágil y satírica pluma a otros noticieros, al tiempo que imprimía anualmente, y siempre coincidiendo con las ferias de Arévalo, sus pequeños catálogos publicitarios de elaboración propia, en los que además de divulgar su actividad comercial, incluía en ellos alguna de sus campechanas coplas relatando lugares, vidas y costumbres de estas tierras que fueron para él tan queridas.

La actividad literaria de Marolo tiene dos vertientes distintas pero inseparables. Se complementan una a la otra. La más conocida de esas dos facetas se resume en palabras de Emilio Romero que vino a decir que nuestro personaje era un coplero, es decir que: era persona que componía coplas, jácaras, romances y otras poesías.
Hace letrillas dedicadas a la feria, a los encierros y capeas, a los partidos de pelota, a la gastronomía. Con sus “Rimas Callejeras” repasa de forma admirable los rincones, lugares, establecimientos, la historia y los personajes de la tierra, las costumbres, incluso las cualidades más íntimas y simpáticas de sus amigos y contertulios. En una serie de ellas, que titula “Figuras del Círculo”, viene a describir, con esclarecido detalle, las cualidades físicas, los atuendos e incluso las manías de los habituales de esta sociedad cultural de gran raigambre en Arévalo y en toda la Comarca. De todos es también conocida esa otra rima en las que, de forma magistral, relata las setenta maneras, ni una más ni una menos, de decir: “borrachera” o aquella coplilla en la que enumera a todos y cada uno de los presentes en una capea en Arévalo, nombrando a todos y cada uno de ellos… por su mote.
En cuanto a su prosa nos llega a partir una serie de artículos que dio en titular: ‟Cosas de mi Pueblo”. En ellos, y en forma de amena crónica, se encarga, en las páginas del periódico mensual “Arévalo” que se editó en el Hogar de nuestra ciudad en Madrid entre los años 1952 y 1963, de recorrer las calles y lugares de Arévalo, describiendo de forma magistral lo que entonces veía y aderezándolo, además, con una enorme cantidad de historias, leyendas, chascarrillos, curiosidades, e incluso, personajes que vivieron a pasaron por allí. La importancia de estos escritos radica en que han supuesto, en verdad, una excepcional y magnifica crónica de su tiempo y de tiempos anteriores. Nos relata en muchas de sus “Cosas…” detalles históricos, curiosas leyendas, descripciones de nuestro patrimonio histórico desaparecido y otros muchos detalles que sin sus escritos y coplas, probablemente habrían caído en manos del inexorable olvido.
Adelardo Gómez Tey, miembro del conocido entonces como Parnasillo Castellano, dice de él entre otras cosas:
¡MAROLO! Viviente archivo
de remotísimos datos
en él va buscando a ratos
de su crónica el motivo.
Es de Arévalo cautivo
pues está en sus muros preso,
es un cronista por eso
por amarle con largueza…
Él lo lleva en la cabeza
y en el corazón impreso.

A lo largo de su vida tuvo que pasar por momentos críticos y muy dolorosos. Él mismo sufrió represalias por su ideario político y debemos recordar que a su cuñado, el maestro Daniel González Linacero, de quien ya hemos hablado aquí, se lo llevaron detenido en agosto de 1936 y lo asesinaron en una cuneta, cerca de Olmedo.
Nuestro hombre murió un 27 de mayo de 1969. La imagen del personaje…

de los de capa y sombrero
y chalina de poeta.
Laborioso y jaranero
español universal
erudito y caballero
porte y garbo, gracia y sal … 

se nos perdió, ese triste día, para siempre.
Y ya fallecido, su legado sufrió dos momentos especialmente funestos. El primero ocurrió cuando sus herederos entregaron a un abogado, relacionado con nuestra ciudad y residente en Madrid, una gran cantidad de documentos originales, escritos, fotografías, cartas, y otros objetos. Pretendía aquel, según dijo, elaborar una edición impresa de la obra del escritor. Todo lo prestado desapareció y los herederos del abogado, al parecer, ni saben, ni quieren saber nada sobre el asunto.
Aciago fue también el día en que, en fechas previas a las obras de rehabilitación del viejo “Almacén de vinos y vinagres”, antigua “Tasca de Perotas”, los pocos documentos que quedaban suyos, incluidos ejemplares de La Llanura y otros periódicos en los que Marolo había participado, fueros saqueados.
Pablo Utrera, maestro nacional de Andújar (Jaén), terminaba un precioso escrito titulado “Desde Andújar…, con admiración” y que fue publicado en el año 1994, lo siguiente:
Estad seguros de que en las posadas del cielo, Marolo, tendrá una hermosa tarea: la de aventar por los mundos…, la luz del idioma castellano… Y esto lo afirmo porque ya hay lluvias de vocablos viejos, sobre las frentes tiernas de los niños del sur… Y han llegado, como siempre, de Castilla, voceados por Marolo a quien Dios ha dado gloria y los hombres deberán hacer justicia…”.
Como muchas veces ocurre, han de ser los de fuera los que han de venir a hacer elogio de las bondades de nuestras cosas, de nuestras gentes. Y mientras tanto, nosotros, seguimos alentando su olvido.
A partir de aquí, nosotros al menos, creemos preciso que la obra de este popularísimo personaje debe ser difundida de la forma más amplia posible. Por ello, desde nuestra asociación, estamos trabajando en la recopilación de sus escritos y en la próxima edición de un libro con la prosa y el verso de Marolo Perotas Muriel.
Lección de historia
Radio Adaja - 1/diciembre/2010

16 dic. 2010

Jiménez Lozano impregna en pesadumbre y melancolía...


Jiménez Lozano impregna en pesadumbre y melancolía sus dudas sobre el destino humano


Un hombre vacilante, errabundo y sin norte, envilecido por las prisas y desorientado en medio de una sociedad huérfana de referencias insinúa el escritor José Jiménez Lozano en un nuevo poemario de este narrador, ensayista y Premio Cervantes, titulado "La estación que gusta al cuco" (Pre-Textos).

"Ni rosa ni campanita matutina,
ni noticia de Helena de Troya
o de Ruth, la espigadora, 
¿y todavía me preguntas 
qué me llevaría 
a una isla desierta?
Ya estoy en una isla devastada"

... lamenta Jiménez Lozano en uno de los poemas de este libro cuyo título ha tomado de un verso del poeta y novelista inglés Thomas Hardy (1840-1928).

Las Edades del Hombre exhiben el arte recobrado

FOTOLas Edades del Hombre exhiben el arte recobrado de su sede cisterciense




Una magna exposición de arte religioso abrirá hoy en el monasterio cisterciense de Santa María de Valbuena, situado en la pedanía vallisoletana de San Bernardo y desde enero de 2002 sede permanente de la Fundación Las Edades del Hombre, con el arte recobrado y restaurado de ese histórico cenobio.

15 dic. 2010

La Llanura nº 19

Ya tenéis a vuestra disposición, como todos los 15 de mes, la revista de Cultura y Patrimonio La Llanura. A lo largo del día de hoy se está distribuyendo en los lugares habituales que son, entre otros, los siguientes:
(Bar Impacto, Vinilandia Bar, Fotografía José Antonio, Bar El Teso, Estanco Tere, Asesoría Fénix, Bar Avenida, Bar Sol, Seguros Mapfre, La Cruz de Arévalo, Floristería Carmen, Autoservicio Pilarín, Estanco de la calle Arco de Ávila, Ferretería Femalsa, Juguetería Muriel, Perfumería Suma, Estanco de la plaza del Arrabal, Cafetería Los Cinco Linajes, Cafetería Juan II, Cafetería Desiree, Bar Pavero, Bar Colino. También en el Ayuntamiento de Arévalo, en la Biblioteca Pública, en los institutos de bachillerato y en el Centro de Salud.)


También en Digital.

Visita a la laguna de los Lavajares

Parece que el tiempo será frío y lluvioso pero eso no debe asustarnos ni desanimarnos.

Para todos aquellos que deseen visitar la Laguna de los Lavajares, quedamos el próximo domingo 19/12/2010 a las 8:30 de la mañana en la iglesia de Rágama, estupendo ejemplo de arte mudéjar, desde donde empezaremos el recorrido que le haremos por caminos vecinales, siempre por la histórica Tierra de Arévalo, hasta llegar al humedal situado a caballo entre las provincias de Ávila y Salamanca.

Recorrido de 7,6 Km (3,8 de ida y 3,8 de vuelta).
 
 
Algunos enlaces:
ZEPA Tierra de Campiñas:
http://www.seo.org/ibas_detalle.cfm?idArticulo=539
 
Mapa de "Tierra de Campiñas"

http://www.jcyl.es/web/jcyl/binarios/85/710/12-Valladolid%20completo.pdf?blobheader=application%2Fpdf%3Bcharset%3DUTF-8&blobheadername2=JCYL_MedioAmbiente&blobheadervalue1=attachment%3Bfilename%3D12-Valladolidcompleto.pdf&blobheadervalue2=JCYL_MedioAmbiente&blobnocache=true
(página 19 al24)
 
 
Lagunas de La Moraña:
http://territorionatural.blogspot.com/search?q=lavajares&max-results=20
 
http://la-llanura.blogspot.com/2010/12/la-laguna-de-los-lavajares.html

SUPERVIVENCIA (RECONSTRUIDA)

CLITEMNESTRA

A los cinco meses Orestes se colocó de nalgas. Decidió que mantendría esta postura hasta que naciera. Poco después dejó de moverse. Sentado con las piernas cruzadas entre los huesos de mi pelvis se sumió en sus pensamientos y no salió de su mutismo hasta pasadas tres semanas. Fue entonces cuando los ojos se le volvieron verdes. 

13 dic. 2010

El arrabal de Gómez Román

Firmada por S. B. L., he recibido una atenta carta en la que me dice: «Soy montañesa y mi abuelo, que era de Arévalo, solía contarme anécdotas, costumbres y tradiciones de esa im­portante ciudad caste­llana. Usted como cronista de ella, ¿ten­dría la amabilidad de darme a cono­cer algo de La Lugareja?»
Con mucho gusto, señorita; ya que se trata del lugar donde nació y se crió mi feliz compañera y del que tantísimos y tan gratos recuerdos se recrean jubilosos en lo mas recóndito de mi alegre e infatigable corazón.
A dos kilómetros aproximadamen­te del casco de la población, y sobre una dilatada y arenosa colina, se alza aún, orgullosa y soberbia, la iglesia del antiguo arrabal de Gómez y Ro­mán, reedificada, al decir de algunos eruditos, sobre las ruinas de un convento que poseían los Templarios allá por el siglo VII y que floreció esplen­doroso en la época de los godos. Si es usted aficionada a las narra­ciones históri­cas seguramente habrá leído que en lo antiguo, los pueblos castellanos se iban desarrollando al impulso de las victorias guerreras, dándose a erigir los héroes nuevos al­tares al Dios de los cristia­nos y, como quiera que los hermanos Gómez y Ro­mán Narón, ilustres hijos de Arévalo, aunque de procedencia francesa, sen­tían gran entusiasmo y fervor religio­so, fundaron en la primera década del siglo XIII el Arrabal que usted de­sea conocer y que conserva el nom­bre y apellido de tan distinguidos arevalenses. Gómez fue Abad del Mo­nasterio de Nuestra Señora de la Asunción, y en virtud de la devoción que sentía por la citada imagen, la colocó en el altar mayor del santua­rio, costeando el culto y propagando la dulzura y los milagros de la In­maculada Reina. Román fue capitán de los Tercios Castellanos, y se ase­gura que luchó heroica y denodada­mente en las Navas de Tolosa el 1212. Huelga decir que los hermanos Narón reconstruyeron el convento, esta­bleciendo en él monjas Bernardas o Cistercienses, Le rodearon de casuchas, molinos y huertas, hasta for­mar un lugar, del que nació el remo­quete de Lugarejo y su Virgen Luga­reja.
En el amplio y severo monasterio vivían más de un centenar de religiosas abnegadas y misericordiosas, venerando el sepulcro de los hermanos Narón como si de santos se tratara, hasta que el oscuro y discutido alcalde Ronquillo solicitó del Emperador Carlos V el Palacio Real que disfrutaba su majestad dentro de murallas, el cual le fue concedido como recom­pensa a los muchos servicios que Ron­quillo había prestado al rey, petición que hizo don Rodrigo quizá por ase­gurar más la vida de la madre aba­desa y de otras monjitas pertene­cientes a la familia del halagado e iracundo arevalense.
En 1524 las monjas bernardas fueron trasladadas del lugarejo al palacio que Don Juan II mandó edificar en la plaza del Real, Transformando el viejo alcázar en interesante convento, este tomo desde entonces el nombre genérico y peculiar de San Bernardo el real. Llegaron a él sesenta y siete religiosas de coro, quince legas y cuatro capellanes, juntamente con los restos de los fundadores.
Sabedores don Diego y don Toribio Sedeño, a la sazón regidores perpe­tuos de la villa, de que las monjas esta­ban pesarosas de haber dejado en Lugarejo a la Virgen de la Asunción, propusieron al Clero la traída de la soberana imagen a la casa monacal. Protestaron los vecinos del lugar, ba­sándose en que la Madre y Señora era la que intercedía y velaba por aquella gañanía tosca, laboriosa y bue­na, acordando la Hermandad que ya que las monjas por su clausura no podían Ir a ver a su amantísima Vir­gen, que lo hiciera ésta siquiera una vez al año y precisamente el domingo después de la Ascensión.
Esta piadosa visita de fe constante y sincera, se convirtió en alegre ro­mería sobre el 1540, romería que se cele­bra en torno de la iglesia en ho­nor de la imagen y a la que usted, señorita comunicante queda invita­da. Las fiestas empiezan el sábado por la tarde y terminan el lunes por la noche.
Si acepta la invitación y se decide venir, verá usted cuarenta y dos cofrades con su traje dominguero, su corbata encarnada y su vara de hojadelata, trayendo y llevando proce­sionalmente a la santísima Virgen de la Asunción, del Lugarejo al Real y del Real al Lugarejo, haciendo un alto en la ermita de la Ca­minanta para rezar una salve mientras el tambor y la dulzaina repiten el estribillo de

La Caminanta.
La Lugareja,
La Caminanta,
niñas y viejas,
mozos y mozas
forman pareja
etc. etc.


Fiesta campestre. Muchedumbre reidora y jaranera entregada de lleno, sin distinción de clases, al retozo, a las libaciones, al bailoteo. Meriendas, muchas meriendas en la verdosa pradera y abajo, en los molinos, entre flores silvestres, árboles copudos, arroyuelos paralíticos y trinos de ruiseñores, tende­retes, puestos de frutas golosinas, juegos, diversiones, ocu­rrencias de cosecha propia y euforia y rego­cijo en todos.
Es de ritual en estos días estrenar los trajes vaporosos, comprar las ave­llanas a la novia y acompa­ñarla a la desafiadora iglesia declarada hace unos años monumento nacional, y de la que dice el notable arquitecto don Vicente Lampérez que «su construcción es de estilo re­gional castellano que hay que separar del mudéjar, considerándolo por modo franco y resuelto como una trascripción esen­cialmente española de los estilos románico y gótico».
La torre, como se ve en el grabado, es cuadrada, de ventanas de medio punto y agra­ciada en sus convexidades exteriores con tres, diminutos ábsides.
En 1947, don Andrés Reguera com­pró la finca que nos ocupa, construyendo un magnífico hotel e introdu­ciendo en ella importantes mejoras. En la actualidad es propiedad de don Alejandro San Román, quien ha em­prendido diversas obras de producción y embellecimiento.
Siguiendo por la carretera de Aré­valo a Noharre, a la diestra mano y unos ciento cincuenta metros del caserío se alza la casa de labor de mi señor padre político, don Cipriano Hernández Sáez. Levantada el 1923 so­bre los restos de un muro que todos hemos conocido y denominado el «Torrejón», restos que pertenecieron a una imponente atalaya que existió en aquel paraje y en la que también los hermanos Narón ejercieron durante su venerable y azarosa vida, poder mili­tar y jurisdicción señorial.
Marolo PEROTAS
Mayo de 1955

12 dic. 2010

La Reina Católica

Leíamos ayer

En el Diario de Ávila del sábado, 11 de diciembre, en Tribuna Libre, tuvimos la ocasión de leer un excelente artículo firmado por José Luis Gutiérrez Robledo. Haciendo referencia al reciente derribo de parte de las murallas de Piedrahita, nos ofrece un claro ejemplo de en qué manos hemos puesto el ingente patrimonio histórico, artístico y monumental de nuestros pueblos y ciudades, de nuestra provincia, de nuestra comunidad autónoma, de la nación entera.
El artículo es excepcional y aconsejo que todos lo leáis. Pongo el acceso para facilitaros la tarea. (Diario de Ávila-11-12-2010).
Como podréis comprobar, lo que dice José Luis para la muralla de aquella villa se puede trasladar a cualquier otro sitio de los que conocemos. También a Arévalo y cualquier otro pueblo de nuestra Comarca.
Me he permitido la licencia de extraer algunas de las frases del artículo y ponerlas a continuación, pensando, vano deseo, que quizá pudieran servir a algunos para reflexionar.

Las imágenes son inapelables y lamentables, un ejemplo de barbarie e incultura que nos avergüenza a todos…a todos los que apreciamos nuestro patrimonio y sabemos que ninguna reconstrucción podrá devolvernos íntegramente lo derribado.

…bueno es recordar que tanto la Ley de Patrimonio Estatal como la Ley de Patrimonio de Castilla y León dicen que deben ser íntegramente conservados todos los bienes declarados de Bien Cultural…

Para que esto se produzca, para que esto se consienta, es precisa la colaboración por acción o por omisión de los ciudadanos y de las distintas administraciones, olvidando que el patrimonio es un préstamo que debemos de pasar a nuestros herederos.

La responsabilidad de los ciudadanos se recoge en un tajante artículo 8.1 de la Ley de Patrimonio Española: «Las personas que observen peligro de destrucción o deterioro en un bien integrante del Patrimonio Histórico Español deberán, en el menor tiempo posible, ponerlo en conocimiento de la Administración competente, quien comprobará el objeto de la denuncia y actuará con arreglo a lo que en esta Ley se dispone».

Las responsabilidades del Ayuntamiento y de la Junta están especificadas repetidas veces en ambas Leyes, y mucho me temo que una vez más quedaran impunes los presuntos delitos imputables por esta actuación a los responsables de ambas instituciones. No deja de ser sorprendente que sean ellos mismos quienes deban de depurar las responsabilidades y es probable que, una vez más, el largo expediente se sustancie en una sanción a los promotores, que no cubrirá en absoluto el daño producido, y que seguramente sea más rentable para ellos que haber realizado la obra…

Y por último el epílogo del artículo que a mí me parece excepcional:
Desde el profundo enfado que me invade viendo el nulo aprecio que la Comisión de Patrimonio y el Ayuntamiento (…) demuestran tener por (un monumento) que ellos debían ser los primeros en conservar y valorar, no se me ocurre otra cosa que pedir que los integrantes de la Comisión y los Concejales todos del Ayuntamiento copien cada uno diez veces la Ley de Patrimonio de Castilla León que no parecen conocer. Quizás se les quede algo de ella.
Al Sr. Alcalde le sugiero que en la próxima campaña electoral explique a sus vecinos su peculiar interpretación de estos párrafos de la Ley autonómica:


1. Los bienes declarados de interés cultural gozarán de la máxima protección y tutela.
2. La utilización de los bienes declarados de interés cultural estará siempre subordinada a que no se pongan en peligro sus valores.

No sé vosotros pero yo estoy pensando en nuestro puente de Medina. Hace poco más de un año tuvieron la osadía de agredirle para pasar a través de él una tubería de agua. Hace poco más de un año, a instancias de una solicitud formal de nuestra asociación, se comprometieron desde el Ayuntamiento a facilitarnos el informe, hasta ahora no facilitado, que daba sustento y excusa a la conversión del citado puente en un moderno acueducto.
Pienso también en la barbarie acumulada en la, en otro tiempo medieval, plaza de la Villa que ha terminado por ser un triste recuerdo del pasado. En las iglesias de Santa María o de San Martín y en otras tantas y tan desafortunadas actuaciones que han aniquilado de forma salvaje nuestro patrimonio histórico, artístico y cultural.
Juan C. LÓPEZ

11 dic. 2010

Pasada la hora marcada para la cita

Pasada la hora marcada para la cita, apenas unos cinco minutos, comencé a subir por la ladera del alto donde está la iglesia del antiguo arrabal de Gómez y Román. No quería subir por el camino, como tantas veces lo había hecho cuando la romería en el mes de junio celebraba su popular reunión. Esta vez era diferente. La joya del mudéjar me esperaba en lo alto, igual desde hace siglos, dominando desde su torre toda la llanura que la rodea.
Los vehículos estacionados en la parte del arroyo, junto a la carretera, denotaban que algo novedoso estaba sucediendo allí. Cuando coroné la cuesta, después de andar entre pimpollos, pisando el suelo blando y arenoso con su fina capa de mullida hierba y apenas unos pocos matojos, vi ante mí la iglesia de la Lugareja, mientras un nutrido grupo de personas que no llegaba al centenar, no dejaba de entrar y salir de ella. Declarada Monumento Nacional en 1931, es probablemente uno de los monumentos más fotografiados de la provincia de Ávila después de las murallas. Un litigio cuyos términos desconozco ha interrumpido mis visitas anuales a esta bella iglesia, pese a saber que puede visitarse todos los miércoles del año de 13,00 a 15,00 horas.
Al margen de nombramientos, litigios y otras circunstancias, está su figura, allá en lo alto dominando los alrededores. Visible desde casi todo Arévalo y la llanura. Su silueta se recorta con los atardeceres de fondo, quizá la imagen más conocida. Al amanecer y desde el camino del Torrejón su figura es resaltada por el primer sol que alumbra el día, menos vista esta imagen, tal vez, porque se ha de madrugar bastante para que ese momento nos coja bien situados para su contemplación.
Millones de veces fotografiada pero pese a ello, los presentes siguen buscando ese encuadre diferente a lo conocido, ese enfoque casi imposible, intentando fotografiar la campana; por dentro y por fuera, de un lado y de otro, sin dejar de disparar sus cámaras, con un entusiasmo de principiantes. Los comentarios se suceden entre nosotros, mientras circulan unas líneas escritas por el profesor José Luis Gutiérrez Robledo en el año 1990. Es este profesor un enamorado de esta iglesia, poco después me comentan que ha mandado un correo lamentando no poder asistir a la visita, él que se conoce el monumento de memoria, que puede describirla con los ojos cerrados, porque cuando hablas con él de la Lugareja notas que se la ha aprendido de corazón; que la ha aprehendido, que la ha hecho suya.
Yo, desconocedor de términos arquitectónicos o monumentales, siento los recuerdos mientras paseo por sus capillas, me acerco al retablo, contemplo su cúpula, paso la mano por sus ladrillos. Siento la gaitilla sonar, sorprendido me ilusiono pensando en que Mario ha sido capaz de prepararnos una musical sorpresa, pero me doy cuenta que no, que son los recuerdos. Los de una plazoleta llena de gente, la que está entre las casas junto a la iglesia del arrabal de Gómez y Román, gente que baila unas jotas, chiquillos que corren entre la multitud. Mesas repletas de tortillas de patata, el bar portátil del “Churrero”, las mujeres bailando juntas un pasodoble que suena entre jota y jota, sonido de petardos que ha vendido “la España”. Todos los años subíamos acompañando a la virgen. Servicio peculiar el que teníamos que realizar. Parte religioso parte social. Fue don José Tomé el que me hizo coger la costumbre de entrar en la iglesia y ver a la virgen cuando ya reposaba allí hasta el siguiente año. Recorrer el caserío, que yo he conocido prácticamente vacío, imaginando lo que aquello había sido hacía años, con sus gentes laboriosas, las faenas agrícolas y ganaderas incesantes. Encajando lo que personas mayores me habían contado sobre el Lugarejo, la siega y el ir a espigar, la caza, los enormes montones de grano en la era....
Ahora todo vacío y olvidado. Ya no subo cada mes de junio, pero quiero hacerlo con más frecuencia. El próximo miércoles que sea fiesta, si nada ha cambiado, tenemos que venir a verla de nuevo y traernos una tortilla y comer sobre la mullida hierba, a la sombra de los pimpollos, sobre la blanda colina de arena. Volver a contar sus arcos, admirar su torre, volver a calcular la altura de su cúpula y quedarnos con la boca abierta admirando su belleza, tal vez consigamos subir hasta la espadaña y poder ver todo Arévalo y la llanura y que puedan hacer muchas fotos nuevas, nunca vistas, de la Lugareja.
Fabio López
Fotografía de Mario Gonzalo