30 nov. 2010

El recinto fortificado de Madrigal de las Altas Torres

Si como dice nuestro ilustre paisano Jiménez Lozano "Madrigal de las Altas Torres es un pueblo de hermosísimo nombre; casi como un verso renacentista", el pueblo en sí es como una egregia poesía y las piezas de su recinto murado son los versos más bellos de aquella.
Leemos en el Catálogo Monumental de la Provincia de Ávila de Gómez Moreno respecto al recinto fortificado que “… si no consta cuando se hizo, tenemos al menos la certidumbre de que fue antes de 1302. Para rivalizar en importancia con el de Ávila solo le falta estar bien conservado; pero aun así resulta de extraordinario valor y uno de los monumentos más preciosos de arquitectura militar que tenemos.”
El sistema romano utilizado en Ávila, León o Astorga y en tantas otras ciudades castellanas, cedió aquí ante uno más perfeccionado que nos enseñaron los musulmanes. En él se sustituye la mampostería por tapias de cal y canto, con cintas y rafas de ladrillo; las macizas torres semicilíndricas, por otras cuadradas y huecas; la escarpa, por antemuro y foso; la resistencia pasiva e inerte, por defensas vivas, por organismos de combate. Puro arte mudéjar: procedimientos musulmanes; y formas de gótico primitivo, alternadas con otras árabes, en armónico maridaje.

Según Cervera Vera las murallas de Madrigal debieron levantarse en los primeros años del siglo XIII, a imitación de las de Arévalo, prolongándose su construcción a lo largo de toda la centuria.

Sabemos que en el 1302 las murallas ya estaban construidas, pues en una disposición de Fernando IV se reconocía a Arévalo autoridad para proceder a su derribo porque se habían construido sin su autorización. En documento fechado en Medina del Campo, el 28 de mayo de 1302 se dice entre otras cosas: «et porque estos de Madrigal fueron rebeldes en muchas cosas a los de Arévalo seyendo su aldea, et porque se cercaron sin mandado del conceio de Arévalo e ficieron sello de conceio,.. Otrosi las puertas de la cerca que hi estan agora que sean todas tiradas porque las entradas e las salidas sean desembargadas; et si los de Arevalo quisieren o vieren que es menester que esten hi las puertas alli ho estan agora o en otro lugar de la cerca, que ellos las puedan poner e no otro ninguno, e tengan las llaves ellos o qui quisieren para siempre. Otrosi que los de Arévalo puedan facer alcazar en la aldea de Madrigal, porque se puedan apoderar mas complidamente en el lugar para mio servicio en el lugar que entendieren que mas les cumple, et que puedan tomar para el suelo de este alcazar e para la carcab casas e otras heredades, aquellas que entendieren que les cumplen mas».
Afortunadamente nunca llegaron a cumplirse estas disposiciones por parte de los de Arévalo, al menos en cuanto a que fueran las murallas tiradas.

La existencia de un plano realizado por José Jesús de Lallave, que fue copiado más tarde por Francisco Coello, mantuvo, durante mucho tiempo, la hipótesis de que el recinto amurallado tenía un trazado circular. Estudios posteriores entre los que destaca una obrita titulada “El autentico contorno de la Muralla de Madrigal de las Altas Torres” de Luis Cervera, además de un hecho tan simple como el que nos indica José Luis Gutiérrez Robledo: «Basta con subir a la torre de San Nicolás para comprobar que no es así», han permitido constatar que, en efecto, no se trata de un recinto circular, sino que el trazado se ajustaría a las posibles irregularidades del terreno. Sus muros se levantan de acuerdo con el sistema constructivo característico en las fortificaciones del sur del Duero, con cajones de mampostería encintada con verdugadas de ladrillo. De amplias dimensiones, cerca de 2.300 metros de longitud y ochenta torres, de las que hoy solo se conservan 23 cubos o torreones, presenta un doble recinto, que se compone del muro principal flanqueado por torres de planta rectangular o pentagonal y una antemuralla o barbacana en la que se abren saeteras. Tiene cuatro puertas, cada una de ellas orientada hacia las villas más próximas: Cantalapiedra, Medina, Peñaranda y Arévalo.
El recinto encerraba prácticamente todo el caserío de Madrigal que se organizaba de acuerdo a esquemas de tradición islámica, estaba caracterizado por la tortuosidad del trazado y por los encuentros forzados que aun hoy se advierten en el viario. Ocuparía una superficie algo superior a las 39 hectáreas.
De tradición islámica son la escarpa, el foso, la barbacana, las torres huecas con cámaras en la parte superior y especialmente la existencia de torres albarranas que se disponen a lo largo de todo el amurallamiento, entre las que sobresalen las que protegen las puertas de Cantalapiedra y de Medina.

La de Cantalapiedra es excepcional. Gómez Moreno la vio así a principios del siglo XX: “esta puerta es, quizá, uno de los más ingeniosos edificios militares de la Edad Media; pero tal como se ve hoy, arruinada y soterrada en gran parte, no enseña bien la razón estratégica que la informa. Toda su fuerza de resistencia converge en la gran torre del flanco derecho, de las que llamaban albarranas (una torre albarrana es una torre exenta, separada, por tanto, de la muralla y las que se accedía mediante un puentecito que podía ser derruido en caso de que la torre fuera tomada. Posee además la particularidad de que al estar adelantada con respecto a la puerta, si los atacantes acceden a esta última, pueden ser contraatacados por su retaguardia). Esta es de gran saliente, y además espolonada, o sea, formando ángulo de unos 70° por su delantera, sistema bien notable y genuinamente castellano… Dicha torre se desgarra del recinto en su parte baja, atravesándola un espacioso cobertizo, con bóveda de cañón agudo, que franquea el tránsito de la barrera, antemuro o albacara. En lo alto forma un vasto aposento, separado en dos naves por pilares y cuatro arcos y cubierto con bóvedas de cañón apuntado; doce ventanas miran hacia el exterior, con sus pretiles, arcos redondos —a diferencia de todos los otros, que son agudos—, arquivoltas dobles y alfiz; y corona el edificio una plataforma con almenas cuadradas.
En cuanto a la puerta, es un gran arco agudo, con dovelaje alternativamente relevado y deprimido, a uso árabe…. Un peine o rastrillo le cerraría, y en lo alto se ve el parapeto con almenas puntiagudas y tres modillones, quizá para apoyar una garita o cadahalso de madera. …

Por la fachada interior se rastrea bien el sistema de circulación, para acudir rápidamente a la defensa y encastillarse hasta el último extremo en sus reductos. El adarve de la muralla, hoy destruido por aquella parte, llega delante de la torre albarrana, y mediante ancha gradería, penetra en su interior por dos grandes arcos…. Para subir al adarve superior o plataforma de la torre, se apoyaría una escalera de mano contra un arco avanzado y al aire, sobre el que prosiguen escalones en diversas idas, fácilmente defendibles… Dicho arco daba también acceso, mediante otro que se voltea sobre la puerta, a la plataforma de la segunda torre, cuyo transito se interceptaba con una especie de puente levadizo. Por el lado contrario se iba al aposento de la dicha torre, y se salía a las defensas exteriores con entera independencia de los reductos altos.…
La puerta, en la actualidad, presenta un aspecto que no corresponde enteramente con la descripción de Gómez Moreno ya que fue objeto de una restauración poco afortunada, de la que milagrosamente se salvó el arco de entrada. Una desafortunada intervención que afectó tanto al tratamiento de los paramentos como a alguno de los elementos constructivos.

En cuanto a la puerta de Medina nos la describe así: “es algo más sencilla: la forma un arco agudo con su alfiz, y a la derecha, otra torre albarrana, igual; pero aquí sí esta visible la barrera que ciñe su base, a la que se entraba por el cobertizo de la torre misma, en cuya bóveda se distinguen troneras, y esto para defender la poterna que allí hay, alfeizarada y con doble arco, el uno de medio punto y el otro agudo. También son agudas las ventanas del piso alto, al que se subía por una escalera secreta muy pequeña, embebida en el macizo de la torre. Se reconoce que esta puerta fue desmantelada o aportillada antiguamente, y que se reparó después con tapias de tierra. Las defensas accesorias han desaparecido todas.

El largo trecho que sigue dando vuelta hasta el arco de Arévalo ha sufrido gran estrago: queda primero una torre medio cubierta, con bóveda de cañón a través y una ventana de arco agudo, con dovelas alzadas y rehundidas alternando; después, el núcleo informe de otra torre albarrana; y mas allá, entre argamasones y pedazos de la cerca, una torre casi entera, con pasadizo interior, hueca y con ventanillas de arco apuntado, como saeteras.

Sigue luego la puerta de Arévalo, diametralmente opuesta a la de Cantalapiedra, pero mucho más sencilla. Se reduce a una torre cuadrada y hueca, sin bóveda, y en medio de su fachada un grueso arco apuntado, con alfiz, friso de facetas y ventanilla encima. Se cerraba con rastrillo. Dos arcos en las gualderas daban paso al antemuro, hoy completamente destruido; pero delante se mantiene abierta la cárcava o foso. La fachada interior de la torre, donde habría una segunda puerta, no existe.
En esta puerta el friso de facetas o esquinillas del que tenemos constancia por las fotografías y dibujos de Manuel Gómez Moreno desapareció tras la restauración.

«El tramo de la cerca que se halla después hacia mediodía, es el más importante y el mejor conservado, y sus torres son muy grandes y habitables. Todas ellas tienen al pie el pasadizo de la albaraca, con bovedita aguda en derretido y foso delante. Además, a nivel del adarve, un arquito apuntado introduce en un pasadizo a través, en cuyo frente otro arco lleva a la cámara, abovedada en cañón agudo; desde el mismo pasadizo se alcanzaba, mediante escala de mano, a la subida de la plataforma, que ciñe un pretil con almenas cuadradas: así las tres primeras torres. La cuarta esta medio arruinada, y las otras tres que le siguen se diferencian en carecer de pasadizo y ostentar desde fuera vasto arco agudo y con alfiz, de su habitación, cuya bóveda es semicilíndrica; a la derecha y a mucha altura, se abre el arquito de la escalera de la plataforma. La última de estas torres, conserva ante sí la escalera del adarve, cabalgando sobre ancho arco, para aligerar la construcción, y en su costado se advierten ventanas correspondientes a tres pisos: las del primero muy pequeñas y de arco redondo, la del segundo apuntada, y al tercero dan luz los arcos de herradura muy agudos, con sus alfices correspondientes y separados entre sí por un pilar. A su vera estuvo la puerta de Peñaranda o arco de los Caños, enteramente arrasado»
Los lienzos de esta muralla presentan hoy un lamentable estado, habiéndose reconstruido sin mucha fortuna el meridional. Las restauraciones llevadas a cabo en 1964-65 y en 1979 han sido, y esto es triste, muy poco afortunadas. La primera, efectuada con excesiva, libertad anuló el carácter de albarrana a la torre de Cantalapiedra al añadir un cuerpo central que nunca había existido y en la de Arévalo, como ya hemos apuntado, se eliminó el friso de esquinillas de su alfiz.

Como en otros casos, la firma del restaurador dejó trazos irreparables en los monumentos restaurados. Quizá un día, en el futuro, seamos capaces de entender y, sobre todo, de hacer entender, que la prioridad debe ser conservar antes que restaurar. Casi siempre, el proceso de restauración lleva consigo una cierta aniquilación de la propia esencia del objeto repuesto. La puerta de Cantalapiedra en el recinto fortificado de Madrigal de las Altas Torres, es un buen ejemplo de cómo una perversa reconstrucción llegó a quebrantar uno de los más ingeniosos edificios militares de la Edad Media.
Lección de historia
Radio Adaja - 17/noviembre/2010
Fotografías cortesía de madrigal-aatt.net

29 nov. 2010

El miércoles en Radio Adaja...

El miércoles, día 1 de diciembre, en Radio Adaja (107.2 de FM) nuestra habitual lección de historia estará dedicada a Marolo Perotas, escritor y poeta que supo plasmar, como nadie, en sus escritos el costumbrismo más típico de nuestra tierra.
El miércoles a partir de las 11,30 en Radio Adaja (107.2 FM  o en  http://www.radioadaja.es/)

El cochinillo de Arévalo no apareció

El cochinillo de Arévalo no apareció en el programa de Imanol Arias y Juan Echanove
Ávila, para comérsela, pero no así


La imagen que proyecta al exterior un territorio es vital, para darse a conocer, promocionarse y mostrarse a quienes ya han pasado por allí, pero sobre todo para atraer a los desconocidos que pueden llegar hasta él.
Tras observar el programa ‘Un país para comérselo’ dedicado a Ávila se puede opinar sobre si gustó más o menos a quien lo ve desde dentro, pero hay fallos y ausencias imperdonables que dejan la mirada parcial y coja, poco moderna, ofreciendo detalles casposos que delatan una provincia anclada en hace años, cuando realmente no es así. Eso lo saben gentes de aquí y gentes de fuera, que cuando lo han visto no reconocen lo que han pisado en la provincia de Ávila.
La limitación de los tres cuartos de ahora del programa impone que no hay espacio para todo, hay que elegir, y por cada tema escogido otro se descarta. Pero, que les pregunten a los de Arévalo si en un reportaje sobre la gastronomía y el turismo de la provincia echaron en falta el cochinillo que se sirve en sus asadores. Que se lo pregunten a ver que les pareció y, a cambio, aparecían los… ¡huesillos! de El Barco de Ávila. Nada contra los huesillos de El Barco, pero hay que reconocer que se elaboran en muchos los sitios, a diferencia del tostón.
(Artículo integro de Carlos de Miguel en Ávila Digital)

...ooOoo...

Sin otro ánimo que el de dejar constancia de ello, recordamos que en nuestra Llanura número 10, de marzo del presente año, publicamos lo que a continuación se transcribe:

¡QUE ALGUIEN SE DÉ POR ALUDIDO!

Los pasados días 26 y 29 de enero, se grabaron varios capítulos para el programa “Un país para comérselo”, serie de TVE que tiene como objetivo hacer un recorrido por la gastronomía más auténtica de nuestro país. La repercusión mediática fue importante, pues casi todos los medios de cobertura nacional se hicieron eco de la misma; del mismo modo, en un futuro su emisión por el principal canal de televisión pública del país supondrá un escaparate a nivel internacional.

Cabe preguntarse, si tratándose de gastronomía y estando en la provincia de Ávila, cómo no ha podido ser que al menos una mínima mención a Arévalo se haya podido hacer. Pueden contestar que es cosa del guión de los autores de la serie, que puede ser, pero vemos también una falta de oportunidad en la promoción de Arévalo. Juan Echanove e Imanol Arias, estuvieron en Muñogalindo, donde hicieron pan; visitaron la capital, donde además de grabar un capítulo de dicha serie, recorrieron la ciudad, promocionando varios puntos clave del patrimonio gastronómico y patrimonial abulense, haciendo especial hincapié en su tesoro místico. También se acercaron a Fontiveros, donde además de grabar un capítulo sobre el Cocido Sanjuaniego, celebraron el Día de la Paz en el instituto de la localidad y visitaron la misma acompañados de su Alcaldesa.

¡Qué lástima que nadie se ocupase de incluir a Arévalo y su Cochinillo Asado en el itinerario de dicha serie por la provincia de Ávila! ¿Nadie se encarga de este tipo de promoción turística? Otra oportunidad perdida, y van …

28 nov. 2010

La plazuela de Santo Domingo

Esta céntrica e irregular plazuela, enclavada en el corazón de nuestro remozado pueblo, es un remanso de la antiestética plaza del Arrabal; tiene a la siniestra mano cuatro casas construidas en el foso de la antiquísima muralla, cuyas puertas accesorias miran a la escondida y vejestoria calle de Entrecastillos, alzándose al saliente una mansión señorial y de pecaminosa leyenda. Cubre la parte norte la iglesia de Santo Domingo, de la cual tomó el nombre que sigue figurando en el nomenclátor callejero, porque por ella, en tiempos muy lejanos, también se daba entrada al visitado templo construido en los albores del siglo XVI a expensas del general de artillería D. Lope de Rio y de su esposa, doña María Álvarez de Arévalo y Montalvo.
Lo estrecho de la humilde plazuela, antaño en Santiago y la Virgen de Agosto, y hogaño en las ferias de junio, esta insustituiblemente señalado para improvisar el toril de las reses toreadas o maltratadas en las discutidas y tradicionales corridas de novillos
En el numero 1, tuvo su vivienda y su acreditada farmacia D. Balbino Blasco Pérez, aquel licenciado menudo y un poco cargado de hombros, nervioso y polemista, que, a excepción de la temporada de pesca, de los espárragos trigueros y de las setas de tronco azul, se pasó toda su prestigiosa vida entre específicos, morteros y tarros de Limoges, hundiéndose de cuando en cuando en la rebotica con unos amigos, en aquella «decidora» rebotica donde todo se comentaba y todo se sabía, porque D. Balbino, a pesar de ser poco visto, estaba muy bien relacionado con la buena sociedad arevalense.
En el reducido escaparate, nuestra curiosidad infantil admiraba una grandísima bombona de cristal, llena de un líquido rosado y transparente, e iluminada con una lámpara invisible que daba la sensación de una postura de sol en aquellas características vitrinas cuajadas de frascos, ampollas y cajitas de cartón.
En el numero 2, el año de 1904 abrió sus puertas el desaparecido café «Colón», clausurado hace un quinquenio sin que hasta la fecha haya dejado el puesto a nadie.
Era un café acogedor y simpático con sus espejos, sus anchurosos divanes forrados de pana gris y sus largas mesas de mármol atornilladas a la tarima, donde la chavalería aprendimos a discutir de toros, a fumar susinis y a jugar a las siete y media.
En los cuartos de dentro funcionaba la «timba», en la que con el general disgusto de los novatos «naufragaron» muchas fanegas de trigo y el producto integro de varias mensualidades. Detrás del raquítico mostrador, regentado por doña Manuela, jugaban a la cuarenta y una en la mesa de billar, Jacinto Macías, Carmelo Blázquez, Valentín Izquierdo, Lucio Albella, Heriberto de la Fuente, Gregorio Mora, Wenceslao García y otros aficionados al viejo y divertido juego de billar, inventado en el siglo XVI por un político inglés entre las paredes de una carcel.
Echando una mirada retrospectiva sobre el inolvidable establecimiento cafeteril, recordamos a Juanito, el Camarero, que cuando servía una baraja o limpiaba una mesa, lo hacía siempre «toreando».
Allí, Fabián, el Sastre, luciendo el escapulario, la navaja de catorce muelles y el reloj de bolsillo que pesaba casi medio kilo.
Linos Tovar, patilludo y más ágil que un gato, hacía ejercicios gimnásticos y tarareaba las coplas del Pernales.
Marciano Fernández hablaba del aire solano, de las siete cabrillas y de la aurora boreal.
Fructuoso López, saludando a todo mundo y desplegando galantería por doquier.
Federico Arbós, presumiendo de catedrático de dominó.
Pablo Redondo, burlándose de su sombra.
Allí, Ángel, el Barbero, con sus exageraciones y sus fantasías.
Saturnino López, siempre dandy, con cuello duro, altísimo, impecable, charlaba de perros y de caballos, relatando sus innumerables travesuras.
Pepe Lumbreras, el estudiante ingeniosísimo y caritativo tocando la bandurria y leyendo a sus contertulios los artículos que mandaba al periódico madrileño La Tribuna.
Terencio Roldan, que empezaba a tomar cafés, solía actuar de árbitro en las partidas de tute y dominó.
Ricardo Almeida, Vicente Aragón, Román Tejedor y Agustín Martin pasaban el rato entre órdagos y envites, como, igualmente, lo pasaban al «tute» de seis cartas, Pedro Barbero y Vicente Tejedor.
Cuando el gramófono de enorme bocina lanzaba al democrático ambiente una pieza popular, Jenaro el Mendo llevaba el compás con la caja de cerillas golpeando sobre el velador, Teodoro López lo hacía con el pie, y Avelino Martin con un leve movimiento de cabeza.
Café lleno de sociabilidad y camaradería. Es sabido que en él, en enero de 1929, se fundó el Circulo Cultural Mercantil; y los chistes, las frases y las bromas, eran celebradas por los pacíficos parroquianos con ruidosas carcajadas.
De D. José María Marcos, propietario del Colon, dijimos ha tiempo en una semblanza humorística:

Hombre hercúleo, vigoroso,
con más arrestos que un oso,
muy sedosas las patillas,
muy rosadas las mejillas
y un andar suave y airoso.
Valiente, como el primero,
fue un arriesgado torero,
un notable cazador,
un astuto jugador
y un perfecto caballero.

Con la muerte del señor Marcos y el «cerrojazo» de su concurrido establecimiento, perdió Arévalo el último café y uno de los rincones más pintorescos y animados de nuestra juventud.
En la casa propiedad de D. Florentino Zurdo, cuya fachada fue restaurada en 1928, murió en las postrimerías del siglo pasado, D. Zoilo Rioz.
Pertenecía el señor Rioz al grupo de artesanos que llegados de otras provincias, arribaron a Arévalo en el último tercio novecentista, entre los que recordamos a D. Agustín Colino, D. Melitón Delgado, D. Juan Romero, D. Isidro García, D. Martin González y otros negociantes que a fuerza de laboriosidad, esclavitud y sacrificio conquistaron los primeros puestos del comercio y de la industria arevalense.
Una larga y penosa enfermedad impidió a D. Zoilo llevar a cabo sus hermosas iniciativas, basadas en su talento, su rectitud y su bondad. Un lavadero de lanas en el Adaja, una fábrica de harinas en la Trinidad, otra de saquerío y otra de maquinaria agrícola. Fue el primer exportador de nuestro riquísimo garbanzo al extranjero y supo ver con íntima satisfacción las progresivas evoluciones de la nación española.
La céntrica plazuela, alumbrada por una farola americana, va a ser pavimentada, con lo que se darán ciertos rebozos urbanísticos y se le quitara el polvo «veraniego» que todo lo invade, y el barro cenagoso del invierno que pone aqueste lugar en verdadero estado intransitable.
Marolo PEROTAS
Septiembre de 1954

24 nov. 2010

Alfredo Kraus

Eduardo Fernández

ISAAC ALBÉNIZ
IBERIA



"... Eduardo Fernández camina a la perfección en la difícil línea en la que confluyen virtuosismo y musicalidad haciendo resurgir a una composición arrebatadora, intensa, enérgica, delicada, bellísima, quizá la pensada por Albéniz. Disfrútenla."

Marco A. de la Ossa
Premio Nacional de Musicología 2009

23 nov. 2010

Mañana en Radio Adaja...

Mañana en Radio Adaja, en nuestra lección de historia de los miércoles, haremos un breve repaso de algunos de los oficios tradicionales y que hoy han perdido vigencia.

Miércoles a partir de las 11,30 horas, lección de historia en Radio Adaja. En el 107.2 de FM y en http://www.radioadaja.es/

Manuel de Falla

Manuel de Falla y Matheu (Cádiz, España, 23 de noviembre de 1876 - Alta Gracia, Argentina, 14 de noviembre de 1946).








21 nov. 2010

Patrimonio Histórico Industrial

El pasado año 2009 y en el ámbito del primer centenario de la institución cameral arevalense, se organizó una exposición que pretendía dar a conocer algo del patrimonio histórico industrial de Arévalo y su Tierra. Por razones que no vienen al caso no fuimos capaces de dar la talla en la hechura expositiva y resultó, a nuestro entender, excesivamente mediocre, teniendo en cuenta las posibilidades reales de las que disponíamos. Hecho este inciso, pasamos a lo que en realidad nos importa que es, ni más ni menos, el citado patrimonio histórico industrial que tenemos en la Moraña, Madrigal y Tierra de Arévalo.
No vamos a hacer reseña de la lejana industria calcolítica, ni de la autosuficiente industria que servía a las villas romanas del entorno. Tampoco vamos a adentrarnos en la que fue necesaria para la construcción de las abundantes obras de estilo mudéjar que tenemos en nuestras comarcas.
Vamos a hablar de ese otro patrimonio histórico industrial que ha estado, durante muchos años, olvidado y que actualmente se está, al menos, enumerando y catalogando a fin de que no acabe por perderse de forma definitiva.

Entre los elementos recogidos figuran los que vamos a destacar a continuación, todos ellos localizados en el territorio norte de la provincia de Ávila. Vamos a seguir una pauta alfabética y empezamos por Albornos. En esta localidad morañega encontramos, sobre la margen derecha del río Arevalillo, el Molino de la Ortigosa, molino de harina y pienso. Es un edificio que parece haber sido construido de adobe y ladrillo, pero en la actualidad muy modificado con paños de ladrillo actual y revocos de cemento.

En Arévalo tenemos varios molinos: el del Cubo, el del Obispo, el de las Monjas, el de Álvaro de Luna y el Molino Valencia o “Quemao”. Algunos de ellos son de origen medieval. Tenemos la Fábrica de Harinas que hoy está totalmente transformada y que ha sido hasta fechas recientes tienda de muebles. Las Paneras Reales, que mandó construir Carlos III para asegurar el abastecimiento de grano a la población de la Villa de Madrid. La portada es de granito en arco escarzano con tres escudos, el del Rey y dos de Madrid y una leyenda que dice “Costeose esta obra por el Posito d la Corte i Villa de Madrid. Año de 1757”. Quedan algunos restos de lo que fue Fábrica de Luz, que se localizó en el molino de Álvaro de Luna en el río Adaja. También deben quedar restos de lo que fue una Fábrica de curtidos en la margen izquierda del mismo río.

Al sureste del casco urbano de Bercial de Zapardiel encontramos un Tejar, cuyas instalaciones ocupan un pequeño llano rodeado de eras. Los únicos restos visibles que quedan pertenecen a una pileta circular excavada en el suelo, destinada a mezclar y preparar el barro para la elaboración de tejas y ladrillos.

En Blascosancho, un molino con planta de L, dividido al menos en tres partes: molino, vivienda y dependencias de servicio, corrales y patios. Construido con adobe, ladrillo en esquinas y vanos. Las cubiertas se forman con armaduras de madera y teja "a canal".

Una Fábrica de adobes podemos encontrar en Cabezas de Alambre, aunque la estructura original del horno está enmascarada por un edificio nuevo. Además se identifica una gran nave de construcción reciente destinada a secadero de adobes y una pileta para la preparación del barro.

Cisla nos sorprende con un molino, conocido como Molino de Torralba. De probable origen medieval relacionado con la fortaleza homónima. Se conserva el basamento de ladrillo del antiguo molino, así como los muros, también de ladrillo, de la embocadura de la balsa en dirección a la entrada de agua al molino. Dicha entrada se dividía en dos cauces cuyas respectivas bocas son diferentes, aunque ambas están construidas en ladrillo, enfoscadas y se abocinan formando una tubería de presión. Los cárcavos de salida están formados por sendos arcos de medio punto.
Dada la destrucción que se aprecia en el edificio, cabe suponer que fuera afectado por alguna riada o avenida del Zapardiel y que ya no se considerara la posibilidad de reconstruirlo. Desparecerían entonces las estructuras altas probablemente edificadas en adobe o tapial, y permanecen los cimientos y parte inferior de ladrillo.

En El Oso encontramos un Taller de Carretería y un Molino. El primero es un edificio de planta rectangular formado por diferentes elementos, entre los que se pueden identificar, al menos, el taller propiamente dicho y una vivienda aneja. Todo está arruinado y sin cubiertas. Se levanta sobre base de mampostería de granito enripiada.
El Molino es una edificación sobre un zócalo de ladrillo, a partir del cual se elevarían tapias de adobe o tierra encofrada, revestidas de mortero. Presenta varios vanos, dos ventanas en la parte superior, una en la planta baja y dos puertas, una de ellas evidentemente modificada para abrir la segunda que se eleva respecto al nivel de la calle de modo que facilitase el trasvase de mercancías desde los carros.

Flores de Ávila conserva los restos del Caño Molino. De él solo se aprecian los restos muy arruinados de un edificio de planta rectangular que sería el molino y del trazado construido básicamente con tierra acumulada, de la azuda y la balsa.
El molino presenta un cimiento a base de ladrillo bien aparejado, como ocurre con la embocadura de la balsa y con las dos tuberías de presión en las que se bifurca la entrada de agua al molino. El resto de la estructura debía levantarse en tapial de tierra, pero ha desaparecido casi por completo. Predomina el uso del ladrillo pero el enmarque de las dos bocas de entrada de agua está rematado por sillería de granito. Es probable que una riada acabase con la estructura del molino y que ya no fuera restaurado nunca.

Fontiveros conserva, en parte, su antigua Fábrica de harinas. Queda un edificio principal todavía en pie, de dos alturas y planta rectangular; una serie de edificios anejos a éste, ya desaparecidos pero cuyo rastro se puede apreciar en las evidencias de adosamientos que la construcción principal presentaba; y una chimenea de la cual solo se aprecia su base y algunos fragmentos de su estructura derruida.

En Fuente el Sauz nos quedan los restos de un Tejar.

Y en Gotarrendura varios Lagares, una Fragua y un Potro de herrar. Se trata, este último,  de un pequeño espacio delimitado por cuatro postes de granito trabajados groseramente y dispuestos en forma ligeramente rectangular. Los lados más largos se unen a una altura aproximada de 1,5 m. mediante dos postes horizontales de madera y presentan una serie de ganchos que permitirían colocar las cinchas para elevar las patas de los animales. Además dichos maderos giran sobre su eje en sendos goznes. En la cabecera del cuadrilátero se dispone otro madero a modo de yunta, en este caso a una altura que no supera los 60 ó 70 cm. del suelo, para que el animal colocara allí su cabeza.

Hernansancho conserva El Pósito y el Molino de los Povos. El Pósito se empezó a usar en 1789, durante el reinado de Carlos IV. La inscripción reza: SE ENPEZO ESTE REAL POSITO REINANDO CARLOS IIII SIENDO ALCALDE JUAN PALOMINO AÑO DE 1789.
En cuanto al Molino, sólo se aprecian los restos muy arruinados de un edificio de planta rectangular, otro anejo también de planta cuadrangular y el trazado de la azuda, la balsa, un aliviadero y el canal de desagüe.

En Horcajo de las Torres se nos presentan los restos de dos molinos: el de Sayanes y el del Cirujano.

En Langa, igualmente, encontramos un Molino en la Ronda del Pueblo.

Madrigal de las Altas Torres conserva un Molino de Pienso y una Fragua.

En Mamblas, tenemos un Molino del que se conserva el basamento de ladrillo del antiguo edificio, así como los muros, también de ladrillo, de la embocadura de la balsa en dirección a la entrada de agua al molino. A partir de la entrada del agua, ésta se dividía en dos cauces mediante un tabique interior. Dicha entrada se produce bajo un arco rebajado.

Mingorría nos ofrece la Fábrica de Chocolate, el Molino de Pablo, el de Hernán Pérez y el Nuevo, una Fragua y un esplendido Potro de herrar.

Pajares de Adaja conserva los restos del Tejar del Tío Marciano. El complejo estaba formado por varios edificios, entre ellos el horno, un secadero, la vivienda de los tejeros, otros cobertizos y una zona destinada a huerto, cuadras y corrales. El horno es cuadrado y está fabricado en adobe forrado de ladrillo. La boca del mismo está bajo un extraño arco apuntado. Está semienterrado y en la cámara de combustión se disponía una galería de arquillos por los que ascendía el calor. Hay un cobertizo arruinado al lado del horno que se apoyaba en varios pilares de ladrillo y servía de secadero. Las viviendas y corrales anejos estaban erigidos en adobe.

En Sanchidrian tenemos los restos de un Tejar que también sirvió de ocasional molino.

San Vicente de Arévalo conserva los restos de una Fábrica de ladrillos y tejas.

Velayos un Molino que antes estaba instalado en la margen del río Voltoya, y cuyas piedras y mecanismos fueron traídos al nuevo, construido en el pueblo, en los años cincuenta.

Y en Villanueva de Gómez el Molino del Chorrillo. Se compone de cuatro cuerpos relacionados y unidos, aunque diferenciados por su funcionalidad. Además en las inmediaciones encontramos la presa y la pesquera, una azuda que lleva el agua recogida al molino, una gran balsa donde se almacenaba y un puente sobre dicha cacera en el camino que lleva hasta él.
Entre todo, destaca un elemento que se encuentra sobre la entrada de agua. Es una losa que hace las funciones de puente y parece el umbral de una antigua puerta. Presenta los goznes tallados y un dibujo geométrico grabado. En los alrededores aparecen además restos de piedras de moler. La balsa previa al molino es grande y se delimita con un muro de mampostería.

Es importante que, al igual que el resto del patrimonio histórico de La Moraña y Tierra de Arévalo, el Patrimonio Industrial esté localizado y, en lo posible, catalogado. Forma parte, también, de ese legado que nos han dejado nuestros antepasados y que tenemos la inexcusable obligación de transmitir a nuestros hijos. También en ese legado está la explicación de nuestra historia y en él se encuentra la esencia de nuestra identidad.
Lección de historia
Radio Adaja - 10/noviembre/2010

18 nov. 2010

Búscame en Arévalo (2)

Seguimos con la propuesta de Mario Gonzalo para encontrar en que lugar concreto está la imagen que nos presta.
También podéis seguir el juego en su galería fotográfica  FLICKR de Mario Adaja.

Curiosa forma, pardiez

¡Curiosa, muy curiosa forma de gastarse el dinero de los contribuyentes!.  Como dice el refrán, amigo Sancho: De lo ajeno, gastar sin miedo; ... Y luego dicen que decimos....
  Don Quijote, el de la triste figura.

(Juan C. López)

Programa "Fomento de la Actividad Taurina"

DE TOROS CON NUESTROS MAYORES
Viernes, día 19 de noviembre, a las 18’30 horas.

Lugar de celebración: CASA DEL CONCEJO, Plaza del Real.
Proyección de documental con imágenes inéditas de toreros y toros antiguos. Posteriormente coloquio con el matador de toros cebrereño LUIS GONZÁLEZ.
Presentan: ANA ALVARADO de Burladero.com; y SANTOS GARCÍA CATALÁN de CYL TV.
Organiza: JUNTA DE CASTILLA Y LEÓN, Agencia de Protección Civil y Consumo.
Colabora: AYUNTAMIENTO DE ARÉVALO, Concejalía de Servicios Sociales

17 nov. 2010

Así lo recuerdo yo

Aunque no llegábamos al centenar y la mañana estaba lluviosa, nos dimos cita en la laguna de El Oso. Empezó la mañana con lluvia persistente y viento de levante, pero cuando llegábamos por Villanueva de Gómez, el sol rompió por el horizonte, la masa de nubes que le ocultaba, ofreciéndonos un amanecer espectacular. Como todos dirá probablemente alguien que ve amanecer cada día, pero a nosotros nos impactó, quizás por la infrecuencia lo que presenciamos ese espectáculo diario.
Como la lluvia no cesaba, un hermoso arco iris se mostraba en el plano contrario, como oponiéndose al momento de la salida del sol. A oriente el sol, a poniente el arco iris, bello completo y misterioso, ¿qué habrá allá donde nace este arco?, ¿y donde acaba?
 Aparcamos nuestros vehículos, fuimos en pocos para no desplazar tantos automóviles y así evitar más emisiones de CO2. Nos aprovisionamos de todo lo necesario al tiempo que intercambiábamos saludos. Tuvimos ocasión de saludar al naturalista inglés que en esta lluviosa y fresca mañana nos acompañaba. Mister Chisp habla bastante bien el español y nos pudimos entender sin dificultad.
Comenzamos a caminar hacia el observatorio, ya antes de llegar a nuestro destino habíamos avistado un bando de grullas que sobrevolaba a nuestra diestra con rumbo desconocido. Sin poder remediarlo recordé la leyenda de la fundación de Roma, Ciudad Eterna, no por ser la única y sí por ser la que más veces he escuchado. La observación de las aves por el hombre viene de lejos. Conforme nos acercábamos, los ánades azulones y el ánsar común sobrevolaban nuestra marcha y aterrizaban como hidroaviones en la laguna. Mister Chisp me señaló una primera charca que se encuentra antes de la laguna. Me contó que era fruto de la actividad humana y también manifestó su desacuerdo con esta desacertada intervención. Me indicó también la plantación de una especie vegetal junto al camino, nada propia de estos parajes, totalmente ajena a ellos. Como quiera que al tiempo de dar el nombre de la planta emitiera un gruñido de desaprobación, me quedé sin saber el nombre. Apenas le conocía hacía unos minutos, era un reputado naturalista y yo soy tímido por naturaleza. Así que, me quedé sin saber el nombre de la planta en cuestión. Lo que sé sin duda alguna es que no le gustó la elección a mister Chisp.
Ya dentro del observatorio, comenzamos a ver con detenimiento las diferentes especies que ocupaban la laguna en ese momento. Realizaban sus habituales tareas diarias: comer, asearse, ejercitarse, reponer fuerzas para continuar viaje, etc. Luisjo nos señalaba los gansos que pastaban en un barbecho cercano, una grulla solitaria, tal vez enferma, permanecía en la laguna, ajena a todos cuantos a su alrededor se movían. Apareció un milano real planeando en busca de carroña, al momento un milano negro y entre la nutrida colonia de ánades azulones, los machos con su colorido plumaje y las hembras con su mimético plumaje parduzco, un pato cuchara. Hasta nosotros llegaba con nitidez el ruido que emitían todos ellos. Bandadas de gorriones molinero y comunes revoloteaban incansables en su piar. De un barbecho a otro, o paraban en las junqueras o se llegaban a un sembrado. Las avefrías también andaban por allí.
Salimos del observatorio por indicaciones de Luisjo en busca de las grullas. Durante nuestra marcha nos señalaba las especies nuevas que podíamos observar. Tres o cuatro liebres iniciaron su elegante y potente carrera al sentir nuestra presencia, temerosas de nuestros actos y desconocedoras de la veda de caza existente en ese término municipal, al menos de momento. No parece que las liebres tengan mucha relación con la Administración, lo que inevitablemente me llevó a pensar que eso es más cosa de las tortugas.
Allí estaban. Un enorme bando de varios cientos de grullas pastaban en los sembrados que había cerca de los pinares. Siquiera la actividad de un labrador, que a pesar de ser domingo realizaba sus obligatorias tareas con su tractor, perturbaba a las grullas. Luisjo señaló inmediatamente el lugar hacia el que debíamos dirigir nuestras miradas. El color amarillo de la pala del tractor y un solitario grupo de chopos resultaron las mejores referencias. Mister Chisp me confesó en voz baja su duda. Como buen protestante que es, se cuestiona todo en la vida y procura encontrar respuesta a sus dudas. Me preguntó si no sería por trabajar en domingo la razón por la que las plegarias del labrador español, católico, apostólico y hasta no hace mucho romano, no fueran atendidas. No pude responderle, además de mi timidez debo añadir una gran ignorancia en asuntos de Fe. I d’ont know, acerté a contestar.
Como había dejado de llover desde que salimos del observatorio, durante un buen rato estuvimos observándolas. Cuando intentamos acercarnos un poco más levantaron el vuelo y nos ofrecieron un magnífico espectáculo. Comparable al amanecer y al arco iris observados a primera hora de la mañana. Cientos de grullas pasaban a nuestro alrededor, con su majestuoso y elegante vuelo. Explicaciones sobre su lugar de procedencia, sus estrategias de vuelo, sus costumbres migratorias y muchas otras particularidades sobre esta especie, acompañaron el almuerzo. Bocata de chorizo o galletas integrales, cada uno según su estado; mister Chisp un sándwich como buen inglés que es, por supuesto.
De regreso al estacionamiento pudimos observar varias especies más, como un bando de calandrias con su hermoso canto, varios milanos más, reales y negros, y una solitaria garza real. Multitud de avefrías y las grullas volando incansables, tal vez preparándose para su inminente marcha hacia Extremadura.
Al final de la jornada, mister Chisp y yo tomamos un café en Arévalo y mantuvimos una interesante conversación. Comienzo de una interesante relación y primer paso para aprender a vencer mi timidez. Al menos así es lo que yo recuerdo de ayer.

(Robado a Fabio de forma no autorizada e inmisericorde de su propio blog)
(Fotografías cortesía de Mario Gonzalo, buen amigo y mejor fotógrafo.
También sirve al revés: buen fotógrafo y mejor amigo)

15 nov. 2010

La Llanura número 18

Ya está en los lugares habituales de Arévalo La Llanura número 18. También está a vuestra disposición en formato digital.


(Algunos de los lugares en que podéis recoger la revista mensual son los siguientes: Bar Impacto, Vinilandia Bar, Fotografía José Antonio, Bar El Teso, Estanco Tere, Asesoría Fénix, Bar Avenida, Bar Sol, Seguros Mapfre, La Cruz de Arévalo, Floristería Carmen, Autoservicio Pilarín, Estanco de la calle Arco de Ávila, Ferretería Femalsa, Juguetería Muriel, Perfumería Suma, Estanco de la plaza del Arrabal, Cafetería Los Cinco Linajes, Cafetería Juan II, Cafetería Desiree, Bar Pavero, Bar Colino. También en el Ayuntamiento de Arévalo, en la Biblioteca Pública y en el Centro de Salud.)

A pesar de la mañana lluviosa...

A pesar de la mañana lluviosa algunos nos hemos animado y nos hemos llegado a la Laguna del Oso. Antes de llegar al observatorio ya había dejado de llover. Eso sí, un fresco viento de poniente nos ha acompañado durante un rato. Las bandadas de grullas han estado presentes durante todo el recorrido. Su peculiar gruu-gru se escuchaba casi de continuo. Hemos podido ver la enorme colonia de anátidas que ocupan la laguna, alguna bandada de avefrías y otras aves que pueblan el entorno. Las estupendas explicaciones de Luisjo nos permiten atender detalles que de otro modo nos pasarían desapercibidos.
Al final una estupenda mañana y un montón de cosas nuevas aprendidas sobre las aves que pueblan La Moraña y Tierra de Arévalo.

14 nov. 2010

Arriba, en el Templo del Loto

Arriba, en el Templo del Loto, mucho más allá del Palacio de Jade, el invierno adorna con frío cristal las orillas del arroyo. Cada noche los siete veces siete monjes recitan, con parsimonia sublime, los mil millones de nombres de Dios. Sentados arriba, en las terrazas del templo, cumplen a diario con su discreta retahíla. Dice la leyenda que un lejano día, cuando pase mucho tiempo, los monjes terminaran por declamar la larga lista. Ese día, dicen, los mil millones de estrellas que lucen en el cielo se apagarán y habrá llegado, por fin, el fin del mundo.
Cada noche de invierno, en días de luna llena, los monjes bajan antes a sus aposentos. Cuando la luna asoma por el sur, su fulgor oculta las estrellas y entorpece el suave meditar y las apacibles letanías.
Cada noche de luna llena el Guardián, sentado en lo más alto de su estrado de piedra, hace gestos a uno de los monjes. “Ven, acércate. Llégate hasta mí” le dice agitando su mano.
A veces un joven novicio, ávido de aprender, incauto, se acerca hasta la grada. Otras veces es un anciano monje, aburrido de la sempiterna cadencia, el que se acerca buscando algo que le despierte antiguas y casi olvidadas emociones.
El monje se acerca y el Guardián sujeta su cerviz mientras señala con la otra mano al tiempo que le dice: “Mira, ahí puedes ver la luna, la blanca y brillante luna”.
Su mano alzada, señalando, está colocada de tal forma que el pobre acólito no puede sino ver un dedo arrugado y nudoso. Pese a sus intentos de mover la cabeza la férrea mano le impide hacerse a ningún lado. De esta forma no puede ver sino el dedo del Guardián que señala de forma insistente a la tapada luna.
Avergonzado, cabizbajo, el monje, una vez libre, corre a buscar las cercanas escaleras que le llevan a su celda.
En una fría noche, en el Templo del Loto, mucho más allá del Palacio de Jade. Donde el invierno adorna con cristal las orillas del arroyo.
Juan C. López
Octubre de 2010

13 nov. 2010

Tiempo para el domingo

Domingo desde las 24:00h hasta las 12:00h
Intervalos nubosos con lluvia
8°C
Viento: Sur 25 km/h
Probabilidad precip: 85%
Cota de nieve: 1600 m

Domingo desde las 12:00h hasta las 24:00h
Intervalos nubosos con lluvia
12°C
Viento: Sur 14 km/h
Probabilidad precip: 85%
Cota de nieve: 1600 m
Índice ultravioleta: 2
Habrá intervalos nubosos, se esperan precipitaciones de lluvia, durante la primera mitad del día . Se espera una temperatura mínima de 8°C, el viento será de tipo brisa moderada con una velocidad de 25km/h. y de dirección sur. Durante la tarde el viento será flojo de unos 14km/h. y dirección sur, la temperatura máxima será de 12°C. En cuanto al índice ultravioleta está previsto que sea bajo.

Adiós Mr. Berlanga

Con la muerte esta madrugada de Luis García Berlanga (Valencia, 1921) desaparece un genio de las artes, el creador que junto a Luis Buñuel ha marcado el cine español en el siglo XX. Por desgracia, su comedia, tan pegada a la realidad española, tuvo muy poca repercusión en el mundo anglosajón.
Porque a través de la obra de Luis García Berlanga cualquier espectador aprende cómo ha sido la España del siglo XX, y más aún, de dónde vienen los actuales lodos de la del XXI.

...más en El País

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Robert Louis Balfour Stevenson

Robert Louis Balfour Stevenson (13 de noviembre de 1850 en Edimburgo Escocia; 3 de diciembre 1894 en Vailima, cerca de Apia, Samoa) fue un novelista, poeta y ensayista escocés. Stevenson, quien padecía de tuberculosis, solo llegó a cumplir 44 años; sin embargo su legado es una vasta obra que incluye crónicas de viaje, novelas de aventuras e históricas, como también lírica y ensayos. Autor de algunas de las historias fantásticas y de aventuras más populares, como La isla del tesoro, El extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde o La flecha negra adaptadas para niños y llevadas varias veces al cine en el siglo XX. Fue importante también su obra ensayística, breve pero decisiva en lo que se refiere a la estructura de la moderna novela de peripecias. Fue muy apreciado en su tiempo y siguió siéndolo después de su muerte. Tuvo continuidad en autores como Joseph Conrad, Graham Greene, G. K. Chesterton, H. G. Wells, y en los argentinos Bioy Casares y Jorge Luis Borges.


6 nov. 2010

La muralla de Arévalo

Podría ser que la primera muralla en Arévalo, hubiera sido una empalizada de troncos, barro y piedras que protegiera el posible poblado vacceo, que pudo haber ocupado un lugar indeterminado en el altozano existente en los barrios actuales de San Miguel, Santa María y plaza de San Pedro. Restos de sus zoomorfos han llegado hasta nuestros días.
Podría ser que más tarde, entre el 151 a.c. y la invasión de los pueblos germánicos, un campamento de soldados romanos estuviera localizado cerca de este poblado u ocupara el poblado mismo. Restos de los posibles enterramientos de estos soldados o de miembros de sus familias están embutidos en algunos rincones de estos antiguos barrios. La cerca o muralla podría haber sido parecida: de troncos de árbol entrelazados, barro y piedras.
Han llegado hasta nosotros noticias de que en la cuesta derecha del Castillo, hacia el río Adaja, aparecieron, hace tiempo, vestigios del que pudo ser cementerio visigodo. En general las civilizaciones posteriores aprovechan los restos de las anteriores y reutilizan los materiales duros para sus nuevas construcciones. La muralla visigoda pudo haber sido un poco más amplia que la vaccea, y puede que ya no fuera de troncos, que fuera de tapias de barro, mezclada en algunos tramos con empalizadas y muretes de lajas calizas traídas desde las tierras pedregosas del altozano de Cantazorras o desde la vega cercana de Martin Muñoz de la Dehesa.
Siguiendo el devenir de los tiempos en la época de la dominación árabe, sea historia o sea leyenda, nos relata Montalvo, en su libro De la Historia de Arévalo, el cerco de la antigua villa y explica como ya entonces estaba amurallada. Podemos leer que “En su muralla sur, defendida por ancho foso, tres puertas se divisan, semejando ojos de gigante que alerta los movimientos de sus enemigos. La del centro o del Alcocer, bajo el alcázar de Ben-Kadet, daba paso al zoco y las laterales, llamadas de Abyla y del Templo, correspondían y prestaban servicio a los barrios cristiano y musulmán. Todas con fuerte guardia, permanecían abiertas con sus puentes descolgados.”
Con la reconquista y posterior repoblación la villa va abandonando la leyenda y entra poco a poco en la historia.
Aún en este trance queda margen para la hipótesis. El arquitecto Luis Cervera, en su libro Arévalo, desarrollo urbano u monumental hasta mediados del siglo XVI, propone la posibilidad de una posible y pretendida muralla que cerraría por el sur desde la Iglesia de San Martín, pasando por la Iglesia de Santa María, cuyo arco bajo la torre habría sido puerta de paso a la villa y terminando en la iglesia de San Miguel. El pequeño tapial que se conserva en la fachada norte de esta iglesia sería un resto de aquella hipotética y pretendida muralla.

La muralla medieval, que es de la que hoy nos quedan algunos y fragmentados restos, se construye entre los años 1157 y 1195. Esta muralla protege totalmente el núcleo urbano de la antigua villa, y enlaza el muro sur, formado por lienzos y cubos de ladrillo con cajones de mampuestos, con la antigua y existente mota (el castillo), a través de los nuevos muros levantados en las cortaduras de los ríos Adaja y Arevalillo, al Este y al Poniente. Los lienzos y cubos de estos nuevos muros se hicieron con sillares de piedra. La nueva muralla, según Cervera, ocupaba una superficie de ciento ochenta y ocho mil metros cuadrados, cerca de 19 hectáreas, y tiene forma de polígono irregular. El lienzo sur se refuerza con una barbacana, construida también de piedra, y delante de esta última se construye un profundo foso que se extiende a lo largo de toda ella.
Pasan los años. La amenaza mora se desvanece a medida de que la frontera se aleja hacia el sur de la peninsula. Los reinos se consolidan. Los matrimonios y los pactos aportan estabilidad a los territorios. El núcleo urbano de Arévalo se extiende fuera de la villa murada. Surgen los arrabales, los barrios moros y judío, aljamas extramuros que formarán el paradójico y posterior séptimo sexmo.
La muralla poco a poco va perdiendo importancia. En algunas zonas, los muros y lienzos que en otro tiempo sirvieron de defensa, pasan a ser simples muros de contención. Otros paños, construidos en zonas más inestables, empiezan a deteriorarse y poco a poco van cayendo sin que se tome en consideración siquiera la posibilidad de invertir mínimos recursos en sus reparos.

Llegamos al siglo XIX. Siglo del desarrollo, del amanecer de la época industrial, de los principios del economicismo. Las ideas de los nuevos burgueses que propugnan el desarrollo a toda costa cala hondo y crece el desprecio generalizado por todo lo que represente encorsetar este proceso. Una nueva y pujante clase media-alta recala en Arévalo adquiriendo inmuebles procedentes de la Desamortización para instalar sus almacenes y fábricas. Sus novedosas y modernas ideas no contemplan el mantenimiento de un patrimonio histórico-artístico en avanzado deterioro. Hacia 1865, pasa por aquí Francisco Javier Parcerisa y nos deja, entre otros, uno de sus bellos grabados en el que podemos ver el Castillo de Arévalo y algunos restos de muralla que aún quedaban en la explanada. Curiosamente en ese grabado se pueden ver construcciones, delante del propio Castillo, que conforman los cubos y murallas del ante-castillo artillero, aparecidas en las recientes excavaciones y que se han dejado al descubierto para que puedan ser contempladas por el visitante.
La muralla medieval es, pues, un estorbo y los ladrillos y piedras que entonces quedaban en pie van a servir para ser reutilizados en nuevas construcciones. Lienzos enteros de muralla se venden y así consta en multitud de actas del Archivo Histórico Municipal. Otros se derriban o rasgan para ampliar calles o comunicar unas con otras. Al final los restos de la muralla medieval que llegan a nuestros días, salvo la puerta del Alcocer, bajo el alcázar de Ben-Kadet, que daba paso al zoco, son meramente testimoniales y su estado de conservación deplorable.
Algunos trozos muy deteriorados en la calle de la Casa Blanca, cubos arruinados en el callejón del Diablo y las cuestas del Arevalillo, los muñones que afloran a ambos lados del Castillo, los tramos de la huerta de los jesuitas transformados en muretes de contención, los muros informes y embutidos en casas ruinosas en la actual calle de los Novillos y algún resto en la calle Entrecastillos.
La historia de los últimos cuarenta y dos años es una historia en que se alternan tiempos de abandono y tiempos de ansias de reconstrucción.
En 1968 se restaura el Arco del Alcocer. Se pican los muros quitando el enfoscado de cal y se le da un aire mudéjar algo subido.
En ese mismo año se acometen las obras de construcción del paño del río Arevalillo en la zona de San Miguel que se prolongan hasta 1969. Se reparan parte de los restos que quedan detrás de las casas en esa zona. Se arreglan tramos con piedra caliza y se construye un cubo semicircular nuevo. Las obras asentadas en el eterno y proverbial echadizo terminaron por arruinarse unos años después, arrastrando cuestas abajo las obras nuevas y algunas de las partes originales.
No se vuelve a hacer nada hasta el año 1987 en que se hicieron obras en la Casa del Concejo. En estas obras se repararon y adecentaron algunos trozos de muralla que conforman hoy los muros de cerramiento de esa dependencia municipal.

En el año 2001 se encarga por parte de la Dirección General de Patrimonio de la Consejería de Educación y Cultura de la Junta de Castilla y León la redacción del Plan Director de la Muralla de Arévalo. Este Plan Director propone la recreación, reconstrucción y reparación de diversos tramos de una muralla medieval de la que, como ya indicamos antes, hoy sólo quedan unos pocos y fragmentados restos.
En el año 2005 se comenzaron, en aplicación del citado Plan Director, obras de cien metros de muralla en la zona de San Miguel (cuestas del río Arevalillo). Se construyó, en dos fases sucesivas, un muro de hormigón armado que se forró en su cara vista con piedra, con el fin, según el arquitecto autor del proyecto, de que la recreación no chirriara. Antes de terminar la segunda fase, en enero de 2007, comenzaron a aparecer grietas y el muro empezó a deslizarse lentamente cuesta abajo. En la actualidad se han acometido nuevas obras que pretenden evitar el que el muro acabe por caerse de forma definitiva.
Otras obras de la muralla se han hecho en los últimos años. Unas chirrían otras no tanto. Inversiones grandes en reinventar algo que Arévalo perdió hace mucho tiempo ya: una muralla medieval que, como tal, ya no existe. Quizá sería mejor utilizar esos recursos económicos en conservar el patrimonio histórico que aún nos queda. Cierto que no nos queda mucho, pero, al menos algunos de nosotros, pensamos que es mejor conservar que reconstruir y por supuesto, es mucho mejor si, a la postre, lo reconstruido es recreación de algo que casi nunca era ni siquiera parecido a como lo concibe el recreador.
Lección de historia
Radio Adaja - 27 de octubre de 2010

4 nov. 2010

«Jennifers»

María Bárbola —«mujercillas de placer» y hasta «sabandijas» se llamaba a estos inocentes seres que con sus gracias y ocurrencias divertían en la Corte— está en Las meninas junto al bufón Nicolasillo Pertusato y al perro; pero ya todo el mundo se extraña de su nombre, que es simplemente Bárbara; aunque, si María Bárbola se llamara Bárbola de Braganza, ya se lo habríamos cambiado. Pero está bien así: María Bárbola. En realidad ese nombre ya suena tan bonito como Amparo, Olvido, Tránsito o Consuelo —los viejos nombres españoles de mujer— como también aquellos otros que en el poema de Unamuno se dice que escribían los estudiantes salmantinos en los pupitres del aula de Fray Luis de León: «Allí Teresa, Soledad, Mercedes, / Carmen, Olalla, Concha, Blanca y Pura». Pero ahora —claro está, no solo en las aulas sino en la última aldea— hace ya tiempo que han desembarcado las Jennifers y Vanessas, como para los hombres los Jonathan y los Brian; es decir, los nombres patricios del Imperio (como antiguamente Julio y Cayo) o, mas bien, los de la televisión, en vez de los del calendario. Pero así son las cosas.

El asunto quizás plantee algún problema, de todos modos, a la hora de componer nombres familiares y cariñosos diminutivos con los nuevos nombres. De momento se ha optado por síncopas, pero todo se andará. No hay que olvidar que los atados en forma rectangular que hacen las cosechadoras comenzaron llamándose «pacas», porque eso fue como las casas importadoras tradujeron packet. Pero, al poco tiempo, este nombre se convirtió en alpaca, que es una hermosura y añade un significado más a la polisémica palabra en castellano: un animal andino, su piel, la plata baja, una tela sedosa para vestido de verano. Y eso es lo que pasará con las Vanessas y Jennifers. Seguro, o la lengua habría muerto.

José Jiménez Lozano